jueves, 9 de abril de 2015

LA VIDA SIN DIOS Y EL ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE




LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTO ESPIRITUAL.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, la enorme oportunidad que nos ha brindado en la encarnación de su Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, a quien conocemos desde que es concebido en la Santísima Virgen, y en su infancia primera nos es presentado recién nacido, como no tener la mayor gratitud a esta muestra de amor paternal que nos da a su Hijo para que viva entre nosotros, nos deje sus maravillosas enseñanzas y su ejemplo, funde su Iglesia y sus Sacramentos así como la Jerarquía Petrina, pues si Dios ha hecho todo esto además de creado todo por amor, como es la realidad, pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos, por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos del alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo,  “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no, no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, lo que debe ser constante, diaria, continua parte de nuestra contemplación a la que debemos de enfocar nuestras capacidades intelectuales, así como el navegante depende de sus instrumentos de navegación , en especial del compás,  nosotros debemos de dar sentido a nuestra vida con la contemplación en medio de nuestras labores diarias, y el hecho incontrovertible de nuestra relación Creador-criatura y el de que somos ese “compuesto” de cuerpo mortal material y alma espiritual inmortal, son centrales en nuestra contemplación en medio de nuestros quehaceres diarios, de nuestra vida social, familiar, profesional. Esta enseñanza de San Josemaría, es de un valor básico y que está refrendado por el Concilio Vaticano II en su documento de la “Llamada Universal a la Santidad”. No es que seamos un  equivalente a materia y espíritu, es lo que somos intrínsecamente, nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, este para los gusanos y aquella para la Vida Eterna.  Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, se unirán nuevamente nuestro cuerpo y alma para la eternidad, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la persecución de las cosas materiales, lo que está en su naturaleza, porque nos son indispensables porque ayudan a nuestras vidas, una muestra de esto lo son las catedrales, basílicas, monumentos que la humanidad va construyendo para dar recinto a sus necesidades del espíritu, lo importante de esta persecución de lo material está en su debido ordenamiento, en las finalidades que pretende. Conforme estas se van obteniendo cambian los objetivos, al declinar nuestra existencia es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales. Podemos concluir que el hombre debe buscar en lo material aquello que ayuda a su vida espiritual, es un sobrenaturalizar lo material en aras de la ayuda a nuestra vida espiritual.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana). De este párrafo podemos concluir que el sobrealimentarse puede ser malo para el espíritu, como es malo para éste el estar infralimentado por ser ello causa de que las funciones del alma no se puedan llevar a cabo adecuadamente, recordemos que el cerebro humano que es material no deja por ello de ser instrumento de nuestra actividad espiritual, esta necesita de las herramientas que el cerebro le proporciona, y como lo material en el hombre debe de estar adecuadamente alimentado esta condición ayuda a su vida espiritual. Veamos en esto otra de las razones humanitarias auténticas que nos lleven a colaborar dentro de nuestra capacidad personal, al alcance de la meta alimentaria necesarísima a tantos millones de nuestros congéneres.
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Este es, debe ser una de las verdaderas grandes preocupaciones de la humanidad a la que todos estamos obligados a tratar de solucionar, Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues es  del dominio público  que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contracorriente que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, formado debidamente e informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo y a su Santa Madre, Madre Nuestra, que por Él nos fue dada, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro más íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.” Evitemos lo que nos lleva a una vida vacía que solo busque el “tener” y que nuestra pretensión sea para nosotros y para los demás una vida plena, que no carezca de los alimentos del espíritu y del cuerpo.

Jorge Casas y Sánchez. 


LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, la enorme oportunidad que nos ha brindado en la encarnación de su Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, a quien conocemos desde que es concebido en la Santísima Virgen, y en su infancia primera nos es presentado recién nacido, como no tener la mayor gratitud a esta muestra de amor paternal que nos da a su Hijo para que viva entre nosotros, nos deje sus maravillosas enseñanzas y su ejemplo, funde su Iglesia y sus Sacramentos así como la Jerarquía Petrina, pues si Dios ha hecho todo esto además de creado todo por amor, como es la realidad, pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos, por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos del alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo,  “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no, no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, lo que debe ser constante, diaria, continua parte de nuestra contemplación a la que debemos de enfocar nuestras capacidades intelectuales, así como el navegante depende de sus instrumentos de navegación , en especial del compás,  nosotros debemos de dar sentido a nuestra vida con la contemplación en medio de nuestras labores diarias, y el hecho incontrovertible de nuestra relación Creador-criatura y el de que somos ese “compuesto” de cuerpo mortal material y alma espiritual inmortal, son centrales en nuestra contemplación en medio de nuestros quehaceres diarios, de nuestra vida social, familiar, profesional. Esta enseñanza de San Josemaría, es de un valor básico y que está refrendado por el Concilio Vaticano II en su documento de la “Llamada Universal a la Santidad”. No es que seamos un  equivalente a materia y espíritu, es lo que somos intrínsecamente, nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, este para los gusanos y aquella para la Vida Eterna.  Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, se unirán nuevamente nuestro cuerpo y alma para la eternidad, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la persecución de las cosas materiales, lo que está en su naturaleza, porque nos son indispensables porque ayudan a nuestras vidas, una muestra de esto lo son las catedrales, basílicas, monumentos que la humanidad va construyendo para dar recinto a sus necesidades del espíritu, lo importante de esta persecución de lo material está en su debido ordenamiento, en las finalidades que pretende. Conforme estas se van obteniendo cambian los objetivos, al declinar nuestra existencia es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales. Podemos concluir que el hombre debe buscar en lo material aquello que ayuda a su vida espiritual, es un sobrenaturalizar lo material en aras de la ayuda a nuestra vida espiritual.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana). De este párrafo podemos concluir que el sobrealimentarse puede ser malo para el espíritu, como es malo para éste el estar infralimentado por ser ello causa de que las funciones del alma no se puedan llevar a cabo adecuadamente, recordemos que el cerebro humano que es material no deja por ello de ser instrumento de nuestra actividad espiritual, esta necesita de las herramientas que el cerebro le proporciona, y como lo material en el hombre debe de estar adecuadamente alimentado esta condición ayuda a su vida espiritual. Veamos en esto otra de las razones humanitarias auténticas que nos lleven a colaborar dentro de nuestra capacidad personal, al alcance de la meta alimentaria necesarísima a tantos millones de nuestros congéneres.
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Este es, debe ser una de las verdaderas grandes preocupaciones de la humanidad a la que todos estamos obligados a tratar de solucionar, Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues es  del dominio público  que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contracorriente que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, formado debidamente e informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo y a su Santa Madre, Madre Nuestra, que por Él nos fue dada, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro más íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.” Evitemos lo que nos lleva a una vida vacía que solo busque el “tener” y que nuestra pretensión sea para nosotros y para los demás una vida plena, que no carezca de los alimentos del espíritu y del cuerpo.
Jorge Casas y Sánchez. 


LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, la enorme oportunidad que nos ha brindado en la encarnación de su Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, a quien conocemos desde que es concebido en la Santísima Virgen, y en su infancia primera nos es presentado recién nacido, como no tener la mayor gratitud a esta muestra de amor paternal que nos da a su Hijo para que viva entre nosotros, nos deje sus maravillosas enseñanzas y su ejemplo, funde su Iglesia y sus Sacramentos así como la Jerarquía Petrina, pues si Dios ha hecho todo esto además de creado todo por amor, como es la realidad, pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos, por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos del alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo,  “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no, no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, lo que debe ser constante, diaria, continua parte de nuestra contemplación a la que debemos de enfocar nuestras capacidades intelectuales, así como el navegante depende de sus instrumentos de navegación , en especial del compás,  nosotros debemos de dar sentido a nuestra vida con la contemplación en medio de nuestras labores diarias, y el hecho incontrovertible de nuestra relación Creador-criatura y el de que somos ese “compuesto” de cuerpo mortal material y alma espiritual inmortal, son centrales en nuestra contemplación en medio de nuestros quehaceres diarios, de nuestra vida social, familiar, profesional. Esta enseñanza de San Josemaría, es de un valor básico y que está refrendado por el Concilio Vaticano II en su documento de la “Llamada Universal a la Santidad”. No es que seamos un  equivalente a materia y espíritu, es lo que somos intrínsecamente, nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, este para los gusanos y aquella para la Vida Eterna.  Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, se unirán nuevamente nuestro cuerpo y alma para la eternidad, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la persecución de las cosas materiales, lo que está en su naturaleza, porque nos son indispensables porque ayudan a nuestras vidas, una muestra de esto lo son las catedrales, basílicas, monumentos que la humanidad va construyendo para dar recinto a sus necesidades del espíritu, lo importante de esta persecución de lo material está en su debido ordenamiento, en las finalidades que pretende. Conforme estas se van obteniendo cambian los objetivos, al declinar nuestra existencia es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales. Podemos concluir que el hombre debe buscar en lo material aquello que ayuda a su vida espiritual, es un sobrenaturalizar lo material en aras de la ayuda a nuestra vida espiritual.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana). De este párrafo podemos concluir que el sobrealimentarse puede ser malo para el espíritu, como es malo para éste el estar infralimentado por ser ello causa de que las funciones del alma no se puedan llevar a cabo adecuadamente, recordemos que el cerebro humano que es material no deja por ello de ser instrumento de nuestra actividad espiritual, esta necesita de las herramientas que el cerebro le proporciona, y como lo material en el hombre debe de estar adecuadamente alimentado esta condición ayuda a su vida espiritual. Veamos en esto otra de las razones humanitarias auténticas que nos lleven a colaborar dentro de nuestra capacidad personal, al alcance de la meta alimentaria necesarísima a tantos millones de nuestros congéneres.
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Este es, debe ser una de las verdaderas grandes preocupaciones de la humanidad a la que todos estamos obligados a tratar de solucionar, Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues es  del dominio público  que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contracorriente que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, formado debidamente e informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo y a su Santa Madre, Madre Nuestra, que por Él nos fue dada, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro más íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.” Evitemos lo que nos lleva a una vida vacía que solo busque el “tener” y que nuestra pretensión sea para nosotros y para los demás una vida plena, que no carezca de los alimentos del espíritu y del cuerpo.
Jorge Casas y Sánchez. 


LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, la enorme oportunidad que nos ha brindado en la encarnación de su Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, a quien conocemos desde que es concebido en la Santísima Virgen, y en su infancia primera nos es presentado recién nacido, como no tener la mayor gratitud a esta muestra de amor paternal que nos da a su Hijo para que viva entre nosotros, nos deje sus maravillosas enseñanzas y su ejemplo, funde su Iglesia y sus Sacramentos así como la Jerarquía Petrina, pues si Dios ha hecho todo esto además de creado todo por amor, como es la realidad, pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos, por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos del alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo,  “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no, no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, lo que debe ser constante, diaria, continua parte de nuestra contemplación a la que debemos de enfocar nuestras capacidades intelectuales, así como el navegante depende de sus instrumentos de navegación , en especial del compás,  nosotros debemos de dar sentido a nuestra vida con la contemplación en medio de nuestras labores diarias, y el hecho incontrovertible de nuestra relación Creador-criatura y el de que somos ese “compuesto” de cuerpo mortal material y alma espiritual inmortal, son centrales en nuestra contemplación en medio de nuestros quehaceres diarios, de nuestra vida social, familiar, profesional. Esta enseñanza de San Josemaría, es de un valor básico y que está refrendado por el Concilio Vaticano II en su documento de la “Llamada Universal a la Santidad”. No es que seamos un  equivalente a materia y espíritu, es lo que somos intrínsecamente, nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, este para los gusanos y aquella para la Vida Eterna.  Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, se unirán nuevamente nuestro cuerpo y alma para la eternidad, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la persecución de las cosas materiales, lo que está en su naturaleza, porque nos son indispensables porque ayudan a nuestras vidas, una muestra de esto lo son las catedrales, basílicas, monumentos que la humanidad va construyendo para dar recinto a sus necesidades del espíritu, lo importante de esta persecución de lo material está en su debido ordenamiento, en las finalidades que pretende. Conforme estas se van obteniendo cambian los objetivos, al declinar nuestra existencia es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales. Podemos concluir que el hombre debe buscar en lo material aquello que ayuda a su vida espiritual, es un sobrenaturalizar lo material en aras de la ayuda a nuestra vida espiritual.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana). De este párrafo podemos concluir que el sobrealimentarse puede ser malo para el espíritu, como es malo para éste el estar infralimentado por ser ello causa de que las funciones del alma no se puedan llevar a cabo adecuadamente, recordemos que el cerebro humano que es material no deja por ello de ser instrumento de nuestra actividad espiritual, esta necesita de las herramientas que el cerebro le proporciona, y como lo material en el hombre debe de estar adecuadamente alimentado esta condición ayuda a su vida espiritual. Veamos en esto otra de las razones humanitarias auténticas que nos lleven a colaborar dentro de nuestra capacidad personal, al alcance de la meta alimentaria necesarísima a tantos millones de nuestros congéneres.
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Este es, debe ser una de las verdaderas grandes preocupaciones de la humanidad a la que todos estamos obligados a tratar de solucionar, Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues es  del dominio público  que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contracorriente que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, formado debidamente e informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo y a su Santa Madre, Madre Nuestra, que por Él nos fue dada, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro más íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.” Evitemos lo que nos lleva a una vida vacía que solo busque el “tener” y que nuestra pretensión sea para nosotros y para los demás una vida plena, que no carezca de los alimentos del espíritu y del cuerpo.
Jorge Casas y Sánchez. 


LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, la enorme oportunidad que nos ha brindado en la encarnación de su Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, a quien conocemos desde que es concebido en la Santísima Virgen, y en su infancia primera nos es presentado recién nacido, como no tener la mayor gratitud a esta muestra de amor paternal que nos da a su Hijo para que viva entre nosotros, nos deje sus maravillosas enseñanzas y su ejemplo, funde su Iglesia y sus Sacramentos así como la Jerarquía Petrina, pues si Dios ha hecho todo esto además de creado todo por amor, como es la realidad, pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos, por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos del alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo,  “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no, no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, lo que debe ser constante, diaria, continua parte de nuestra contemplación a la que debemos de enfocar nuestras capacidades intelectuales, así como el navegante depende de sus instrumentos de navegación , en especial del compás,  nosotros debemos de dar sentido a nuestra vida con la contemplación en medio de nuestras labores diarias, y el hecho incontrovertible de nuestra relación Creador-criatura y el de que somos ese “compuesto” de cuerpo mortal material y alma espiritual inmortal, son centrales en nuestra contemplación en medio de nuestros quehaceres diarios, de nuestra vida social, familiar, profesional. Esta enseñanza de San Josemaría, es de un valor básico y que está refrendado por el Concilio Vaticano II en su documento de la “Llamada Universal a la Santidad”. No es que seamos un  equivalente a materia y espíritu, es lo que somos intrínsecamente, nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, este para los gusanos y aquella para la Vida Eterna.  Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, se unirán nuevamente nuestro cuerpo y alma para la eternidad, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la persecución de las cosas materiales, lo que está en su naturaleza, porque nos son indispensables porque ayudan a nuestras vidas, una muestra de esto lo son las catedrales, basílicas, monumentos que la humanidad va construyendo para dar recinto a sus necesidades del espíritu, lo importante de esta persecución de lo material está en su debido ordenamiento, en las finalidades que pretende. Conforme estas se van obteniendo cambian los objetivos, al declinar nuestra existencia es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales. Podemos concluir que el hombre debe buscar en lo material aquello que ayuda a su vida espiritual, es un sobrenaturalizar lo material en aras de la ayuda a nuestra vida espiritual.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana). De este párrafo podemos concluir que el sobrealimentarse puede ser malo para el espíritu, como es malo para éste el estar infralimentado por ser ello causa de que las funciones del alma no se puedan llevar a cabo adecuadamente, recordemos que el cerebro humano que es material no deja por ello de ser instrumento de nuestra actividad espiritual, esta necesita de las herramientas que el cerebro le proporciona, y como lo material en el hombre debe de estar adecuadamente alimentado esta condición ayuda a su vida espiritual. Veamos en esto otra de las razones humanitarias auténticas que nos lleven a colaborar dentro de nuestra capacidad personal, al alcance de la meta alimentaria necesarísima a tantos millones de nuestros congéneres.
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Este es, debe ser una de las verdaderas grandes preocupaciones de la humanidad a la que todos estamos obligados a tratar de solucionar, Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues es  del dominio público  que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contracorriente que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, formado debidamente e informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo y a su Santa Madre, Madre Nuestra, que por Él nos fue dada, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro más íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.” Evitemos lo que nos lleva a una vida vacía que solo busque el “tener” y que nuestra pretensión sea para nosotros y para los demás una vida plena, que no carezca de los alimentos del espíritu y del cuerpo.
Jorge Casas y Sánchez. 


LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, la enorme oportunidad que nos ha brindado en la encarnación de su Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, a quien conocemos desde que es concebido en la Santísima Virgen, y en su infancia primera nos es presentado recién nacido, como no tener la mayor gratitud a esta muestra de amor paternal que nos da a su Hijo para que viva entre nosotros, nos deje sus maravillosas enseñanzas y su ejemplo, funde su Iglesia y sus Sacramentos así como la Jerarquía Petrina, pues si Dios ha hecho todo esto además de creado todo por amor, como es la realidad, pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos, por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos del alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo,  “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no, no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, lo que debe ser constante, diaria, continua parte de nuestra contemplación a la que debemos de enfocar nuestras capacidades intelectuales, así como el navegante depende de sus instrumentos de navegación , en especial del compás,  nosotros debemos de dar sentido a nuestra vida con la contemplación en medio de nuestras labores diarias, y el hecho incontrovertible de nuestra relación Creador-criatura y el de que somos ese “compuesto” de cuerpo mortal material y alma espiritual inmortal, son centrales en nuestra contemplación en medio de nuestros quehaceres diarios, de nuestra vida social, familiar, profesional. Esta enseñanza de San Josemaría, es de un valor básico y que está refrendado por el Concilio Vaticano II en su documento de la “Llamada Universal a la Santidad”. No es que seamos un  equivalente a materia y espíritu, es lo que somos intrínsecamente, nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, este para los gusanos y aquella para la Vida Eterna.  Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, se unirán nuevamente nuestro cuerpo y alma para la eternidad, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la persecución de las cosas materiales, lo que está en su naturaleza, porque nos son indispensables porque ayudan a nuestras vidas, una muestra de esto lo son las catedrales, basílicas, monumentos que la humanidad va construyendo para dar recinto a sus necesidades del espíritu, lo importante de esta persecución de lo material está en su debido ordenamiento, en las finalidades que pretende. Conforme estas se van obteniendo cambian los objetivos, al declinar nuestra existencia es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales. Podemos concluir que el hombre debe buscar en lo material aquello que ayuda a su vida espiritual, es un sobrenaturalizar lo material en aras de la ayuda a nuestra vida espiritual.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana). De este párrafo podemos concluir que el sobrealimentarse puede ser malo para el espíritu, como es malo para éste el estar infralimentado por ser ello causa de que las funciones del alma no se puedan llevar a cabo adecuadamente, recordemos que el cerebro humano que es material no deja por ello de ser instrumento de nuestra actividad espiritual, esta necesita de las herramientas que el cerebro le proporciona, y como lo material en el hombre debe de estar adecuadamente alimentado esta condición ayuda a su vida espiritual. Veamos en esto otra de las razones humanitarias auténticas que nos lleven a colaborar dentro de nuestra capacidad personal, al alcance de la meta alimentaria necesarísima a tantos millones de nuestros congéneres.
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Este es, debe ser una de las verdaderas grandes preocupaciones de la humanidad a la que todos estamos obligados a tratar de solucionar, Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues es  del dominio público  que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contracorriente que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, formado debidamente e informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo y a su Santa Madre, Madre Nuestra, que por Él nos fue dada, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro más íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.” Evitemos lo que nos lleva a una vida vacía que solo busque el “tener” y que nuestra pretensión sea para nosotros y para los demás una vida plena, que no carezca de los alimentos del espíritu y del cuerpo.
Jorge Casas y Sánchez. 


LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, la enorme oportunidad que nos ha brindado en la encarnación de su Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, a quien conocemos desde que es concebido en la Santísima Virgen, y en su infancia primera nos es presentado recién nacido, como no tener la mayor gratitud a esta muestra de amor paternal que nos da a su Hijo para que viva entre nosotros, nos deje sus maravillosas enseñanzas y su ejemplo, funde su Iglesia y sus Sacramentos así como la Jerarquía Petrina, pues si Dios ha hecho todo esto además de creado todo por amor, como es la realidad, pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos, por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos del alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo,  “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no, no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, lo que debe ser constante, diaria, continua parte de nuestra contemplación a la que debemos de enfocar nuestras capacidades intelectuales, así como el navegante depende de sus instrumentos de navegación , en especial del compás,  nosotros debemos de dar sentido a nuestra vida con la contemplación en medio de nuestras labores diarias, y el hecho incontrovertible de nuestra relación Creador-criatura y el de que somos ese “compuesto” de cuerpo mortal material y alma espiritual inmortal, son centrales en nuestra contemplación en medio de nuestros quehaceres diarios, de nuestra vida social, familiar, profesional. Esta enseñanza de San Josemaría, es de un valor básico y que está refrendado por el Concilio Vaticano II en su documento de la “Llamada Universal a la Santidad”. No es que seamos un  equivalente a materia y espíritu, es lo que somos intrínsecamente, nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, este para los gusanos y aquella para la Vida Eterna.  Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, se unirán nuevamente nuestro cuerpo y alma para la eternidad, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la persecución de las cosas materiales, lo que está en su naturaleza, porque nos son indispensables porque ayudan a nuestras vidas, una muestra de esto lo son las catedrales, basílicas, monumentos que la humanidad va construyendo para dar recinto a sus necesidades del espíritu, lo importante de esta persecución de lo material está en su debido ordenamiento, en las finalidades que pretende. Conforme estas se van obteniendo cambian los objetivos, al declinar nuestra existencia es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales. Podemos concluir que el hombre debe buscar en lo material aquello que ayuda a su vida espiritual, es un sobrenaturalizar lo material en aras de la ayuda a nuestra vida espiritual.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana). De este párrafo podemos concluir que el sobrealimentarse puede ser malo para el espíritu, como es malo para éste el estar infralimentado por ser ello causa de que las funciones del alma no se puedan llevar a cabo adecuadamente, recordemos que el cerebro humano que es material no deja por ello de ser instrumento de nuestra actividad espiritual, esta necesita de las herramientas que el cerebro le proporciona, y como lo material en el hombre debe de estar adecuadamente alimentado esta condición ayuda a su vida espiritual. Veamos en esto otra de las razones humanitarias auténticas que nos lleven a colaborar dentro de nuestra capacidad personal, al alcance de la meta alimentaria necesarísima a tantos millones de nuestros congéneres.
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Este es, debe ser una de las verdaderas grandes preocupaciones de la humanidad a la que todos estamos obligados a tratar de solucionar, Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues es  del dominio público  que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contracorriente que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, formado debidamente e informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo y a su Santa Madre, Madre Nuestra, que por Él nos fue dada, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro más íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.” Evitemos lo que nos lleva a una vida vacía que solo busque el “tener” y que nuestra pretensión sea para nosotros y para los demás una vida plena, que no carezca de los alimentos del espíritu y del cuerpo.
Jorge Casas y Sánchez. 


LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, la enorme oportunidad que nos ha brindado en la encarnación de su Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, a quien conocemos desde que es concebido en la Santísima Virgen, y en su infancia primera nos es presentado recién nacido, como no tener la mayor gratitud a esta muestra de amor paternal que nos da a su Hijo para que viva entre nosotros, nos deje sus maravillosas enseñanzas y su ejemplo, funde su Iglesia y sus Sacramentos así como la Jerarquía Petrina, pues si Dios ha hecho todo esto además de creado todo por amor, como es la realidad, pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos, por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos del alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo,  “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no, no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, lo que debe ser constante, diaria, continua parte de nuestra contemplación a la que debemos de enfocar nuestras capacidades intelectuales, así como el navegante depende de sus instrumentos de navegación , en especial del compás,  nosotros debemos de dar sentido a nuestra vida con la contemplación en medio de nuestras labores diarias, y el hecho incontrovertible de nuestra relación Creador-criatura y el de que somos ese “compuesto” de cuerpo mortal material y alma espiritual inmortal, son centrales en nuestra contemplación en medio de nuestros quehaceres diarios, de nuestra vida social, familiar, profesional. Esta enseñanza de San Josemaría, es de un valor básico y que está refrendado por el Concilio Vaticano II en su documento de la “Llamada Universal a la Santidad”. No es que seamos un  equivalente a materia y espíritu, es lo que somos intrínsecamente, nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, este para los gusanos y aquella para la Vida Eterna.  Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, se unirán nuevamente nuestro cuerpo y alma para la eternidad, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la persecución de las cosas materiales, lo que está en su naturaleza, porque nos son indispensables porque ayudan a nuestras vidas, una muestra de esto lo son las catedrales, basílicas, monumentos que la humanidad va construyendo para dar recinto a sus necesidades del espíritu, lo importante de esta persecución de lo material está en su debido ordenamiento, en las finalidades que pretende. Conforme estas se van obteniendo cambian los objetivos, al declinar nuestra existencia es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales. Podemos concluir que el hombre debe buscar en lo material aquello que ayuda a su vida espiritual, es un sobrenaturalizar lo material en aras de la ayuda a nuestra vida espiritual.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana). De este párrafo podemos concluir que el sobrealimentarse puede ser malo para el espíritu, como es malo para éste el estar infralimentado por ser ello causa de que las funciones del alma no se puedan llevar a cabo adecuadamente, recordemos que el cerebro humano que es material no deja por ello de ser instrumento de nuestra actividad espiritual, esta necesita de las herramientas que el cerebro le proporciona, y como lo material en el hombre debe de estar adecuadamente alimentado esta condición ayuda a su vida espiritual. Veamos en esto otra de las razones humanitarias auténticas que nos lleven a colaborar dentro de nuestra capacidad personal, al alcance de la meta alimentaria necesarísima a tantos millones de nuestros congéneres.
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Este es, debe ser una de las verdaderas grandes preocupaciones de la humanidad a la que todos estamos obligados a tratar de solucionar, Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues es  del dominio público  que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contracorriente que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, formado debidamente e informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo y a su Santa Madre, Madre Nuestra, que por Él nos fue dada, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro más íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.” Evitemos lo que nos lleva a una vida vacía que solo busque el “tener” y que nuestra pretensión sea para nosotros y para los demás una vida plena, que no carezca de los alimentos del espíritu y del cuerpo.
Jorge Casas y Sánchez. 


LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, la enorme oportunidad que nos ha brindado en la encarnación de su Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, a quien conocemos desde que es concebido en la Santísima Virgen, y en su infancia primera nos es presentado recién nacido, como no tener la mayor gratitud a esta muestra de amor paternal que nos da a su Hijo para que viva entre nosotros, nos deje sus maravillosas enseñanzas y su ejemplo, funde su Iglesia y sus Sacramentos así como la Jerarquía Petrina, pues si Dios ha hecho todo esto además de creado todo por amor, como es la realidad, pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos, por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos del alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo,  “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no, no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, lo que debe ser constante, diaria, continua parte de nuestra contemplación a la que debemos de enfocar nuestras capacidades intelectuales, así como el navegante depende de sus instrumentos de navegación , en especial del compás,  nosotros debemos de dar sentido a nuestra vida con la contemplación en medio de nuestras labores diarias, y el hecho incontrovertible de nuestra relación Creador-criatura y el de que somos ese “compuesto” de cuerpo mortal material y alma espiritual inmortal, son centrales en nuestra contemplación en medio de nuestros quehaceres diarios, de nuestra vida social, familiar, profesional. Esta enseñanza de San Josemaría, es de un valor básico y que está refrendado por el Concilio Vaticano II en su documento de la “Llamada Universal a la Santidad”. No es que seamos un  equivalente a materia y espíritu, es lo que somos intrínsecamente, nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, este para los gusanos y aquella para la Vida Eterna.  Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, se unirán nuevamente nuestro cuerpo y alma para la eternidad, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la persecución de las cosas materiales, lo que está en su naturaleza, porque nos son indispensables porque ayudan a nuestras vidas, una muestra de esto lo son las catedrales, basílicas, monumentos que la humanidad va construyendo para dar recinto a sus necesidades del espíritu, lo importante de esta persecución de lo material está en su debido ordenamiento, en las finalidades que pretende. Conforme estas se van obteniendo cambian los objetivos, al declinar nuestra existencia es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales. Podemos concluir que el hombre debe buscar en lo material aquello que ayuda a su vida espiritual, es un sobrenaturalizar lo material en aras de la ayuda a nuestra vida espiritual.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana). De este párrafo podemos concluir que el sobrealimentarse puede ser malo para el espíritu, como es malo para éste el estar infralimentado por ser ello causa de que las funciones del alma no se puedan llevar a cabo adecuadamente, recordemos que el cerebro humano que es material no deja por ello de ser instrumento de nuestra actividad espiritual, esta necesita de las herramientas que el cerebro le proporciona, y como lo material en el hombre debe de estar adecuadamente alimentado esta condición ayuda a su vida espiritual. Veamos en esto otra de las razones humanitarias auténticas que nos lleven a colaborar dentro de nuestra capacidad personal, al alcance de la meta alimentaria necesarísima a tantos millones de nuestros congéneres.
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Este es, debe ser una de las verdaderas grandes preocupaciones de la humanidad a la que todos estamos obligados a tratar de solucionar, Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues es  del dominio público  que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contracorriente que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, formado debidamente e informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo y a su Santa Madre, Madre Nuestra, que por Él nos fue dada, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro más íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.” Evitemos lo que nos lleva a una vida vacía que solo busque el “tener” y que nuestra pretensión sea para nosotros y para los demás una vida plena, que no carezca de los alimentos del espíritu y del cuerpo.
Jorge Casas y Sánchez. 


LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, la enorme oportunidad que nos ha brindado en la encarnación de su Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, a quien conocemos desde que es concebido en la Santísima Virgen, y en su infancia primera nos es presentado recién nacido, como no tener la mayor gratitud a esta muestra de amor paternal que nos da a su Hijo para que viva entre nosotros, nos deje sus maravillosas enseñanzas y su ejemplo, funde su Iglesia y sus Sacramentos así como la Jerarquía Petrina, pues si Dios ha hecho todo esto además de creado todo por amor, como es la realidad, pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos, por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos del alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo,  “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no, no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, lo que debe ser constante, diaria, continua parte de nuestra contemplación a la que debemos de enfocar nuestras capacidades intelectuales, así como el navegante depende de sus instrumentos de navegación , en especial del compás,  nosotros debemos de dar sentido a nuestra vida con la contemplación en medio de nuestras labores diarias, y el hecho incontrovertible de nuestra relación Creador-criatura y el de que somos ese “compuesto” de cuerpo mortal material y alma espiritual inmortal, son centrales en nuestra contemplación en medio de nuestros quehaceres diarios, de nuestra vida social, familiar, profesional. Esta enseñanza de San Josemaría, es de un valor básico y que está refrendado por el Concilio Vaticano II en su documento de la “Llamada Universal a la Santidad”. No es que seamos un  equivalente a materia y espíritu, es lo que somos intrínsecamente, nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, este para los gusanos y aquella para la Vida Eterna.  Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, se unirán nuevamente nuestro cuerpo y alma para la eternidad, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la persecución de las cosas materiales, lo que está en su naturaleza, porque nos son indispensables porque ayudan a nuestras vidas, una muestra de esto lo son las catedrales, basílicas, monumentos que la humanidad va construyendo para dar recinto a sus necesidades del espíritu, lo importante de esta persecución de lo material está en su debido ordenamiento, en las finalidades que pretende. Conforme estas se van obteniendo cambian los objetivos, al declinar nuestra existencia es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales. Podemos concluir que el hombre debe buscar en lo material aquello que ayuda a su vida espiritual, es un sobrenaturalizar lo material en aras de la ayuda a nuestra vida espiritual.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana). De este párrafo podemos concluir que el sobrealimentarse puede ser malo para el espíritu, como es malo para éste el estar infralimentado por ser ello causa de que las funciones del alma no se puedan llevar a cabo adecuadamente, recordemos que el cerebro humano que es material no deja por ello de ser instrumento de nuestra actividad espiritual, esta necesita de las herramientas que el cerebro le proporciona, y como lo material en el hombre debe de estar adecuadamente alimentado esta condición ayuda a su vida espiritual. Veamos en esto otra de las razones humanitarias auténticas que nos lleven a colaborar dentro de nuestra capacidad personal, al alcance de la meta alimentaria necesarísima a tantos millones de nuestros congéneres.
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Este es, debe ser una de las verdaderas grandes preocupaciones de la humanidad a la que todos estamos obligados a tratar de solucionar, Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues es  del dominio público  que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contracorriente que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, formado debidamente e informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo y a su Santa Madre, Madre Nuestra, que por Él nos fue dada, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro más íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.” Evitemos lo que nos lleva a una vida vacía que solo busque el “tener” y que nuestra pretensión sea para nosotros y para los demás una vida plena, que no carezca de los alimentos del espíritu y del cuerpo.
Jorge Casas y Sánchez. 


LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, la enorme oportunidad que nos ha brindado en la encarnación de su Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, a quien conocemos desde que es concebido en la Santísima Virgen, y en su infancia primera nos es presentado recién nacido, como no tener la mayor gratitud a esta muestra de amor paternal que nos da a su Hijo para que viva entre nosotros, nos deje sus maravillosas enseñanzas y su ejemplo, funde su Iglesia y sus Sacramentos así como la Jerarquía Petrina, pues si Dios ha hecho todo esto además de creado todo por amor, como es la realidad, pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos, por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos del alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo,  “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no, no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, lo que debe ser constante, diaria, continua parte de nuestra contemplación a la que debemos de enfocar nuestras capacidades intelectuales, así como el navegante depende de sus instrumentos de navegación , en especial del compás,  nosotros debemos de dar sentido a nuestra vida con la contemplación en medio de nuestras labores diarias, y el hecho incontrovertible de nuestra relación Creador-criatura y el de que somos ese “compuesto” de cuerpo mortal material y alma espiritual inmortal, son centrales en nuestra contemplación en medio de nuestros quehaceres diarios, de nuestra vida social, familiar, profesional. Esta enseñanza de San Josemaría, es de un valor básico y que está refrendado por el Concilio Vaticano II en su documento de la “Llamada Universal a la Santidad”. No es que seamos un  equivalente a materia y espíritu, es lo que somos intrínsecamente, nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, este para los gusanos y aquella para la Vida Eterna.  Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, se unirán nuevamente nuestro cuerpo y alma para la eternidad, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la persecución de las cosas materiales, lo que está en su naturaleza, porque nos son indispensables porque ayudan a nuestras vidas, una muestra de esto lo son las catedrales, basílicas, monumentos que la humanidad va construyendo para dar recinto a sus necesidades del espíritu, lo importante de esta persecución de lo material está en su debido ordenamiento, en las finalidades que pretende. Conforme estas se van obteniendo cambian los objetivos, al declinar nuestra existencia es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales. Podemos concluir que el hombre debe buscar en lo material aquello que ayuda a su vida espiritual, es un sobrenaturalizar lo material en aras de la ayuda a nuestra vida espiritual.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana). De este párrafo podemos concluir que el sobrealimentarse puede ser malo para el espíritu, como es malo para éste el estar infralimentado por ser ello causa de que las funciones del alma no se puedan llevar a cabo adecuadamente, recordemos que el cerebro humano que es material no deja por ello de ser instrumento de nuestra actividad espiritual, esta necesita de las herramientas que el cerebro le proporciona, y como lo material en el hombre debe de estar adecuadamente alimentado esta condición ayuda a su vida espiritual. Veamos en esto otra de las razones humanitarias auténticas que nos lleven a colaborar dentro de nuestra capacidad personal, al alcance de la meta alimentaria necesarísima a tantos millones de nuestros congéneres.
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Este es, debe ser una de las verdaderas grandes preocupaciones de la humanidad a la que todos estamos obligados a tratar de solucionar, Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues es  del dominio público  que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contracorriente que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, formado debidamente e informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo y a su Santa Madre, Madre Nuestra, que por Él nos fue dada, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro más íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.” Evitemos lo que nos lleva a una vida vacía que solo busque el “tener” y que nuestra pretensión sea para nosotros y para los demás una vida plena, que no carezca de los alimentos del espíritu y del cuerpo.
Jorge Casas y Sánchez. 


LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, la enorme oportunidad que nos ha brindado en la encarnación de su Hijo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, a quien conocemos desde que es concebido en la Santísima Virgen, y en su infancia primera nos es presentado recién nacido, como no tener la mayor gratitud a esta muestra de amor paternal que nos da a su Hijo para que viva entre nosotros, nos deje sus maravillosas enseñanzas y su ejemplo, funde su Iglesia y sus Sacramentos así como la Jerarquía Petrina, pues si Dios ha hecho todo esto además de creado todo por amor, como es la realidad, pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos, por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos del alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo,  “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no, no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, lo que debe ser constante, diaria, continua parte de nuestra contemplación a la que debemos de enfocar nuestras capacidades intelectuales, así como el navegante depende de sus instrumentos de navegación , en especial del compás,  nosotros debemos de dar sentido a nuestra vida con la contemplación en medio de nuestras labores diarias, y el hecho incontrovertible de nuestra relación Creador-criatura y el de que somos ese “compuesto” de cuerpo mortal material y alma espiritual inmortal, son centrales en nuestra contemplación en medio de nuestros quehaceres diarios, de nuestra vida social, familiar, profesional. Esta enseñanza de San Josemaría, es de un valor básico y que está refrendado por el Concilio Vaticano II en su documento de la “Llamada Universal a la Santidad”. No es que seamos un  equivalente a materia y espíritu, es lo que somos intrínsecamente, nuestra vida es, bien consideradas las cosas, el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, este para los gusanos y aquella para la Vida Eterna.  Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, se unirán nuevamente nuestro cuerpo y alma para la eternidad, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la persecución de las cosas materiales, lo que está en su naturaleza, porque nos son indispensables porque ayudan a nuestras vidas, una muestra de esto lo son las catedrales, basílicas, monumentos que la humanidad va construyendo para dar recinto a sus necesidades del espíritu, lo importante de esta persecución de lo material está en su debido ordenamiento, en las finalidades que pretende. Conforme estas se van obteniendo cambian los objetivos, al declinar nuestra existencia es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales. Podemos concluir que el hombre debe buscar en lo material aquello que ayuda a su vida espiritual, es un sobrenaturalizar lo material en aras de la ayuda a nuestra vida espiritual.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana). De este párrafo podemos concluir que el sobrealimentarse puede ser malo para el espíritu, como es malo para éste el estar infralimentado por ser ello causa de que las funciones del alma no se puedan llevar a cabo adecuadamente, recordemos que el cerebro humano que es material no deja por ello de ser instrumento de nuestra actividad espiritual, esta necesita de las herramientas que el cerebro le proporciona, y como lo material en el hombre debe de estar adecuadamente alimentado esta condición ayuda a su vida espiritual. Veamos en esto otra de las razones humanitarias auténticas que nos lleven a colaborar dentro de nuestra capacidad personal, al alcance de la meta alimentaria necesarísima a tantos millones de nuestros congéneres.
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Este es, debe ser una de las verdaderas grandes preocupaciones de la humanidad a la que todos estamos obligados a tratar de solucionar, Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues es  del dominio público  que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contracorriente que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, formado debidamente e informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo y a su Santa Madre, Madre Nuestra, que por Él nos fue dada, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro más íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.” Evitemos lo que nos lleva a una vida vacía que solo busque el “tener” y que nuestra pretensión sea para nosotros y para los demás una vida plena, que no carezca de los alimentos del espíritu y del cuerpo.
Jorge Casas y Sánchez.vv

viernes, 20 de marzo de 2015


MUY IMPORTANTE CASO DE LA ARQUIDIOCESIS DE SAN FRANCISCO E.U.A EL ARZOBISPO DE LA

ARQUIDICESIS,  de San Francisco (EEUU), Salvatore Cordileone, decidió pedirles a los maestros

de las escuelas católicas de esa ciudad que firmen una declaración de fidelidad a la doctrina de

la Iglesia en su enseñanza y forma de vida, incluyendo los temas de defensa de la vida y la moral

sexual (como la doctrina de la Iglesia en contra del aborto y la conducta homosexual). Por ello,

ha sido duramente criticado, dentro y fuera de la Iglesia.

El verdadero mensaje que surge por encima del estruendo de condenatorias es uno que, aquellos

de nosotros que estamos en puestos de liderazgo en la Iglesia y en organizaciones de la Iglesia,

debemos considerar cuidadosamente. El Arzobispo de San Francisco (EEUU), Mons. Salvatore

Cordileone, está siendo recriminado severamente no solamente por los críticos de siempre en los

medios de difusión y no solamente por un ayuntamiento, cuya abierta hostilidad hacia la Iglesia

es ampliamente conocida desde hace algún tiempo, sino también por el 80% de los docentes de

las escuelas católicas en su arquidiócesis. Se trata de un grupo de personas que cree que tiene el

derecho de recibir un sueldo por parte de la arquidiócesis donde trabajan y, al mismo tiempo,

oponerse a la misión de esa misma arquidiócesis de evangelizar y enseñar como el Arzobispo lo

considere adecuado.

Quisiera plantear una pregunta a los que creen que estos maestros tienen una postura justificada.

¿Cuántos patronos tolerarían a sus empleados el negarse a apoyar la declaración de misión y de

principios de su compañía? O, para decirlo de otra manera, ¿por qué la Iglesia Católica es la

única institución a la que no se le permite pedirles cuentas a sus empleados y miembros?

Nunca había entendido esa mentalidad. Pero en esta injusta persecución de un hombre muy

bueno estamos viendo una respuesta. La razón por la cual muchos creen que la Iglesia tiene la

obligación única de pasar por alto su propia identidad y doctrina, es porque esa identidad y esa

doctrina son únicas debido a que pertenecen a la Iglesia que Cristo estableció. Muchos resienten

la autoridad legítima. Y el sentirse con el “derecho” a recriminarla por ello que vemos en sus

críticos, aún en algunos de sus propios miembros bautizados, viene de una expectativa que la

misma Iglesia a veces ha creado debido a su propia decisión de dejar de lado la doctrina menos

conveniente, para llevarse bien con una sociedad que se ha vuelto cada vez más auto-destructiva.

De manera que cuando un obispo fiel y un pastor sólido, mirando en derredor a la confusión de

una sociedad que ha rechazado la verdad, la mayoría de las veces porque no la ha escuchado,

decide que es hora de por lo menos comenzar a eliminar la confusión dentro del ámbito de su

autoridad, el infierno mismo se desata con furia

 

La evidencia de la insensatez de transigir con la cultura actual es abrumadora. Compare las cifras

de jóvenes que entran a formar parte de órdenes religiosas cuya prioridad es el Evangelio y que

son fieles al Magisterio, con las cifras de aquellos que entran a formar parte de órdenes cuya

prioridad parece ser un tipo de “justicia” que pasa por alto la dimensión eterna de la persona

humana. Compare las vocaciones sacerdotales de diócesis con una tradición de fidelidad sin

componendas a la Iglesia, con aquellas diócesis cuyas prioridades parecen ser el diálogo político.

Considere el estado de aquellas agencias católicas que creen que pueden ser auténticamente

católicas y, al mismo tiempo, ser financiadas principalmente por un gobierno que también

financia actividades malas que se oponen a la Iglesia. Observe el tamaño de las familias y el

buen estado de los matrimonios que acogen el llamado de la Iglesia a estar abiertos a la vida, y

compárelos con aquellos que fueron mal aconsejados y que piensan equivocadamente que la

anticoncepción es una opción moralmente válida para las familias católicas.

Evidentemente no debemos caer en la trampa de hacer estas comparaciones motivados por el

despecho, sino por una genuina compasión y por un esfuerzo por entender y enfrentar el desafío

actual que aumenta cada vez más.

Estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Y sí, tal como dijo el propio Arzobispo, San

Francisco es una reducción al absurdo de nuestra sociedad: una concentración de lo que ocurre

cuando al pecado no solamente se le da la bienvenida, sino cuando incluso es glorificado. Pero se

trata de una diferencia de grado de corrupción moral, no de esencia. La mayoría de nuestras

ciudades (en EEUU) se encuentran en distintas etapas del mismo camino torcido hacia Gomorra.

Y todavía estamos a la espera de la primera evidencia empírica de que la opción de la Iglesia de

transigir con la actual cultura, producirá algo “positivo” más allá de un apretón de manos con un

miembro de la élite social que sonríe satisfecho al ver a una Iglesia doblegada.

Mañana no va a ser más fácil, mis queridos hermanos y hermanas. Muchos que nos consideraban

sus amigos mientras no decíamos nada que ofendiese a nadie – quizás motivados por una

compasión o esperanza de diálogo bien intencionado, pero falso – nos van a odiar. Para los

católicos que han decidido ser fieles al Evangelio y al Magisterio, tanto en su corazón como en

su forma de vida – estos no son tiempos de echarse atrás y refugiarse en una falsa piedad.

Tenemos que estar “allá fuera”, según nuestra vocación y estado de vida. Puede ser que el

Arzobispo Cordileone no haya elegido su actual puesto de estar “tras líneas enemigas”, pero los

fieles también están allí. Y él ha decidido, con valentía y amor, luego de un tiempo de

investigación y consulta, que éste es el momento de clarificarles a aquellos bajo su autoridad

quiénes somos como católicos. Para muchos de ellos que no tenían idea de lo que significa ser

católico o no tenían la voluntad de identificarse con una Iglesia que tiene la entereza de defender

lo que cree, es un momento bastante duro. Pero es un momento cuyo plazo ya se había vencido,

no es para nada injusto.
 
En esta ocasión me ha parecido importante darles a conocer esta situación, para mayor información pueden acceder a: <sfarchidiocese.org/contact> Atentamente Jorge Casas y Sánchez.

martes, 27 de enero de 2015

HUMANISMO INTEGRAL EN LOS GOBERNANTES Y POLITICOS.


HUMANISMO INTEGRAL EN LOS GOBERNANTES.

