miércoles, 18 de septiembre de 2019

FE CRISTIANA


INTRODUCCIÓN, FE, CRISTIANA.
La fe cristiana consiste en creer en la  divinidad de Jesucristo, en su Iglesia, en su doctrina, se trata de un  don de Dios que nos es  otorgado por su misericordia y por su amor.
La fe es don que Dios  nos ofrece, se acepta o se rechaza, se promueve o se deja de lado.
A Pedro le contesta cuando la aseveración  de: ... ”tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” …bienaventurado eres Simón hijo de Joná, porque no te han revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Es por la fe que podemos abrir la inteligencia a la luz divina, a la luz de la Revelación, así tendremos a la razón,  a la sabiduría   iluminadas por la fe.
Pero la fe no solo está en las creencias, es operativa, y para ello nada nos la muestra tan bien como la Carta de Santiago, apóstol, de la que cito:
 “ Santiago 2,7-14 al 19. ¿De qué sirve, hermanos míos, que uno diga tener fe, si no tiene obras? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento cotidiano y alguno de vosotros les dice: -Id en paz calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de que sirve? Así también la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta.


Pero alguno podrá decir: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo por mis obras te mostraré la fe.
Es la fe operativa la que practica el cristiano. Cuando ora, hace un acto caritativo, participa de la Santa Misa o reza el Santo Rosario, considera su filiación divina, medita, ofrece a Dios sus quehaceres profesionales, familiares, sociales, etc.
Razón y fe, no se oponen, por el contrario es necesaria la fe pare ver la verdad razonablemente, sin la fe no es posible comprender la Revelación ni la Moral Cristiana, contenida en el Nuevo Testamento y en la Divina Tradición, cuidada por el Espíritu Santo en el Magisterio de la Iglesia.
 Más de 2000 años de intensos estudios  por mentes preclaras de hombres de la Iglesia que incluyen a científicos renombrados, nos han dejado comprobado que la razón no deja de serlo al recibir la luz de la fe, al contrario penetra mejor los misterios del ser persona humana, criatura de Dios.
Al tratar de entender los misterios de Dios, el hombre necesita de sus razonamientos o sea de su inteligencia,  y esta, es en la Filosofía, en la que encuentra las más altas abstracciones necesarias para entenderlos,  y dado que el conocimiento de lo que respecta a Dios es teología, la filosofía resulta el instrumento  más adecuado, por su lenguaje, y su capacidad de abstracción de servir como instrumento de la aquella.
Para que la fe no se desvíe y se quede en la esfera de los sentimientos el creyente debe estar instruido en los más altos niveles de su capacidad intelectiva, así su fe  formará íntima parte de sus actos vivenciales.
Pero no se aconseja que se introduzca uno, en el estudio solitario de la filosofía en general, pues se corre el peligro de caer en “filosofías” contrarias a nuestra fe, sino que se concentre el católico en la “Filosofía  Cristiana” segura, fundada en  los más grandes de todos los filósofos y teólogos que la Iglesia ha tenido hasta ahora, algunos de ellos entre los Padres de la Iglesia, siendo el último, san Agustín, en plena  edad media san Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino,  por mencionar solo algunos. Nos encontraremos  así mismo multitud de sus seguidores, y comentaristas.
Es el deseo de conocer y amar más a Dios el motor que nos debe de impulsar al conocimiento, aunque somero, de la “Filosofía Cristiana”, como lo son, claro, cualquier otra actividad humana, como la meditación, la santificación de las cosas pequeñas de nuestra existencia, del trabajo, de la vida familiar y todas nuestras actividades comunes y corrientes, como lo son: el ejercicio de la profesión, la investigación, el cultivo de arte, artesanía, trabajo personal o actividades lícitas, como el deporte, el ocio, el descanso,  ya que todo nos debe de llevar a Dios.
Ya desde 1879 el papa León XIII en su encíclica “Aeterni Patris”,  trata de la restauración de la filosofía cristiana en las escuelas católicas, más adelante en este breve curso nos dedicaremos al conocimiento de las enseñanzas de este magnífico documento, el cual el propio pontífice  consideró como su más importante encíclica, por haber influido en enseñanzas posteriores sobre la persona humana, el trabajo, la sociedad, la familia, el matrimonio, y el Estado.
Es por tanto  que 132 años después de la publicación de esta encíclica, debemos de rendirle homenaje por su santidad, su sabiduría, sus enseñanzas, las que nos durarán hasta el final de los tiempos.

Todos los católicos tenemos una dosis de vocación cristiana, puede ésta radicar en forma latente y no haberse manifestado, puede también tener una dimensión pequeña, o puede ser fuerte y sin embargo compartirse con la propia ignorancia. Lo que nos lleva a la situación ideal, es una fuerte vocación y una información amplia. Es la persona con formación, mayor o menor, acorde a los diferentes grados de su capacidad, actividades diversas de su existencia, y demás factores lo que nos orientará hacia el tiempo a dedicar a esta actividad  de ampliar nuestros conocimientos, pero de antemano consideremos que  un total dominio de la materia, no se podrá considerar completo, jamás, la formación cristiana no tiene límite, todos absolutamente todos, incluyendo al más sabio y santo cardenal u obispo, tiene que continuar su formación hasta el último instante de su vida consciente, el saber morir cristianamente, será el último eslabón de nuestra formación.
Jorge Casas y Sánchez.

sábado, 27 de julio de 2019

LA MORTIFICACIÓN EN LA RELIGIÓN CATÓLICA


MORTIFICACIÓN CRISTIANA.   



Lo primero que nos planteamos es que en la religión cristiana, no hay masoquismo, y por supuesto no encontramos en el dolor un placer especial.



En nuestra religión el ejemplo del sacrificio, lo vemos siempre en la vida de Jesús,  Él mismo nos enseña que debemos de tomar nuestra cruz de cada día, por lo que nos conviene meditar sobre lo que esto tiene como significado, y encontramos que continuamente nos enfrentamos a contrariedades en la vida diaria, como escuchar a personas que no nos comunican cuestiones agradables, combatir nuestro cansancio, terminar cosas arduas de trabajo o quehaceres, el concentrarnos, por ejemplo en el estudio, la investigación, el poner atención en la Santa Misa, aguantar a los hijos o al cónyuge, a hermanos, que a veces son impertinentes, o compañeros de trabajo, vecinos exigentes que se quejan de una ramita de nuestra casa que se les pasa a la suya,  el prescindir de algún dinero para donarlo a una causa buena, y de ayuda a los pobres o enfermos.



Estas y muchas otras más son las mortificaciones del cristiano, que tenemos que saber vivir con alegría, en especial porque se las ofrecemos al Señor por amor.

El Catecismo de la Iglesia Católica, nos enseña que: la moral  exige el respeto a la vida corporal, pero no hace de ello un valor absoluto. Se opone a una concepción neo-pagana que tiende a promover el culto del cuerpo, a sacrificar todo a él, a idolatrar la perfección física y el éxito deportivo. Debemos saber conformarnos con las condiciones que el Señor ha querido que sean características nuestras, y cuidar de la salud, alejándonos de los vicios que destruyen mente y cuerpo, el mejor regalo que hemos podido recibir del señor es nuestra alma espiritual, y el cuerpo que tenemos. Con estos conceptos debemos de tomar nota de que el tener un cuerpo sano, que fortalecido por las buenas costumbres alimentarias, el ejercicio metódico o la práctica de deportes, no solo es bueno, sino aconsejable. Lo tenemos que considerar como algo que realizamos en agradecimiento al Creador, que nos lo ha dado, y que mientras mejor cuidemos de él mejor cumplimos su voluntad.



Debemos de esforzarnos en la vida espiritual, amando al prójimo, obteniendo conocimientos, buenas costumbres, participando en la vida comunitaria, y en cuanto a la vida corporal, el hacer algunos sacrificios como el ayuno, sin que sea perjudicial a la salud.



 En las vidas de los santos encontramos que algunos han usado cilicios que ofrecían como mortificación, no se hacían mal al cuerpo, considerándose como oración no solo del cuerpo, sino de cuerpo y alma. Por lo que la Iglesia los permite, siempre que no dañen la salud, pero no los exige, ni impone. Ahora, bien, siempre estará presente en nosotros que Jesucristo sufrió grandes penas corporales por amor a nosotros, para lucrarnos la posibilidad de entrar en el Cielo por la eternidad.



