sábado, 26 de enero de 2019


LIBRES PARA CONSTRUIR EL FUTURO.
Ser libre no solo es un derecho, comporta una responsabilidad, y nos involucra en la problemática social.
La libertad no nos la concede el Estado, ni ente alguno, proviene de Dios, estamos en un mundo en el que hay una tendencia a visualizar la libertad como algo parcial, como capacidad de elección, y esto no debe ser así, cada persona debe buscar su perfección , independientemente de las circunstancias sociales que constituyen su entorno. Vemos a muchos que se han despersonalizado, que han abdicado a su libertad personal en aras de construir una forma de sociedad.
No nos debemos de adormecer por acciones del Estado que pretende proveer todas las necesidades de los ciudadanos, el ser libre  debe considerar sus decisiones fundamentales para configurar su estilo de vida. Tiene además derecho a la información adecuada, y no al sometimiento a mecanismos manipuladores.
Ante la enorme potencia de las estructuras  del mercado, la información y comunicación masivas, muchos se ven reducidos al anonimato, perdiendo su condición de seres activos. No debemos encerrarnos en una vida reducida  al trabajo y la familia, debemos ir mas allá, tomar parte activa, ya sea en asociaciones, privadas o públicas, en grupos de amigos, sindicatos,  partidos políticos, clubs deportivos, equipos autónomos, u otros modos que ofrecen la oportunidad de socializar, siendo muy recomendables aquellos que tratan la doctrina de Jesucristo, para lo cual la Iglesia ofrece múltiples oportunidades.
De acuerdo a nuestras aficiones o cualidades,  debemos de participar con sentido cristiano, no siendo indiferentes, pero con conciencia de que se trata de bienes temporales que relacionamos con nuestro bien eterno. Los católicos debemos participar en las actividades honestas de los hombres, llevando en nuestro interior la presencia de Cristo, lo que se reflejará sin duda, aunque nosotros no lo manifestemos.
Entre las aplicaciones propias de la libertad está el terreno de lo opinable, este es un campo en el que debemos heroicamente defender nuestras propias convicciones, respetando las de los demás, en todos los terrenos, ya sean: sociales, políticos, filosóficos, deportivos, económicos, culturales, artísticos e incluso teológicos. Nuestra mentalidad laical, debe ser plural, en uso de su libertad, se mueve en estos terrenos sin necesidad del clericalismo, que trata de inmiscuir a la Iglesia en asuntos políticos y sociales como poder orientador. Nuestro laicismo es consciente de la separación de la Iglesia y el Estado, sin perder de vista que este debe de ser respetuoso de la Ley Moral Natural, que defiende la autorrealización del hombre, confiriéndole dignidad de persona dotada de iniciativa, y dominio de sus actos, puesto que la naturaleza condiciona a la libertad y le indica su ámbito. Esta Ley Moral condiciona al hombre a actuar conforme a su naturaleza racional. Por lo que en casos antinaturales como el aborto, el divorcio, la homosexualidad (no el homosexualismo) el hombre de buena voluntad debe de reaccionar siempre a favor de legislaciones acordes a la Ley Moral Natural. Solamente las mentes obtusas consideran que los puntos de vista que se fundamentan en sabiduría que lleva mas de 2000 años de existencia, entre nosotros, que es la que mas ha influido en la vida de los hombres, y que proviene del Creador, se deberían de considerar obsoletas, y al mismo tiempo caen en las ideologías como la de género, que nacen podridas y por su propia degeneración, caerán tarde o temprano como estopa mojada. Es por ello que los que afortunadamente contamos con las enseñanzas del cristianismo, nos sentimos obligados a influir, opinando permanentemente en la sociedad, lo hacemos libremente y así es como las decisiones humanas  correctas, ayudan a la presente y futura vida: social, cultural, filosófica, artística, e incluso económica. Esto en ocasiones se ejerce a contracorriente, pues no se entiende por todos el pluralismo de la mentalidad laical que se opone al clericalismo y al laicismo secularizador, y que busca el respeto a la justa autonomía de las realidades temporales y a la naturaleza de las leyes puestas por Dios.
