viernes, 14 de junio de 2019

ALGUNOS TEMAS QUE RELACIONAN AL HOMBRE CON DIOS (primera parte)


ALGUNOS TEMAS QUE RELACIONAN AL HOMBRE CON DIOS. (primera parte)

Para empezar nos podemos plantear dos cuestiones:

 El cómo nos debemos de explicar que la fe, en tanto don de Dios, no nos es dada a todos por igual, ni entre los bautizados, pues hay bautizados que tienen muy poca o prácticamente carecen de ella.  Sobre la caridad que es también virtud infusa, es desigual y no solo entre los bautizados, pues hay, no bautizados que la ejercen muy bien.

Podemos plantearnos como inicio que hay personas egocéntricas y con tendencia al hedonismo. Hay personas teocéntricas, que se distinguen por su piedad, caridad, fe, rectitud de vida e/o intención. Si somos egocéntricos debemos empezar un proceso de cambio, y de ello se trata aquí, de ayudar a lograrlo. Si somos teocéntricos, ojalá nos ayude a pulir, a mejorar en ese sentido.

En mayor o menor capacidad, casi todos tenemos alguna tendencia hacia lo teocéntrico, como cosa natural, porque lo que buscamos es tener un hogar, con nuestro cónyuge, nuestros hijos, el educarlos, y lograr que sean autónomos, viviendo en paz familiar, trabajando con constancia en busca de la seguridad. Lo que no es obra de la casualidad, es búsqueda de las cosas buenas que nos proporcionan felicidad. Vivir la bonhomía. Y ello cumple con lo que Dios quiere de nosotros. Por desgracia esto no se da en todas las uniones humanas que bien pudieran en algún momento haberlo pretendido, pero las debilidades humanas no siempre se superan.

El sentido del honor, de la amistad, del agradecimiento, el trabajo honesto y productivo, en el hogar y fuera de él en la sociedad, son la materia de nuestra vida que colabora al Bien Común, que no solo se enfoca a cubrir nuestras necesidades familiares, sino que, visto desde un punto de vista antropológico lo que buscamos es ser todo lo contrario del paria en el que reina la delincuencia, el vicio, la penuria, la carencia de encaje en la sociedad. Son muchos otros los valores, aparte de los ya señalados,  que se pretende vivir y enseñar con el ejemplo, en el hogar sano, tan solo a modo de ejemplo podemos mencionar, el orden, la higiene, la lealtad, el respeto, la compasión, la rectitud de intención, la laboriosidad, el desprendimiento, la pulcritud, la puntualidad, la piedad, la veracidad, la responsabilidad, la disciplina, la gratitud, la prudencia, justicia fortaleza y templanza, y por encima de todas estas virtudes la del amor. En pocas palabras se trata de vivir y enseñar las virtudes morales, sociales, propias del buen cristiano, hacerse, luchar por ser persona virtuosa. Se que esto suena en el mundo de hoy como algo fuera de lugar, no es ese el caso, la realidad es que el hombre se degrada en tanto persona humana si no vive intensamente su virtuosismo.

Al satisfacer el hombre sus necesidades sociales vemos que por ejemplo no nos gusta comer solos, preferimos hacerlo en compañía, con familiares, amigos, no nos agrada exponernos al frio, pero queremos compartir el calor del hogar, buscamos la seguridad, pero no solo la personal sino la gregaria, queremos ser aceptados por los demás y aceptamos a otros, damos amor y buscamos ser amados, nos agrada el trato con los demás, su compañía., el compartir, el coexistir pero no de manera simple, sino conviviendo, ejerciendo esa convivencia de forma humana, humanamente. Eh aquí el amor a las criaturas, que procede de la virtud de la caridad, virtud del amor en dos dimensiones, amor a Dios y amor a sus criaturas.

Los que hemos tenido la oportunidad de conocer, aunque no lo transitemos adecuadamente, el camino de la salvación, y que hemos sido familiarizados con la Fe, la Esperanza y la Caridad, al poner en acto estas virtudes, es decir al razonar, al pensar solo en que creemos en Dios, y que le creemos a Dios, ya estamos amándole, con amor sobrenatural. Al actualizarse la Fe creemos, al creer empezamos a amar, así actualizamos la Caridad, lo que nos sitúa en el camino salvífico y allí es donde actualizamos la Esperanza. (Amor a Dios, y por ese amor, amar a sus criaturas, que Él ama).

Como nuestro Creador nos ofrece la vida eterna, y por supuesto la vida de aquí, en la que nos deja en total libertad, de modo que la decisión de la eternidad esté en nuestras manos, es una decisión particularísima en la que escogemos si buscar o no la parte salva de esa vida eterna, aquí lo decidimos, se trata de la decisión mas importante que se nos pueda presentar, con una gran diferencia.

La Creación la realiza Dios para el hombre. No se explica esta sin el ser humano. Esta está para el hombre y el hombre está en el centro de ella. Independientemente del tamaño del universo y de los muchísimos ángeles del Cielo. Somos libres de admitir esto o no, pero si lo queremos lograr debemos empezar por pedir la Gracia de Jesucristo, que es la que nos salva. Necesitamos en nuestros fines mas importantes primero poner a Dios, esto consiste en el cumplir su voluntad, lo que además nos proporciona la mayor felicidad posible en esta tierra, por lo que, si es fin del hombre, la búsqueda de la felicidad, como nos lo enseña también la filosofía, resulta que quien busca, encuentra y sirve a Dios, viviendo su vida acorde a su divina voluntad, cumple con los dos fines mas importantes de nuestra existencia: lograr la salvación y ser feliz en esta tierra.

 Dios nos ama, con el amor mas perfecto que puede haber, lo que nos muestra de la manera mas eminente y sublime que puede haber, mandando a su hijo unigénito, la Segunda Persona de la Trinidad Santísima, para que realice todo lo necesario para que podamos salvarnos: nos funda la Iglesia, Santa, Católica, Apostólica, Única y Jerárquica, nos deja con su vida personal el ejemplo mas perfecto para los hombres, la Doctrina mas maravillosa posible, en su Iglesia instituye los Sacramentos, que nos proporcionan abundante Gracia salvífica. ¿puede haber algo mas grandioso?. Desde luego que no. A este divino amor solo podemos responder con nuestro amor humano, veamos:

¿Qué es el amor?, podemos empezar diciendo que es parte de la esencia de las personas humanas. Y que es lo que queremos amar, sino lo que nos es mas amable, lo que nos ha amado antes incluso de nuestra existencia, pero lo evadimos en muchas ocasiones. Las veleidades del mundo, esa oferta enorme de cosas, posibilidades, y en estos tiempos en que la tecnología tiene tantísimas cosas que ofrecer, el amor por la posesión de cosas parece incontrolable y ocupa el primer lugar incluso por encima del amor a los demás. Hay por desgracia, y para ejemplo basta un botón: un padre de familia quiere mas el poseer un cierto automóvil por encima de la educación del hijo o hijos.

Persona humana y amor  son incluyentes, no se pueden excluir. Vivir es estar amando es algo integrante, el amor es el vivir. Hemos dicho que hay que conocer para  amar  aquí se trata de que conozcamos mas a Dios, para amarle mas, las relaciones que el hombre tiene, lo opuesto a la soledad, son basadas en el amor. La total soledad en el hombre no existe. Al menos no debe de existir. Si existiera sería la absoluta soledad y se daría la carencia de amor, situación de gran sufrimiento. Mientras el ser humano no caiga en esta situación  de sufrimiento algo hay de amor. Cuando el ser humano no tiene amores humanos, cae en el amor a las cosas materiales, puede tener ambos también, que es lo mas normal, lo mas usual, pero cuando carece de ambos solo le queda el mas grande de los amores el de Dios y Nuestra Madre del Cielo, por lo que no está solo nunca, ni puede estar mejor acompañado.

Ahora bien la relación de las personas con los objetos o con otras personas nunca es perfecta, lo que no es algo perfecto al amar, lo incompleto está en la falta de perfección en la relación, que causa imperfección en el amor. El amor de Dios hacia nosotros, si es perfecto, es un amor enorme porque lo es para cada uno de todos los hombres, no unos escogidos, es prolongación del amor del Padre Celestial al Hijo, que se entrega por amor a esos hombres. Es el amor de las personas humanas es el que sufre de imperfecciones. Cuando Jesucristo en la última cena con sus apóstoles nos participa el Nuevo Mandamiento, diciéndoles, que os améis como yo os he amado, nos enseña la perfección de su amor.

Las culturas socialistas de estos tiempos que son totalmente materialistas, toman lo anterior de la Religión Católica, (en el fondo a lo que recurren es a la capacidad de amar que es parte de la naturaleza del ser humano), lo que es de vital importancia, pero lo distorsionan quedándose solo con el sentido de pertenencia, que es también humana, que es sucedáneo del sentirse bien, tan solo por el hecho de pertenecer a un clan (camarada, se llaman entre ellos). Algo distinto es la verdadera comunidad, donde se decanta la naturaleza gregaria de la persona humana. Es parte de nuestra naturaleza y en la comunidad, se va mas allá de la conveniencia personal, se da el hombre, a los demás, por amor se sabe requerido y necesario, ayuda a los demás por amor y por amor es ayudado por los demás. Es el amor que nos predicó Jesucristo  y que la ideología materialista dice que ello es mito, que a través de los siglos se han tenido que inventar para cubrir la necesidad de pertenencia, religiones que han satisfecho dicha necesidad. Esto es una gran mentira, las religiones en general, aparte de los fundamentalismos que son perniciosos, le otorgan cierta mejora al hombre, y la religión católica llevada como es debido le confiere una grandeza humana notable, buena para el propio ser y para la sociedad.