 

Es conveniente que los gobernantes ( gobernadores y demás miembros de los gobiernos ) sean verdaderamente humanistas, pero no de un humanismo cualquiera, sino  que conozcan y practiquen uno verdadero integral, útil, moral, con método, enfocado al trato de la parte de la sociedad que les corresponde gobernar, me propongo examinar superficialmente este importante aspecto de los actos  y políticas de gobierno. El hombre de nuestra época, que entre otras cosas de distingue por la enorme cantidad de información que posee, mucha de la cual no le sirve para aplicar en políticas verdaderamente positivas para el ser humano, y por contraste carece del conocimiento con  bases sólidas, sobre la persona humana, lo que esta es, lo que debe de ser, como se le debe educar, tratar, y ayudar, en otras palabras con verdadero humanismo, después de todo no son vaqueros que traten con animales sino que SERVIDORES PUBLICOS que tratan con seres humanos lo que es una responsabilidad de mucho calado, de importancia grave, y de muy hondo sentido humano.

 

Tenemos que comenzar con el concepto de “PERSONA HUMANA”, ello es imprescindible, pues si se considera a la “gente” como ellos le suelen denominar a los conglomerados humanos, de manera errónea o incompleta y esto es por desgracia muy frecuente, pues en algunos mandatarios se da una ignorancia completa en ciertos aspectos antropológicos, y considero conveniente hablar de ello pues de corregirse lograrán los mandatarios hacer mejores políticas sociales. Suelen, ellos,  contar con cosmovisiones incompletas en cuanto del hombre se trata y consideran solo aspectos parciales de su vida, necesidades y costumbres, que al ser consideradas desde puntos de vista materialistas y relativistas, resultan incompletos. Antes de seguir adelante quiero aclarar qua al escribir esto pretendo señalar el JUSTO MEDIO, o sea la postura que no se carga ni a un lado ni al otro me refiero a los polos que se pueden denominar ESTATOLATRIA por un lado y CLERICALISMO por el otro, esto podemos decir que pretende que el laicismo mal entendido no vea en este Justo Medio un cambio en el “status quo” de la separación de objetivos entre la Iglesia y el Estado, sino que la milenaria sabiduría que la Iglesia Católica posee sea aprovechada  aplicando sus conocimientos para gobernar en una forma, más que  diferente, mejor. No se trata de asesorar, ni de enseñar a gobernar, se trata de que los gobernantes adquieran conocimientos sobre la antropología humana que les proporcionen mejores criterios, hay una pléyade de pensadores cristianos cuyo legado es verdaderamente estúpido despreciar en aras del laicismo mal entendido, lo inteligente es aprovechar esas enseñanzas , muchas de ellas añejas pero no por ello inválidas, después de todo el ser humano es eso precisamente; HUMANO, desde su origen y a través de los siglos ha sido preocupación cristiana y precristiana su constitución.

 

Cuando examinamos el concepto adecuado de cualquier conglomerado de personas  humanas (es preferible usar este término al despectivo de “gente”) nos encontramos que no son cosas, son seres humanos con corporeidad y espiritualidad, capaces de amar, si amar, que es diferente del querer simplemente, los animales quieren, por ejemplo comer, beber, actúan por el mandato fatal de su instinto, aunque algunos los domesticables en ocasiones tienen reacciones admirables, en espacial los perros, acertadísimamente considerados como amigos del hombre. No podemos dejar de examinar las relaciones del hombre con los animales, pues nos han acompañado siempre en la historia del hombre, antes,  mas que ahora, en esta época en que la fuerza animal se ha sustituido por las máquinas. Cosas muy bellas se pueden decir de los animales domésticos que han demostrado gran nobleza al ayudar al hombre no solo en la historia de nuestro desarrollo, baste observar los servicios que algunos prestan actualmente a la humanidad como las vacas, las abejas, los camellos, las ovejas, los canes, los cerdos, pollos, gallinas, etc. etc. y los que han prestado a la humanidad como bestias de carga, de defensa y compañía de ayuda en el pastoreo y un largo etcétera, destaca el borrico con una nobleza ejemplar, el caballo no solo como compañero en la guerra sino en el deporte. Otros que usamos, y ello es muy discutible, pero no trataremos aquí,  para espectáculos como el circo y la tauromaquia. Pero estos útiles, indispensables animales no son capaces de amar, quieren si, por ejemplo los perros compañía humana y la quieren intensamente, algunas personas, esto lo confunden con amar, pero no lo es, porque son seres materiales sin espiritualidad, solo la persona humana, con su alma espiritual nos hace capaces de amar verdaderamente. Aquí en los ejemplos comparados de animal y persona humana vemos la inmensa diferencia significada muy claramente, en lo que es el solo instinto que lleva fatalmente al animal a solo seguirlo y cuenta tan solo con algunas capacidades cerebrales que le dan imágenes, memoria, además de capacidades sensitivas, en los animales superiores como el caballo y el perro, con los mismos  cinco sentidos con que cuenta la persona humana y en ocasiones mucho mas desarrollados, como el olfato y oído en los perros, la vista en las águilas y se podrían mencionar innumerables ejemplos, al compararse estas capacidades tan solo sensoriales con las que sobresalen en las personas humanas que son las de CARÁCTER ESPIRITUAL, siendo propias exclusivamente del alma inmortal que poseemos y su aspecto espiritual, ya adelantamos la capacidad de amar  a la que se añaden la de pensar, la voluntad, la libertad o libre albedrío, y de estas carecen los animales que ni piensan, solo reaccionan en base a memoria e imágenes, ni son libres pues fatalmente buscan instintivamente lo que les corresponde en materia de alimento, reproducción, y defensa contra los elementos y sus enemigos naturales. Y es precisamente este aspecto espiritual, exclusivo del ser humano, el que establece la gran diferencia.

 

A los animales los debemos de considerar en un plano natural, entiéndase esto no solo como aquello que por su naturaleza les corresponde, como sería la selva al tigre, el mar al delfín, el espacio alto de la atmósfera al águila, sino en un plano natural en cuanto carente de los aspectos espirituales, al ser humano en cambio no lo podemos considerar en su plano natural aunque este es amplísimo al compararlo con el de los animales, sino que nos tenemos de tomar, ADEMÁS, en consideración en un plano superior, precisamente porque contamos con las características superiores mencionadas de libertad, voluntad propia y capacidad de pensar, lo que nos proporciona un plano sobre el natural al que podemos nombrar como SUPER NATURAL O SOBRENATURAL, es así como a la persona humana solo se le puede tratar, considerar, educar, gobernar considerándola en su integridad, natural y sobrenatural, es esta la antropología adecuada la que debe de estar incluida en la cosmovisión del político que, se tiene que involucrar por necesidad en los aspectos humanos pues en todos los ámbitos de la gobernabilidad están las personas involucradas en cuanto que son sujetos de los actos de gobierno.

Algunas de las enseñanzas que la historia de la Iglesia puede proporcionar vienen de muy antiguo, otras son de una actualidad impresionante porque están sucediendo constantemente, se están publicando, se puede decir con toda seguridad a diario. Sí, a diario podemos recibir información humanista de primer orden si nos lo proponemos, lo cual es muy asequible hoy día a través del Internet, que todos usamos a veces para perder el tiempo miserablemente informándonos de cosas intrascendentes para la mayoría y solo importantes para ciertos involucrados. En cambio los profundos aspectos que yo me voy a permitir recomendar en este escrito son: FORMATIVOS DE CRITERIOS HUMANOS PROFUNDOS, AL TRATAR DE LOS ASPECTOS MAS RELEVANTES DEL SER HUMANO.

Nadie será capaz de negar la enorme importancia que conlleva ser persona con un buen criterio, en especial, muy  especialmente si se es político, sin duda que habrán estudiado algunos autores como Norberto Bobbio, David Ricardo, Adam Smith, Thomas Maltus, Nicolas Maquiavelo, o al menos  tendrán idea de sus aportaciones, las buenas y las malas, lo que dudo y es lastimoso, es que se hayan introducido en las ENCÍCLICAS PAPALES SOBRE LA CUESTIÓN SOCIAL, las menciono por su enorme importancia, y porque no dudo que aquellos que no las conocen se interesarán en ellas, y los que las conozcan acudirán nuevamente a su consulta, pues son fuentes riquísimas de humanismo.

Nota: los nombres en latín se conservan y así se registran en el Internet aunque están traducidas al español y muchísimos otros idiomas.

 

RERUM NOVARUM del Papa Leon XIII, escrita en 1891

QUADRAGESIMO ANNO  del Papa Pio XI escrita en 1931,( escrita a los 40 años de la anterior).

MATER ET MAGISTRA del Papa Juan XXIII escrita en 1961

PACEM IN TERRIS del mismo escrita en 1963.

GAUDIUM ET SPES del Papa Pablo VI escrita en 1965

POPULORUM PROGRESSIO del mismo, escrita en 1967

OCTOGESIMA ADVENIENS del mismo, (escrita a los ochenta años de la primera)

LABOREM EXERCENS del Papa Juan Pablo II, escrita en 1981

SOLLISITUDO REI SOCIALIS, del mismo escrita en 1987

CENTESIMUS ANNUS, del mismo, escrita en 1991 (escrita a los 100 años de la primera).

 

Se considerará que es una cantidad de contenido, que leerlo todo sería una inversión de tiempo  que no nos es posible destinar, por lo que se puede recurrir a resúmenes, o leerlas en sus partes más importantes para cada caso.

Existe además un: COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, que se puede consultar en el Internet, y que nos puede referir a los escritos originales en su caso, como por ejemplo el Capitulo III, que trata de: LA PERSONA HUMANA Y SUS DERECHOS, importantísima para todo hombre y en especial para todo político.

 

Otras consultas que pueden resultar de interés para los que están mas interesados en su cultura política (que no la partidista) son de autores de la edad media como:

POLICRATICUS de John of Salisbury. Humanista de la edad media.

  JACQUES MARITAIN, de sus muchos tratados destaca lo que dice del BIEN COMUN  y del HUMANISMO INTEGRAL.

Y no quiero seguir mencionando personajes, que son muchos a los que se puede consultar de acuerdo al interés personal de cada quien.            

HABLEMOS DE SOLUCIONES, Es indudable que el prestigio de los políticos va en descenso, y los signos señalan que esa tendencia va a continuar, como lo es también que les interese revertir ese proceso, ¿ no estará la respuesta en un cambio para mejorar sensiblemente el humanismo político actual por uno integral ?. Una cosa debe de quedar clara que no se trata de hacer propuestas concretas ni ser politólogo, ni dar asesorías, de lo que si se trata es de que las estructuras sean manejadas por hombres mejores, LOS ACTUALES, QUE SE MEJOREN A SI MISMOS con  información verdaderamente válida, de signo trascendente, y si esto sucede las estructuras tendrán mejores respuestas para el gobernado. Hasta ahora se ve que el sistema está fallando, los buenos políticos están pagando por los malos, es necesario que se admita que el esquema mental tiene que cambiar para que las cosas mejoren, si se escoge el adecuado. Se debe,  y esto es de capital importancia saber amar la vocación política, amar el buen servicio que puede prestar, amar al gobernado, trabajar con pasión, formación  inteligencia, y amor, pues sin estos atributos no resultan los hechos buenos, de la bondad vertida a la sociedad, de frutos políticos verdaderos, conocedores y perseguidores del BIEN COMUN, para entender mejor esto se recomienda de manera encarecida el estudio del los números 164 al 184 del COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. Los hará trascender.

Jorge Casas y Sánchez.

viernes, 2 de enero de 2015

SOBRE LA DIVINA REVELACIÓN


REVELACIÓN DIVINA.