Una luz inmensa que añade dignidad, aparte de su aspecto salvífico es la santificación del trabajo, San Josemaría defendió la libertad de los fieles que vincula la vida cristiana con la temporalidad de nuestra existencia,  y enseñó que debemos de ser dueños de una pluralidad de actividades,  y posiciones políticas, mientras no se opongan a la fe católica, y afirmó que no se deben de poner dogmas  en las cosas temporales. La libertad en estos aspectos es total para los fieles de la obra, y se aconseja a todos los hombres de buena voluntad.
El intentar fijar verdades absolutas, va contra la dignidad humana. Todos tenemos puntos de vista propios y desde allí contemplamos , cada quien,  nuestras preferencias culturales,  experiencias peculiares, San Josemaría pone el acento en  lo evidente de las diferencias cognositivas por lo que tratar de que se consideren verdades absolutas viene a ser una falta de consideración para con los demás. El desprecio o desconfianza de los aportes ajenos supondría empobrecimiento intelectual.
Muchas soluciones diferentes pueden ser armonizables y diferentes pareceres pueden  ser soluciones diferentes y buenas. Es bueno recordar que San Josemaría  contempla la libertad en su sentido mas profundo, con la luz del Espíritu Santo, que nos lleva a comprender a la libertad   desde el hecho de que somos libres porque somos hijos de Dios.
Jesucristo en la cruz nos muestra de la manera mas sublime, con plena libertad dos cosas de gran importancia: el amor que tiene a la voluntad del Padre y también por amor, en este caso por toda la humanidad al liberarnos del pecado mediante su Pasión y Muerte, allí en su resurrección nos alcanza la victoria sobre el pecado..
Contemplemos la agonía de nuestro Señor Jesucristo en Getsemaní al grado de sudar sangre,  al libremente aceptar rendidamente el Sacrificio que el Padre reclama para nuestra liberación del pecado. Expontaneamente el altísimo ejercicio de la libertad, al servir a todos los hombres, entregando lo mas valioso que el hombre tiene, su vida, y entregándola en medio de sufrimientos indecibles, así Cristo en ejercicio de su libertad nos ha conquistado nuestra propia libertad. Del Catecismo se extraen algunos conceptos sobre la libertad:
El acto de fe es voluntario, Dios nos vincula por nuestra conciencia, pero no nos coacciona. Jesucristo invitó a la fe y a la conversión.
La fe es indispensable para la salvación y se ejerce voluntariamente.
El ser hechos a imagen y semejanza de Dios y solo lo ejercemos por libre sumisión, Adán y Eva no lo hicieron y abajaron su libertad.
Debemos vivir libremente sometidos a las normas morales.
El hombre que se prefiere a si mismo y no a Dios es el que obedece a la tentación de Satanás.
Al casarse lo hacen libremente, consienten “per se”.
La libertad permite al hombre buscar libremente su propia perfección, fuimos creados libres y dueños de nuestros actos.
La libertad radica en la razón y en la voluntad para obrar o no obrar, hacer o no hacer, así madura el hombre. Se perfecciona cuando se ordena a Dios. Los actos humanos (no del hombre)  implican la posibilidad de elegir entre el bien y el mal.
El hombre a medida que opta por el bien se hace mas libre. Lo contrario es esclavitud del pecado, libertinaje.
La ascesis nos hace mas libres, mas responsables.
Todo acto querido es imputable al actor:
Adán, cuando Dios le pregunta, ¿Dónde estás?
Caín ídem.
David, y Natán, por lo de Urías y Betsabé.
La historia del hombre nos muestra siempre alienación a la libertad, empezando en el paraíso. Les muestras son múltiples actualmente: divorcio, aborto, eutanasia, eugenesia,  todos son abusos de la libertad.
Es un error concebir al hombre como ser libre cuando en uso de su “libertad” pretende gozar de todos los placeres que ofrece la vida terrenal.
La gracia de Dios no se opone a nuestra libertad, por el contrario nos fortalece contra las coacciones del mundo.
De Caminonos podemos plantear:
¿Dios lo quiere?, yo también.
En la sociedad, mala es una intervención demasiado fuerte del Estado, debe ser subsidiario no interferir en sus competencias, sino mirar al Bien Común.
Dios entrega a cada persona funciones para las que es capaz. Esto debe imitarse en la vida social. (parábola de los talentos, en el juicio particular, etc.)
El principio de subsidiaridad se opone al colectivismo, limita la intervención del Estado.
Compiló: Jorge Casas y Sánchez.