La “santidad en la vida ordinaria” que predica el Opus Dei, hace que los sacrificios más importantes sean los propios de la vida ordinaria: sonreír cuando se está cansado, acompañar a una persona en un trayecto, no retrasar un trabajo aunque aparezca la desgana.



La Nueva Enciclopedia Católica,  define así el término ‘Mortificación’:  “Freno deliberado a los impulsos naturales con el fin de ayudar a la persona a alcanzar la santidad, obedeciendo a la razón iluminada por la fe”.

El Catecismo de la Iglesia señala: “El único sacrificio perfecto es el que ofreció Cristo en la cruz en ofrenda total al amor del Padre y por nuestra salvación . Uniéndonos a su sacrificio, podemos hacer de nuestra vida un sacrificio para Dios”. Lo que se puede traducir en “vida sacrificada, u ofrecida a Dios” y que significa esto, claramente lo vemos en la predicación de San Josemaría en relación a la santificación de la vida ordinaria.

El Papa San Juan XXIII, que dedicó una encíclica a la penitencia, decía: “Ningún cristiano puede crecer en santidad, ni el cristianismo en vigor, sino por la penitencia. Por eso en nuestra Constitución Apostólica que proclamó la convocatoria del Concilio Vaticano II, urgimos a los fieles a prepararse espiritualmente para este acontecimiento por medio de la oración y otras prácticas cristianas, y señalamos que no pasaran por alto para ello la práctica de la mortificación voluntaria”. Encíclica ‘Paenitentiam Agere’ (De la necesidad de la penitencia interior y exterior), 1 de Julio de 1962.



¿Por qué se hacen estas mortificaciones?  nos preguntamos:

La penitencia y la mortificación son una parte pequeña pero esencial de la vida cristiana. Jesucristo ayunó durante cuarenta días en preparación de su ministerio público. La mortificación nos ayuda a resistir nuestra tendencia natural a la comodidad personal, que tantas veces nos impide responder a la llamada cristiana a amar a Dios y a servir al prójimo por amor de Dios. Además, esas molestias voluntariamente aceptadas unen al cristiano con Jesucristo y con los sufrimientos que él voluntariamente aceptó para redimirnos del pecado.



 El monje masoquista de El Código Da Vinci, que quiere el dolor en sí mismo, no tiene nada que ver no con la mortificación cristiana.

A pesar de la morbosa atención que le presta el  El Código Da Vinci .



A la mortificación,  el papel que ésta juega en la vida de los miembros del Opus Dei es muy secundario. Lo primero, para cualquier católico,  es amar a Dios y al prójimo. En coherencia con su propósito de integrar la fe y la vida secular, el Opus Dei enfatiza los pequeños sacrificios, más que los grandes:  seguir trabajando cuando uno está cansado,  ser puntual, prescindir de algo que a uno le gusta en la comida o en la bebida,  no quejarse.



La conversión comienza en nuestro interior,  --la que se limita a apariencias externas no es verdadera conversión.-- Uno no se puede oponer al pecado  en cuanto ofensa a Dios,  sino con un acto verdaderamente bueno,  acto de virtud,  con el que se arrepiente de aquello con lo que ha contrariado la voluntad de Dios y busca activamente eliminar ese desarreglo con todas sus consecuencias. En eso consiste la virtud de la penitencia.

«La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia» (Catecismo, 1431).

La penitencia no es una obra exclusivamente humana, un reajuste interior fruto de un fuerte dominio de sí mismo, que pone en juego todos los resortes del conocimiento propio y una serie de decisiones enérgicas. «La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: “Conviértenos, Señor, y nos convertiremos” . Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo» ( Catecismo, 1432).

La conversión ( como acto de fe que es repetido de acuerdo a cada quien pocas o muchas veces) nace del corazón, pero no se queda encerrada en el interior del hombre, sino que fructifica en obras externas, poniendo en juego a la persona entera, cuerpo y alma. Entre ellas destacan, en primer lugar, las que están incluidas en la celebración de la Eucaristía y las del sacramento de la Penitencia, que Jesucristo instituyó para que saliéramos victoriosos en la lucha contra el pecado.

Además, el cristiano tiene otras muchas formas de poner en práctica su deseo de conversión. «La Escritura y los antiguos Padres de la  Iglesia insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás» (Catecismo, 1434). A esas tres formas se reconducen, de un modo u otro, todas las obras que nos permiten rectificar el desorden del pecado.

Con el ayuno se entiende no sólo la renuncia moderada al gusto en los alimentos, sino también todo lo que supone exigir al cuerpo y no darle gusto con el fin de dedicarnos a lo que Dios nos pide para el bien de los demás y el propio. Como oración podemos entender toda aplicación de nuestras facultades espirituales –inteligencia, voluntad, memoria– a unirnos a nuestro Padre  en conversación familiar e íntima. Con relación a los demás, la limosna no es sólo dar dinero u otros bienes materiales a los necesitados, sino también otros tipos de donación: compartir el propio tiempo, cuidar a los enfermos, perdonar a los que nos han ofendido, corregir al que lo necesita para rectificar, dar consuelo a quien sufre, y otras muchas manifestaciones de entrega a los demás.

La Iglesia nos impulsa a las obras de penitencia especialmente en algunos momentos, que nos sirven además para ser más solidarios con los hermanos en la fe. «Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de Cuaresma, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia» (Catecismo, 1438).



Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es “un dolor del alma” y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar.



«Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama “contrición perfecta” (contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental» (Catecismo, 1452).



«La contrición llamada “imperfecta” (o “atrición”) es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. Tal conmoción de la conciencia puede ser el comienzo de una evolución interior que culmina, bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental. Sin embargo, por sí misma la contrición imperfecta no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia» (Catecismo, 1453)

En el Antiguo  Testamento  vemos, ( como en otras religiones), las prácticas penitenciales estaban arraigadas en el pueblo de Israel. La oración, la limosna, el ayuno, la ceniza sobre la cabeza, el vestido de un tejido tosco y áspero, llamado vestido de saco, eran algunos de los muchos modos que tenían los israelitas de mostrar su deseo de reorientar la vida y convertirse a Dios.

Jesús, que, como unánimemente señalan historiadores y estudiosos de la Escritura, centró el contenido de su predicación en el Reino de Dios, exige también la conversión como parte esencial del anuncio del Reino: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15). La conversión, la penitencia, a la que Jesús llama significa el cambio profundo de corazón. Pero también significa cambiar la vida en coherencia con ese cambio de corazón y dar un fruto digno de penitencia . Es decir, hacer penitencia es algo auténtico y eficaz sólo si se traduce en actos y gestos. De hecho, Jesús quiso mostrar con su vida penitente que Reino de Dios y penitencia no se pueden separar. Practicó el ayuno (Mt 4,2), renunció a la comodidad de un lugar estable donde reposar (Mt 8,20), pasó noches enteras en oración (Lc 6,12) y, sobre todo, entregó voluntariamente su vida en la cruz.

Los primeros discípulos de Jesús, al hilo de sus enseñanzas, entendieron que seguir a Cristo implicaba imitar sus actitudes. San Lucas es el evangelista que más subraya cómo el cristiano debe vivir como Cristo vivió y tomar su cruz cada día, como Jesús había pedido a sus discípulos: «Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día, y que me siga».

Mortificación en conformidad con la enseñanza de Jesús

De este modo, los primeros cristianos continuaron acudiendo al templo a rezar (Hch 3,1) y siguieron practicando las obras de penitencia, como por ejemplo el ayuno (Hch 13,2-3), si bien en conformidad con la enseñanza de Jesús: «Cuando ayunéis no os finjáis tristes como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, para que no adviertan los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará» (Mt 6,16-18).

Sin embargo, a la luz del valor de la muerte de Cristo en la cruz, por la que los hombres son redimidos de sus pecados, los cristianos entendieron que las prácticas penitenciales, sobre todo el ayuno, la oración y la limosna, y cualquier sufrimiento no sólo se ordenaban a la conversión sino que podían asociarse a la muerte de Jesús como medio de participar en el sacrificio de Cristo y corredimir con Él. Así se encuentra en los escritos de Pablo: «Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24) y así se sigue viviendo en la Iglesia.

