viernes, 1 de noviembre de 2019

MADURACIÓN: del hombre de fe.


MADURACIÓN.
Ahora bien, no solo está el amor de Dios en las criaturas, la culminación de su amor está en la encarnación de la Segunda Persona de la Trinidad, del Hijo de Dios hecho hombre, que viene a vivir, a amar, a sufrir y a morir por amor al género humano, y después de muerto resucitar glorificado.
No hay acto de amor más grande en la historia de la humanidad que la encarnación del Verbo, al aparecer Cristo entre nosotros, lo que constituye el acontecimiento de la mayor importancia que puede haber en la vida de todos los hombres, pudimos contemplar al Dios-Amor, quien se manifiesta a los que tenemos el espíritu abierto a su alegre nueva, su Evangelio, su palabra. Estamos frente al amor divino, el ágape, podemos decir, siguiendo a Benedicto XVI y al padre Cantalamessa, que no el eros.
No podemos por lo visto dar una definición del Cristianismo, pues podríamos caer en una formulación impersonal, en un sistema filosófico, el cristianismo es diferente a las teorizaciones, es la persona viviente, el amor de Dios manifestado en un Hombre-Dios  de forma humana, de carne mortal como la nuestra, es el hijo de Dios (Segunda Persona de la Santísima Trinidad) en la historia humana, Hombre perfecto y Dios perfecto, unidos en la misma Persona, con dos naturalezas, una divina y una humana. Técnicamente se denomina: UNIÓN HIPOSTÁTICA.
El cristianismo viene a ser el encuentro del “yo” nuestro con Él Tu” divino del Hombre-Dios, es una vivencia personal. Cristianismo es Jesús viviente y palpitante en su Iglesia y en los hombres que dentro de ella lo aceptamos, Iglesia que es asistida por el Espíritu Santo, procedente del amor entre el Padre y el Hijo para la salvación de los hombres que en uso de su libertad así lo quieran.
El cristianismo solo puede existir dentro de la Iglesia que Él fundó con Pedro como primer Papa, y los otros diez Apóstoles como el primer Magisterio de la Iglesia, comunidad del amor de Dios, de la fe y de los sacramentos.
 Nadie duda de que las cumbres más altas del pensamiento humano se lograron con Sócrates, Platón y Aristóteles, pero no pudieron escalar más alto por ser pre-cristianos, les faltó esa información de carácter divino que está contenida en la Revelación, la cual es muy amplia, en especial la que aporta el Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo. Como ejemplo podemos decir que la definición de hombre de Aristóteles que fue ZOON POLITIKON, a la cual siguió la de ORTHOLOGIKO ZOÓ, con significados, el primero haciendo referencia a su gregarismo y el segundo a su capacidad de razonar, si Aristóteles hubiera tenido la suerte de conocer la Divina Revelación de Jesucristo hubiera hecho una definición diferente en la que incluiría los aspectos de la dignidad humana, algo como: ANIMAL MORAL CON ESPÍRITU INMORTAL. Pero pensemos solo en algunos aspectos que proceden de la Revelación y que son los que más han influido en el pensamiento occidental  que está presente en nuestros días y  que permanecerá a lo largo de toda la historia de los  seres humanos. Algunos de los aspectos de la Revelación nunca hubieran sido pensables nunca los hubiera podido descubrir la mente humana, como ejemplos podemos mencionar, a Dios Trino y Uno, las Tres Personas en una sola y misma Naturaleza Divina, y el hecho de que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, de que nuestros pecados pueden ser perdonados, de que somos hijos adoptivos de Dios Padre.