viernes, 25 de enero de 2019

FORTALEZA, una de las virtudes cardinales.


FORTALEZA, una de las virtudes cardinales.
Ser fuertes  de ánimo ayuda a sobrellevar las dificultades y superar nuestros límites. Para los cristianos, Cristo es el ejemplo para vivir esta virtud, que abre la puerta a otras muchas.
Séneca de modo gráfico decía a propósito de la fortaleza:  “A través de las dificultades, hasta las estrellas”.( Per aspera ad astra.)
Conseguir lo valioso, para los humanos significa, esfuerzo. Lo que vale cuesta. La experiencia humana nos enseña que  para conseguir lo mejor, solo es con esfuerzo que lo logramos, los obstáculos en nuestras vidas siempre están allí y hay que irlos sorteando, esa es nuestra lucha para alcanzar bienes mas altos,  es por ello que la fortaleza es admirada por los hombres, los pensamientos de los antiguos griegos ya  consideraban a la fortaleza como virtud cardinal. Nos dejan la lección de que el apetito irascible del ser humano le da vigor para buscar el bien por arduo y difícil que sea.
Pero  como en todo,  está el otro lado de la moneda, se constata continuamente en nuestra propia vida aquello que no hemos sido capaces de realizar y que se trataba de tareas que estaban a nuestro alcance, encontramos dentro de nosotros mismos las renuncias que llevamos a cabo frente a algo laborioso, por el esfuerzo que implica, por lo que vemos, en teoría,  que tenemos capacidad para grandes sacrificios a la vez que grandes claudicaciones.
La Revelación Cristiana  ofrece una respuesta llena de sentido a este problema, en numerosas ocasiones la Biblia alaba la fortaleza,  Jesucristo al explicarnos que la puerta es angosta nos da a entender la dificultad de salvarse,  sin esfuerzo, en otra ocasión hablando del Reino de Dios nos aclara que lo alcanzan los que hacen violencia. (violenti repiunt). La Escritura nos aclara también que la fortaleza nos viene de Dios,  el salmo 31,5 dice: porque Tu eres mi fortaleza,  San Pablo esto lo entiende muy bien, al decir: cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte. O cuando el Sr. Nos dice “te basta mi gracia”. O cuando nos asegura “sin mi, no podéis hacer nada”. Así es que nos resulta posible seguir a Jesucristo, con esa fortaleza que se nos da prestada, a lo que podemos concluir que la verdadera felicidad la encontramos, auxiliados de este don, en seguir la voluntad de Dios.
La Iglesia desde su inicio ha sentido verdadera veneración por los mártires, quienes han ofrecido su sufrimiento por su plena identificación con Jesucristo, lo que han testimoniado con su sangre. En esta época aún se siguen dando casos de mártires, como ejemplo podemos mencionar a los múltiples casos de misioneros.
Nos recuerda Benedicto XVI  que hay también un martirio de la vida cotidiana de cuyo testimonio el mundo de hoy está especialmente necesitado: el testimonio silencioso y heroico de tantos cristianos que viven el Evangelio sin componendas, cumpliendo su deber y dedicándolo generosamente al servicio de los pobres..
Un ejemplo lo vemos en la Virgen que al pié de la cruz de su hijo, que sin morir nos dejó un ejemplo de fortaleza, pidámosle a ella que interceda por nosotros para que tengamos fortaleza, a los pies de la cruz de Cristo.
La Virgen Dolorosa es testigo fiel del amor de Dios, e ilustra muy bien el acto de del ejercicio de la virtud de la fortaleza, que consiste en resistir lo adverso, lo duro. Resistencia en el bien, porque sin bien no hay felicidad. Este bien se identifica con la contemplación de la Trinidad en el cielo. La Sagrada Escritura en varias ocasiones se refiere a la roca, como sustento de lo fuerte, de lo que resiste.
Son varias las virtudes que se relacionan cercanamente con la fortaleza,  se suele hablar de la constancia, cuando se trata de vencer la tentación de abandonar el esfuerzo,  la paciencia y la constancia que nos ayudan a sufrir en silencio contrariedades, son palabras de Jesús “con vuestra paciencia poseeréis vuestras almas. Otra lección de Nuestro Señor Jesucristo: “quien persevere hasta el fin, ese se salvará”. (Mt.10,22).
San Josemaría, nos dejó esta bella aseveración: “Comenzar es de todos; perseverar, es de santos”. Él que tubo, como característica propia y enseñó ese gran amor al trabajo bien acabado, que  describía como el saber poner las últimas piedras en cada labor realizada.
La fidelidad debe estar sujeta a la duración, esto puede ser coherente en un día, o menos, una semana o un año o toda la vida. Sería falta de coherencia, fijarse una duración de una semana y lograr solo tres o cuatro  días., cuando se trata de la fidelidad a Dios, siempre hablamos de toda la vida. Aunque puede haber objetivos (mandas) de plazos predeterminados., recordemos la parábola de los talentos, del Señor: Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor.”.
Epitafio del rey inglés Jacobo II “Grande en la prosperidad, mayor en la adversidad”. Esto nos expresa armonía entre distintas partes de la virtud de la fortaleza que se relacionan con el acto de resistir el bien, y que nos hablan de magnanimidad y magnificencia, que son: la paciencia y la perseverancia en referencia al acto de atacar, de acometer tanto lo grande como lo pequeño en tanto moderadoras de acciones atrevidas y audaces,  ocupándose la fortaleza del temor,  de la audacia, e imposición  del equilibrio.
San Josemaría nos enseñó al emprender obras virtuosas excelentes y difíciles, dignas de gran honor, en las que apreciamos estas cualidades de magnificencia, en las que los recursos económicos y materiales adecuados a cada proyecto.nos dejó escritos en los que describía la persona magnánima en estos términos: “animo grande, alma amplia en la que caben muchos. Es la fuerza que nos dispone a salir de nosotros mismos, para prepararnos a emprender obras valiosas, en beneficio de todos. No anida la estrechez en el magnánimo; no media la cicatería, ni el cálculo egoísta, ni la trapisonda interesada. El magnánimo dedica sin reservas sus fuerzas a lo que vale la pena; por eso es capaz de entregarse él mismo. No se conforma con dar: se da. Y logra entender entonces la mayor muestra de magnanimidad: darse a Dios”.
Se requiere magnanimidad para emprender cada jornada, la empresa de la propia santificación, el apostolado y testimonio cristiano en medio del mundo con las dificultades que siempre habrá se apoyará en la convicción  de que todo es posible para el cree. En este sentido el cristiano magnánimo no teme proclamar y defender con firmeza y discreción las enseñanzas de la Iglesia.
Aquí caben dos reflecciones: el ser intransigentes con caridad, sin tratar de imponerse, mas bien con paciencia y buscando la mejor oportunidad. Y recordar que debemos de tener --piedad de niños y doctrina de teólogos—considerando que las verdades del Magisterio no se contraponen a la libertad de opinión de los otros, después de todo nosotros si distinguimos las verdades de fe de las simples opiniones humanas.
Dios es grande y nos comunica su grandeza en la intimidad,  pues está presente en nosotros con toda su enormidad inconmensurable, por lo que podemos concluir como lo hizo la Virgen Santísima al decir en el Magnificat “…porque ha hecho en mi cosas grandes”. El esplendor de esta exultación de la Virgen nos enseña: que solo es grande el hombre si Dios es grande.

LA VIDA SIN DIOS, SE REDUCE A UNA SOLA COSA.