La realidad es que ellos ofrecen una vinculación social, una especie de protectorado, que es generalmente aceptada, pero que es esclavitud disfrazada, es un caer en la manipulación, el colectivismo que mata la libertad personal. La historia nos ha mostrado que esa oferta  del Estado socialista no le ha convenido a las comunidades. Veamos su problema antropológico:  se propone al hombre una historia falseada, arreglada a cada cuerpo de ideologías, además, de aceptación obligatoria.

En nuestras reuniones, o escritos, no creo que alguien haya dicho, hasta ahora, que es “obligatorio” que se crea o que se sostenga algo. Nos hemos concretado a decir lo que enseña la Doctrina de Cristo acorde al Magisterio, lo que son nuestras mas íntimas convicciones, lo que creemos firmemente, y por lo tanto quisiéramos compartir, al considerarlo de vital importancia, pero en entera libertad. La Divina Revelación nos indica a nosotros y a ustedes: ID Y ENSAÑAD A TODOS LOS PUEBLOS, la vigencia de esta enseñanza evangélica es permanente, hasta el final de los tiempos, para todo católico.

 Antes de asentó, que la persona humana y el amor son incluyentes, por lo que creo que un ejemplo de esto que nos ilustra lo vemos en Santa Teresa de Calcuta, de la que esta anécdota ha quedado en sus biografías. “DALE MUCHO AMOR” le dice la madre Teresa a quien la viene a sustituir en la atención a un enfermo que estaba atendiendo personalmente, porque un asunto muy urgente le obliga a cambiar de lugar intempestivamente. Se trataba de un moribundo que sufría mucho. ¿De donde viene, en donde se inspira este amor?,  por personas desconocidas, que se encuentran en las peores condiciones que se puedan dar en un ser humano, es el amor que Jesucristo nos ha enseñado. No hay mas que un amor, y este es extensivo, es el amor a Dios y por extensión a sus criaturas, pues Él las ama, las ha creado por amor, este amor extensivo lo tenemos que identificar, y  familiarizarnos con él, su práctica debe ser constante, incluso en forma inconsiente, por inercia, pero si lo sublimamos, lo tenemos siempre presente, le damos el rango que merece, si lo anteponemos a todos nuestros actos, tomará una dimensión mayor, que no solo nos dará mayor peso en nuestro actuar con los demás y con la naturaleza, haciéndonos mejores personas, sino que nos eleva al plano sobrenatural. Cuando nuestro actuar se nutre en el hacer, por amor a Dios, la rectitud de intención se eleva a la máxima calidad humana, quizás sea invisible para los otros, pero en nuestro fuero interno, estaremos sobre naturalizándonos.

(fin de la primera parte).
Jorge Casas y Sánchez.

viernes, 10 de mayo de 2019

SANTIFICAR EL TRABAJO Y EL MUNDO DESDE DENTRO.


De las 186…SANTIFICAR EL TRABAJO Y EL MUNDO, DESDE DENTRO.
Este es el mensaje principal  del trabajo desarrollado por San Josemaría, el cómo los quehaceres, tareas, trabajo, vida familiar, social etc. son  medio de acercarse a Dios y cristianizar a la sociedad.
Son patentes las luces y sombras de nuestra época, por un lado gran desarrollo  tecnológico, progreso civil, por otro la barbarie científica. De allí que el Papa Juan Pablo II, y ahora el Papa Francisco nos animen a que  con la luz del Evangelio, los católicos iluminemos a la sociedad, buscando su transformación al querer de Dios.
Muchos no saben cómo hacerlo y creen que esa es tarea de los políticos y poderosos, pensando que son los únicos que pueden influir, dada su posición económica, política o financiera. Esto no es así, los ciudadanos cristianos, comunes y corrientes somos factor importantísimo de influencia, si no permanecemos como simples espectadores y actuamos. No se trata de aplaudir o silbar a los protagonistas, sino entrar a su terreno de juego. Nuestra actitud, nuestra postura, nuestro actuar en el mundo, cuenta y mucho, si nuestra actitud y acciones responden a la forma de cooperar responsablemente en forma sobrenatural con el poder de Dios, procurando restablecer el orden quebrantado devolviendo a las estructuras temporales su función natural de instrumento de desarrollo y progreso ordenado de la humanidad. De llegar con ello a la Redención.
Santificando al mundo desde dentro, lo que es mostrar al mundo, el santificar con sentido cristiano las estructuras, las profesiones y las instituciones humanas. Como lo enseña el Concilio Vaticano II, los laicos han de iluminar y ordenar todos los asuntos temporales a los que estén estrechamente vinculados. Se trata de realizar lo que nos corresponde, compete y más si se puede realizándolos para mayor gloria del Creador y del Redentor, mostrando que Jesucristo ha redimido a toda la humanidad. Esa es nuestra misión.
Los cristianos tenemos el poder necesario, aunque no poseamos “poder humano”, nuestra fuerza es la oración, y las obras convertidas en oración.  Es enorme la fuerza, el poder eficaz que se despliega con estas armas específicas, que la mayor parte de los cristianos posee, y que influye grandemente en la transformación de la sociedad, al ejercer: la oración y el trabajo santificado, santificador. “Esfuérzate para que las instituciones y las estructuras humanas en las que trabajas y te mueves con pleno derecho de ciudadano se conformen con los principios que rigen una concepción cristiana de la vida.  Así, no lo dudes, aseguras a los hombres los medios para vivir de acuerdo con su dignidad, y facilitarás a muchas almas que, con la gracia de Dios, puedan responder personalmente a la vocación cristiana”.
San Josemaría recibió de Dios  con palabras de extraordinaria fuerza, lo siguiente: “cuando seré levantado en alto sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí. Lo entendí perfectamente. El Señor nos decía: ¡si vosotros me ponéis en la entraña de todas las actividades de la tierra, cumpliendo el deber de cada momento., siendo mi testimonio en lo que parece grande y en lo que parece pequeño…,entonces! ¡mi reino entre vosotros será una realidad! Cristianizar la sociedad.
Dios ha confiado al hombre la tarea de edificar la sociedad al servicio de sus bienes, el temporal y el eterno. Esto incluye las costumbres y las leyes así como a las instituciones, a las que se debe, dirigir nuestra participación y esfuezo, dentro de nuestras posibilidades personales, hacia el Bien Común. Cada uno debe encontrar su propia plenitud a sabiendas de que todo está trastocado a partir del pecado original y la proliferación de pecados que le ha seguido, consistentes en: concupiscencia, violencia, injusticia, al grado que el cúmulo de los pecados personales, han llegado a que vivamos en una estructura de pecado.
La liberación que Jesucristo vino a lucrarnos a este mundo, precisamente consiste en la redención del pecado y sus consecuencias. Nuestro sino, por tanto debe ser, en cuanto cristianos, CRISTIANIZAR  la sociedad, liberándola de esas estructuras de pecado, de las leyes contrarias a la Ley Moral, procurar que las relaciones humanas sean presididas por el amor de Cristo, esta es nuestra tarea ciudadana, contribuir a que en la vida moderna, su economía, su cultura, sus relaciones humanas, la convivencia social, el descanso, la vida social la vida de familia, se amolden a la divina voluntad.
Cristianizar la sociedad no es imponer a nadie la fe verdadera, los católicos  respetamos el derecho a la libertad social y civil en materia religiosa, tenemos abierta nuestra actitud ante toda creencia, y esperamos que cada quien sea fiel a su propia conciencia, mientras sus actos sean acordes a la moral pública y a la paz, lo que además el Estado debe  de tutelar.  Que están en el error, si y procuraremos  que conozcan la verdad enseñando con el ejemplo y si uno es cauto y la situación lo aconseja, con la palabra, pero nunca con la coacción. El acto de fe solo puede ser auténtico si es totalmente libre.
Cuando los cristianos  intentamos que la Ley Civil promueva el respeto a la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, la estabilidad de las familias, reconociendo la indisolubilidad del matrimonio,  los derechos inalienables que los padres tenemos sobre la educación de nuestros hijos, tanto en las instituciones públicas como las privadas, por ejemplo inconformándonos radicalmente en contra de enseñanzas como la Teoría de Género, que es algo que va contra natura y por supuesto contra la moral pública y social, y otros aspectos como la justicia en las relaciones laborales, no buscamos imponernos a los demás. Sino que fundamentados en la verdad queremos contribuir a edificar una sociedad mejor, que no vaya en contra de la dignidad humana. Siempre estará fundamentada nuestra argumentación en la certeza de apoyarse en principios humanos verdaderos, convenientes,  y acordes a la sana razón humana, a forma de que cualquier persona, de cualquier creencia pueda apreciar la importancia que los valores más altos de la familia que conforma la totalidad de los hombres, sean apreciados. Claro a menos que esté negado a ver, ya se sabe que no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Los católicos , serena y discretamente  debemos esforzarnos en las instituciones y estructuras humanas en que nos desempeñamos, que  sean acordes con los principios que conforman nuestra concepción de la vida, el amor al prójimo, la justicia, el respeto, no lo dudemos, es así como se debe ejercer la dignidad humana. De esta manera colaboraremos a sanearlas y estaremos colaborando a sanear los ambientes, procurando que se vivan las virtudes adecuadamente, antes que nada con nuestro ejemplo. Nosotros al vivir la fe cristiana  hacemos sentir a los demás  la aspiración que toda persona humana tiene, de ser tratada como lo que es, ve respetados sus derechos y se ve conminada a respetar los de los demás. Así nosotros estaremos santificando nuestras acciones al desempeñarlas  y colaborando al Bien Común, que no es solo el desarrollo económico sino que incluye el estrictamente personal, y en nuestro caso incluye, además la obtención de la gracia de Jesucristo. Los primeros cristianos nos dejaron un ejemplo maravilloso, ellos no tenían programas sociales que cumplir, lo que tenían fue una vocación sobrenatural, una concepción de la vida que los llenaba de espiritualidad. Nunca dieron la espalda al mundo, lo afrontaros y triunfaron, en el tiempo quedó demostrado.
Al actuar así contribuimos a sanear el ambiente y las estructuras, y se empapan de nuestro espíritu, pero ello no es suficiente, es si, una meta alta y no es fácil de procurar llevarla a cabo, pero aún hay más,  debemos irradiar  alrededor de nuestra conducta diaria la luz y el amor a Cristo, si el entorno en el que trabajamos, vivimos, nos movemos es de cristianos, será entonces lugar de apostolado, en él deberemos procurar que los que lo conforman sean mejores cristianos, esto no solo ayudará a que las estructuras sean sanas sino que las personas sean santas. Que en ese ambiente brille la luz de Cristo, que haya hombres nuevos, pendientes de las enseñanzas evangélicas. Santificando el trabajo, santificándonos en él y santificando con él. Muchas cosas dependen de lo anterior, se menciona como ejemplo la conveniencia de llevar allí el fermento de la redención. No debemos perder de vista que somos la sal de la vida, y esta no debe perder su objetivo, Dios la ha puesto en nosotros para queque influyamos positivamente en nuestro entorno. El Papa San Juan Pablo II ha señalado que es un cometido que requiere valentía y paciencia, la valentía porque hay que vencer el miedo a chocar con el ambiente, y paciencia porque cambiar la sociedad desde dentro requiere tiempo, debemos mantenernos siempre dispuestos a santificar la sociedad desde dentro, estando en el mundo, sin convertirnos en mundanos. Nuestro Señor quiere que infundamos con la santificación de nuestro trabajo profesional el espíritu cristiano a la sociedad que es medio imprescindible para el progreso de la sociedad y el mejor orden de las relaciones humanas entre todos nosotros.
Lo ideal es que una vez que cada uno de nosotros haya logrado santificarse en su trabajo, acerque colegas con los que tenemos contacto profesional para que también ellos  lleguen a santificar su trabajo, sea en la profesión que sea, o dedicación a la empresa, debemos influir en el ambiente, con buenas relaciones laborales, no es suficiente con evitar las prácticas inmorales, debemos ir mas allá, es necesario limpiar el ambiente, y hacerlo conforme a la dignidad humana. Lo que solo se logrará con FORMACIÓN, que logre en nuestras almas la consideración de que se trata de un imperativo divino que pesa sobre nuestras conciencias. No debemos de olvidar que aparte de las actividades de trabajo debemos colaborar con las iniciativas de diverso índole, junto con otros que comparten los mismos ideales, me refiero a sitios e instancias en los que se puede influir, como lo son las que se organizan para la juventud, como actividades deportivas, talleres de teatro o literatura, etc. escuelas donde se imparta educación cristiana, o asociaciones cuyas actividades lo permitan.
Compiló: Jorge Casas y Sánchez.