Ya hemos comentado en otras ocasiones que lo que la doctrina evangélica de Jesucristo y su tradición nos enseñan es  la REVELACIÓN DIVINA,  es   aquello que Dios ha querido que los hombres sepamos de ÉL, también se nos enseña que  termina con el Apocalipsis de San Juan Apostol. Sobre esto hay dos aspectos que hoy es muy conveniente, examinar, el primero es que en el Santo Evangelio el propio Jesucristo nos dice: “el Espíritu Santo os guiará hasta la verdad completa, para conocer  lo  que hasta ahora de ningún modo podríais soportar” y el segundo aspecto es lo que el teólogo  Cardenal José Ratzinger dice en la obra: “Dios y el Mundo”,  Página 31,  en el que su afirmación es de que hay un super-habit , un exceso de la Revelación que aún no hemos llegado a conocer. Esto sin duda y me refiero a ambos aspectos, toda proporción guardada, representa un reto que cada generación humana tiene que ir solventando con una mayor profundidad en el conocimiento de la Revelación.  Sin duda que, pensar que todo lo  que  Dios nos ha querido revelar  ya es conocido absolutamente, sería una postura arrogante impropia de todo buen cristiano.  Así lo que queda  claro es que no se podrá nunca dejar de insistir, de profundizar en los significados y mensajes contenidos y aún desconocidos  de la Divina Revelación en especial tomando en cuenta los signos de los tiempos. Que fortuna inmensa que nuestra Iglesia cuente con un MAGISTERIO que lleva la mayor parte de esta suave  carga, y que el Espíritu Santo guía y cuida.

El Catecismo de la Iglesia Católica claramente expone en su número 891, que el Papa, en tanto cabeza del Colegio Episcopal goza de infalibilidad, por lo tanto aquello que propone por medio de su Magisterio Supremo, se debe de tomar como revelado por Jesucristo, y ser creído a lo que nos asiste la fe.

¿Cuál es la respuesta del hombre a la Revelación? Objetivamente enorme, basta que la historia de la Iglesia nos lo muestra, como no iba a ser así si es el Espíritu Santo quien la ilumina.Y a título personal comienza con la primera palabra del Credo “CREO”.  Desde la catequesis que de párvulos recibimos y en la Liturgia de la Misa dominical lo repetimos, es la más íntima palabra que resuena en nuestra interioridad, es la parte de la fe, Don de Dios,  que gracias al Espíritu Santo constituye nuestra más bella convicción, es la respuesta al Dios Padre, que nos revela en Jesucristo con el mas refulgente resplandor  que somos capaces de experimentar en nuestro fuero interno, maravilla de la acción trinitaria. Y objetivamente cuando nos reunimos en nombre del Señor, especialmente en las Santas Misas dominicales y festivas, profesando todos la misma fe.  Es así que damos sentido a nuestra vida y se nos permite asumir que Dios es el principio y fin de todas las cosas. Así es, que estamos, en la más cercana realidad de la Revelación, experimentando teocéntricamente nuestra existencia como criaturas hechas a imagen y semejanza de ese Dios que se nos da a sí mismo en el Sacramento Eucarístico, permitiéndonos: morar en Él en esta vida terrenal, y como signo de que habitaremos con Él en la Vida trascendente.

De Dios solo nos podemos expresar con  el  lenguaje  humano, conviene tomar en cuenta,  la enseñanza de la Anáfora de la Liturgia de San Juan Crisóstomo, “Dios trasciende toda criatura. Es preciso pues purificar sin cesar nuestro lenguaje de todo lo que tiene de limitado, de expresión por medio de imágenes, de conceptos  imperfectos,  para no confundir al Dios inefable, incomprensible, invisible, inalcanzable”.    Y Santo Tomás nos enseña:      “Nosotros no podemos captar de Dios lo que  Él  es, sino solamente lo que no es  y cómo los otros seres se sitúan con relación a  Él”.  Podemos,  si,  nombrar a Dios a través de las perfecciones que observamos en sus criaturas o sus obras, de sus perfecciones y semejanzas. De cualquier modo lo que podemos concluir,  es que,  por naturaleza el hombre siempre en toda la historia de la humanidad  busca a la divinidad que sabe que por fuerza debe de existir,  y se vincula de alguna manera a esta, esto ha sido argumento negativo de los enemigos de la cristiandad, pero para los creyentes es la lógica respuesta de Dios a los hombres  a través de su Revelación, al no dejar que ese vínculo que buscamos los humanos por naturaleza quedara abandonado.  Mas bien nos apuntamos a lo que San Agustín nos dice en sus Confesiones: “ Cuando yo me adhiera a ti con todo mi ser, no habrá ya para mi penas ni pruebas, y mi vida, toda llena de ti, será plena”.

La Divina Revelación, y solo esta,  nos permite saber que somos hechos a imagen y semejanza de  Dios, de que otra manera se podrían explicar la potencias del alma: razón y voluntad, además de la libertad de que gozamos los humanos, esto es lo que nos permite conocer al Dios personal, al que nos dirigimos hablándole de  tu, al Dios que nos ama y lo demuestra a lo largo de toda la historia de la humanidad, que nos otorga su misericordia, que en acción trinitaria nos manda a su hijo, hecho hombre para lavar nuestras culpas, desde la inicial de Adán hasta las nuestras y las nuestra de todos los que han pasado a la otra vida, los que estamos vivos y los que aún no han nacido, así los católicos nos dirigimos en oración a Dios agradecidos y llenos de esperanza en la vida eterna de felicidad en la Visión Divina.  

Sin la Revelación el ser humano tendría un concepto muy incompleto de Dios, basta que imaginemos a Sócrates o a Aristóteles pidiendo al “primer motor”  que les tomase en cuenta para tal o cual cuestión, o a las idolatrías propias de las civilizaciones. No es infinitamente mejor lo que San Juan Damasceno predica al dejarnos dicho: “LA ORACIÓN ES LA ELEVACIÓN DEL ALMA A DIOS O LA PETICIÓN DE BIENES CONVENIENTES”, solo que conviene recordar que hablamos de los bienes que nos son convenientes desde la óptica divina, que no siempre coincide con la humana.

Dios opta por revelársenos, y para que ello nos favorezca,  nos otorga la Fe, es sabido que sin esta base no le podríamos conocer, su Revelación es paulatina, a partir de Abram, y llega a su esplendor con la predicación de su Hijo hecho hombre,  quien nos revela las grandes verdades no solo de la existencia de Dios trino y uno,  la que primero constata su divinidad de Padre, para proseguir con la divinidad de su Hijo hecho hombre, Dios y Hombre verdaderos, vendrá después en etapa siguiente la revelación plena de la Tercera Persona,  el Espíritu Santo, posteriormente  nos revelará  las verdades de nuestra propia existencia, de esta vida y de la Vida Eterna, pero no solo nos deja su maravillosa Revelación sino que nos la comprueba con su Resurrección, que es la mas absoluta confirmación de todo lo que nos enseña, y que consiste en que conozcamos las más grandes cualidades del ser humano como son la mencionada: Imagen de Dios que es el hombre, así como nuestra filiación divina y nuestro destino trascendente. Con su RESURECCION después de muerto quedan justificadas todas sus enseñanzas, su Iglesia, su DIVINA AUTORIDAD,  y las verdades absolutas.

Al comenzar la Revelación con Abraham, proseguir con el pueblo judío y tener su climax en Nuestro Señor Jesucristo,  observamos la acción conjunta de Dios y el hombre en el Antiguo testamento, a través del Espíritu Divino, y de los hombres escogidos para recibirla y trasmitirla a los hombres, las manifestaciones y las Teofanías se van sucediendo, en el Nuevo Testamento es el nuevo Hombre Dios, nuestro Señor Jesucristo quien nos va revelando a través de su vida  aquella parte, la  más importante, la cumbre de la Revelación, que Dios Padre le pide que realice, por tanto aquello que Dios nos revela desde Abram,  el primero  y después a través de los Patriarcas, Profetas, Jueces y Reyes del pueblo escogido hasta --San Juan Bautista, el último profeta, quien anuncia la presencia del Cordero de Dios que quita Pecados del Mundo—todos ellos son  los escogidos por El Espíritu Santo para ser el elemento humano  de la Revelación del Antiguo Testamento son los responsables de la preparación a la venida de Jesucristo, es por tanto imperioso que en las revelaciones del Antiguo Testamento veamos lo que el Espíritu de Dios nos va diciendo del SALVADOR PROMETIDO que DIOS desde el Paraíso nos ofreció,  Nuestro Señor prometió al Salvador, a Adán y Eva y a nosotros su descendientes, y ese es precisamente el papel de la Revelación preparar al pueblo escogido para recibir las manifestaciones que llevará a cabo el propio Jesucristo,  cumbre de la Revelación.

 

Demos gracias a Dios por su Divina Revelación y pidamos a la Santísima Virgen que nos ayude a conocerla mejor y acudir al Magisterio de la Iglesia.

 

Jorge Casas y Sánchez.

martes, 2 de diciembre de 2014


BREVE CURSO DE FILOSOFÍA CRISTIANA. –XXV-

ALGUNOS ASPECTOS DE LA LIBERTAD.

 

Nuestra libertad es un acto, una prueba,  otra característica,  de la  espiritualidad de la persona humana y se relaciona con nuestra voluntad, siendo en unos aspectos exterior y sujeta a condicionamientos, y en otros interior e inalienable. Si tomamos para entender el aspecto exterior de nuestra libertad el ejemplo del hombre encarcelado, lo vemos privado de su libertad física, material, pues no puede desplazarse fuera de ciertas partes del penal en el que se encuentra recluido.  Pero en cuanto a su libertad interior, para entenderla mejor recurramos a la definición que de esta nos da Santo Tomás de Aquino, él  la define así: “la propiedad de la voluntad humana por la cual el hombre se determina a sí mismo en sus actos hacia su fin”

Es necesario que entendamos que la libertad es algo muy limitado, la libertad absoluta es solo propiedad divina, el ser humano siempre está limitado en lo que a obtener  lo que desea, se refiere,  si bien su voluntad quiere algo es porque su inteligencia se lo ha “presentado” a la voluntad y esta decide si lo quiere o no lo quiere,  en esto consiste el que el hombre, en uso de su libertad se ordene a si mismo, contrariamente a las otras criaturas que tienen un orden hacia su fin, en cuanto criaturas puramente materiales y carentes de espiritualidad. Estas criaturas no son por tanto capaces de progreso real en el sentido de escoger otras alternativas, en cambio el hombre al determinarse a sí mismo escoge las alternativas que preveé y así cambia para progresar o para deteriorarse, pero siempre determinándose a sí mismo, es un poder de elección propio de su espiritualidad. Esto echa abajo la teoría del determinismo, que es propia de las otras criaturas, a las otras se les puede considerar modelos de ciertas características que no cambian, que fatalmente deben de ser seguidas en su devenir, en cambio el hombre por no ser un modelo preciso, concreto se mueve en su entorno acorde con las posibilidades que le otorga su condición, y lo hace persiguiendo el bien que identifica aunque no identifique siempre bien, pues en uso de su libertad puede confundir el bien con algo que no lo es, sino que es un mal, que equivocadamente escoge para si como algo que le conviene. Lo que se da en el caso de los seres humanos , es que  en uso de su libertad la voluntad escoge lo que ha identificado como un bien en las  circunstancias en que se encuentre.

A la libre voluntad humana se le puede atraer, es el caso por ejemplo de la publicidad comercial o política, ambos casos son sobresalientes por los enormes recursos que se invierten en ambas actividades, mas no se le puede determinar, por mucho que se anuncie un cierto producto accesible, lo adquirirá la persona si así lo decide internamente en uso de su libertad, y lo mismo se puede decir del voto, se me podrá exigir externamente el votar en cierto sentido, mas internamente el hombre decide cual será su voto, a esta actitud se la conoce como la autodeterminación.

El hombre en su autodeterminación se puede ver mas inclinado así o asá, para lo cual hace uso de la información intelectual que a la voluntad , que es ciega,  le es presentada por el intelecto.