LA VIDA SIN DIOS.
Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA –TENER-.
Ante esta expresión llena de: sabiduría, contundencia, importancia, significación y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener  y con tan solo a búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad, aunque estemos rodeados de cosas de alto precio, de valor artístico, poseamos poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro  vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas, precisamente por amor a Él, pues si Dios ha creado por amor, como es en realidad, ya que no cabe otra explicación de la razón de crear, manifestándose en ello su amor. Se deduce que un amor sano, bueno, abundante, de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, al amarle, por extensión debemos amar a sus criaturas, pues Él las ha creado por amor. Otras actividades del espíritu son de gran importancia, pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con su creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y en cambio se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento. Este es el tema sobre el que pretendo expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro “fin final” que es la Visión Beatífica, en este caso el “tener”, si carecemos del alimento de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma y su vida consiente,  es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, de nuestro libre albedrío.
Vale aquí como ejemplo la anécdota que el Manco de Lepanto narra sobre Sancho Panza, como gobernador de la Ínsula Barataria,  que juzga y condena  al reo a dormir una noche en la cárcel, siendo la respuesta de este: me condena a pasar una noche en la cárcel, pero en cuanto a lo de dormir, dormiré si quiero y si no, no. Buen ejemplo de la libertad de espíritu en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas, nunca debemos dejar de considerar que somos un compuesto de cuerpo y alma, equivalente a materia y espíritu, , nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, pero no solo somos eso y punto, al ser el compuesto mencionado somos espíritu creado para la eternidad, , por lo que lo apropiado es considerar que somos espíritu y cuerpo, esta es la naturaleza de la persona humana, la que se modifica cuando se separan una del otro,  a lo que llamamos muerte terrenal, ya que el cuerpo sigue las leyes de la materia, y el alma  las del espíritu. En otras palabras nuestra muerte terrenal se da al tiempo que nuestra vida espiritual empieza. La resurrección que consistirá en la reunión que se dará, de nuestro cuerpo y alma, lo que  es dogma de fe para nosotros los católicos es asunto que meditaremos extensamente en otra ocasión. Pero aquí podemos concluir que hay preeminencia de nuestra alma espiritual, inmortal, sobre nuestro cuerpo mortal.
El hombre es insaciable por naturaleza, hasta que la posibilidad de sus funcione se lo permite, en la niñez, en la pubertad o en la ancianidad no se pretende lo mismo, o con la misma intensidad , o de la misma manera que en la vida productiva de la juventud, y no me refiero a los placeres superficiales del comer, el beber,  el disfrutar de lo que se nos ofrece de múltiples maneras,  como las actividades, artísticas, políticas, familiares, financieras,  u otros placeres como la sexualidad, la creatividad,  así como otras facetas, la literaria por ejemplo,  las diferentes formas de meditar, orar o realizar obras piadosas, lo que conviene al practicarlas es distinguir como y cuales son las que alimentan nuestra alma, cuales son exclusivas del cuerpo y sus sentidos. Las que son ordenadas y benéficas de las que son lo contrario,  distinguiendo los beneficios o perjuicios de aquellas que  son de uno solo o de ambos ámbitos.
Algunas consideraciones pertinentes son las distinciones entre los actos humanos y los actos del hombre, por la razón moral de los primeros.
Al considerar los alimentos del cuerpo se nos viene a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento, techo, agua potable, salubridad y servicios de salud, educación ropa adecuada, y que no obtienen las ventajas de la tecnología, lo que gravita sobre todos los que no carecemos de ello, como “hipoteca social”. En especial sobre aquellos que nos sobrealimentamos, y que gozamos de muchos aspectos superfluos. Esto afecta la posibilidad de una formación espiritual sobre los pobres, y es caso de conciencia sobre nosotros.
Consideremos como estamos alimentando nuestro propio espíritu, si los actos de caridad que debo de llevar a cabo, los estoy realizando, lo que son opciones maravillosas de llevar a cabo, en lo material y en lo espiritual. Cuando cumplimos, ¡que grata tranquilidad! En especial si lo hemos hecho prescindiendo de algo, a contrapelo, por amor al prójimo, lo que requiere una serie de virtudes humanas a poner en práctica: justicia, bondad, rectitud de intención,  deseo de colaborar al Bien Común, aparte de la virtud teologal, valiosísima, de la caridad. Recordemos la enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo: -lo que hicisteis por ellos, lo hiciste por mi-.
El gran alimento de nuestra alma, lo encontramos en nuestra relación con Dios, es allí al hablar con Él, al meditar, que podemos lograr el desprendernos de algo en favor de los mas necesitados, se trata del “tener” nosotros un poco menos, con tal de que otros, muy necesitados lo obtengan. Es en esta relación con Dios que encontramos mas sentido a nuestra vida, que somos mas humanos, sencillamente porque nos hermanamos a los mas necesitados. Esta es vida coherente con la divina voluntad, VIDA CON DIOS,  que nos identifica mas íntimamente con Él y las criaturas humanas del Señor. Enriquece nuestra vida espiritual, en comunión con Jesucristo.
Obra de caridad sublime es la de enseñar la doctrina cristiana a los demás, dar de nuestro tiempo para formar, para catequizar, a los que lo requieren, es así como cumplimos el mandato evangélico de: …id a todas las naciones…
Jorge Casas y Sánchez.

viernes, 7 de diciembre de 2018

LA IGLESIA, algunas de sus principales características.