martes, 30 de abril de 2019

CAMBIOS DE LA POBLACIÓN EUROPEA.


§   
o    |Este artículo publicado en España nos muestra los cambios de población que se están dando en nuestro globo. 
o     La ideología feminista de género favorece la esterilidad de los occidentales pero cierra los ojos al natalismo de los inmigrantes
  
Las feministas radicales no tienen palabras lo suficientemente fuertes para estigmatizar a la Iglesia, acusada de discriminar y esclavizar a las mujeres, siendo que ninguna otra religión en el mundo ha llevado a tan alto grado la dignidad de las mujeres en su especificidad, particularmente con el culto a la Virgen María, pero están mudas ante el trato que el islam inflige a las mujeres y también a los homosexuales, ferozmente reprimidos en todo país de charia. La inferioridad de la mujer es para el islamista un dogma intocable inscrito en el Corán y en numerosos hádices. Incluso figura en la Declaración de los Derechos Humanos del Hombre Musulmán redactada en El Cairo en 1990 bajo la égida de la Conferencia Islámica, lo que no deja augurar una evolución del mundo musulmán en este punto.
Esta base teológica justifica la condición de eterna menor de edad de la mujer musulmana, que no sale nunca de la tutela masculina, ya sea del padre (que la casa a una edad precoz) o ya se trate del esposo, incluso de su hijo en caso de quedar viuda. La poligamia, catastrófica para la educación de los hijos, el repudio arbitrario por el marido, la lapidación de las mujeres acusadas de adulterio que apenas pueden defenderse ante los cadis (jueces) que les dan a su testimonio un valor dos veces menor que al de un hombre, figuran entre las innumerables discriminaciones y malos tratos infligidas a la mujer musulmana cuya inferioridad está simbolizada en el porte del velo, “esa estrella amarilla de la condición feminina” en palabras de la iraní Djavat Tchadortt.
 Descripción: http://b5p6y2g2.stackpathcdn.com/wp-content/uploads/2019/03/no-me-deja-393x670.jpgEn definitiva, la mujer musulmana, considerada impura a partir de la pubertad, no cuenta más que por la maternidad que el islam instrumentaliza en favor del jihad. La declaración en la ONU del presidente Boumedienne ante la asamblea general es inequívoca: “Os conquistaremos con el vientre de nuestras mujeres”. Esta amenaza se inscribe dentro de una larga tradición expresada en una hadiz: “Casaros con esposas fecundas: quiero a través de vosotros sobrepasar a las naciones en número”.
La indulgencia de las neo-feministas radicales hacia el islam sólo es paradójica en apariencia. Si ahondamos en el análisis, nos damos cuenta que la ideología de género se integra en un complejo ideológico en el que el antirracismo juega un papel determinante. Obedece a una metapolítica de la diversidad que prohíbe la discriminación entre hombres y mujeres, entre heterosexuales y homosexuales, entre inmigrantes y autóctonos. La bandera del arcoiris simboliza el nuevo ideal que quiere yuxtaponer sin exclusiones a las comunidades, sin unificarlas autoritariamente en el marco de una nación o un Estado.
Esta metapolítica desemboca en un cosmopolitismo que asigna a todos los individuos los mismos derechos, en todo lugar, sea cual sea su origen étnico y su orientación sexual, en un mundo que ha abolido la distinción entre el extranjero y el ciudadano autóctono, y en el cual, al final, los estados serían abolidos. Se designa esta nebulosa ideológica con el nombre del mundialismo.








Esta es en definitiva, la lógica de la ideología post-feminista de género que favorece la esterilidad de los occidentales pero cierra los ojos al natalismo de los inmigrantes.
Aparece así como el mejor agente de la “Gran Sustitución”, expresión por la cual Renaud Camus describe la empresa mundialista de destrucción de las naciones mediante la inmigración/invasión de manera que facilite el gobierno de la hiperclase mundial sobre poblaciones reducidas al estado de consumidores intercambiables, solitarios, privados de identidad, de historia, de referencias morales y por lo tanto de ambición política: un “mejor de los mundos” del cual Aldous Huxley nos ha ofrecido la aterradora anticipación. Tenemos muchas razones para reprobar la política de la UE, laboratorio del mundialismo, una de cuyas directrices es la imposición del matrimonio homosexual en todo el ámbito europeo.
Hoy como ayer, la UE quiere imponernos la seudo ética del género cuyas consecuencias podrían conducir a un futuro trágico, ya que como dice Roland Hureaux, “la ideología es la más grave enfermedad que pueda afectar la política”.

miércoles, 3 de abril de 2019

LA CONCIENCIA Y EL PECADO.