El hombre por tanto debe usar de su libertad, pero no abusar de ella, se indispone en contra de la sociedad en que vive quien comete actos ilícitos , y se indispone contra Dios el que comete aquellos que son pecaminosos, en ambos casos en abuso de su libertad. En esencia el ser humano debe de usar su libertad en persecución de los verdaderos bienes, que son aquellos que están encaminados al Bien Común del que somos partícipes en lo personal y por supuesto al Bien Supremo que es aquello de lo que tendremos que dar cuentas a nuestro Señor Jesucristo .En ello debe consistir el uso de la libertad ya que a la sociedad también el abuso de ella es prohibitivo,, tomemos el caso de quien toma para si lo ajeno, la vida o bienes en ambos casos uno gravísimo y el otro circunstancial, pero ambos  sujetos a castigo por las leyes humanas.

El ámbito en que vivimos y ejercemos nuestra voluntad tiene restricciones, si bien somos libres de cometer ilícitos morales o materiales, la tendencia generalizada es la de restringirnos y actuar acordes con los mandamientos de Dios y las obligaciones legales de la sociedad, ¿es esto restricción de la libertad?, la respuesta acertada es no, y la razón es que libremente aceptamos el vivir acordes con las reglas, ya sean las divinas o las humanas porque las consideramos tendientes a la consecución de bienes y estos siempre son arduos de conseguir, por tanto es libertad la que usamos al plegarnos a la búsqueda de la santidad, del amor y respeto al prójimo y lo es también por ejemplo el aceptar obedecer las leyes del tránsito vehicular, circulando no a nuestro antojo sino respetando a los demás al cumplir el reglamento. Dios creó al hombre para ser gregario y ello conlleva  el uso de la libertad responsable, este binomio de LIBERTAD Y RESPONSABIIDAD es inseparable, todo uso de nuestra libertad implica algo que debe ser respetado.

Como vemos el ámbito de la libertad implica que libremente debemos de rechazar el mal, no es restrictivo de la libertad el verse obligado a dejar de hacer cosas, que aparente nos convienen y perdemos la libertad por no poderlas realizar “libremente” porque alguien dice que está prohibido, mas bien debemos de entender que la libertad se puede pervertir, que  su creatividad se encuentra en el espacio del bien, y que si se transgrede este,  se trata de libertinaje que no de libertad. Por libertinaje debemos de entender el hacer lo que a uno le da la gana, no lo que libre y  responsablemente se debe ejercer, aquí conviene aclarar que la libertad no es algo que se entrega, sino que se lleva a cabo, se ejerce, como por ejemplo en el matrimonio que es el núcleo de la célula de la sociedad que es la familia , el cónyuge no le entrega al otro su libertad sino que en base al amor que les une se entrega a si mismo y dentro de esta entrega ejerce su libertad amando y siendo amado , ejercicio del amor que consiste en procurar la felicidad del ser amado, encontrando en ello la propia felicidad, el desarrollo sano de la familia y la mas exelente colaboración al Bien Común, pues la sociedad adquiere su calidad de las familias, si estas van bien , la sociedad va bien y viceversa.

En los tiempos actuales en que las problemáticas  moral  y económica nos afectan a todos los ciudadanos, debemos de reaccionar, buscar verdaderas soluciones,  nos es necesario dentro de la  sociedad encontrarlas,  que  las personas en general sepamos encontrar primero la verdadera paz y después la alegría de la  vida  personal, y ésta definitivamente  se da cuando van de la mano paz y libertad con el amor a Dios, la criatura humana que se realiza adquiriendo la virtud de la humildad, que establece en su talante la gran diferencia que existe entre el Creador y la criatura, se compromete libremente en su destino formándose como mejor cristiano, no para cambiar su vida sino para, en ejercicio de su libertad,  saberla vivir mejor, sin olvidar la consideración de que el hombre es falible, capaz de comprometerse y en ocasiones cumplir a rajatabla sus compromisos en grados heroicos en busca del fin final que es la visión beatífica en la vida que trasciende a la actual,  pero en ocasiones fallamos, y aquí lo que se da es la capacidad de levantarse, tomar nuevos bríos y recomenzar, y tantas veces como caigamos , en uso de nuestra libertad reanudaremos nuestro cometido

 

Lo anterior nos enseña que dado que el ámbito de la libertad está en el bien, y el mayor de los bienes está en el cumplir con la Voluntad de Dios, el mas libre es el que libremente cumple con la Voluntad Divina y además es el más feliz porque refiere todas sus elecciones al fin último que su fe le señala con diáfana claridad, a lo que trata de acceder libremente, voluntariamente hasta donde sus capacidades humanas  se lo permiten en todas las acciones de su existencia.  Se trata de la congruencia de acción con pensamiento, de poner el mayor orden posible a lo que hacemos, en el como lo hacemos,  y para que.  Es el domeñar a las inclinaciones volitivas no acordes con la conciencia bien formada, o sea inclinadas al mal, y sublimar las inclinaciones superiores que apuntan al fin final. Lo contrario consiste en la confusión del orden en cuanto al bien, cuando se quiere un bien desordenadamente lo que pretende es un mal, por la falta del orden debido, el bien así se rompe dándose su contrario,  aquí vemos que el hombre no tiende al mal sino en todo caso al bien desordenado  que no es un mal en tanto mal sino un bien roto por confundir su debido ordenamiento, así el vengativo quiere la muerte de su odiado porque hay desorden en creer que matarle es un bien cuando es de tal manera un desorden que producirá mas desórdenes y mas males, no se puede combatir al mal con más mal.  Por el contrario el bien del amor al prójimo, por ejemplo el del perdón,  puede conducir a un orden que  soluciona en vez de empeorar una situación.

De lo que nos debemos cuidar es del equívoco del  “yo uso mi libertad de católico para…” no, no podemos darnos a nosotros mismos criterios propios en materia de formación, sino que en uso de nuestra mas íntima libertad aceptamos la Doctrina de Cristo y tratamos de seguirla de la manera mejor que nos es posible. LA DISCIPLINA, EL ORDEN, LA AUTORIDAD QUE ACEPTAMOS LA AUTOIMPOSICIÓN DE DEBERES, no atentan contra la libertad, sino que es la libre aceptación del binomio  libertad – responsabilidad, de donde por ejemplo,  defender la disciplina es acto de la libertad.

El ejercicio de la libertad interior es a través de nuestra conciencia, y si esta está mas o menos bien  formada cristianamente, lo que se logra gracias a la fe,   esteremos gozando de una sana libertad interior nos podremos defender de las influencias perversas del hedonismo, del materialismo,  de todos los distractores que ofrece la vida tecnificada actual., y de las tendencias equivocadas del liberalismo a ultranza así como de las promesas del paraíso terrenal del socialismo desordenado.

El número 33 del Catecismo de la Iglesia Católica dice así: “El hombre : Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual. La semilla de eternidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia su alma, no puede tener origen mas que en Dios”

Jorge Casas y Sánchez..

martes, 18 de noviembre de 2014

LOS BIENES DEL SER HUMANO BREVE CURSO DE FILOSOFÍA D

BREVE CURSO DE FILOSOFIA CRISTIANA –XXIV-
LOS BIENES  DEL SER HUMANO.
Lo primero que corresponde es examinar la diferencia entre conocimiento y voluntad, ya hemos visto que el hombre va conociendo desde su primera infancia a través de los sentidos, y conforme va conociendo su apetencia por lo conocido se da, a esta apetencia se le puede considerar como pasión que viene a ser una tendencia sensitiva hacia algo, a ese algo se tiende, una vez hecho el juicio intelectual del conocimiento, por la libre voluntad, en otras palabras lo que se conoce por el intelecto se desea , se rechaza, o se es indiferente por la voluntad en uso de nuestra libertad , siendo lo intelectivo y lo volitivo, las cualidades del alma.  Se dice que la voluntad es ciega, apetece pero esa apetencia es la que debemos de someter a nuestro CRITERIO INTELECTUAL y dar a la voluntad opción de lo bueno y rechazo de lo malo. Es así como logramos vencer a las tentaciones del Demonio. O sea que podemos, está en nuestra naturaleza caída, desear cosas impropias del buen cristiano en diferentes campos como el sexual, el económico, el hedonista, el materialismo, y ayudados por nuestra fe y amor a Dios Trino, rechazamos lo impropio y así cumplimos con la voluntad divina, rechazar lo malo y desear lo bueno es lo apropiado del cristiano bien formado, dominando sus pasiones bajas y sublimando sus actos buenos. Son estas potencias del alma Intelecto y voluntad las que definen a la persona humana, pues no actúan solas, es la integridad del ser humano el que al poseerlas las usa para su bien o para su mal.
La apetencia puede ser de carácter sensitivo y se divide en bien  agradable al que se llama concupiscible, y en el bien difícil de obtener al que se llama irascible.
Los bienes concupiscibles, se captan por lo sensitivo y lo intelectivo, en el aspecto sensitivo tenemos los que los sentidos nos señalan como  ”BIENES”, tales son el saciar el hambre o la sed, el refrescarse si hace calor o calentarse si hace frío, satisfacer el ímpetu sexual  (por el deseo que existe), obtener algo que no nos pertenece o ganarlo legítimamente.  Y en el terreno intelectivo los BIENES que no tienen nada que ver con lo sensitivo como:  la sabiduría, el honor, la buena fama, aquí podemos apreciar la apetencia  de los BIENES SUBLIMES como el amor a Dios, el deseo de salvación, la pureza, la piedad. Algunos de los bienes deseados por el intelecto son irascibles como el deseo de la salvación que nos lleva a querer pasar bien calificados a la otra vida, trascender, el ejemplo es el de la búsqueda de la salvación que como nos enseña el Santo Evangelio de Jesucristo que nos dice que la puerta es angosta.  En cuanto a los BIENES concupiscibles, los ilegítimos o pecaminosos, solo con el dominio de nuestras pasiones logramos no caer en la pretensión de satisfacerlos, y solo apoyándonos en la fe y la caridad lo podemos lograr. Así es como el intelecto se debe de sobreponer a lo que la voluntad señala, en este rejuego que existe entre ambas donde la inteligencia le presenta los objetos a la voluntad, esta a su vez  le señala los que apetece, la inteligencia en concordancia con la conciencia, señala los buenos y los malos. Aquí lo importante es seguir a los buenos evitando los malos.
Nos conviene aclarar lo que la voluntad nos señala y a los que llamamos “bienes” y lo son,  en cuanto son ordenados adecuadamente, por ejemplo la satisfacción del deseo sexual dentro del matrimonio es un bien  al realizarse ordenadamente, el comer o beber llevados a cabo ordenadamente de acuerdo a la naturaleza de cada persona, es la satisfacción de un deseo natural, la obtención de BIENES MATERIALES es bueno , llevado a cabo con el orden debido, y el criterio sobre lo que es orden en la obtención voluntaria de los bienes, se fundamenta en la doctrina de Jesucristo. Así es que se realiza la moral en el cristiano.
La obtención de los “bienes” es el constituyente de la felicidad, de allí que los que obtienen los bienes que han identificado como agradables a NUESTRO SEÑOR, en su práctica  encuentran la felicidad de la vida terrenal, ya que su visión está puesta en el bien que es superior a todos los bienes, La Visión Beatífica. El hombre en esta vida terrenal a la que ha accedido sin poner nada de su parte, accederá a la otra Vida a la que trascendemos al separarse nuestra alma del cuerpo, con lo que lleva a cabo en esta vida, de las dos vidas que el Señor nos ofrece es a la que trascendemos la verdaderamente  importante pues es a la que accedemos si esa es nuestra voluntad, en la vida terrenal, lo de vital importancia se desprende de la Vida Eterna, así que con estas dos potencias del alma, que nos permiten, a veces con verdaderos esfuerzos  en el uso correcto de nuestra voluntad guiada por el intelecto, el enfocar todas las acciones de nuestra vida  hacia la salvación y el conocimiento directo de Dios eternamente, esfuerzos gustosos pues como Santo Tomás nos enseña el hombre tiene  una inclinación natural a amar y la orienta hacia Dios.
El hombre tiene muchas inclinaciones y por  tanto elige lo que considera bueno, (bien) aquello por lo que siente amor, inclinación, preferencia, que son finalidades, fines que desea obtener, cuando estas son dirigidas ordenadamente teniendo presente que estas deben de dirigirse en relación a FIN FINAL,  la vida se perfecciona, ante los ojos de Dios, en cambio cuando aquellas finalidades no llevan esta dirección sino que se orientan a satisfacciones personales, e incluso comunitarias que nada tienen que ver con el fin final,  un ejemplo es la FILANTROPIA que sin duda es un BIEN pero que se puede realizar, lo que sería muy raro, pero se da, sin tomar a Dios en cuenta para nada, como si se estuviera montado en la propia soberbia , los bienes  que sean  que NO estén orientadas a cumplir con la voluntad de Dios, al incluirlas en nuestra existencia nos pueden desviar del buen camino. Todas nuestras acciones serán motivo de examen en nuestro juicio particular en el que se decide nuestro destino eterno, de allí su importancia incomparable.
Cuando San Pablo nos enseña que ya no es él, el que vive en sí,  sino que es Cristo quien vive en él, lo que nos está diciendo es que ha sometido sus pasiones al amor de Dios, y sus actos a la búsqueda de los mas sublimes BIENES, los del apostolado, que su inteligencia ayudada por supuesto por la fe y obrando con caridad, ha sometido a sus pasiones malignas, ofreciendo toda su vida al cumplimiento de la divina voluntad, que todos los BIENES que busca, y en ello encontró, y vivió con la Virtud de le Esperanza en la seguridad de su salvación, lo que en sus miserias de la prisión e injusticias terrenales le debió de proporcionar la mas intensa felicidad. No en vano se ganó el nombramiento de Apostol de los gentiles.