LA IGLESIA, UNA, SANTA, CATÓLICA, APOSTÓLICA. Resumen de sus principales características.
Las instituciones humanas tienen una finalidad, puede ser económica, política, filantrópicas, de salud, etc. son siempre de carácter terrenal.
La Iglesia Católica es diferente. Es extraordinaria porque es Divina, otras han sido fundadas por hombres que  desaparecen, Jesucristo nunca desaparecerá. Tampoco su Iglesia. A pesar de las persecuciones y ataques que sufre y ha sufrido desde su fundación.
A San Pedro, Jesucristo le dijo: sobre ti fundaré mi Iglesia y no prevalecerán sobre ella las puertas del infierno. Y a los apóstoles: yo estaré con Uds. hasta el final de los tiempos. Su fin es sobrenatural, conducirnos a la salvación eterna, va mucho mas allá de la filantropía o humanitarismo, es para la salvación de todos los hombres. Consiste en un Cuerpo Místico, con cabeza y miembros. La cabeza es Jesucristo, invisible y tiene a su Vicecristo en el Papa, su cabeza visible, y los miembros somos todos los bautizados.
Poco antes de su Ascensión dejó dicho a sus apóstoles …“id y  enseñad a todas las naciones, el que creyere se salvará,  y el que no se condenará….
Los medios para salvarse están en ella. Vino a salvar a todos, los de su tiempo y a los que ya habían muerto así como los que no habíamos nacido. Cristo la fundó personalmente como institución jerárquica  con su  vicario en la cumbre, Pedro, y así continúa y permanecerá hasta el final de los tiempos, cuando se de La Parusía, segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo a este mundo.
En Pentecostés, se cumplió la promesa que nos hizo antes de la Ascensión de mandarnos al Espíritu Santo.
A la Iglesia la forman tres partes: la Iglesia triunfante, la militante, y la purgante.
En este cuerpo si un miembro enferma los demás lo resienten,  y le ayudan.  Las acciones buenas de uno repercuten en los demás, casos como las  oraciones , sacrificios, actos de desagravio, actos fe, etc. así como en los seres humanos hay un cuerpo y un alma espiritual, la Iglesia además de su cuerpo místico tiene, como nosotros el alma, al Espíritu Santo, y por extensión este está en todo cristiano, especialmente en los que se encuentran en gracia de Dios, lo que llamamos Estado de Gracia, y está también en las personas que se ocupan de las labores apostólicas como “Gracia de Estado”.
Las células de este cuerpo pueden estar vivas a la gracia, o muertas a ella, cuando están en pecado grave sin confesar. Es con el Sacramento de la Confesión como vuelven a la vida de gracia. La Iglesia nos empuja a una vida coherente entre lo que nos manda la conciencia bien formada y o que realizamos, para ayudarnos a obtener esta coherencia está presente entre nosotros Jesucristo que se ha querido quedar en el Sacramento Eucarístico, y lucha por nosotros aquí y en el cielo. Lo mismo hace desde el cielo la Santísima Virgen, que como toda madre nos ama y defiende, es por ello que acudimos a ella como nuestra intercesora omnipotente.
Como los apóstoles y los discípulos se distribuyeron por todo el mundo bajo la autoridad de Pedro. La Iglesia bajo la autoridad del Papa se distribuye en diócesis  a cargo de obispos por todo el mundo, en estas los obispos se ocupan del gobierno de las Iglesias y de las enseñanzas y prácticas propias  de la Iglesia. En la diócesis que les ha sido asignada. Otra misión importantísima de la Iglesia es la impartición de los Sacramentos.
Al conjunto de obispos que están en perfecta armonía con el Papa que los encabeza, se le denomina el “Magisterio de la Iglesia”, el cual asistido por el Espíritu Santo es el cuerpo que conserva la pureza mas absoluta de la Fe, nuestras creencias y Doctrina de Jesucristo. Son los responsables y los que se ocupan de trasmitir las enseñanzas a los feligreses en cada diócesis siendo asistidos por los presbíteros, diáconos y laicos preparados debidamente.
La Iglesia es  en tanto institución divina: Una, Santa, Católica y Apostólica, a ella pertenecemos y la conformamos todos los bautizados, siendo una jerarquía, sería un error pensar que solo la conforman El Papa, los obispos y los sacerdotes. En ella todos somos iguales en cuanto  cristianos, pero tenemos diferentes funciones. Cristo la dotó de la autoridad del Papa, y así la jerarquía se forma  por vocaciones especiales de algunos miembros de la Iglesia que se entregan a su servicio; así es como pasan a pertenecer a la jerarquía, estas vocaciones son suscitadas por el Espíritu Santo.
La Iglesia es UNA, porque Jesucristo personalmente la fundó, no fundó otras, fue en el siglo XVI que algunos se separaron de la Iglesia de Jesucristo para formar lo que ahora son múltiples sectas protestantes, estas por tanto aunque comparten muchas creencias con la Iglesia Católica, no son la Iglesia que Cristo fundó, no están dentro de la Jerarquía que Jesucristo quiso y fundó. Se salieron por acciones humanas, que no tienen que ver con las acciones fundamentales de la Iglesia que Cristo fundó. Tienen su origen en hombres que eventualmente desaparecen. Cristo nunca desaparecerá.
La Iglesia es SANTA, porque su fundador es santo, como lo es su doctrina, y sus Sacramentos, que la conducen a la santidad. (aunque dentro de nuestra Iglesia tengamos casos de personas que no viven la coherencia necesaria, (no debemos  de escandalizarnos por ello).
La Iglesia  es CATÓLICA, que quiere decir universal, porque trasmite toda la enseñanza de Jesucristo y del resto de la Biblia, y lo hace para todos los hombres.
La Iglesia es APOSTÓLICA, porque se remonta en línea directa e ininterrumpida hasta los apóstoles, y enseña con la mas absoluta fidelidad sus enseñanzas, estas son un depósito que la Iglesia conserva intacto. El denominador común de la Iglesia está en la unión de sus miembros. (Como en toda instancia conformada por humanos, habrá excepciones).
Los católicos somos absolutamente libres en cuanto se refiere a las ideas políticas, a las ciencia humanas, al lugar de residencia etc. somos unidos solo en cuanto a nuestra fe. En todo lo opinable hay una libertad total. La Iglesia no tiene “opiniones en materias temporales”. Y cuando algo pertenece a nuestra doctrina, a la verdad, no podemos obligar a otros a que lo acepten pero si tenemos el derecho de que se respeten nuestras creencias. Y luchamos porque las legislaciones de las naciones se amolden a la ley moral natural.
Los católicos no tratamos de obtener ventajas materiales por el hecho de ser católicos, no es necesario que manifestemos  nuestras creencias con signos externos, insignias, etc., no debemos criticar a la Iglesia, sino servirla como ella quiere ser servida, ayudándola en la medida de nuestras posibilidades. Debemos orar por ella.
Jorge Casas y Sánchez.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

HOMILIA DEL PADRE FERNNDO OCARIZ.