LA CONCIENCIA Y EL PECADO. 
LA CONCIENCIA.
El obrar de acuerdo a nuestra conciencia, es algo que se nos aconseja desde muy jóvenes, y es algo muy importante y es conveniente que profundicemos en el tema.
Se supone que obrar acordes a nuestra conciencia es obrar bien, y lo contrario es obrar mal. A esto debemos añadir que para obrar siempre bien, es necesario formar bien nuestra conciencia. Porque de no ser así podríamos obrar creyendo que estamos en lo justo y que ello no sea así.
La Ley de Dios nos señala: que es lo que hay que hacer y que es lo que hay que evitar. Por lo que la debemos de aplicar en todos nuestros actos humanos. Al cumplir estaremos actuando de acuerdo a la ley moral. Recordemos que uno de los  objetivos de lo MORAL es: “el juicio sobre la bondad o maldad de los actos humanos”.
Así es como la conciencia no crea, sino que; juzga, conoce y aplica la ley moral de nuestros actos, a sabiendas de que se está obrando bien o mal.
Es frecuente en nuestros días, en que abundan las conciencias mal formadas, laxas o prácticamente inexistentes, el considerar que la conciencia tiene la supremacía y la exclusividad de nuestros actos, sin considerar la Ley Moral, por ejemplo si se desconoce la autoridad del Magisterio de la Iglesia, y se pretende que ante la objetividad de señalar, por ejemplo, el que es obligatorio oír Misa los Domingos, pusiésemos la subjetividad de decir que: debo de ir si mi conciencia me lo señala y si no, no. Lo que sería contravenir una ley de la Iglesia, y que equivale a ponerse a si mismo en el lugar de Dios. La conciencia culpablemente errónea no hace lícito el acto malo que se considera en ella. O peor aún negar que la Iglesia tenga autoridad sobre las conciencias.
Estaremos de acuerdo en que nunca es lícito el obrar en contra de nuestra conciencia, por lo que cuando exista duda, hay que salir de esta. Es parte del proceso de la formación, porque si la conciencia no es recta, tampoco la vida lo será. Esto nos remite a que es conveniente y necesario estudiar la Ley Moral, la Ley Natural, la Cristiana, la que nos enseña la Santa Madre Iglesia. Ahora bien, una vez conocida nos es indispensable  ponerla en práctica, no basta con un conocimiento teórico, debemos conocer y seguir sus preceptos, y cada vez nos resultará mas apropiada y conveniente, si no se obra así, sucede lo contrario, la conciencia se va debilitando, se va haciendo laxa, hasta el momento en que no se es capaz de distinguir el bien y el mal. Se deforma a tal grado que no se percibe lo malo de los actos humanos impropios. La conveniencia de formar primero y seguir después rectamente la conciencia es lo que debemos hacer y tomar en cuenta que el premio que nos espera es muy grande. La dirección espiritual es conveniente porque somos malos jueces de nosotros mismos, ante los defectos propios padecemos ceguera, es por tanto conveniente que se nos ayude a conocernos mejor, en especial en relación a nuestras imperfecciones y carencias, se trata de una orientación que nos permite la mejora personal. Esto es aún más aconsejable cuando estemos atravesando en nuestra vida alguna dificultad, sea de lo que sea; será posible que la ayuda que recibamos nos serene y
ayude a encontrar la mejor salida de la tormenta. Nuestra formación personal, la mejora de nuestro criterio, la profundidad de nuestras convicciones  se afinarán y nos permitirán actuar con mas sentido de responsabilidad ante Dios, y ante los hombres, seremos mas fuertes para no dejarnos arrastrar por las modas pasajeras, ambiente, e ideologías  que eventualmente se opongan a la verdad y al bien.
EL PECADO.
El pecado es la transgresión voluntaria de la ley moral,  esta es la expresión de la Voluntad divina, el pecado es una desobediencia o rechazo de Dios, y por lo tanto ofensa a Él. Aunque en el momento de cometerlo, no se piense explícitamente en ofenderle.
Todos los pecados van directamente contra Dios, los hay contra el prójimo, contra uno mismo y contra el propio Dios, Ej. La blasfemia.
Son tres las condiciones (adelante las veremos) que se relacionan con todos los pecados, si solo dos se dan el pecado es venial, si se dan las tres pero la materia es leve, es venial, y cuando se dan las tres condiciones y la materia es grave el pecado es mortal. Lo que quiere decir que nos indispone con Dios, que nos aleja de su gracia santificante, y nos pone en grave peligro de perder nuestra salvación e irnos por el otro camino, el de la condenación, despreciar los Mandamientos de la Iglesia, además de los Diez Mandamientos equivale a pecar gravemente. Además,  la conciencia culpablemente errónea no hace lícito el acto  que se considera en ella. O peor aún negar que la Iglesia tenga autoridad para definir mandamientos que recaen sobre las conciencias. Estaremos de acuerdo en que nunca es lícito el obrar en contra de nuestra conciencia, por lo que cuando exista duda, hay que salir de esta. Es parte del proceso de la formación, porque si la conciencia no es recta, tampoco la vida lo será. Esto nos remite a que es conveniente y necesario estudiar la Ley Moral, la Natural, la Cristiana, la que nos enseña la Santa Madre Iglesia. Ahora bien, una vez conocida nos es indispensable  ponerla en práctica, no basta con un conocimiento teórico, debemos conocer y seguir sus preceptos, y cada vez nos resultará mas apropiada y conveniente, si no se obra así, sucede lo contrario, la conciencia se va debilitando, se va haciendo laxa, hasta el momento en que no se es capaz de distinguir el bien y el mal. Se deforma a tal grado que no se percibe
lo malo de los actos humanos impropios. La conveniencia de formar primero y seguir después rectamente la conciencia nos encamina al premio que nos espera, y este es muy grande.
El pecado mortal nos aparta completamente de Dios, basta cometer uno solo grave para ello; y si se cometen más, se agrava por acumulación.
Para pecar se deben de dar estas condiciones y como dijimos son:
CONOCIMIENTO—ADVERTENCIA –MATERIA.
Por “conocimiento” entendemos el que se sepa que el acto es pecaminoso, (ilícito) o sea contrario a la sana moral cristiana, a los Mandamientos de la Ley de Dios, o a los mandamientos de la Iglesia.
Por “advertencia” se debe de entender el que esté la persona consiente de que está cometiendo o por cometer una acción pecaminosa, (ilícita).
Por “materia” entendemos que la gravedad del pecado (ilícito), es cuestión de conciencia teniendo presentes los Mandamientos de la Ley de Dios y los de la Iglesia. Va de leve (pecado venial) a grave (pecado mortal).
EL PECADO MORTAL:
La gravedad del pecado mortal lo es por el alejamiento que produce en nuestra relación con Dios. Nos hace perder la vida de  gracia además hace al que lo comete reo de las penas del infierno, que es esclavitud de Satanás, , predispone a continuar cometiendo ilícitos, al aumentar la inclinación a la comisión de actos malos, al tiempo que nos aleja de la comisión de buenas obras.. y en caso de realizar cosas buenas , estas no resultan meritorias ante el Creador, dado el alejamiento que existe.
Pero Jesucristo dado el amor que la Trinidad tiene al hombre le proporciona la manera de resolver esta situación por medio del Sacramento de la Confesión. A este debemos acudir con arrepentimiento y propósito de enmienda  lo que, además, debemos de hacer con toda la premura posible, de manera que no sigamos en esa situación de muerte del alma.
EL PECADO VENIAL:
Cuando falta una de las tres condiciones mencionadas antes, el pecado es venial. Estos pecados son también una ofensa a Dios, aunque no nos apartan completamente de Él, y tampoco quitan, ni disminuyen la gracia del alma, sin embargo enfrían nuestros deseos de agradar a Dios, además que pueden predisponer al pecado grave..  Nuestra actitud debe de ser la de evitar, rechazar la comisión de pecados veniales en especial cuando son de los que cometemos una y otra vez. Son como vicios no graves, pero que dañan, pues si bien no nos quitan la gracia si debilitan nuestra actitud de agradar a Dios, son una manera de claudicar ante las tentaciones del demonio, lo conveniente es abominarlos y que no se arraiguen en nosotros.
DE LOS PECADOS EN GENERAL:
El pecado es siempre personal, se habla del “pecado social”, entendiendo que está tan arraigado en una sociedad que se le considera social; esto no es verdad, el pecado es siempre personal, la sociedad no peca, es la persona humana, la que será juzgada, independientemente de que sea cometido por muchos. Otras distinciones son el exteriorizar un pecado propio,  si por ejemplo, cometo un pecado contra la pureza y además lo doy a conocer, lo exteriorizo, aumenta su gravedad, y si se enteran de ello menores, estaría añadiendo otro pecado, el de escándalo, (perversión de menores).
Otros aspectos del pecado son, como lo indica el “YO PECADOR”, los pecados de pensamiento, palabra, obra y omisión. En cuanto a los de pensamiento recordemos las palabras de nuestro Señor Jesucristo: ”Yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” (Mt.5,27). La visión completa de los seres humanos nos indica que son acciones humanas, si bien internas el pensar y el querer, y que de ellas somos responsables.. De estas no tendremos que dar cuenta a los hombres, pero a Dios que conoce nuestro interior mejor que nosotros mismos, si, Dios espera de nosotros una rectitud total, tanto interna como externa. En cuanto a los hombres la hipocresía puede ocultar aspectos que ante Dios son absolutamente aparentes. De los pecados de palabra no necesitamos mayores explicaciones. De los de obra, como se vio arriba se pueden exteriorizar incluso. El ejemplo del pecado de omisión que más se señala es el de omitir la Santa Misa dominical, y muchos otros como la omisión de la recepción de los Sacramentos, omitir la oración, la limosna, Etc.
No falta quien trata de reducir las responsabilidades propias del pecado, aduciendo que lo que no atenta contra los demás o contra la sociedad, carece de maldad, esto es falso de toda falsedad, ya que la transgresión a la ley moral no solo se da cuando esta se exterioriza, sino cuando se realiza en secreto personal, o cuando se omite una obligación cristiana.
Otro aspecto muy importante, que no se debe de dejar de lado es el que se refiere al mejoramiento personal, ya que como miembros de la comunidad, en tanto seamos mejores personas, mas ayudamos al aspecto social, por lo que la lucha ascética personal, el mejoramiento como persona, por íntimo que sea, tiene un efecto en las comunidades a las que se pertenecemos, la familiar, la profesional, la política, la social, etc. El buen cristiano lucha por ser mejor personalmente y por mejorar la sociedad en la que vive.
LA TENTACIÓN:
Es importante distinguir entre tentación y pecado la tentación no es pecaminosa, si no se consiente, es algo que Dios permite que nos suceda, y es ocasión de que mostremos al Señor que la rechazamos, por venir del demonio, al ser tentados es decir al tener la inclinación malsana de actuar, de realizar, algo malo, algo contrario a la conciencia,  proviene de nuestra naturaleza caída, lo que debemos de hacer es rechazarla, no consentirla, así mostramos nuestro respeto y amor a Dios, la tentación puede ser de obra, de pensamiento, de intención y su rechazo nos es obligatorio para no pecar. La tentación que se consiente se convierte en pecado, pero mientras luchamos en su contra, no solo no pecamos, sino que cumplimos con la Divina Voluntad. Es el no consentir y además el evitar las ocasiones de pecado lo que nos es conveniente. Son varias las ocasiones de pecar a ser evitadas: lecturas, videos, conversaciones, revistas películas, lugares, ante lo que tenemos que reaccionar con energía para evitarlos. De no llevarlo a cabo, de exponernos,  es ya ofensa a Dios, que al hombre está llamándole siempre a amar y a hacer el bien y  a evitar el mal…el hombre tiene una y inscrita por Dios en su corazón…La conciencia es el núcleo mas secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo mas íntimo de ella”. El juzgarse a si mismo sin la ayuda del conocimiento adecuado de la Divina Voluntad el no apreciar la ley de la Iglesia, equivale a ponerse a si mismo en el lugar de Dios. La conciencia culpablemente errónea no hace lícito el acto malo que se considera en ella. O peor aún negar que la Iglesia tenga autoridad sobre las conciencias.
Estaremos de acuerdo en que nunca es lícito el obrar en contra de nuestra conciencia, por lo que cuando exista duda, hay que salir de esta. Es parte del proceso de la formación, porque si la conciencia no es recta, tampoco la vida lo será. Esto nos remite a que es conveniente y necesario estudiar la Ley Moral, la natural, la cristiana, la que nos enseña la Santa Madre Iglesia. Ahora bien, una vez conocida nos es indispensable  ponerla en práctica, no basta con un conocimiento teórico, debemos conocer y seguir sus preceptos, y cada vez nos resultará mas apropiada y conveniente, si no se obra así, sucede lo contrario, la conciencia se va debilitando, se va haciendo laxa, hasta el momento en que no se es capaz de distinguir el bien y el mal. Se deforma a tal grado que no se percibe lo malo de los actos humanos impropios. La conveniencia de formar primero y seguir después   rectamente la conciencia es el premio que nos espera, y este es muy grande.
El pecado mas grave es el que se comete  por malicia, por elección deliberada del mal. Que no nos baste el conocer la teoría de la moral, es necesario que nos esforcemos en cumplirla, lo que nos aclara cada vez más lo recto, lo bueno y conveniente, a la luz de Jesucristo, por el contrario, de no llevarla a la práctica la vamos oscureciendo, le quitamos esa luz, esa voz consiente, y acabamos deformando nuestra conciencia. Una ayuda muy grande puede ser la de recibir dirección espiritual, todos la necesitamos, porque somos malos jueces de nosotros mismos.
Jorge Casas y Sánchez