En forma parecida podemos mencionar la Creación a partir de la nada, por la sola voluntad de Dios creador y su Divina Providencia que crea y conserva el orden del mundo. La Creación no solo es aquello que podemos ver e intuir y que se liga a la materia y a sus prodigiosas leyes, sino que incluye aspectos como el hecho de la existencia del Cielo, y de los Ángeles, a nosotros nos es muy natural pensar en los “entes”*  que existen, pero antes de que los entes  existieran había que inventar la existencia. Como antes de que el tiempo existiera este tuvo que ser “inventado”, creado, todo lo que conocemos está sujeto al tiempo y al espacio, excepto Dios mismo, que es quien los ha creado. La Creación incluye al cielo, con sus ángeles, los buenos que están en el propio cielo, y los malos, los traidores que se enfrentaron a Dios Creador y que por lo tanto sufren castigo eterno están en los infiernos, incluye también la tierra, donde el ser humano habita, y el resto del universo. Dentro de este solo el hombre es hecho a imagen del Creador, de allí que sea su rey. En el sentido de que es su servidor, y principal responsable de respetar a la naturaleza, en la mejor manera que le sea posible. A muchos científicos, y ello es explicable les impresiona la inmensidad del universo, y a nosotros nos causa el mayor de los asombros, cuando se nos explica, y todos nos preguntamos el porqué de esas dimensiones y la posible o imposible relación que esto tiene con la humanidad, la respuesta científica no existe, y se cuestiona además el que ¿cómo es posible que la única vida inteligente de esta inmensidad sea la humana, qué caso tiene semejante dimensión  y porque su existencia?. El creyente, no tiene problemas, se asombra si, porque contempla la grandeza de la Creación, el Poder Divino, pero no nos cabe la menor duda de que tales dimensiones para Dios no significan, sino obra de su voluntad. Para Él no hay problemas de dimensión, el espacio sideral, lo podría haber creado mayor, mucho mayor aún o menor, mucho menor. Sencillamente lo creó del tamaño que quiso, y para lo que quiso, cosa que los humanos ignoramos.
Una de las más difíciles cuestiones de entender por algunos científicos, haciendo referencia a aquellos que carecen de fe, obviamente equivocados, es que sea el hombre el único ente creado a imagen y semejanza de Dios, eso es parte de su materialismo, lo que es observable en las formas de pensar y actuar de estos,  en general enemigos y detractores de la Iglesia. No se cansarán en sus intentos tanto científicos como de ciencia ficción de encontrar vida inteligente fuera de nuestro mundo, y en ocasiones dentro del mundo animal, lo que es risible, por no llamarlo ridículo. Dios Creador dará o hubiese dado al hombre la indicada información sobre la existencia de otros seres vivos que eventualmente tuviesen comunicación con nosotros. Es de tal magnitud la importancia de esto que de ser posible ya nos hubiera sido revelado. Como no está en la Revelación, solo nos sirve como la divertida ciencia ficción.
La influencia del cristianismo en la filosofía y en general en el conocimiento de occidente fue definitivo, la moral tiene a partir del tercer siglo una gran incidencia y las costumbres y conceptos mejoran en forma espectacular, la familia, la persona humana, la forma de vida, son objeto principal de la religión cristiana que empieza a extenderse por todo occidente y después llegará a los continentes descubiertos y colonizados desde la Península Ibérica. Su enorme influencia con todos sus beneficios permea todo, la forma de gobernar incluida. Dios es ahora algo personal, único para todos, benevolente, creador nuestro, salvador, redentor, santificador. La humanidad cuenta ya desde ahora con una teología verdadera y una religión que verdaderamente nos une a Dios. Se ha extendido la fe, la sabiduría, la moralidad, el amor de Dios hacia sus criaturas se empieza a comprender extensivamente.
Dios hecho hombre, ha venido al mundo para difundir en la humanidad un rayo de su luz, sin esta, nuestro mundo no sería lo que es,  sino una catástrofe. La influencia que el cristianismo ha dejado, y que durará hasta el final de los tiempos es innegable e incomparable, nada hay que haya influido positivamente la civilización humana en semejante grado. Y si olvidamos ver con esa luz, nos acercamos al desastre. La Teología Moral que se ocupa del comportamiento de las personas humanas, en cuanto lo que es el camino de su salvación, nos lo enseña claramente y nos permite vislumbrar los acontecimientos en cuanto son otras luces,  que alumbran nuestro caminar en esta vida. Vemos por tanto en el cristianismo no solo la beneficiosa influencia para los católicos, sino para toda la humanidad. Claro en diferentes grados.