Homilía del Prelado en la 28º Jornada Mariana de la Familiaprint

Opus Dei - Homilía del Prelado en la 28º Jornada Mariana de la Familia
“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador” (Salmo responsorial, Lc 1,46-47). Al repetir, en el salmo responsorial, estas palabras de la Santísima Virgen, hemos querido acompañar a Nuestra Madre en su actitud de agradecimiento y alabanza a Dios. Tenemos muchos motivos para levantar nuestra alma al Señor, que ha querido y quiere realizar cosas grandes en nosotros y, a través de nosotros, en nuestras familias, en la sociedad y en el mundo entero.
Hoy, al celebrar esta Jornada Mariana de la Familia junto a la Virgen de Torreciudad, elevamos nuestro corazón al Señor con esas palabras de santa María. Ciertamente, somos y nos sabemos poca cosa, muy necesitados de la ayuda de Dios para ser buenos hijos suyos y para sacar adelante nuestras familias según su querer, pero con nuestra Madre del Cielo nos sentimos capaces de esta oración de acción de gracias a Dios: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador”.
¡Qué asombroso es contemplar cómo María y José encontraron también dificultades para sacar adelante su familia!
En el Evangelio hemos visto cómo un ángel tranquilizó a san José, en un momento complicado para la historia de la familia de Nazaret (cfr. Mt 1,18-23). ¡Qué asombroso es contemplar cómo María y José encontraron también dificultades para sacar adelante su familia! La historia de su hogar no es una historia idealizada: sí, la Sagrada Familia fue sin duda la más feliz que ha habido y habrá en la tierra, pero no por eso dejaron de tener que afrontar contrariedades y problemas.
“Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien” (Rm 8,28). Son palabras de san Pablo que hemos escuchado en la segunda lectura. Muchos recordaremos que san Josemaría las resumía en tres palabras, omnia in bonum, todo es para bien. Estas palabras, tantas veces nos habrán servido para abrazarnos a la voluntad de Dios, también cuando no comprendíamos por qué permitía algo que nos hacía sufrir a nosotros o a los demás. Esta jaculatoria la podemos aplicar también en cada hogar; todo es para bien: un problema económico que obliga a cambiar de planes, los retos que supone educar a los hijos, las dificultades para armonizar un trabajo exigente con los cuidados de la casa... Todo es para bien, si todo lo ponemos en las manos de Dios: Él dará la fuerza para convertirlo en ocasiones de crecer como familia, en hacer que esos pequeños o grandes dramas al final también la unan más, porque se lleven entre todos con amor.
"Omnia in bonuM", todo es para bien. Tantas veces nos habrán servido estas palabras para abrazarnos a la voluntad de Dios, también cuando no la comprendíamos
“Doy gracias a Dios -dice el Papa Francisco- porque muchas familias, que están lejos de considerarse perfectas, viven en el amor, realizan su vocación y siguen adelante, aunque caigan muchas veces a lo largo del camino” (Exh. ap. Amoris laetitia, 57). Son palabras esperanzadoras. Al mismo tiempo, nos invitan a preguntarnos: ¿somos conscientes del gran bien que hacen las familias cuando se esfuerzan en ser una escuela de comunión, de perdón, de solidaridad? Sí, las familias pueden dar luz y calor a otras familias, a amigos, vecinos, compañeros de estudio o de trabajo. “Dios quiere que cada familia cristiana sea un faro que irradie la alegría de su amor en el mundo. ¿Qué significa esto?” —preguntaba el Santo Padre hace unos días en Irlanda. “Significa —decía— que, después de haber encontrado el amor de Dios que salva, intentemos, con palabras o sin ellas, manifestarlo a través de pequeños gestos de bondad en la rutina cotidiana y en los momentos más sencillos de cada día” (Discurso, Dublín, 25-VIII-2018).
Para conseguirlo, no es necesario esperar a que todo en la propia casa marche a la perfección. “Cada hogar cristiano -afirma san Josemaría- debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se percibiera un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida” (Es Cristo que pasa, n. 22). Es así como estas familias cooperan muy directa y eficazmente a construir y fortalecer la civilización del amor, de la que hablaba san Juan Pablo II.
En la oración colecta de hoy, nos hemos dirigido al Señor, diciendo que en sus “mandatos encuentra la familia su auténtico y seguro fundamento”. Esta es, en efecto, la roca que da estabilidad a la familia: el designio amoroso y sabio de nuestro Creador y Padre sobre ella. Por eso, queremos conocer y apreciar cada vez más los rasgos de ese maravilloso plan de Dios, y difundirlos con alegría en toda la sociedad.
Renovemos también hoy, junto a la Virgen, el propósito de vivir con intensidad la Comunión de los santos. Recemos por la Iglesia, por el Papa y por todos los pastores y fieles. Y que, en esta jornada, se alce al Cielo nuestra plegaria especialmente por todas las familias del mundo: que a ellas llegue la fuerza de la oración y del sacrificio que acompañe cada una de nuestras jornadas.
Madre nuestra, Virgen de Torreciudad, con tu ayuda queremos compartir esta visión alegre y esperanzada de la familia con las personas que tenemos a nuestro alrededor. Te pedimos que sepamos caminar juntos, en familia, hacia el encuentro con Dios y con los demás. No nos desalienta que la senda pueda ser ardua, o que podamos tropezar, porque sabemos que tú nos acompañas siempre.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Sobre esta próxima beatificación, gracias demos a Dios.