lunes, 18 de marzo de 2019

NUEVE CLAVES PARA ENTENDER MEJOR A LA IGLESIA


LA IGLESIA, NUEVE CLAVES PARA ENTENDERLA MEJOR.
1.       ¿QUE ES LA IGLESIA?  En el lenguaje cristiano significa: asamblea litúrgica, comunidad local de creyentes, comunidad universal de los mismos, por vivir de la Palabra y Cuerpo de Jesucristo viene a ser Cuerpo de Cristo. Cuando en el Sinaí el pueblo escogido recibió las tablas de La Ley, fue constituido por Dios como Pueblo Santo, dándose a si misma el nombre de Iglesia, ( convocación  en el texto griego). También en nuestro lenguaje significa el templo católico.
SAN JOSEMARÍA NOS RECUERDA: Lo mas importante en la Iglesia no es ver como respondemos los hombres, sino ver lo que hace Dios. La Iglesia es eso: Cristo presente entre nosotros. Es Dios que viene a salvarnos, nos llama con su Revelación, nos proporciona su Gracia, nos ayuda en todos los detalles de nuestras vidas.

2.       PORQUE NACIÓ LA IGLESIA. Una vez creados, Dios nos llama a participar de la vida divina y lo hace a través de su Hijo Jesucristo. Nos convoca en la Santa Iglesia a los creyentes, la que se va formando a lo largo de la historia humana, y ha sido prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en el pueblo de Israel con la Antigua Alianza, y poco después de la Ascensión de Jesucristo  se manifiesta en Pentecostés la gloriosa llegada del Espíritu del Señor, y permanecerá inspirándola, cuidándola hasta  la plenitud del final de los tiempos.
SAN JOSEMARÍA NOS RECUERDA:  Lo que San Agustín nos legó: ..amemos a su Iglesia, a Él como Padre y a ella como Madre, y a san Cipriano quien declaró: ..-no puede tener a Dios como Padre, quien no tiene a la Iglesia como Madre..-  La Iglesia no es un precario proyecto del hombre, sino un designio de Dios, la Redención y salvación del mundo son obra de la amorosa y filial fidelidad de Jesucristo y de nosotros con Él, fue la voluntad de Dios que nos lo envió. La Iglesia es de Dios y pretende un solo fin: la salvación de las almas. Acerquémonos al Señor, orémosle, pidamos perdón por nuestra miserias personales, y reparemos por los de los demás hombres, los actos de desagravio son parte importante de nuestra devoción, que muchos no saben lo que están haciendo. Esto es parte de nuestro amor a la Iglesia.
3.       ¿QUIEN FUNDÓ LA IGLESIA?  Al corresponder a Jesucristo realizar el plan de Salvación de su Padre, comienza su misión, y así su Iglesia, al anunciar la llegada del Reino de Dios, el anuncio de la Buena Noticia, este reino prometido en las Escrituras desde hacía siglos, estaba presente ya en misterio, Jesucristo inaugura el Reino de Dios aquí en la tierra, lo manifiesta con palabras, obras y su propia presencia. Acoger su palabra es acoger su Reino, pero la Iglesia  ha nacido principalmente por el don total de Cristo por nuestra salvación, lo anticipa en la institución de la Eucaristía, lo realiza en la Santa Cruz, y como signo de este comienzo y su crecimiento brotan del costado de Jesús crucificado agua y sangre.

SAN JOSEMARIA NOS RECUERDA:  
Que Jesucristo ha dado a su Iglesia la seguridad de su doctrina, la corriente de Gracia de sus sacramentos, y ha dispuesto de personas para que  orienten y recuerden  el camino.

4.-COMO CONTINÚA LA MISIÓN DE JESUCRISTO A LO LARGO DE LA HISTORIA. Desde que inicia sus fundamentos le da Cristo a la Iglesia una estructura que permanecerá hasta el fin de los tiempos. La empezó con su primer Magisterio, los doce apóstoles con Pedro a la cabeza. Son representantes de las doce tribus de Israel y cimientos de la nueva Jerusalén.
Estos apóstoles nos muestran la misión de perpetuarse que Jesucristo les encomendó, y se preocuparon de dejar sucesores bien formados y que mantuvieran la estructura a través de la que se busca la salvación de los hombres, que se va edificando y sosteniendo con Cristo y el Espíritu Santo.

SAN JOSEMARÍA NOS RECUERDA.- que hay muchos cristianos aturdidos y desorientados que piensan que la Iglesia ha sido superada y que lo que el Magisterio nos ha enseñado por siglos debe ser sustituido por algo:  ¡nuevo!.  La Iglesia de Jesucristo  fundamentada en la Fe y en los Sacramentos, es hoy la misma y no puede ser otra. Las cuatro notas de la Iglesia: UNA, SANTA , CATÓLICA Y APOSTÓLICA, son permanentes, inviolables, únicas, esenciales, y derivan de lo que su fundador quiso, y todos los cristianos debemos de amar.