Jorge Casas y Sánchez. 

lunes, 3 de noviembre de 2014

BREVE CURSO DE FILOSOFIA CRISTIANA -XXIII-


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              BREVE CURSO DE FILOSOFIA CRISTIANA –XXIII-

El hombre al observar la naturaleza que le rodea se admira, y es la admiración la que nos impulsa a perseguir la información, la sabiduría, nos empezamos a formular preguntas, como el ¿porqué?  ¿de donde?, ya Aristóteles señaló que el inicio de la filosofía es la admiración, el ser humano no se conforma con la observación, se cuestiona, pues no le satisfacen los efectos, quiere conocer las causas.  Esto nos lleva hoy día no solo a cuestionarnos las causas de la lluvia que cae, la planta que crece, sino todo lo que sucede en nuestra  existencia, todo lo que observamos es causado por algo, y esto llevado hasta sus últimas consecuencias desemboca en Dios. Causa de todas las causas, causa primera y sola.  Esta especulación es propia de la inteligencia, no de los sentidos, es distinta a estos que son sus informantes, son los que observan, perciben, pero no piensan, solo examinan.

El proceso de las ciencias y la Teología lo es, así como  otros conocimientos del ser humano recorren el camino que nos lleva a las conclusiones, a saber :  lo primero son las SENSACIONES, los instrumentos son los sentidos, viene después la MEMORIA, el instrumento es el cerebro, las cosas que memorizamos en su conjunto (asociación de ideas) forman la EXPERIENCIA, el instrumento de aquí en adelante es nuestra alma espiritual, el conjunto de las experiencias nos llevan a concluir con los conceptos UNIVERSALES, y de cada principio vamos extrayendo CONCLUSIONES, en pocas palabras el proceso empieza con el binomio   - observación-admiración -   después interviene el juicio o inteligencia. Como vemos los sentidos no pueden percibir muchas cosas que solo el juicio conoce, los sentidos ven los accidentes, la inteligencia ve estos pero además conoce la substancia y la esencia. 

Al admirarnos de las cosas  intuimos a Dios  gracias al Espíritu Santo,  aunque los sentidos no participan como en los conocimientos que adquirimos en el día a día, al contar con la gracia gratuita de la fe, si nos lo proponemos  y  es  muy importante que así sea, para que no  perdamos, y aún ganemos , con meditación y oración, y  la frecuente comunicación con la Santísima Trinidad, la admiración y la capacidad de asombro  ante las maravillas de Dios, creador, salvador y santificador nuestro, porque es natural que  con el pasar del tiempo se pierda la capacidad de admiración, pensemos por ejemplo en la llegada del hombre a la luna, que es algo que no nos admira ya como nos admiró y sorprendió cuando  sucedió que  no fue algo que solo nos contaran, sino que lo observamos con nuestros sentidos por la transmisión televisiva. Solo se necesitó una fe humana para creer que la transmisión no fué trampa sino cosa real y que estaba sucediendo allá en el espacio sideral. Y que la asombrosa tecnología nos permitió contemplar personalmente. Nos consta que sucedió, tal como lo vimos, pero a Dios por ejemplo no lo hemos visto crear, y por la fe tenemos la certeza de que él es el creador,  tampoco le hemos visto, no sabemos como es, aunque sabemos que es espíritu puro y los sentidos no captan eso, es nuevamente la FE DIVINA  la que nos permite conocer de su existencia.  Renovarse o morir, dice el castizo refrán.

La certeza que tenemos de las cuestiones reveladas las obtenemos por la fe,  sin la fe no resulta comprensible nada de lo que se relaciona con la Revelación Divina, y esta certeza es mayor, no solo porque procede de nuestro propio pensamiento sino que sabemos por experiencia que los sentidos nos pueden engañar, son falibles. Son por tanto dos tipos de certeza las que tenemos, la intelectual y la sensible.

Las certezas que tenemos en materia de moral cristiana las hemos obtenido mediante el proceso intelectivo sujeto a nuestra fe, y dicha moral la consideramos inaleniable y no sujeta a cambios de costumbres sociales o culturales, , ¿ la razón ? simplemente porque está enraizada en la doctrina  cristiana, el relativismo cultural equivocadamente propone cambios de visión moral con los cambios de las tendencias  sociales. (b Ej. divorcismo, abortismo, hedonismo, legalizaciones de la droga, etc.)

La certeza  de lo que sabemos se basa en la “autoridad” o en la evidencia, si por ejemplo a mi se me dice que Italia tiene forma de bota, es la autoridad, sea de mis profesores, de mis padres de los libros y sus mapas, de la fotografía de los satélites y de otras fuentes, mas no hay evidencia  directa a través de mi sentido de la vista para hacer tal afirmación, ( a menos que sea yo astronauta  y lo haya comprobado personalmente ),  pero ante la certeza de que 3 + 2 = 5 está claro que ello me es evidente, o sea que la certeza de lo evidente es mayor que la de la autoridad, pero estamos hablando de la AUTORIDAD HUMANA, cuando hablamos de la AUTORIDAD DIVINA se produce la mayor de las certezas, porque Dios en su perfección no puede equivocarse como nos equivocamos los humanos, Dios es infalible.  SU REVELACIÓN ES LA VERDAD MAS CERTERA, a las certezas vamos llegando por el llamado RAZONAMIENTO DISCURSIVO, que consiste en ir paso a paso conociendo primero a través de lo sensible a lo inteligible, es decir razonando. Aquellos conocimientos que adquirimos desde niños generalmente,  al memorizar  las enseñanzas del Catecismo, y que son verdades,  con la fe  y nuestro razonar se van convirtiendo en nuestras más íntimas convicciones, es decir en las más altas de nuestras certezas .

Como no admirarnos ante  el poder creador de nuestro Señor, ante su providencia que mantiene el orden en el universo,  (y lo que no, pues no podemos, simples humanos conocer toda la creación), debemos sentir una gran admiración por la creación del hombre a imagen y semejanza del propio creador, por su bondad al darle la salida maravillosa de la salvación después de la grave ofensa, y de la donación de su propio hijo,  después de su encarnación y nacimiento virginal, para lucrarnos la Vida Eterna, y además obtenernos  la adopción como hijos suyos, como no admirarnos de la obra redentora de Jesucristo, donando hasta la última gota de su sangre divina y humana, por la fundación de su Iglesia y sus Sacramentos, en especial el del  PERDÓN  y  el de la EUCARISTÍA mediante los  cuales  podemos acceder a la Comunión donde se nos da Él mismo como alimento de nuestra alma y fuente de gracia santificante, y por virtud de la presencia real y verdadera de toda la divinidad, toda la humanidad su alma humana,  nos une a todos los cristianos que en Gracia de Dios nos acercamos al Sacramento Eucarístico,  gracias al propio Sacramento,                    ( Comunión de los Santos) .

 Nada puede ser más admirable que la misión del Espíritu Santo que cuida y guía a la Iglesia y la vivifica, con  su Magisterio, y el Papa, que lo encabeza, como cúspide de la jerarquía que permite el tener una Curia Cardenalicia, una Santa Sede, obispos en las diócesis que literalmente cubren el planeta habitado entero, en fin son muchas las cosas que deben de causarnos admiración, no  debemos caer en situaciones carentes de admiración ante todas estas grandezas y muchas más que no menciono aquí.  Es penoso en ocasiones darse cuenta de que muchos católicos a los que podríamos llamar “ de etiqueta ” que en su ignorancia asisten a la SANTA MISA, con un talante  de distracción, como tan solo cumpliendo con una costumbre social, en  actitud inapropiada, en diferentes aspectos, como el de la forma de vestir, el cuchicheo, las salutaciones con carácter mas bien de relaciones sociales que de la devoción propia del momento, menos que van a Misa , comentará alguien, si por supuesto pero cuan preferible fuera que lo hicieran apropiadamente, con devoción, con la ropa apropiada,  y con un comportamiento que mostrara el asombro que debemos  experimentar ante la grandeza de lo en cada Santa Misa sucede, asombro que debe de combinarse con la adoración, amor, sumisión a Dios, propias del católico con formación.

Esto nos debe de llamar a dar el mejor ejemplo posible, ciertos de que éste  enseña ,  pero además deberíamos de involucrarnos en el apostolado necesario para que salgan de la ignorancia, tengamos la seguridad de que si supieran,  lo que todo católico debería de conocer sobre lo que está sucediendo en cada celebración, su talante en misa sería diferente. Empecemos por recuperarlo nosotros, si lo hemos perdido o no lo hemos logrado ante la ENORMIDAD  (así la llama el padre Cantalamessa) de la EUCARISTIA que en cada misa tiene lugar, JESUCRISTO OBRA EL MILAGRO DE LA TRASUBSTANCIACIÓN, las especies  por su divino poder cambian su sustancia y lo que era pan ya no lo es aunque lo parezca y lo propio sucede con el vino, ha cambiado su SUBSTANCIA aunque conserven sus ACCIDENTES.  Pan bajado del Cielo que por amor se hace presente entre  nosotros para que podamos morar sacramentalmente en Él, en esta vida mediante el Sacramento de la Comunión,  como signo de que podremos estar con Él en la otra Vida. Fuente, manantial de Gracia salvífica. Si se carece de este conocimiento no se puede dar en uno el sorprenderse, inicio de la intelección necesaria para profundizar en el conocimiento de la Revelación.

El propósito debe de ser el de ayudarnos  a perder el desconocimiento de las maravillas de la Revelación procurándonos  la experiencia religiosa que a través del propio razonamiento nos llevará al  conocimiento necesario, en la seguridad que no dejaremos de asombrarnos,  y obtener las certezas que desembocan en la devoción, la admiración, el amor a Dios, pues somos  dueños de la propia reflexión y conciencia.

Pidamos a la Santísima Virgen su intercesión para que a través del incremento de nuestra caridad, nuestra admiración nos lleve a ser mejores católicos, mejores apóstoles en este que podríamos llamar el “apostolado del combate a la ignorancia”.   

Jorge Casas y Sánchez.