Guadalupe Ortiz de Landázuri
Guadalupe Ortiz de Landázuri
Descripción: LupeOdL.jpg
Nacimiento
Padres
Manuel Ortiz de Landázuri García y Eulogia Fernández de Heredia y Gastañaga
Fallecimiento
16 de julio de 1975 (59 años)
Pamplona
Guadalupe Ortiz de Landázuri Fernández de Heredia(Madrid12 de diciembre de 1916 - Pamplona16 de julio de 1975) fue doctora en Ciencias Químicas, catedrática españolade maestría Industrial, investigadora en el ámbito de la química aplicada, -tanto en la búsqueda de materiales refractarios aislantes, para disminuir el consumo de energía, como en el sector de los textiles-.12​ Ha sido proclamada venerable por la Iglesia católica.3
Índice
·         1Vida
·         2Causa de canonización
·         3Bibliografía
·         4Referencias
·         5Enlaces externos
Vida[editar]
Era hija de Manuel Ortiz de Landázuri García, militar del Cuerpo de Infantería y de Eulogia Fernández de Heredia y Gastañaga. Tiene tres hermanos mayores: Manuel, Eduardo y Francisco de Asís. Durante su infancia vivió en diversos lugares a los que es enviado su padre: Madrid, LaracheSegovia y Tetuán. Comenzó a estudiar el bachillerato en el Colegio de Nuestra Señora del Pilar que tenían los maristas de Tetuán. Cuando su padre fue ascendido a Teniente Coronel y trasladado a Madrid en 1932, ella continúa sus estudios en el Instituto Miguel de Cervantes, donde concluyó sus estudios en junio de 1933. Ese año comenzó la licenciatura en Ciencias Químicas en la Universidad Central de Madrid.
El comienzo de la Guerra Civil interrumpió sus estudios universitarios. El 8 de septiembre de 1936, su padre fue fusilado en la Cárcel Modelo de Madrid. La noche anterior lo acompañó junto con su madre y su hermano Eduardo. Se traslada a Valladolid en 1937, junto con su madre, donde permaneció hasta el final de la Guerra.
En 1940 concluyó la carrera de Ciencias Químicas y comenzó a dar clase en el Liceo Francés y en el Colegio de la Bienaventurada Virgen María, en Madrid. El 19 de marzo de 1944 pidió su admisión en el Opus Dei como numeraria. En 1945 se marchó a Bilbao donde se hizo cargo del centro de la administración del Colegio Mayor Abando. En 1947 comenzó en a funcionar en Madrid la residencia universitaria Zurbarán y fue la primera directora de este colegio mayor femenino. En esa época se matriculó en los cursos de doctorado.
El 5 de marzo de 1950 llegó a México para comenzar la labor apostólica del Opus Dei con mujeres en ese país. Fue nombrada Secretaría de la Asesoría Regional. El 1 de abril se abrió Copenhague, la primera residencia femenina del Opus Dei en México. Allí conoció a Ernestina de Champourcin que solicitó su admisión en el Opus Dei en 1952.4​ En México puso en marcha Montefalco,5​ una antigua hacienda en ruinas, situada en el Estado de Morelos, donde organizaba actividades de promoción social y humana entre los habitantes de la zona. Asistió al I Congreso General del Opus Dei celebrado en Los Rosales, Madrid los días 11-13 de octubre de 1953, y al II Congreso General celebrado en Roma el día 24 de octubre de 1956. Allí fue nombrada Vicesecretaria de la Asesoría Central y se quedó a vivir en Roma. Ese año enfermó del corazón.
En 1958 regresa a España. Entre 1962 y 1964 da clases de Física en el Instituto Ramiro de Maeztu. El 1 de octubre de 1964 comienza a dar clases de MatemáticasFísica y Química en la Escuela Femenina de Maestría Industrial, como profesora adjunta de Ciencias, con carácter provisional. En junio de 1965 defiende su tesis doctoral en Ciencias Químicas sobre los "Refractarios aislantes en cenizas de cascarilla de arroz", obteniendo sobresaliente cum laude. En 1967 obtiene la plaza de Catedrático numerario de Ciencias, en la Escuela Femenina de Maestría Industrial. Al año siguiente participa en la planificación y puesta en marcha del Centro de Estudios e Investigación de Ciencias Domésticas (CEICID), donde será subdirectora y profesora de Química de Textiles.
El 1 de julio de 1975 la operaron en la Clínica Universidad de Navarra y permaneció en la UVI hasta el día 4. El 14 de julio sufrió una insuficiencia respiratoria que se agravó paulatinamente y falleció a las 6.30 horas del 16 de julio.6​ El 23 de julio fallece su madre en la misma Clínica.
Causa de canonización[editar]
El 6 de enero de 2001, Javier Echevarría solicitó la apertura de la causa de canonización y el 18 de noviembre, la Archidiócesis de Madrid inició el proceso.7
El proceso sobre la vida, las virtudes y la fama de santidad de Guadalupe Ortiz se instruyó en Madrid. Comenzó el 18 de noviembre de 2001 y finalizó el 18 de marzo de 2005. El tribunal interrogó a 32 testigos en Madrid y a 22 testigos en la Ciudad de México.
El 17 de febrero de 2006 la Congregación de las Causas de los Santos otorgó el decreto de validez del proceso y el 4 de agosto de 2009 fue presentada en ese dicasterio la Positio sobre la vida y las virtudes de Guadalupe.
El 7 de junio de 2016, el congreso peculiar de los consultores teólogos dio respuesta positiva a la pregunta sobre el ejercicio heroico de las virtudes por parte de Guadalupe Ortiz de Landázuri. El 2 de mayo de 2017, la sesión ordinaria de los cardenales y de los obispos se pronunció en el mismo sentido.
El 4 de mayo de 2017, el Papa Francisco, con el voto favorable de la Congregación de las Causas de los Santos, autorizó que se publique el decreto por el que se declara venerable a Guadalupe8​. El 8 de junio de 2018, con autorización del papa Francisco, la Congregación de las Causas de los Santos promulgó un decreto sobre un milagro atribuido a su intercesión9​, que abre las puertas a su beatificación.
Desde el 5 de octubre de 2018, los restos mortales de Guadalupe Ortiz de Landázuri se encuentran en el Oratorio de Caballero de Gracia (Madrid).10
Su beatificación, presidida por el cardenal Angelo Becciu, está prevista para el 18 de mayo de 2019 en Madrid.11