Compiló Jorge Casas y Sánchez.

lunes, 8 de julio de 2019

segunda parte -ALGUNOS TEMS QUE RELACIONAN AL HOMBRE CON DIOS




SEGUNDA PARTE.
(principia segunda parte)
Las generaciones tradicionalmente se han formado con la transmisión de padres a hijos que es una o ha sido la gran influencia, hoy  día el mundo mediático está influyendo grandemente a las nuevas generaciones, en un grado que debemos de considerar como intromisión en el seno familiar ya que la juventud tiene un acceso absoluto a las redes sociales, a las fuentes de información, a la música, a artículos y fotos o videos de toda clase y temas, se trata de una verdadera infiltración cuyo variado contenido va de lo mas sublime y conveniente, como útil y necesario, a lo mas perjudicial, pervertido y maléfico para los menores y la juventud. Y esto sucede en múltiples ocasiones sin el conocimiento de los padres, tutores, profesores, familiares, por lo que podemos definir a grandes rasgos que se trata de un aspecto polar en el que se tiene: uno el maléfico que tiraniza, esclaviza, manipula  y otro que puede servir como fuente de información riquísima, educativa, formativa, esto nos lleva a pensar en la necesidad de que los responsables de la formación, verdaderamente se involucren en el control de lo que están recibiendo estas nuevas generaciones. Lo que es un verdadero problema en muchos casos, pues vemos a madres, y en menor cantidad, padres, pero también los hay,  que no son capaces por ignorancia cibernética de conocer lo que sus hijos están recibiendo en sus celulares, tabletas, y lap-tops, sencillamente porque desconocen su operación.
Hay un aspecto en la comunicación muchas veces encriptada para los educadores, (que eventualmente podrían consultarla), que se da  entre los jóvenes, en la que si bien parte de esta comunicación podría ser positiva, se ha comprobado que en ocasiones ha sido tan perjudicial, por el mal uso de fotos , videos  e informaciones verídicas o no, que han llevado al suicidio a jóvenes víctimas de lo que en esas redes entre “amigos” se ha llevado a cabo.
No se puede dejar de mencionar el lado positivo de esta nueva tecnología de la informática, que en su principio fue extraordinariamente positiva para los jóvenes, que comenzaron como primer paso aprendiendo en las escuelas el uso de la computación para consultas, para realizar tareas, escolares, para estudiar carreras a distancia, lo que resultó en un progreso en materia educativa que no se puede negar. Como el grandísimo adelanto que representó en múltiples aspectos de la administración de toda clase de empresas, pequeñas, medianas grandes,  la industria, el comercio, la diplomacia, la política, la comunicación humana, las ciencias, muy en especial la medicina, etc.
Pero el lado negativo, no tardó en mostrarse, que los agentes del mal empezaron a usar esta gran tecnología para servir sus perversos objetivos. Y así fue que se desarrollaron comunicaciones que favorecen vicios y debilidades humanas, donde se encuentra: pornografía, hedonismo, pansexualismo, argumentos pro-abortismo, así como del divorcismo, ateísmo que promueve el suicidio en la juventud, libertinaje disfrazado de libertad, fecundación “in vitro”, promoción de la eutanasia, parafilias, etc. a lo que tiene acceso la juventud, y con la popularidad de los video juegos mayormente de crimen, se incluye también a los menores. Y hay nuevos peligros del salvajismo científico que se ciernen, cuando son aplicados al ser humano, como la Genética, o la clonación, que son prácticas muy beneficiosas en el caso de los animales, pero cuando se intenta, el que sea aplicada a los seres humanos, se convierte en algo inaceptable por toda moral sana, es pecaminoso, absolutamente ilegítimo, salvajismo científico.
El caso es que se ha formado un entorno en el que la antireligiosidad se presenta como algo que suelta al individuo, proporcionándole una libertad, que es realmente libertinaje, y que hace a las juventudes, manipulables. Se les “vende” un relativismo de la ética, en el que solapadamente se ataca a la institución de la familia, y en la que se llega a extremos tan indignos, como peligrosos, con ofertas como la del cambio de sexo, donde un crimen (aborto) se presenta como un derecho humano. Se pretende que otra institución que debería ser respetada, el matrimonio, base de la familia y de la sociedad buena, sana, sea rebajada a obtener derechos tan legítimos como éste, en los casos de las uniones, lésbicas, homosexuales, y vaya Ud. a saber que otras combinaciones antinaturales.
Como es sabido, los bienes, tanto los espirituales como los materiales son arduos de obtener, esto lo saben muy bien y lo explotan los tiranos de siempre, pero muy especialmente los de hoy, que usando los medios masivos de comunicación, con sus lacayos que los manejan, influyen en el ser humano, que en su tendencia natural al gregarismo se siente abrigado, al pertenecer a malas ideologías, a las modas, a engaños como ejemplo se pueden mencionar: el marxismo, el liberalismo, el neo-liberalismo, el feminismo mal entendido, y diversos tipos de socialismos a ultranza, y cientos de ideologías en el mejor de los casos equivocadas. Pero no podemos de dejar de considerar que el comportamiento de muchas personas que no tienen capacidad de pensar y razonar “per se” se alinean a alguna de estas y viven acordes a lo que les inculcan, sin darse cuenta que los homogenizan, los esclavizan, les ofrecen soluciones facilonas, siguen ciegamente, lo pensado por otros. Hay ideologías que comunican ideas cuya realización a veces novedosa, logra que ciertas clases hagan sentirse a los que las conforman, el sentido de pertenencia a un conglomerado (adormecido, engañado), que les proporciona la sensación de que están en lo correcto, lo moderno, al que torpemente ven por este solo hecho como bueno y que debe de sustituir lo usual, aceptan  lo común, lo popular, lo de moda, por su carencia de personalidad propia, y de valores de buena formación. Es lastimoso ver que se trata de casos en que no han tenido la oportunidad de recibir educación adecuada, muchos proceden de familias rotas o tan incultas que no han tenido la oportunidad de incorporarse a la mínima, necesaria, preparación para formar familias. Esto producido por la ignorancia, pereza, desidia, o carencia de interés de los padres al no cumplir adecuadamente con sus responsabilidades como educadores.
Por otro lado hay ideologías excelentes que promueven un buen humanismo, de las que podemos mencionar, el ecumenismo, la ecología, el feminismo bien entendido, aunque la misma palabra ideología, generalmente conlleva un sentido peyorativo, lo que en este párrafo me interesa destacar es una gran diferencia por su procedencia entre las ideologías en general y la Religión Católica, mas conocida como Cristianismo  y que se encuentra en un plano infinitamente superior al de las ideologías, por ser algo que PROVIENE DE DIOS PARA LOS HOMBRES, y no como lo son aquellas que provienen de los hombres. Aunque debemos de admitir que las buenas ideologías se inspiran en el propio cristianismo. Como lo es la buena educación  humanista, fundamentada en dicha religión. Y que enseña valores, que enseña la verdad, que nos proporciona los conocimientos veraces de nuestra procedencia y de nuestro destino, nos enseña lo que es nuestra verdadera naturaleza, la grandeza de los valores familiares, y la formación cristiana adecuada, que enaltece al hombre. No son mecanismos de control, sino enseñanza y práctica de la libertad, que alimenta al espíritu, que fomenta el amor entre los humanos, ese NUEVO MANDAMIENTO QUE NOS ES DADO, AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS, COMO YO LOS HE AMADO.
Esto, contrariamente a la Ideología de Género que trata de pervertir al ser humano, destruir a la institución familiar, y ataca frontalmente a la Religión Católica.  Es  algo que trata de deshumanizar a la persona humana, que trata de enseñar barbaridades como el rebajar la edad de la emancipación sexual, el divorcio express, el cambio de sexo en el registro civil, el sostener que no existen los dos sexos, el masculino y el femenino, y con un grado de gravedad que hay quienes pretenden en su estulticia, legislar a favor de que la seguridad social de los países, absorba los gastos de las operaciones quirúrgicas de cambio de sexo, y los tratamientos psicológicos y hormonales que se les asocian a estas prácticas, antinaturales, perversas, enemigas de toda dignidad humana. A esto debemos de oponernos enérgicamente en las Cámaras políticas. Pues no es la medicina en sentido amplio, que se pretende dar como servicio social a los gobernados, a los mandantes, los que aportan con su trabajo, a los presupuestos nacionales. Proviene como se sabe del Sionismo Masón de los autonombrados “illuminati”  que dueños de la economía mundial, a base de dinero quieren imponer su NOM (nuevo orden mundial) que viene a ser un gobierno de nuestro cosmos, acorde a sus ideas, que incluye una religión que inventan, y cuyo objetivo es el controlarlo todo: la población incluida la natalidad, el mercado, la legislación, las costumbres, la economía, en pocas palabras, ejercer un control sobre toda la humanidad, y en su nefasto intento se encuentran con la institución que no se los permite, la Iglesia Católica, y por ello la atacan en sus estructuras, pretendiendo destruirla, por supuesto que su fracaso es absoluto, porque es una institución Divina.
(fin de la segunda parte).