Ha quedado ya claramente explicado que las fuentes del conocimiento filosófico de la religión cristiana se sustentan en la fe,  y lo esencial de ella son sus fuentes, es decir aquello de donde procede lo que creemos, estas son los escritos del canon admitido por el Magisterio de la Iglesia, en otras palabras las Sagradas Escrituras, en especial las del Nuevo Testamento, y los contenidos de la Divina Tradición.
Las Sagradas Escrituras, son un cuerpo de libros que se empiezan a escribir en la época de Moisés, y terminan la parte que llamamos viejo o Antiguo Testamento que termina con un corto libro escrito en forma de disputas, llamado Malaquías, profeta que anuncia la venida del salvador y que procede muy probablemente del  último cuarto del siglo V antes de Cristo. Este conjunto de libros fue escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, su autoría es de Dios y son por tanto de inspiración divina, pertenecen a la Iglesia a la que se le han entregado, y ésta es quien los interpreta, enseña a sus fieles y guarda celosamente como depósito de la fe que son. Realizados por la mano del hombre, (hagiógrafos) cuya escritura proviene  de Dios. Están libres de errores,  y tratan no de enseñar científicamente, sino señalar el camino de la salvación eterna.  Lo contenido en el Nuevo Testamento es parte de lo revelado personalmente por Jesucristo a sus Apóstoles, Discípulos y a San Pablo, es un conjunto de libros escritos con  lo que Jesucristo enseñó personalmente a sus Apóstoles y discípulos y reveló en forma especialísima a San Pablo.  Mas no todo lo que enseñó quedó escrito.
Sobre la Divina Tradición, podemos aseverar: muchas de las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo no quedaron escritas, fueron transmitidas oralmente a sus apóstoles y por generaciones de boca en boca se enseñan con el objeto de ser  transmitidas a todas las generaciones. Las enseñanzas apostólicas por tanto no solo se encuentran en la palabra escrita sino en la palabra “traída” a la que llamamos Tradición Apostólica. Esta es enseñada esmeradísimamente y se comprueba el perfecto entendimiento de ella entre las generaciones, con objeto de que su pureza sea lo mas perfecto que hay, además de que el Magisterio de la Iglesia la cuida y el Espíritu Santo nunca deja de actuar sobre todos, precisamente con el objeto de que su pureza sea permanentemente cuidada, además,  el Magisterio de la Iglesia,  y por Magisterio de la Iglesia, entendemos dos conceptos, uno es el cuerpo de todos los obispos en armónica relación con el Santo Padre, en otras palabras parte de la Jerarquía de la Iglesia y otro es el contenido de la enseñanza oficial, que de este procede, desde el Primer Magisterio, el cual fue constituido por el propio Jesucristo con sus once Apóstoles, a quienes encabezaba  San Pedro, primer Papa de la Iglesia. Recordando el dato importantísimo de que el Magisterio de la Iglesia es asistido desde Pentecostés, en su inicio de la vida de la Iglesia, por el Espíritu Santo y lo será hasta el fin de los tiempos, es su custodio, junto con las instancias necesarias, que la Santa Sede señala, para realizar debidamente el cuidado del Depósito de la Fe, siendo la Iglesia la depositaria y responsable de su cuidado, y lo transmite a todos los hombres. Los apóstoles y discípulos,  escucharon de viva voz las enseñanzas de Nuestro Señor, y las generaciones siguientes deben escucharlas en toda su pureza.  Esto da a la Divina Revelación, los Santos Evangelios, Cartas Apostólicas, y Escritos de San Pablo, así como a la Tradición Apostólica, la garantía de fidelidad y conservación pura de los mensajes, que con la asistencia del  Magisterio a través de todas las generaciones, ya que fueron, los primeros miembros del Magisterio de la Iglesia testigos directos, presenciales y receptores propios, de las palabras de Nuestro Señor Jesucristo, esos  Apóstoles y ahora  sus sucesores, todos los obispos dispersos por todo el mundo, encabezados por el obispo de Roma, el Papa.
