lunes, 17 de enero de 2011

CARTA DE UN SIMPLE SACERDOTE CATÓLICO

Quiero en esta ocasión publicar esta carta de un sacerdote, que nos da unas pinceladas de lo que son los sacerdotes católicos, tan odiados, tan atacados, por unos cuantos que fallaron. Hay tantos periodistas que nunca han tomado en cuenta  estas palabras del Evangelio. “EL QUE ESTÉ LIMPIO DE PECADO QUE ARROJE LA PRIMERA PIEDRA”.
 Subject: carta de un simple sacerdote que el New York Times no va a publicar

 Abril, 2010

“ Querido hermano y hermana periodista:

 Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi
 vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.

 Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de
 ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes.
 No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia
 no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos.
 Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección,
 prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad
 absoluta.

 Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico
 la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la
 vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de
 USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de
 frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven
 algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras
 amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.

 ¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de
 sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes
 y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a
 vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que
 transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños
 desnutridos desde Cangumbe aLwena (Angola), pues ni el gobierno se
 disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que
 enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de
 guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles
 de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2,
 así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado
 la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de
 110.000 niños...

 No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer
 la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los
 acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no
 llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un
 sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad
 de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de
 acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen
 cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas
 de estadía  para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta
 violentados y buscan un refugio.

 Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa
 confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de
 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos han dejado su tierra
 y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en
 hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de
 hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas
 para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros
 de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones
 dando motivaciones a la gente para vivir y amar. No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola
  los haya transportado de Kalulo a
 Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que
 el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a
 las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la
 calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de
 socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por
 los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio
 de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a
 la región…Ninguno pasaba de  los 40 años.

 No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a
 día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a
 favor de la comunidad que sirve.

 La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la
 Buena Nueva, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de
 Pascua. HACE MAS RUIDO UN ARBOL QUE CAE QUE UN BOSQUE QUE CRECE

 No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El
 sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que
 con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay
 miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también
 belleza y bondad como en cada criatura…

 Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la
 visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del
 sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.
  Sólo le pido a los amigos periodistas, busquen la Verdad, el Bien y la Belleza.
 Eso los hará nobles en su profesión.

 En Cristo”,  P. Martín Lasarte sdb

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