viernes, 14 de junio de 2019

ALGUNOS TEMAS QUE RELACIONAN AL HOMBRE CON DIOS (primera parte)


ALGUNOS TEMAS QUE RELACIONAN AL HOMBRE CON DIOS. (primera parte)

Para empezar nos podemos plantear dos cuestiones:

 El cómo nos debemos de explicar que la fe, en tanto don de Dios, no nos es dada a todos por igual, ni entre los bautizados, pues hay bautizados que tienen muy poca o prácticamente carecen de ella.  Sobre la caridad que es también virtud infusa, es desigual y no solo entre los bautizados, pues hay, no bautizados que la ejercen muy bien.

Podemos plantearnos como inicio que hay personas egocéntricas y con tendencia al hedonismo. Hay personas teocéntricas, que se distinguen por su piedad, caridad, fe, rectitud de vida e/o intención. Si somos egocéntricos debemos empezar un proceso de cambio, y de ello se trata aquí, de ayudar a lograrlo. Si somos teocéntricos, ojalá nos ayude a pulir, a mejorar en ese sentido.

En mayor o menor capacidad, casi todos tenemos alguna tendencia hacia lo teocéntrico, como cosa natural, porque lo que buscamos es tener un hogar, con nuestro cónyuge, nuestros hijos, el educarlos, y lograr que sean autónomos, viviendo en paz familiar, trabajando con constancia en busca de la seguridad. Lo que no es obra de la casualidad, es búsqueda de las cosas buenas que nos proporcionan felicidad. Vivir la bonhomía. Y ello cumple con lo que Dios quiere de nosotros. Por desgracia esto no se da en todas las uniones humanas que bien pudieran en algún momento haberlo pretendido, pero las debilidades humanas no siempre se superan.

El sentido del honor, de la amistad, del agradecimiento, el trabajo honesto y productivo, en el hogar y fuera de él en la sociedad, son la materia de nuestra vida que colabora al Bien Común, que no solo se enfoca a cubrir nuestras necesidades familiares, sino que, visto desde un punto de vista antropológico lo que buscamos es ser todo lo contrario del paria en el que reina la delincuencia, el vicio, la penuria, la carencia de encaje en la sociedad. Son muchos otros los valores, aparte de los ya señalados,  que se pretende vivir y enseñar con el ejemplo, en el hogar sano, tan solo a modo de ejemplo podemos mencionar, el orden, la higiene, la lealtad, el respeto, la compasión, la rectitud de intención, la laboriosidad, el desprendimiento, la pulcritud, la puntualidad, la piedad, la veracidad, la responsabilidad, la disciplina, la gratitud, la prudencia, justicia fortaleza y templanza, y por encima de todas estas virtudes la del amor. En pocas palabras se trata de vivir y enseñar las virtudes morales, sociales, propias del buen cristiano, hacerse, luchar por ser persona virtuosa. Se que esto suena en el mundo de hoy como algo fuera de lugar, no es ese el caso, la realidad es que el hombre se degrada en tanto persona humana si no vive intensamente su virtuosismo.

Al satisfacer el hombre sus necesidades sociales vemos que por ejemplo no nos gusta comer solos, preferimos hacerlo en compañía, con familiares, amigos, no nos agrada exponernos al frio, pero queremos compartir el calor del hogar, buscamos la seguridad, pero no solo la personal sino la gregaria, queremos ser aceptados por los demás y aceptamos a otros, damos amor y buscamos ser amados, nos agrada el trato con los demás, su compañía., el compartir, el coexistir pero no de manera simple, sino conviviendo, ejerciendo esa convivencia de forma humana, humanamente. Eh aquí el amor a las criaturas, que procede de la virtud de la caridad, virtud del amor en dos dimensiones, amor a Dios y amor a sus criaturas.

Los que hemos tenido la oportunidad de conocer, aunque no lo transitemos adecuadamente, el camino de la salvación, y que hemos sido familiarizados con la Fe, la Esperanza y la Caridad, al poner en acto estas virtudes, es decir al razonar, al pensar solo en que creemos en Dios, y que le creemos a Dios, ya estamos amándole, con amor sobrenatural. Al actualizarse la Fe creemos, al creer empezamos a amar, así actualizamos la Caridad, lo que nos sitúa en el camino salvífico y allí es donde actualizamos la Esperanza. (Amor a Dios, y por ese amor, amar a sus criaturas, que Él ama).

Como nuestro Creador nos ofrece la vida eterna, y por supuesto la vida de aquí, en la que nos deja en total libertad, de modo que la decisión de la eternidad esté en nuestras manos, es una decisión particularísima en la que escogemos si buscar o no la parte salva de esa vida eterna, aquí lo decidimos, se trata de la decisión mas importante que se nos pueda presentar, con una gran diferencia.

La Creación la realiza Dios para el hombre. No se explica esta sin el ser humano. Esta está para el hombre y el hombre está en el centro de ella. Independientemente del tamaño del universo y de los muchísimos ángeles del Cielo. Somos libres de admitir esto o no, pero si lo queremos lograr debemos empezar por pedir la Gracia de Jesucristo, que es la que nos salva. Necesitamos en nuestros fines mas importantes primero poner a Dios, esto consiste en el cumplir su voluntad, lo que además nos proporciona la mayor felicidad posible en esta tierra, por lo que, si es fin del hombre, la búsqueda de la felicidad, como nos lo enseña también la filosofía, resulta que quien busca, encuentra y sirve a Dios, viviendo su vida acorde a su divina voluntad, cumple con los dos fines mas importantes de nuestra existencia: lograr la salvación y ser feliz en esta tierra.

 Dios nos ama, con el amor mas perfecto que puede haber, lo que nos muestra de la manera mas eminente y sublime que puede haber, mandando a su hijo unigénito, la Segunda Persona de la Trinidad Santísima, para que realice todo lo necesario para que podamos salvarnos: nos funda la Iglesia, Santa, Católica, Apostólica, Única y Jerárquica, nos deja con su vida personal el ejemplo mas perfecto para los hombres, la Doctrina mas maravillosa posible, en su Iglesia instituye los Sacramentos, que nos proporcionan abundante Gracia salvífica. ¿puede haber algo mas grandioso?. Desde luego que no. A este divino amor solo podemos responder con nuestro amor humano, veamos:

¿Qué es el amor?, podemos empezar diciendo que es parte de la esencia de las personas humanas. Y que es lo que queremos amar, sino lo que nos es mas amable, lo que nos ha amado antes incluso de nuestra existencia, pero lo evadimos en muchas ocasiones. Las veleidades del mundo, esa oferta enorme de cosas, posibilidades, y en estos tiempos en que la tecnología tiene tantísimas cosas que ofrecer, el amor por la posesión de cosas parece incontrolable y ocupa el primer lugar incluso por encima del amor a los demás. Hay por desgracia, y para ejemplo basta un botón: un padre de familia quiere mas el poseer un cierto automóvil por encima de la educación del hijo o hijos.

Persona humana y amor  son incluyentes, no se pueden excluir. Vivir es estar amando es algo integrante, el amor es el vivir. Hemos dicho que hay que conocer para  amar  aquí se trata de que conozcamos mas a Dios, para amarle mas, las relaciones que el hombre tiene, lo opuesto a la soledad, son basadas en el amor. La total soledad en el hombre no existe. Al menos no debe de existir. Si existiera sería la absoluta soledad y se daría la carencia de amor, situación de gran sufrimiento. Mientras el ser humano no caiga en esta situación  de sufrimiento algo hay de amor. Cuando el ser humano no tiene amores humanos, cae en el amor a las cosas materiales, puede tener ambos también, que es lo mas normal, lo mas usual, pero cuando carece de ambos solo le queda el mas grande de los amores el de Dios y Nuestra Madre del Cielo, por lo que no está solo nunca, ni puede estar mejor acompañado.