5.- QUIENES FORMAN PARTE DE LA IGLESIA.- San Pablo considera a los miembros de la Iglesia como conciudadanos  de los santos  y de la familia de Dios, edificados sobre los mensajes de los apóstoles y de los profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo. Los fieles incorporados por el bautismo son integrados en el pueblo de Dios, cada uno acorde a su propia condición y llamados a desempeñar la misión que Dios encomienda cumplir en el mundo. Como bautizados somos regenerados en Cristo y se nos otorga una igualdad en cuanto a dignidad y acción en virtud de la cual todos según su condición debemos cooperar a la edificación del Cuerpo de Cristo. (Lumen Gentium, 32)

SAN JOSEMARÍA NOS RECUERDA.- La llamada de Dios, el carácter bautismal, y la gracia de Dios hacen que cada cristiano pueda y deba encarnar la fe. Nos es necesario volver a dar toda la importancia al hecho de haber recibido el Santo Bautismo, es decir el haber sido injertados en el Cuerpo Místico de Jesucristo que es la Iglesia. Lo anterior nos debe de marcar profunda y dichosamente la conciencia. Consideremos el cariño a la Virgen Santa María que se expresa de mil formas, y nos hace sentir más dentro de la Iglesia.

6.- ¿HACE FALTA PERTENECER A LA IGLESIA PARA SALVARSE?.- Cristo es el Misterio de la Salvación es el que por medio de los Sacramentos, en especial la Eucaristía que es la presencia real, sustancial y verdadera de Nuestro Señor Jesucristo nos llena de la Gracia Santificante. Los siete Sacramentos son signos e instrumentos mediante los cuales el Espíritu Santo distribuye la Gracia de Jesucristo que es cabeza  de la Iglesia que es su  Cuerpo. Nuestra Iglesia es por tanto la perfecta unión de los hombres con Dios, esa unión es su principal fin. Une a toda raza, pueblo, lengua, nación y manifiesta el amor de Dios al hombre, es su signo visible. Instrumento de la Redención Universal, proyecto visible de Dios para salvación de la humanidad.

NOTA: A PARTIR DE AQUÍ, TODOS LOS ENCOMILLADOS ESTÁN TOMADOS DE LOS TEÓLOGOS PRINCIPALES QUE TRATAN ESTE DELICADO ASUNTO, EN ESPECIAL DE KHEL, Y SON ADICIONALES AL TEMA ORIGINAL. SE HIZO AL NO ENCONTRAR LA RESPUESTA COMPLETA.

“El tema que abordamos no es fácil y tampoco podemos decir que hoy se ha llegado a una solución definitiva en todos sus puntos más complejos. Nuestro intento se ha de limitar a entregar algunas afirmaciones que nos parecen centrales para afrontar, de una manera adecuada, este argumento, y además, indicar algunas cuestiones abiertas con sus posibles caminos de solución.
Los problemas fundamentales que se nos plantean se pueden resumir en tres: 1. La relación entre lo concreto del Salvador (y de su Iglesia) y la universalidad de su salvación; 2. La afirmación de Cristo como el único mediador y el sentido de su presencia y actuación en y a través de la Iglesia; 3. La posibilidad y la forma de otras mediaciones de la salvación, en particular, el papel mediador de las otras religiones. Nuestro trabajo se centrará fundamentalmente en el segundo aspecto, que es el que atañe directamente al papel mediador de la Iglesia. Sin embargo, algo tendremos que mencionar de los otros dos problemas, en cuanto dicen relación con nuestro asunto: la mediación de la Iglesia en la salvación1.
Parece oportuno comenzar el desarrollo estudiando la afirmación del Concilio Vaticano II acerca de la necesidad de la Iglesia peregrina para la salvación (LG 14), para comprender su real significado y su adecuación con la famosa sentencia dogmática extra ecclesiam nulla salus 2. Luego podremos adentrarnos en algunos de los presupuestos teológicos y antropológicos que fundamentan y explican la relación de Cristo con la Iglesia. Finalmente, habrá que reflexionar sobre el significado de la Iglesia como sacramento universal de salvación (LG 48,2). De ese modo esperamos haber podido profundizar en lo fundamental del tema de la mediación eclesial en la salvación”.

“En todo caso es totalmente lícito que cada religión parta su propia reflexión acerca de la revelación y salvación que propone, con la convicción de la verdad y absolutez de su propia opción. Luego en la vida tendrá que probar que su pretensión es correcta, al mostrarse realmente válida y "salvadora" para cada hombre y mujer con que se encuentre”.
“6) JUSTINO, Diálogo con Trifón, 45: "         [ Links ]Dime, pues, me dijo (Trifón): Los que hayan vivido conforme a la ley de Moisés, ¿vivirán en la resurrección de los muertos como Jacob, Enoc y Noé, o no? Y yo -le contesté-- Así, pues, los que cumplieron lo que universal, natural y eternamente es bueno, fueron agradables a Dios, y se salvarán por medio de Cristo en la resurrección, del mismo modo que los justos que les precedieron, Noé, Enoc y Jacob y cuantos otros hubo, juntamente con los que reconocen a este Cristo por Hijo de Dios"
 "Por lo tanto, la sola Iglesia católica es la que mantiene el verdadero culto. Allí está la fuente de la verdad, la casa de la fe, el templo de Dios, en el que si alguno no entra, o del cual si alguno sale, queda ajeno a la esperanza de la vida y de la salvación- En efecto, se trata de la vida y de la salvación, de lo cual si no se vigila con cautela y diligencia, estará perdido y muerto"
Afirma el texto completo: "Todos en conjunto somos los miembros y el cuerpo de Cristo; no solo los que estamos en este recinto, sino también los que se hallan en la tierra entera; ni solo los que viven ahora, sino también, ¿qué he de decir? Desde el justo Abel hasta el fin del mundo, mientras haya hombres que engendren y sean engendrados, cualquier justo que pase por esta vida, todo el que vive ahora, es decir, no en este lugar, sino en esta vida, todo el que venga después; todos ellos forman el único cuerpo de Cristo y cada uno en particular son miembros de Cristo"
“Cristo salvador no solo dispuso en un precepto que todas las gentes entraran en la Iglesia, sino que igualmente estableció que la Iglesia fuera el medio de salvación sin el cual nadie puede entrar en el reino de la gloria celeste. En su infinita misericordia Dios quiso que, de aquellos medios para la salvación que solo por divina institución, y no por intrínseca necesidad, están ordenados al fin último, en ciertas circunstancias, los efectos necesarios para la salvación, puedan ser obtenidos, incluso cuando sean aplicados solo con el voto o el deseo. Lo vemos enunciado con claras palabras en el sacrosanto Concilio de Trento, sea respecto al sacramento de la regeneración, sea respecto al sacramento de la penitencia. A su manera, lo mismo debe decirse referente a la Iglesia, puesto que esta es medio general de salvación. Ya que no se pide siempre, para que uno obtenga la salvación, que esté realmente incorporado como miembro en la Iglesia, sino que por lo menos se requiere que se adhiera a ella con el voto o el deseo. Este voto, además, no es necesario que sea siempre explícito, como sucede para los catecúmenos, sino que cuando el hombre sufre ignorancia invencible, Dios acepta igualmente un voto implícito, llamado con este nombre, porque está contenido en aquella buena disposición del alma, con la cual el hombre quiere que su voluntad esté conforme con la voluntad de Dios"
 Con la expresión "institucionalización del Espíritu" no se quiere decir "manejo arbitrario del Espíritu" por parte de la Iglesia y de los hombres sino que por el contrario, se trata -siguiendo a Von Balthasar- de aquella capacidad de la Iglesia de donar el Espíritu, porque lo posee como don de "lo alto". La institución es una forma de mostrarse del Espíritu y amor de Dios que se dona al mundo a través del Espíritu de Cristo. En efecto, el Espíritu es enviado del Padre, a través del Hijo, al mundo que está representado por la Iglesia. El Hijo, por medio de su obra redentora, introduce a los hombres -la Iglesia y a través suyo al mundo- en sí mismo. Pero además el Resucitado, como Cabeza de la Iglesia, dona el Espíritu a su Cuerpo -la Iglesia- el cual queda constituido también y en forma derivada, como fuente del Espíritu (Cf. Jn 7, 38; 19,34; 4,14). El Espíritu entonces en la Iglesia será la subjetividad (amor interpersonal divino) objetivada como institución para servicio del mundo. Cf. H. U. VON BALTHASAR, Pneuma und Institution, Skizzen zur Theologie IV (Einsiedeln 1974), 229-235.
Esta universalidad de la salvación es lo que se quiere expresar cuando se habla del reino de Dios inaugurado por Cristo. Entendemos por reino o reinado de Dios, ese acontecimiento realizado definitivamente en Cristo y prometido aún por él en virtud del cual la voluntad de justicia y paz de Dios -partiendo de Israel o del renovado pueblo de Dios, la Iglesia- crea en nuestra historia un espacio en sentido salvador y liberador. El reino de Dios se encuentra entonces en la persona de Jesús. Y desde su persona se fundamenta toda "actualización del reino de Dios en la vida y el quehacer de todos aquellos que le siguen con la fuerza del Espíritu. Estos son todos los hombres y mujeres "que enfocan su situación personal, sus opciones morales y su mundo social desde la voluntad de justicia y paz de Dios, es decir, todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en cuyo corazón actúa la gracia de modo invisible... y a los que el Espíritu Santo ofrece la posibilidad de que, de un modo conocido solo por Dios, se asocien a este misterio pascual", que es la realización del reino de Dios. Entonces esta actualización intrahistórica del reino de Dios se puede producir tanto en una modalidad cristiana explícita, como también en una modalidad implícita. Todos han sido salvados por Cristo, a pesar que muchos todavía no lo sepan. Es la salvación objetiva de la humanidad a la cual todos pueden acceder por caminos conocidos solo por Dios”. (Tomado del teólogo KEHL, de su obra Escatología).
Pero cabe la pregunta, ¿si fuera de la Iglesia hay salvación, que caso tiene esta y su doctrina? A lo que debemos de responder: porque al estar dentro de la única Iglesia de Jesucristo y cumplir con la voluntad de Dios que nos ha sido revelada y se conserva, enseña y practica, precisamente dentro de la santidad de la misma, la seguridad de la salvación es mucho mayor que en cualquier otro caso, dada la formación que recibimos. y además con el Sacramento del Bautismo que nos regenera, y la recepción de los otros Sacramentos, estamos en Cristo, Él actúa personalmente en nosotros.
“ En ese contexto es entonces en donde se entiende auténticamente la realidad y la necesidad de la Iglesia y de su misión en todo el mundo: ella está constituida como presencia permanente de Cristo, para mediar en la entrega de todos los hombres a Dios a través de Cristo. Justamente, la Iglesia es el acontecimiento de la actualización de Jesucristo y de su salvación definitiva para los hombres". Esto significa que la salvación ofrecida por Dios en Jesucristo y en el Espíritu Santo se nos da como tal en el signo finito y pecador de la Iglesia. Todo lo que Dios realizó en Jesucristo para nosotros, se hace presente y actual hoy por la fuerza del Espíritu Santo en los actos centrales de la vida de la Iglesia
SAN JOSEMARÍA NOS RECUERDA.- el que salva es Jesucristo, en la Iglesia hay diversidad de ministerios pero uno solo es el fin: la santificación de los hombres. Y Él espera que todos los miembros de su Iglesia se empeñen en conseguir la santidad y asociarse a la misión de Jesucristo (y de su Iglesia), para esta tarea Él nos dejó instituidos los Sacramentos.

