lunes, 10 de octubre de 2011

ALGO SOBRE LA ORACIÓN

ALGO SOBRE LA ORACIÓN.
La fuerza de la oración es inconmensurable, la razón es que no nace de nosotros, sino de la acción del Espíritu Santo en nosotros, luego nuestra oración va a Dios que la espera, que la quiere, que la inicia. Y debe de ser sincera, profunda, insistente, aunque si bien es Dios quien nos  inspira la acción de orar somos nosotros los que escogemos aquello por lo que queremos orar y oramos.
Dios no siempre concede aquello por lo que pedimos, aquí lo que obra es el criterio divino, que no es como el humano, nosotros vemos lo que humanamente nos conviene o creemos que nos conviene, ÉL ve lo que nos ayuda a nuestra salvación, por tanto si no se nos concede lo que pedimos, debemos mostrarnos agradecidos al Señor,  pues es que está mirando por nuestro mejor bien posible, y si se nos concede debemos mirar el como ello nos ayuda en ese camino hacia la Visión Beatífica, y por supuesto allí nuestro agradecimiento debe ser doblemente profundo pues se nos concede lo que humanamente nos ayuda en forma adicionada al camino de la vida eterna de felicidad.
Nuestra oración debe ser insistente, repetitiva, respetuosa, humilde ante el Creador, a sabiendas de que somos simples criaturas, la podemos llevar a cabo a través de la intercesión, considerando que la VIRGEN SANTÍSIMA es la intercesora universal, OMNIPOTENCIA INTERCESORA,  y el mejor camino para llevar a cabo nuestras peticiones a CRISTO, que a su vez es el mejor camino hacia DIOS PADRE.  No puedo en este punto dejar de recomendar la maravillosa devoción mariana del SANTO ROSARIO, en el que caben toda clase de oraciones, en especial las de petición de los favores difíciles y las acciones de gracias. Al dirigirnos a nuestra Señora recordar que Jesucristo nos la dio como madre nuestra, depositó en Ella toda la Misericordia que nos reservaba, mirándola siempre encontraremos a Jesús, nuestro salvador.
 En la oración la Esperanza en cuanto virtud teologal, no puede estar ausente, como no puede faltar, ya que la oración es un acto de Fe, y acto de Caridad (amor) a  Dios, los ejemplos más mencionados en materia de la perseverancia es el de Santa Mónica, que por tantos años pidió por la conversión de su hijo y se le concedió, y en materia de Fe la oración de San Esteban que al estar siendo martirizado pide que no se les tomen en cuenta sus pecados a los participantes. Nuestro señor en ambos casos concedió lo que se pidió y lo hizo de manera suprema, concediendo a ambos la conversión y de tal talla como que llegaron a ser grandes pesonajes de la Iglesia, incomparables teólogos cuyas memorias acompañarán a la humanidad hasta el final de los tiempos.
Conforme sea más perfecta la oración y bueno ante los ojos de Dios lo que pedimos, tengamos la seguridad  de que se nos concederá, y si no es así será porque no hemos puesto todos  los elementos necesarios para perfeccionar la oración, acompañándola  de mortificaciones, y contando con  las menciones anteriores.  La oración nos debe de elevar a un plano superior, ayudándonos a combatir nuestra soberbia, poniendo de nuestra parte todo lo humanamente posible en la obtención de lo pedido y dejando en manos del Creador confiadamente la solución esperada.
Orar en agradecimiento al SEÑOR por todo lo que nos otorga y que no se lo hemos pedido es otra forma de comunicarnos con dios en oración que muestre que lo que somos, lo que tenemos, nos viene de ÉL, gratuitamente y sin haberlo solicitado, tan solo por su bondad y misericordia.
Finalmente, para terminar esta entrada, meditemos en el aspecto de que la oración incluye a las tres personas de la SANTÍSIMA TRINIDAD y a las tres VIRTUDES TEOLOGALES, ¿ se puede pedir mayor abundancia de dones ?.  Debemos de orar ante los acontecimientos adversos que se nos presentan o se le presentan a otros, sean familiares cercanos que son los que más nos duelen o personas alejadas incuso desconocidas por solidaridad humana, recordando que no hay mal que Dios permita que no conlleve algo de bien, insisto en la visión salvífica propia del Creador.
Jorge Casas y Sánchez.

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