Ahora bien la relación de las personas con los objetos o con otras personas nunca es perfecta, lo que no es algo perfecto al amar, lo incompleto está en la falta de perfección en la relación, que causa imperfección en el amor. El amor de Dios hacia nosotros, si es perfecto, es un amor enorme porque lo es para cada uno de todos los hombres, no unos escogidos, es prolongación del amor del Padre Celestial al Hijo, que se entrega por amor a esos hombres. Es el amor de las personas humanas es el que sufre de imperfecciones. Cuando Jesucristo en la última cena con sus apóstoles nos participa el Nuevo Mandamiento, diciéndoles, que os améis como yo os he amado, nos enseña la perfección de su amor.

Las culturas socialistas de estos tiempos que son totalmente materialistas, toman lo anterior de la Religión Católica, (en el fondo a lo que recurren es a la capacidad de amar que es parte de la naturaleza del ser humano), lo que es de vital importancia, pero lo distorsionan quedándose solo con el sentido de pertenencia, que es también humana, que es sucedáneo del sentirse bien, tan solo por el hecho de pertenecer a un clan (camarada, se llaman entre ellos). Algo distinto es la verdadera comunidad, donde se decanta la naturaleza gregaria de la persona humana. Es parte de nuestra naturaleza y en la comunidad, se va mas allá de la conveniencia personal, se da el hombre, a los demás, por amor se sabe requerido y necesario, ayuda a los demás por amor y por amor es ayudado por los demás. Es el amor que nos predicó Jesucristo  y que la ideología materialista dice que ello es mito, que a través de los siglos se han tenido que inventar para cubrir la necesidad de pertenencia, religiones que han satisfecho dicha necesidad. Esto es una gran mentira, las religiones en general, aparte de los fundamentalismos que son perniciosos, le otorgan cierta mejora al hombre, y la religión católica llevada como es debido le confiere una grandeza humana notable, buena para el propio ser y para la sociedad.

La realidad es que ellos ofrecen una vinculación social, una especie de protectorado, que es generalmente aceptada, pero que es esclavitud disfrazada, es un caer en la manipulación, el colectivismo que mata la libertad personal. La historia nos ha mostrado que esa oferta  del Estado socialista no le ha convenido a las comunidades. Veamos su problema antropológico:  se propone al hombre una historia falseada, arreglada a cada cuerpo de ideologías, además, de aceptación obligatoria.

En nuestras reuniones, o escritos, no creo que alguien haya dicho, hasta ahora, que es “obligatorio” que se crea o que se sostenga algo. Nos hemos concretado a decir lo que enseña la Doctrina de Cristo acorde al Magisterio, lo que son nuestras mas íntimas convicciones, lo que creemos firmemente, y por lo tanto quisiéramos compartir, al considerarlo de vital importancia, pero en entera libertad. La Divina Revelación nos indica a nosotros y a ustedes: ID Y ENSAÑAD A TODOS LOS PUEBLOS, la vigencia de esta enseñanza evangélica es permanente, hasta el final de los tiempos, para todo católico.

 Antes de asentó, que la persona humana y el amor son incluyentes, por lo que creo que un ejemplo de esto que nos ilustra lo vemos en Santa Teresa de Calcuta, de la que esta anécdota ha quedado en sus biografías. “DALE MUCHO AMOR” le dice la madre Teresa a quien la viene a sustituir en la atención a un enfermo que estaba atendiendo personalmente, porque un asunto muy urgente le obliga a cambiar de lugar intempestivamente. Se trataba de un moribundo que sufría mucho. ¿De donde viene, en donde se inspira este amor?,  por personas desconocidas, que se encuentran en las peores condiciones que se puedan dar en un ser humano, es el amor que Jesucristo nos ha enseñado. No hay mas que un amor, y este es extensivo, es el amor a Dios y por extensión a sus criaturas, pues Él las ama, las ha creado por amor, este amor extensivo lo tenemos que identificar, y  familiarizarnos con él, su práctica debe ser constante, incluso en forma inconsiente, por inercia, pero si lo sublimamos, lo tenemos siempre presente, le damos el rango que merece, si lo anteponemos a todos nuestros actos, tomará una dimensión mayor, que no solo nos dará mayor peso en nuestro actuar con los demás y con la naturaleza, haciéndonos mejores personas, sino que nos eleva al plano sobrenatural. Cuando nuestro actuar se nutre en el hacer, por amor a Dios, la rectitud de intención se eleva a la máxima calidad humana, quizás sea invisible para los otros, pero en nuestro fuero interno, estaremos sobre naturalizándonos.

(fin de la primera parte).
Jorge Casas y Sánchez.

viernes, 10 de mayo de 2019

SANTIFICAR EL TRABAJO Y EL MUNDO DESDE DENTRO.