miércoles, 3 de octubre de 2018


Este artículo es colaboración de: Francisco Ugarte Corcuera.

“EL CAMINO DE LA FELICIDAD”
Autor: Francisco Ugarte Corcuera. Panorama Editorial
El camino de la felicidad y no “el camino a ò para la felicidad”, porque se trata de ser feliz mientras se camina y no solamente al final del trayecto.
No basta con querer ser feliz; es preciso aprender a serlo.
Aprender a ser feliz significa:
a.-Averiguar:  donde está la felicidad y donde no.
b.-Saber  cuales  aptitudes y disposiciones favorecen la felicidad: la gratitud y el optimismo.
c.-Responsabilizarse de la propia felicidad.
d.-Aprender a ser feliz en el proceso de la vida ordinaria.
e.-Descubrir el modo de sobrellevar las situaciones difíciles.
f.-Aprender a contar con los demás y con Dios en el camino de la felicidad, porque solo no es posible ser feliz.
Todos queremos ser felices. Tomas de Aquino señala “La voluntad apetece libremente la felicidad”. Pascal: “todos buscamos ser felices; no hay excepciones en esta regla”. San Agustin “Todos los hombres buscan la felicidad y sin embargo la mayor parte no saben como alcanzarla.” Francisco Ugarte: “Todos queremos ser felices, aunque intuyamos que no será fácil conseguirlo”.
La felicidad depende de la interioridad de la persona, mas que de factores externos.
PLACER, ALEGRIA Y FELICIDAD.
Siempre se puede ser mas feliz, pues la felicidad “es la plenitud de la vida y consiste en una sensación de paz permanente que se distingue del simple placer y también de la alegría”.
La alegría está por encima del placer y por debajo de la felicidad. El placer tiene un tono fugaz, transitorio, huidizo, pero la alegría tiene un tono mas duradero y se presenta como consecuencia de haber logrado algo tras un esfuerzo y lucha personal (terminar una carrera profesional).
La felicidad es una condición de la persona misma, de todo ella, es decir está en el orden del ser y no del tener.
El bienestar por si mismo no produce la felicidad , no es simplemente estar bien, sino estar haciendo algo que llene la vida.

¿ES POSIBLE SER FELIZ?
Quien tiene fe sabe que “Dios ha depositado en el corazón de cada hombre el deseo de la felicidad, como un impulso primario”.
La gran mayoría de la gente suele buscar la felicidad en el placer y las cosas materiales; cuando la persona vive para los bienes materiales, para acumular riquezas, mientras mas tiene, mas desea poseer. “La riqueza es como el agua de mar; mientras mas se beba, mas sed se tendrá.”
Abraham Lincoln afirmaba con razón que “la mayoría de la gente es feliz en la medida en que decide serlo”
Que la felicidad depende de una opción personal, significa:
1.-Elegir las actitudes que favorecen la felicidad. Si queremos ser optimistas, decidiremos percibir el lado positivo de las cosas. Rabindanat Tagore “Durante muchos años, sin reparar en gastos, he recorrido muchos países, he visto montañas altas y los océanos. Lo único que no supe ver fue el brillo del rocío, en la hierba a la puerta de mi casa.”
2.-Vigilar nuestras formas de reaccionar positivamente ante los problemas.
3.-Evitar que nuestros pensamientos giren perpetuamente en torno a nosotros mismos.
4.-Orientar la vida hacia las gratificaciones antes que a los placeres sensibles. Disfrutar de una conversación, una buena música, bailar, escalar montañas, leer un buen libro, jugar ajedrez.
5.-La decisión habrá de recaer sobre nuestro mismo ser. Se trata de optar por un crecimiento permanente del propio ser que se traducirá en un ser mas progresivo, del que se derivará la felicidad.
La felicidad o la encontramos en la vida ordinaria o  no la encontraremos nunca.  La persona feliz lo es mientras realiza lo que ocupa su vida habitualmente: el trabajo, la vida en familia, el trato con Dios, las relaciones sociales y de amistad , el estudio y la formación espiritual, el deporte u otras actividades recreativas.
Proponerse metas valiosas, trabajo bien hecho, vivir la gratitud, la amistad, sentido del humor, orientar la vida hacia Dios y hacia los demás.
Margaret Lee Runbeck (1905-1956) dice “La felicidad no es un lugar hacia el cual nos dirigimos en nuestro viaje, sino el modo de hacer el viaje”
Nov. 2017 FSB