7.-¿CUÁL ES LA IDENTIDAD DE LOS CRISTANOS DEL PUEBLO DE DIOS?.  El pueblo de Dios tiene unas características que lo distinguen de los demás: el pueblo de Dios no pertenece en propiedad a ningún pueblo, pero Él ha adquirido para sí, un pueblo, que no era pueblo, una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, y se llega a pertenecer a esta nación, no por el lugar de nacimiento, raza, etnia, religión, cultura política o histórica. Se llega a ser miembro de este pueblo  por el “nacimiento de arriba”, del agua y del Espíritu, es decir por el Bautismo y la Fe en Cristo.
Este pueblo tiene por Cabeza a Jesucristo, ungido Mesías por el Espíritu Santo. Es el pueblo mesiánico, constituido por los hijos de Dios en los que inhabita el Espíritu Santo, como en un templo. Su misión es ser la sal de la tierra, la luz del mundo, y su ley NUEVA es el Mandamiento Nuevo, AMAR COMO EL MISMO CRISTO MISMO NOS AMÓ.

SAN JOSAMARÍA NOS RECUERDA.  Al traernos a la Iglesia, por medio del Bautismo, se nos ha puesto un sello indeleble en el alma, que nos marca , que nos identifica como: hijos de Dios.
Dios está dentro del alma de todos los hombres en gracia de Dios, ¿y para que? Para que adquiramos mucha luz, para que sepamos repartir los dones de Dios, cada uno desde su lugar, humildemente, con piedad, bien unidos a la nuestra madre la Iglesia. Nos recuerda la vid y los sarmientos, cuya fecundidad produce los racimos generosos, y ¡que esterilidad la del sarmiento separado de la vid! - Que se seca y pierde la vida –.  te hablo muy seriamente: que por ti no se lesione esta unidad santa. ¡llévalo a tu oración!.

8.- ¿ CUAL ES LA MISIÓN DE LA IGLESIA ? la Iglesia es, por su misma naturaleza, misionera, Cristo la envió a todas las naciones, para hacer en ella discípulos suyos. El Espíritu Santo la construye y dirige con diversos dones jerárquicos y carismáticos. Enriquecida con los dones de su fundador guarda sus mandamientos.
La Iglesia solo llegará a su perfección en la gloria del cielo, cuando Cristo vuelva glorioso. Hasta ese día avanza en su peregrinación y  solventa sus persecuciones, con los consuelos de Dios.
SAN JOSEMARÍA NOS RECUERDA.- la extensión de la Iglesia, con el Papa en la cumbre, esparce la semilla del Evangelio por todo el mundo, como un solo rebaño, con un solo pastor. El cristiano no debe de detenerse, ha de pensar en la salvación de todas las almas. Universalidad de la caridad, significa por ello universalidad del apostolado. Dios quiere que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad, y se salven.

9.¿QUE CARACTERÍSTICAS TIENE LA IGLESIA?  La Iglesia es una, tiene un solo Señor, confiesa una sola fe, nace de un solo Bautismo solo forma un Cuerpo, es vivificada por un solo Espíritu.  Es Santa, Dios es su autor, Cristo es su esposo, se entregó a ella para santificarla, aunque su miembros seamos pecadores, Ella es Santa, en ella brilla la santidad de María, así como de sus santos,  es católica, universal, abierta a todos los hombres, anuncia la totalidad de la fe, administra la totalidad de los medios de salvación,  es por naturaleza misionera. Se fundamenta en los apóstoles, es apostólica, es indestructible, se mantiene infaliblemente en la verdad, auxiliada, cuidada, inspirada por el Espíritu de Dios. Cristo la maneja por medio de Pedro y los demás apóstoles, presentes en sus sucesores: el Papa y el Magisterio.
SAN JOSEMARÍA NOS RECUERDA.- Es hora de preguntarnos, ¿comparto con Jesucristo su afán de almas?  ¿pido por esta Iglesia de la que formo parte?  Y en la que debo de realizar una misión específica. Estar en la Iglesia ya es mucho, pero no basta, debemos “ser” Iglesia, debemos vivir muy unidos a Cristo, que es nuestra vid. Así defenderemos la unidad de la Iglesia, veamos algunas acciones a llevar a cabo: Aumentando nuestra fidelidad al Magisterio, amando al Romano Pontífice,  venerándola y sintiéndonos parte de ella, hermanarnos en la fe,  que nos descubre la fraternidad que nos une a la humanidad entera.
Compiló Jorge Casas y Sánchez.

viernes, 1 de marzo de 2019

LA LEY MORAL Y LA LIBERTAD.