De las 186…SANTIFICAR EL TRABAJO Y EL MUNDO, DESDE DENTRO.
Este es el mensaje principal  del trabajo desarrollado por San Josemaría, el cómo los quehaceres, tareas, trabajo, vida familiar, social etc. son  medio de acercarse a Dios y cristianizar a la sociedad.
Son patentes las luces y sombras de nuestra época, por un lado gran desarrollo  tecnológico, progreso civil, por otro la barbarie científica. De allí que el Papa Juan Pablo II, y ahora el Papa Francisco nos animen a que  con la luz del Evangelio, los católicos iluminemos a la sociedad, buscando su transformación al querer de Dios.
Muchos no saben cómo hacerlo y creen que esa es tarea de los políticos y poderosos, pensando que son los únicos que pueden influir, dada su posición económica, política o financiera. Esto no es así, los ciudadanos cristianos, comunes y corrientes somos factor importantísimo de influencia, si no permanecemos como simples espectadores y actuamos. No se trata de aplaudir o silbar a los protagonistas, sino entrar a su terreno de juego. Nuestra actitud, nuestra postura, nuestro actuar en el mundo, cuenta y mucho, si nuestra actitud y acciones responden a la forma de cooperar responsablemente en forma sobrenatural con el poder de Dios, procurando restablecer el orden quebrantado devolviendo a las estructuras temporales su función natural de instrumento de desarrollo y progreso ordenado de la humanidad. De llegar con ello a la Redención.
Santificando al mundo desde dentro, lo que es mostrar al mundo, el santificar con sentido cristiano las estructuras, las profesiones y las instituciones humanas. Como lo enseña el Concilio Vaticano II, los laicos han de iluminar y ordenar todos los asuntos temporales a los que estén estrechamente vinculados. Se trata de realizar lo que nos corresponde, compete y más si se puede realizándolos para mayor gloria del Creador y del Redentor, mostrando que Jesucristo ha redimido a toda la humanidad. Esa es nuestra misión.
Los cristianos tenemos el poder necesario, aunque no poseamos “poder humano”, nuestra fuerza es la oración, y las obras convertidas en oración.  Es enorme la fuerza, el poder eficaz que se despliega con estas armas específicas, que la mayor parte de los cristianos posee, y que influye grandemente en la transformación de la sociedad, al ejercer: la oración y el trabajo santificado, santificador. “Esfuérzate para que las instituciones y las estructuras humanas en las que trabajas y te mueves con pleno derecho de ciudadano se conformen con los principios que rigen una concepción cristiana de la vida.  Así, no lo dudes, aseguras a los hombres los medios para vivir de acuerdo con su dignidad, y facilitarás a muchas almas que, con la gracia de Dios, puedan responder personalmente a la vocación cristiana”.
San Josemaría recibió de Dios  con palabras de extraordinaria fuerza, lo siguiente: “cuando seré levantado en alto sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí. Lo entendí perfectamente. El Señor nos decía: ¡si vosotros me ponéis en la entraña de todas las actividades de la tierra, cumpliendo el deber de cada momento., siendo mi testimonio en lo que parece grande y en lo que parece pequeño…,entonces! ¡mi reino entre vosotros será una realidad! Cristianizar la sociedad.
Dios ha confiado al hombre la tarea de edificar la sociedad al servicio de sus bienes, el temporal y el eterno. Esto incluye las costumbres y las leyes así como a las instituciones, a las que se debe, dirigir nuestra participación y esfuezo, dentro de nuestras posibilidades personales, hacia el Bien Común. Cada uno debe encontrar su propia plenitud a sabiendas de que todo está trastocado a partir del pecado original y la proliferación de pecados que le ha seguido, consistentes en: concupiscencia, violencia, injusticia, al grado que el cúmulo de los pecados personales, han llegado a que vivamos en una estructura de pecado.
La liberación que Jesucristo vino a lucrarnos a este mundo, precisamente consiste en la redención del pecado y sus consecuencias. Nuestro sino, por tanto debe ser, en cuanto cristianos, CRISTIANIZAR  la sociedad, liberándola de esas estructuras de pecado, de las leyes contrarias a la Ley Moral, procurar que las relaciones humanas sean presididas por el amor de Cristo, esta es nuestra tarea ciudadana, contribuir a que en la vida moderna, su economía, su cultura, sus relaciones humanas, la convivencia social, el descanso, la vida social la vida de familia, se amolden a la divina voluntad.
Cristianizar la sociedad no es imponer a nadie la fe verdadera, los católicos  respetamos el derecho a la libertad social y civil en materia religiosa, tenemos abierta nuestra actitud ante toda creencia, y esperamos que cada quien sea fiel a su propia conciencia, mientras sus actos sean acordes a la moral pública y a la paz, lo que además el Estado debe  de tutelar.  Que están en el error, si y procuraremos  que conozcan la verdad enseñando con el ejemplo y si uno es cauto y la situación lo aconseja, con la palabra, pero nunca con la coacción. El acto de fe solo puede ser auténtico si es totalmente libre.
Cuando los cristianos  intentamos que la Ley Civil promueva el respeto a la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, la estabilidad de las familias, reconociendo la indisolubilidad del matrimonio,  los derechos inalienables que los padres tenemos sobre la educación de nuestros hijos, tanto en las instituciones públicas como las privadas, por ejemplo inconformándonos radicalmente en contra de enseñanzas como la Teoría de Género, que es algo que va contra natura y por supuesto contra la moral pública y social, y otros aspectos como la justicia en las relaciones laborales, no buscamos imponernos a los demás. Sino que fundamentados en la verdad queremos contribuir a edificar una sociedad mejor, que no vaya en contra de la dignidad humana. Siempre estará fundamentada nuestra argumentación en la certeza de apoyarse en principios humanos verdaderos, convenientes,  y acordes a la sana razón humana, a forma de que cualquier persona, de cualquier creencia pueda apreciar la importancia que los valores más altos de la familia que conforma la totalidad de los hombres, sean apreciados. Claro a menos que esté negado a ver, ya se sabe que no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Los católicos , serena y discretamente  debemos esforzarnos en las instituciones y estructuras humanas en que nos desempeñamos, que  sean acordes con los principios que conforman nuestra concepción de la vida, el amor al prójimo, la justicia, el respeto, no lo dudemos, es así como se debe ejercer la dignidad humana. De esta manera colaboraremos a sanearlas y estaremos colaborando a sanear los ambientes, procurando que se vivan las virtudes adecuadamente, antes que nada con nuestro ejemplo. Nosotros al vivir la fe cristiana  hacemos sentir a los demás  la aspiración que toda persona humana tiene, de ser tratada como lo que es, ve respetados sus derechos y se ve conminada a respetar los de los demás. Así nosotros estaremos santificando nuestras acciones al desempeñarlas  y colaborando al Bien Común, que no es solo el desarrollo económico sino que incluye el estrictamente personal, y en nuestro caso incluye, además la obtención de la gracia de Jesucristo. Los primeros cristianos nos dejaron un ejemplo maravilloso, ellos no tenían programas sociales que cumplir, lo que tenían fue una vocación sobrenatural, una concepción de la vida que los llenaba de espiritualidad. Nunca dieron la espalda al mundo, lo afrontaros y triunfaron, en el tiempo quedó demostrado.
Al actuar así contribuimos a sanear el ambiente y las estructuras, y se empapan de nuestro espíritu, pero ello no es suficiente, es si, una meta alta y no es fácil de procurar llevarla a cabo, pero aún hay más,  debemos irradiar  alrededor de nuestra conducta diaria la luz y el amor a Cristo, si el entorno en el que trabajamos, vivimos, nos movemos es de cristianos, será entonces lugar de apostolado, en él deberemos procurar que los que lo conforman sean mejores cristianos, esto no solo ayudará a que las estructuras sean sanas sino que las personas sean santas. Que en ese ambiente brille la luz de Cristo, que haya hombres nuevos, pendientes de las enseñanzas evangélicas. Santificando el trabajo, santificándonos en él y santificando con él. Muchas cosas dependen de lo anterior, se menciona como ejemplo la conveniencia de llevar allí el fermento de la redención. No debemos perder de vista que somos la sal de la vida, y esta no debe perder su objetivo, Dios la ha puesto en nosotros para queque influyamos positivamente en nuestro entorno. El Papa San Juan Pablo II ha señalado que es un cometido que requiere valentía y paciencia, la valentía porque hay que vencer el miedo a chocar con el ambiente, y paciencia porque cambiar la sociedad desde dentro requiere tiempo, debemos mantenernos siempre dispuestos a santificar la sociedad desde dentro, estando en el mundo, sin convertirnos en mundanos. Nuestro Señor quiere que infundamos con la santificación de nuestro trabajo profesional el espíritu cristiano a la sociedad que es medio imprescindible para el progreso de la sociedad y el mejor orden de las relaciones humanas entre todos nosotros.
Lo ideal es que una vez que cada uno de nosotros haya logrado santificarse en su trabajo, acerque colegas con los que tenemos contacto profesional para que también ellos  lleguen a santificar su trabajo, sea en la profesión que sea, o dedicación a la empresa, debemos influir en el ambiente, con buenas relaciones laborales, no es suficiente con evitar las prácticas inmorales, debemos ir mas allá, es necesario limpiar el ambiente, y hacerlo conforme a la dignidad humana. Lo que solo se logrará con FORMACIÓN, que logre en nuestras almas la consideración de que se trata de un imperativo divino que pesa sobre nuestras conciencias. No debemos de olvidar que aparte de las actividades de trabajo debemos colaborar con las iniciativas de diverso índole, junto con otros que comparten los mismos ideales, me refiero a sitios e instancias en los que se puede influir, como lo son las que se organizan para la juventud, como actividades deportivas, talleres de teatro o literatura, etc. escuelas donde se imparta educación cristiana, o asociaciones cuyas actividades lo permitan.
Compiló: Jorge Casas y Sánchez.

martes, 30 de abril de 2019

CAMBIOS DE LA POBLACIÓN EUROPEA.


§   
o    |Este artículo publicado en España nos muestra los cambios de población que se están dando en nuestro globo. 
o     La ideología feminista de género favorece la esterilidad de los occidentales pero cierra los ojos al natalismo de los inmigrantes
  