Así es que  se puede  entender mejor el porqué de los Congresos Eucarísticos, los  Sínodos y los Concilios, y demás reuniones que se llevan a cabo con el objeto de revisar, de actualizar los diversos aspectos que se relacionan con el contenido de la fe, como lo son la catequesis, la liturgia, la filosofía, la historia y demás facetas de la Fe Cristiana, que es ocupación principalísima de la interpretación más pura que puede haber, de la Doctrina enseñada por Jesús. El rol que incumbe al Magisterio es de importancia primordial en la vida de la Iglesia.
Aquí cabe destacar la realización del nuevo “CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA”, procedente del Concilio Vaticano II cuyo impulso  se debe a San Juan Pablo II quien ordenó su elaboración, y que viene a ser un verdadero tesoro de Doctrina Cristiana. Libro que como es tradicional en los Catecismos Católicos consta de las partes del Credo, Sacramentos, Mandamientos y Oración. Es un tratado de contenido doctrinal de primerísima magnitud, y de consulta excepcional, que se recomienda a todo cristiano, no solo en su lectura completa, sino como libro de constante consulta.
El Magisterio de la Iglesia tiene por tanto unas características que debemos de considerar, sus enseñanzas, procedentes como se ha explicado, pasan a los sacerdotes diocesanos y a los fieles interesados en seguir sus enseñanzas para que estas se transmitan a toda la cristiandad y al resto de los hombres, de buena voluntad, esto no solo se lleva a cabo en las homilías episcopales y sacerdotales sino en la gran actividad catequética que desarrolla la iglesia a través de diferentes niveles, desde los párvulos, la juventud, que incluidos  los laicos,  con sus diferentes especialidades, como las enseñanzas pre-sacramentales, así como la palabra directa, los escritos correspondientes tales como las encíclicas, la prensa en general, las cartas pastorales, libros, e incluso con los medios masivos de comunicación y el Internet.
Si por el contrario se deja la interpretación de las sagradas escrituras al criterio personal subjetivo y particular de cada uno de nosotros, no solo se cae en errores sino que no se llega al aprendizaje y conclusiones  seguras doctrinalmente; pongamos  como por ejemplo de lo que Jesucristo es, conclusión a la que se ha llegado a través del magisterio de la iglesia: “ Jesucristo es el Verbo Divino, el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, Dios y Hombre verdaderos, en una sola Persona con dos naturalezas una humana y otra divina”. Al llegarse a esta conclusión tan diáfana, precisa y clara, vemos un ejemplo de la acción del Magisterio de la Iglesia, cosa que ha venido haciendo desde la resurrección de nuestro Señor.

Del conjunto de verdades que nos han sido reveladas por Dios, y que están contenidas en la palabra escrita y en la palabra traída, y que se entienden con perfección a través de las interpretaciones del Magisterio de la Iglesia, muchas de ellas son consideradas Dogmas y por lo tanto gracias a nuestra fe las creemos en forma absoluta. Quien tuviese algún problema en la creencia completa de algún Dogma de Fe tiene  obligación seria de salir de esa duda, para lo cual el mejor camino después de la oración en la que se pide que el Señor nos ayude a entender para creer y creer para entender, es el recurrir a un sacerdote bien capacitado que nos ayude con sus explicaciones, con la recomendación de las lecturas apropiadas sobre el tema, y con seguridad se saldrá de la duda. El Espíritu Santo nunca deja de hacer su parte.

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