LA LEY MORAL Y LA LIBERTAD.
LA LEY ETERNA, principiemos por definir las leyes relacionadas a nuestro tema de hoy, la Ley Eterna es el plan de la divina sabiduría, para conducir toda la creación a su fin, en concreto, a la criatura racional es la única de todas en este planeta que es capaz de intuirle y que está invitada a  conocerle, amarle y gozarle eternamente, después de haberle servido en esta vida. Para ello Dios proporciona a cada una de sus criaturas racionales diferentes capacidades (carismas) para servirle para cooperar en el gobierno cósmico, y le proporciona una conciencia, que nos permite auto-dirigirnos, y cuya característica es el compartir el sentido del bien y del mal. El saber si estamos obrando bien o no en lo que se refiere a los mandatos de nuestra propia conciencia. Por tanto esta Ley Eterna es fundamento de cualquier legislación positiva humana, es causa primera, no debe de ser causa segunda, pues nos llevaría al caos. ( si no hubiera Dios, todo estaría permitido).
LA LEY NATURAL, es la participación en la Ley Eterna de la criatura racional; las criaturas irracionales  participan de la Ley Eterna en forma fatal, de manera ciega y necesaria a sus actos, el caso del hombre es distinto dada su inteligencia y libertad, (libre albedrío), la persona humana está capacitada con su inteligencia a reconocer este orden de la ley divina, y se inclina por su voluntad a seguir ese orden. Aunque no siempre seguimos esta directiva.
El grado de conocimiento de esa Ley Natural depende de las disposiciones de la persona,  ya que, por estar lastimados por el pecado original, estamos debilitados para controlar nuestras pasiones personales, y podemos errar en el conocimiento de esta Ley Natural, y por tanto incumplirla culposamente. Los católicos nos sometemos al Magisterio de la Iglesia para la debida interpretación de esta ley, la cual no solo es para los cristianos, sino que abarca a toda la familia humana.
Hoy es responsabilidad del catolicismo la defensa y enseñanza de esta Ley Natural, la defendemos por nuestra fe, y nos guiamos por la autoridad del Magisterio, que nos la da a conocer sin error alguno, (ya que el Espíritu Santo le auxilia),  nos es necesaria la gracia para poder cumplir esta ley debidamente, de allí la necesidad de la oración pidiéndola.
LEY MORAL NATURAL, viene a expresar su amor a Dios, nos enseña lo que debemos hacer para alcanzar nuestro fin final.
LEY MORAL Y LIBERTAD, no existe la libertad absoluta. Nuestra libertad se perfecciona en tanto la ordenamos a Dios, por lo que el cumplimiento de la Ley Moral, no restringe nuestra libertad sino que le facilita su recto ejercicio. No se puede concebir la libertad como: el hacer lo que a cada uno le de su regalada gana. No, eso  es libertinaje, mas no ejercicio recto de la libertad. La libertad es compromiso, si, tomado libremente, si yo me comprometo a respetar las reglas del tráfico, ello no me quita libertad, porque yo libremente lo he aceptado, es una decisión que si bien me obliga, soy yo el que por convencimiento, de que es algo bueno, lo he aceptado.
La verdad y las virtudes, son liberadoras, aumentan nuestra libertad cuando las practicamos, la verdad nos indica la realidad, y las virtudes el bien, esto nos lleva a saber que es lo bueno que debemos practicar y las virtudes el quererlo y procurarlo. Así procuramos realizar el bien conocido, por el contrario, el mal aún siendo acto libre, y que en ocasiones nuestra debilidad nos lleva a cometerlo, no libera sino esclaviza, ¿que mejor ejemplo está en el pecado, que nos encadena?.
LA LEY MORAL NATURAL, viene ser la aplicación de la ley natural al hombre que al ser libre puede expresar su amor a Dios, nos enseña lo que debemos hacer para alcanzar nuestro fin final. El papel, apostólico. Santificador de nuestra Iglesia, nuestra maestra en Doctrina Cristiana, nos lleva, nos ayuda a cumplir con los preceptos de la voluntad de Dios, es la aplicación de la Ley Eterna al hombre que siendo criatura libre, la acepta para su salvación o la rechaza para su condenación.
LA LEY MORAL ES INMUTABLE, UNIVERSAL Y VERDADERA, objetivamente todas las personas humanas sin excepción estamos sujetos  a respetar las obligaciones fundamentales de la humanidad, las que se sustentan en la esencia y naturaleza del hombre, esté donde esté. Son esos principios universales inscritos e indelebles de nuestra naturaleza humana, y que constituyen el cimiento de nuestros derechos y obligaciones universales, que por su propia naturaleza son inviolables, en tanto derechos. Es por estas características que su validez es para todos los tiempos, pasados y futuros, por estar indeleblemente inscritos en la conciencia humana. Es así como se ha desarrollado la humanidad.
LEY MORAL NATURAL Y LEY DIVINO POSITIVA                                    La Ley Divino-Positiva  es revelada, es mudable porque Dios la adapta a los tiempos, tradicionalmente se divide en tres épocas:
1)    La primitiva, va desde nuestros primeros padres, hasta los tiempos del pueblo escogido, cuando su estancia en Egipto.
2)    Va desde Moisés hasta que termina el Antiguo Testamento.
3)    Es la que corresponde al cristianismo, está contenida en el Nuevo Testamento.
Dios la ha impuesto libremente y nos la ha manifestado en la Revelación, en las dos primeras se dan los sacrificios, y en la tercera los Sacramentos. Esta Ley Divino-Positiva obligó solo a aquellos hombres a quien Dios la reveló.
Por lo tanto tenemos que las diferencias entre la Ley Divino-Positiva y la Ley Moral Natural son:
La natural es inmutable, pues está fundamentada en la naturaleza que Dios nos da en tanto así somos creados.
La Divino-Positiva es mudable, pues Dios la ha adaptado a los tiempos.
La natural es conocida por la razón, la positiva por revelación.
La natural obliga a todos los hombres, la positiva solo a aquellos a quienes Dios la revela.
Nuestra salvación consiste en sabiduría, debemos conocer nuestra doctrina, y vivirla, santificarnos.
Los Diez Mandamientos son parte de la ley positiva y contienen los preceptos de la ley natural, por lo que su expresión es perteneciente a la Ley Moral Natural, y que además la Iglesia sanciona con su autoridad, algunos casos son explícitos y otros implícitos hay por tanto obligación de su cumplimiento por todos los hombres, no solo los cristianos. Estos son:
.-obligación de buscar la verdadera fe.
.-respetar los derechos de la Iglesia.
.-Indisolubilidad del matrimonio.
.-prohibición de quitar la vida a alguien, por tanto prohibición de Eutanasia y aborto.
.-derecho y obligación de los padres de educar a sus hijos.
.-defraudar el salario a los trabajadores.  
.-y varios puntos mas, no matar, no mentir, no desear los bienes ajenos, etc.
LOS MANDAMIENTOS DE LA IGLESIA. La Iglesia recibió poder para mandarnos, proviene del propio Jesucristo, su divino fundador, quien la constituyó para guiarnos por amor, para conducirnos a la salvación eterna. Sus mandamientos obligan en conciencia y bajo pecado mortal si la materia es grave. Al imponerlos la Iglesia  busca el asegurar mejor las máximas evangélicas y el cumplimiento de los Diez Mandamientos. Se trata por lo tanto de las mas importantes obligaciones de todo buen cristiano. (1.-oir Misa entera los Domingos y fiestas de guardar. 2.-confesar los pecados mortales al menos una vez al año, en peligro de muerte, y si se ha de comulgar. 3.-comulgar al menos por Pascua de Resurrección. 4.-   ayunar y abstenerse de comer carne, cuando lo manda la Santa Madre Iglesia. 5.- ayudar a la Iglesia en sus necesidades).

LAS LEYES CIVILES. Dios ha querido que los hombres vivan en sociedad, por naturaleza el hombre es gregario, y esta clase de vida necesuta ser regulada, buscando el bien común, con el objeto de que unos se ayuden a los otros a cumplir sus finalidades personales y a desarrollarse en tanto seres humanos. Estas leyes son siempre positivas, y no nos guían intrínsecamente a la salvación, pero si externamente nos ayudan a ello, nos recuerdan los mandatos divinos y acordes a las circunstancias en su cumplimiento, encontraremos ventajas o castigos. Las leyes humanas son justas y legítimas solo en la medida en que derivan de la Ley Eterna, y en la medida que son justas obligan en conciencia. Toda potestad legítima proviene de alguna manera, por tanto, de Dios, consecuentemente resistir a la ley justa y legítima es resistir a Dios. Las leyes civiles que van en contra de los derechos de Dios y de la Iglesia, no obligan, al igual que las leyes injustas o ilegítimas.
MORALIDAD DE LOS ACTOS HUMANOS, lo moral  es el acto humano que en su relación con el bien obrar, opera. Así lo que coincide con el bien obrar es “bueno” y lo que no es “malo”. La norma del bien tiene dos aspectos, uno exterior a nosotros, que consiste en la ley o su reglamentación, y la otra interior que es nuestra conciencia. La razón de esto es dado que nuestra conciencia podría no estar de acuerdo con una Ley Divina, por propio error, consciente o inconsciente, es por ello que se mencionan los dos aspectos: ley y conciencia. Así la BONDAD es el acuerdo con la ley y la conciencia. Y la MALICIA MORAL es la falta de acuerdo, con la ley, malicia material, o con la conciencia malicia formal.
ELEMENTOS DEL ACTO MORAL, aquí lo que debemos de examinar son tres características de los actos morales:
 EL OBJETO, es lo que caracteriza al acto en si, Ej. dar limosna que es ayuda al prójimo necesitado. O robar algo que es quitar lo ajeno.
LAS CIRCUNSTANCIAS, son aspectos exteriores que califican al acto y son siete, a saber: persona, cosa, modo, fin, medios, tiempo, y lugar.
LA FINALIDAD, que viene a ser la motivación del actuante.          
Para que una acción sea buena debe serlo en estos tres aspectos: objeto, circunstancias y finalidad, si un solo aspecto de estos es malo, la acción toda es mala. Para que sea buena debe cumplir con la bondad en los tres.
Hay acciones que tienen un doble efecto, uno bueno y otro malo, para que sean lícitas estas acciones, se debe procurar:                                          
a.- que la acción sea buena o al menos indiferente. Ej. Platicar.
b.-que el efecto buscado sea el bueno.  Ej. Hacer apostolado
c.-que el efecto que se derive de la acción sea el bueno. Ej. Curar al enfermo.
d.-que haya motivo proporcionado para permitir el malo. Ej. Amputar pierna gangrenada.

PERFECCIONAMIENTO, IMPUTABILIDAD, Y LIBERTAD, HUMANAS. La libertad es un don que Dios da al hombre al crearlo a su imagen y semejanza, junto con la capacidad de razonar y de tener voluntad. El hombre se perfecciona en uso de la libertad en cuanto la usa para su ordenación a Dios, por lo que ello no la restringe, por el contrario, facilita su ejercicio, por ello la verdad y las virtudes facilitan el querer el bien, y los vicios dificultan el adherirse al bien. Cuanto mayor es la formación doctrinal o profesional que la persona adquiere mas se justifica su conocimiento en materia moral, al conocer mejor las implicaciones propias de su vida, sea la piadosa o la profesional, la familiar o la social. Siempre considerando como deber primordial el orientar nuestras acciones hacia la persona de Dios. De aquí se desprende la obligación de la formación personal en cuestión moral acorde a los principios de la doctrina católica.
Debemos de procurar, ya que es derecho y deber el conocer la ley moral, y tener los medios adecuados para evitar su ignorancia en esta materia tan importante.
Jorge Casas y Sánchez.