Las feministas radicales no tienen palabras lo suficientemente fuertes para estigmatizar a la Iglesia, acusada de discriminar y esclavizar a las mujeres, siendo que ninguna otra religión en el mundo ha llevado a tan alto grado la dignidad de las mujeres en su especificidad, particularmente con el culto a la Virgen María, pero están mudas ante el trato que el islam inflige a las mujeres y también a los homosexuales, ferozmente reprimidos en todo país de charia. La inferioridad de la mujer es para el islamista un dogma intocable inscrito en el Corán y en numerosos hádices. Incluso figura en la Declaración de los Derechos Humanos del Hombre Musulmán redactada en El Cairo en 1990 bajo la égida de la Conferencia Islámica, lo que no deja augurar una evolución del mundo musulmán en este punto.
Esta base teológica justifica la condición de eterna menor de edad de la mujer musulmana, que no sale nunca de la tutela masculina, ya sea del padre (que la casa a una edad precoz) o ya se trate del esposo, incluso de su hijo en caso de quedar viuda. La poligamia, catastrófica para la educación de los hijos, el repudio arbitrario por el marido, la lapidación de las mujeres acusadas de adulterio que apenas pueden defenderse ante los cadis (jueces) que les dan a su testimonio un valor dos veces menor que al de un hombre, figuran entre las innumerables discriminaciones y malos tratos infligidas a la mujer musulmana cuya inferioridad está simbolizada en el porte del velo, “esa estrella amarilla de la condición feminina” en palabras de la iraní Djavat Tchadortt.
 Descripción: http://b5p6y2g2.stackpathcdn.com/wp-content/uploads/2019/03/no-me-deja-393x670.jpgEn definitiva, la mujer musulmana, considerada impura a partir de la pubertad, no cuenta más que por la maternidad que el islam instrumentaliza en favor del jihad. La declaración en la ONU del presidente Boumedienne ante la asamblea general es inequívoca: “Os conquistaremos con el vientre de nuestras mujeres”. Esta amenaza se inscribe dentro de una larga tradición expresada en una hadiz: “Casaros con esposas fecundas: quiero a través de vosotros sobrepasar a las naciones en número”.
La indulgencia de las neo-feministas radicales hacia el islam sólo es paradójica en apariencia. Si ahondamos en el análisis, nos damos cuenta que la ideología de género se integra en un complejo ideológico en el que el antirracismo juega un papel determinante. Obedece a una metapolítica de la diversidad que prohíbe la discriminación entre hombres y mujeres, entre heterosexuales y homosexuales, entre inmigrantes y autóctonos. La bandera del arcoiris simboliza el nuevo ideal que quiere yuxtaponer sin exclusiones a las comunidades, sin unificarlas autoritariamente en el marco de una nación o un Estado.
Esta metapolítica desemboca en un cosmopolitismo que asigna a todos los individuos los mismos derechos, en todo lugar, sea cual sea su origen étnico y su orientación sexual, en un mundo que ha abolido la distinción entre el extranjero y el ciudadano autóctono, y en el cual, al final, los estados serían abolidos. Se designa esta nebulosa ideológica con el nombre del mundialismo.








Esta es en definitiva, la lógica de la ideología post-feminista de género que favorece la esterilidad de los occidentales pero cierra los ojos al natalismo de los inmigrantes.
Aparece así como el mejor agente de la “Gran Sustitución”, expresión por la cual Renaud Camus describe la empresa mundialista de destrucción de las naciones mediante la inmigración/invasión de manera que facilite el gobierno de la hiperclase mundial sobre poblaciones reducidas al estado de consumidores intercambiables, solitarios, privados de identidad, de historia, de referencias morales y por lo tanto de ambición política: un “mejor de los mundos” del cual Aldous Huxley nos ha ofrecido la aterradora anticipación. Tenemos muchas razones para reprobar la política de la UE, laboratorio del mundialismo, una de cuyas directrices es la imposición del matrimonio homosexual en todo el ámbito europeo.
Hoy como ayer, la UE quiere imponernos la seudo ética del género cuyas consecuencias podrían conducir a un futuro trágico, ya que como dice Roland Hureaux, “la ideología es la más grave enfermedad que pueda afectar la política”.

miércoles, 3 de abril de 2019

LA CONCIENCIA Y EL PECADO.


LA CONCIENCIA Y EL PECADO. 
LA CONCIENCIA.
El obrar de acuerdo a nuestra conciencia, es algo que se nos aconseja desde muy jóvenes, y es algo muy importante y es conveniente que profundicemos en el tema.
Se supone que obrar acordes a nuestra conciencia es obrar bien, y lo contrario es obrar mal. A esto debemos añadir que para obrar siempre bien, es necesario formar bien nuestra conciencia. Porque de no ser así podríamos obrar creyendo que estamos en lo justo y que ello no sea así.
La Ley de Dios nos señala: que es lo que hay que hacer y que es lo que hay que evitar. Por lo que la debemos de aplicar en todos nuestros actos humanos. Al cumplir estaremos actuando de acuerdo a la ley moral. Recordemos que uno de los  objetivos de lo MORAL es: “el juicio sobre la bondad o maldad de los actos humanos”.
Así es como la conciencia no crea, sino que; juzga, conoce y aplica la ley moral de nuestros actos, a sabiendas de que se está obrando bien o mal.
Es frecuente en nuestros días, en que abundan las conciencias mal formadas, laxas o prácticamente inexistentes, el considerar que la conciencia tiene la supremacía y la exclusividad de nuestros actos, sin considerar la Ley Moral, por ejemplo si se desconoce la autoridad del Magisterio de la Iglesia, y se pretende que ante la objetividad de señalar, por ejemplo, el que es obligatorio oír Misa los Domingos, pusiésemos la subjetividad de decir que: debo de ir si mi conciencia me lo señala y si no, no. Lo que sería contravenir una ley de la Iglesia, y que equivale a ponerse a si mismo en el lugar de Dios. La conciencia culpablemente errónea no hace lícito el acto malo que se considera en ella. O peor aún negar que la Iglesia tenga autoridad sobre las conciencias.
Estaremos de acuerdo en que nunca es lícito el obrar en contra de nuestra conciencia, por lo que cuando exista duda, hay que salir de esta. Es parte del proceso de la formación, porque si la conciencia no es recta, tampoco la vida lo será. Esto nos remite a que es conveniente y necesario estudiar la Ley Moral, la Ley Natural, la Cristiana, la que nos enseña la Santa Madre Iglesia. Ahora bien, una vez conocida nos es indispensable  ponerla en práctica, no basta con un conocimiento teórico, debemos conocer y seguir sus preceptos, y cada vez nos resultará mas apropiada y conveniente, si no se obra así, sucede lo contrario, la conciencia se va debilitando, se va haciendo laxa, hasta el momento en que no se es capaz de distinguir el bien y el mal. Se deforma a tal grado que no se percibe lo malo de los actos humanos impropios. La conveniencia de formar primero y seguir después rectamente la conciencia es lo que debemos hacer y tomar en cuenta que el premio que nos espera es muy grande. La dirección espiritual es conveniente porque somos malos jueces de nosotros mismos, ante los defectos propios padecemos ceguera, es por tanto conveniente que se nos ayude a conocernos mejor, en especial en relación a nuestras imperfecciones y carencias, se trata de una orientación que nos permite la mejora personal. Esto es aún más aconsejable cuando estemos atravesando en nuestra vida alguna dificultad, sea de lo que sea; será posible que la ayuda que recibamos nos serene y
ayude a encontrar la mejor salida de la tormenta. Nuestra formación personal, la mejora de nuestro criterio, la profundidad de nuestras convicciones  se afinarán y nos permitirán actuar con mas sentido de responsabilidad ante Dios, y ante los hombres, seremos mas fuertes para no dejarnos arrastrar por las modas pasajeras, ambiente, e ideologías  que eventualmente se opongan a la verdad y al bien.
EL PECADO.
El pecado es la transgresión voluntaria de la ley moral,  esta es la expresión de la Voluntad divina, el pecado es una desobediencia o rechazo de Dios, y por lo tanto ofensa a Él. Aunque en el momento de cometerlo, no se piense explícitamente en ofenderle.
Todos los pecados van directamente contra Dios, los hay contra el prójimo, contra uno mismo y contra el propio Dios, Ej. La blasfemia.
Son tres las condiciones (adelante las veremos) que se relacionan con todos los pecados, si solo dos se dan el pecado es venial, si se dan las tres pero la materia es leve, es venial, y cuando se dan las tres condiciones y la materia es grave el pecado es mortal. Lo que quiere decir que nos indispone con Dios, que nos aleja de su gracia santificante, y nos pone en grave peligro de perder nuestra salvación e irnos por el otro camino, el de la condenación, despreciar los Mandamientos de la Iglesia, además de los Diez Mandamientos equivale a pecar gravemente. Además,  la conciencia culpablemente errónea no hace lícito el acto  que se considera en ella. O peor aún negar que la Iglesia tenga autoridad para definir mandamientos que recaen sobre las conciencias. Estaremos de acuerdo en que nunca es lícito el obrar en contra de nuestra conciencia, por lo que cuando exista duda, hay que salir de esta. Es parte del proceso de la formación, porque si la conciencia no es recta, tampoco la vida lo será. Esto nos remite a que es conveniente y necesario estudiar la Ley Moral, la Natural, la Cristiana, la que nos enseña la Santa Madre Iglesia. Ahora bien, una vez conocida nos es indispensable  ponerla en práctica, no basta con un conocimiento teórico, debemos conocer y seguir sus preceptos, y cada vez nos resultará mas apropiada y conveniente, si no se obra así, sucede lo contrario, la conciencia se va debilitando, se va haciendo laxa, hasta el momento en que no se es capaz de distinguir el bien y el mal. Se deforma a tal grado que no se percibe
lo malo de los actos humanos impropios. La conveniencia de formar primero y seguir después rectamente la conciencia nos encamina al premio que nos espera, y este es muy grande.
El pecado mortal nos aparta completamente de Dios, basta cometer uno solo grave para ello; y si se cometen más, se agrava por acumulación.
Para pecar se deben de dar estas condiciones y como dijimos son:
CONOCIMIENTO—ADVERTENCIA –MATERIA.
Por “conocimiento” entendemos el que se sepa que el acto es pecaminoso, (ilícito) o sea contrario a la sana moral cristiana, a los Mandamientos de la Ley de Dios, o a los mandamientos de la Iglesia.
Por “advertencia” se debe de entender el que esté la persona consiente de que está cometiendo o por cometer una acción pecaminosa, (ilícita).
Por “materia” entendemos que la gravedad del pecado (ilícito), es cuestión de conciencia teniendo presentes los Mandamientos de la Ley de Dios y los de la Iglesia. Va de leve (pecado venial) a grave (pecado mortal).
EL PECADO MORTAL:
La gravedad del pecado mortal lo es por el alejamiento que produce en nuestra relación con Dios. Nos hace perder la vida de  gracia además hace al que lo comete reo de las penas del infierno, que es esclavitud de Satanás, , predispone a continuar cometiendo ilícitos, al aumentar la inclinación a la comisión de actos malos, al tiempo que nos aleja de la comisión de buenas obras.. y en caso de realizar cosas buenas , estas no resultan meritorias ante el Creador, dado el alejamiento que existe.
Pero Jesucristo dado el amor que la Trinidad tiene al hombre le proporciona la manera de resolver esta situación por medio del Sacramento de la Confesión. A este debemos acudir con arrepentimiento y propósito de enmienda  lo que, además, debemos de hacer con toda la premura posible, de manera que no sigamos en esa situación de muerte del alma.
EL PECADO VENIAL:
Cuando falta una de las tres condiciones mencionadas antes, el pecado es venial. Estos pecados son también una ofensa a Dios, aunque no nos apartan completamente de Él, y tampoco quitan, ni disminuyen la gracia del alma, sin embargo enfrían nuestros deseos de agradar a Dios, además que pueden predisponer al pecado grave..  Nuestra actitud debe de ser la de evitar, rechazar la comisión de pecados veniales en especial cuando son de los que cometemos una y otra vez. Son como vicios no graves, pero que dañan, pues si bien no nos quitan la gracia si debilitan nuestra actitud de agradar a Dios, son una manera de claudicar ante las tentaciones del demonio, lo conveniente es abominarlos y que no se arraiguen en nosotros.
DE LOS PECADOS EN GENERAL:
El pecado es siempre personal, se habla del “pecado social”, entendiendo que está tan arraigado en una sociedad que se le considera social; esto no es verdad, el pecado es siempre personal, la sociedad no peca, es la persona humana, la que será juzgada, independientemente de que sea cometido por muchos. Otras distinciones son el exteriorizar un pecado propio,  si por ejemplo, cometo un pecado contra la pureza y además lo doy a conocer, lo exteriorizo, aumenta su gravedad, y si se enteran de ello menores, estaría añadiendo otro pecado, el de escándalo, (perversión de menores).
Otros aspectos del pecado son, como lo indica el “YO PECADOR”, los pecados de pensamiento, palabra, obra y omisión. En cuanto a los de pensamiento recordemos las palabras de nuestro Señor Jesucristo: ”Yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” (Mt.5,27). La visión completa de los seres humanos nos indica que son acciones humanas, si bien internas el pensar y el querer, y que de ellas somos responsables.. De estas no tendremos que dar cuenta a los hombres, pero a Dios que conoce nuestro interior mejor que nosotros mismos, si, Dios espera de nosotros una rectitud total, tanto interna como externa. En cuanto a los hombres la hipocresía puede ocultar aspectos que ante Dios son absolutamente aparentes. De los pecados de palabra no necesitamos mayores explicaciones. De los de obra, como se vio arriba se pueden exteriorizar incluso. El ejemplo del pecado de omisión que más se señala es el de omitir la Santa Misa dominical, y muchos otros como la omisión de la recepción de los Sacramentos, omitir la oración, la limosna, Etc.
No falta quien trata de reducir las responsabilidades propias del pecado, aduciendo que lo que no atenta contra los demás o contra la sociedad, carece de maldad, esto es falso de toda falsedad, ya que la transgresión a la ley moral no solo se da cuando esta se exterioriza, sino cuando se realiza en secreto personal, o cuando se omite una obligación cristiana.
Otro aspecto muy importante, que no se debe de dejar de lado es el que se refiere al mejoramiento personal, ya que como miembros de la comunidad, en tanto seamos mejores personas, mas ayudamos al aspecto social, por lo que la lucha ascética personal, el mejoramiento como persona, por íntimo que sea, tiene un efecto en las comunidades a las que se pertenecemos, la familiar, la profesional, la política, la social, etc. El buen cristiano lucha por ser mejor personalmente y por mejorar la sociedad en la que vive.
LA TENTACIÓN:
Es importante distinguir entre tentación y pecado la tentación no es pecaminosa, si no se consiente, es algo que Dios permite que nos suceda, y es ocasión de que mostremos al Señor que la rechazamos, por venir del demonio, al ser tentados es decir al tener la inclinación malsana de actuar, de realizar, algo malo, algo contrario a la conciencia,  proviene de nuestra naturaleza caída, lo que debemos de hacer es rechazarla, no consentirla, así mostramos nuestro respeto y amor a Dios, la tentación puede ser de obra, de pensamiento, de intención y su rechazo nos es obligatorio para no pecar. La tentación que se consiente se convierte en pecado, pero mientras luchamos en su contra, no solo no pecamos, sino que cumplimos con la Divina Voluntad. Es el no consentir y además el evitar las ocasiones de pecado lo que nos es conveniente. Son varias las ocasiones de pecar a ser evitadas: lecturas, videos, conversaciones, revistas películas, lugares, ante lo que tenemos que reaccionar con energía para evitarlos. De no llevarlo a cabo, de exponernos,  es ya ofensa a Dios, que al hombre está llamándole siempre a amar y a hacer el bien y  a evitar el mal…el hombre tiene una y inscrita por Dios en su corazón…La conciencia es el núcleo mas secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo mas íntimo de ella”. El juzgarse a si mismo sin la ayuda del conocimiento adecuado de la Divina Voluntad el no apreciar la ley de la Iglesia, equivale a ponerse a si mismo en el lugar de Dios. La conciencia culpablemente errónea no hace lícito el acto malo que se considera en ella. O peor aún negar que la Iglesia tenga autoridad sobre las conciencias.
Estaremos de acuerdo en que nunca es lícito el obrar en contra de nuestra conciencia, por lo que cuando exista duda, hay que salir de esta. Es parte del proceso de la formación, porque si la conciencia no es recta, tampoco la vida lo será. Esto nos remite a que es conveniente y necesario estudiar la Ley Moral, la natural, la cristiana, la que nos enseña la Santa Madre Iglesia. Ahora bien, una vez conocida nos es indispensable  ponerla en práctica, no basta con un conocimiento teórico, debemos conocer y seguir sus preceptos, y cada vez nos resultará mas apropiada y conveniente, si no se obra así, sucede lo contrario, la conciencia se va debilitando, se va haciendo laxa, hasta el momento en que no se es capaz de distinguir el bien y el mal. Se deforma a tal grado que no se percibe lo malo de los actos humanos impropios. La conveniencia de formar primero y seguir después   rectamente la conciencia es el premio que nos espera, y este es muy grande.
El pecado mas grave es el que se comete  por malicia, por elección deliberada del mal. Que no nos baste el conocer la teoría de la moral, es necesario que nos esforcemos en cumplirla, lo que nos aclara cada vez más lo recto, lo bueno y conveniente, a la luz de Jesucristo, por el contrario, de no llevarla a la práctica la vamos oscureciendo, le quitamos esa luz, esa voz consiente, y acabamos deformando nuestra conciencia. Una ayuda muy grande puede ser la de recibir dirección espiritual, todos la necesitamos, porque somos malos jueces de nosotros mismos.
Jorge Casas y Sánchez