miércoles, 16 de octubre de 2019

ALGO SOBRE DOGMÁTICA.


ALGO DE DOGMÁTICA.

La Iglesia a través de la Teología Dogmática ha venido, a lo largo de mas de dos mil años ocupándose de estudiar a fondo los Dogmas de Fe, campo en el que es infalible, por lo tanto libre de error, la infalibilidad es un don que Dios nos otorga y que comenzó con los apóstoles de Jesucristo y se conserva con la inspiración y cuidado del Espíritu Santo, que obra sobre los seguidores de los Apóstoles que constituyeron el primer Magisterio de la Iglesia, mismo que continúa y continuará hasta el fin de los tiempos, siempre inspirado y cuidado por el Espíritu de Dios.

Vamos a hacer un breve recorrido de estos dogmas, y en el contenido de este papel se irán viendo en cada caso, bajo el criterio de la filosofía cristiana, buscando mayor amplitud a la que normalmente se presta:

 Comenzamos con la existencia eterna de Dios, cuya existencia podemos comprobar no solo por su propia Revelación sino por las luces naturales de la razón, mas hay misterios de Dios que solo por la Divina Revelación podemos conocer como es el hecho de la Santísima Trinidad, sus tres Personas, en una sola Naturaleza Divina.

Continuamos con la Creación, cuando Él así lo decide las cosas empiezan a existir, pues a partir de la nada con su inconmensurable poder les da la existencia, a todo lo que existe en el Cielo, en la Tierra, en el universo y en todo lugar.

Los ángeles son parte de esta creación, así como la caída de Luzbel y sus seguidores, quienes son los demonios.

Entre los ángeles buenos,  hay  aquellos que ha designado como custodios nuestros. Estos desempeñan un papel preponderante en nuestra vida personal, al ser custodios, consejeros, compañeros, que nos prestan innumerables ayudas, seamos o no conscientes de ello.

Como  final de esa parte de la Creación, Dios crea al hombre, a imagen y semejanza suya, con alma creada en forma individual, después crea a la mujer, y entre ambos, engañados por el demonio caen en gravísimo pecado, pues se mide no por el ofensor, sino por el ofendido, y es esta primera pareja humana, de la que se origina al resto de la humanidad, mujeres y varones que contamos con un alma individual, creada por Dios en cada caso, y justo en instante en que somos concebidos en el vientre de nuestras madres y en ese mismo instante lo es nuestro cuerpo mortal, que resucitará. La creación de cada una de las almas que Dios crea en el momento de la concepción de cada ser humano es esta otra parte de la Creación, que aún no termina. Este es un tema que conlleva una relevancia doctrinal de extraordinaria importancia, que debe de ser conocido con toda claridad por todos los hombres, pues lleva en si la explicación de la postura inalienable de toda la Iglesia, en relación al aborto procurado. La realidad absoluta es que dada la intervención divina en el propio instante de la concepción, lo que en el seno materno existe a partir de ese instante es una PERSONA HUMANA. Aquí es irrelevante el tamaño, ello no es mas que la dimensión, lo que la mujer concibe en su vientre es una persona diferente a ella, con sus propiedades, alma, y cuerpo, propios, irrepetibles, únicos y con características propias, que se irán desarrollando, pero que en forma latente ya existen, allí están, no son un proyecto, son una realidad que irá realizándose en el tiempo y espacio, sus dimensiones cambiarán, pero en potencia ya existen. Se trata de una persona nueva, distinta a todas las demás, con derecho a vivir, a ser llevada hasta el alumbramiento, y después a ser conservada en la vida, educada, y preparada para ser autónoma en la sociedad. Se trata de las obligaciones de los Mandamientos y Doctrina de la Iglesia, además de los Derechos Humanos.

La Virgen, Madre de Jesucristo y Madre nuestra precisamente porque, Él así lo decidió, nace preservada de todo pecado,  concebida en forma inmaculada  la Santísima Virgen, quien será la madre de Jesucristo, por tanto madre de Dios hecho hombre. No cabe la posibilidad de que la concepción de Jesucristo se hubiese llevado a cabo en un cuerpo que conociera o hubiese heredado el pecado, las entrañas de la Santísima Virgen son purísimas, y así reciben la concepción del “Hijo del Hombre”, como se identificaba a si mismo.

Nuestro Señor Jesucristo Segunda Persona de la Trinidad, viene a este mundo, a redimirnos. Es perfecto Dios y perfecto hombre en cuanto nacido de una mujer.

Es concebido en el vientre inmaculado de la Virgen, quien lo pare sin perder su virginidad en el portal de Belén.

Este salvador nuestro, muere en la Cruz y al tercer día resucita. Fue necesaria su Pasión y Muerte para que mediante el Sacramento del Bautismo se nos perdonara el pecado de origen heredado de Adán y Eva.

Jesucristo funda su única Iglesia, le da su jerarquía, doctrina, sacramentos, gracia, sabiduría, y le promete al Espíritu Santo para que la asista hasta el fin de los tiempos.

Esta única y auténtica Iglesia de nuestro Señor, la que Él funda, la que tiene la misión de dar gloria a Dios y de ayudarnos en nuestra  santificación, está constituida por todos los bautizados y fue diseñada jerárquicamente por su propio fundador, Jesucristo, es madre y maestra, custodia y nos administra  los Sacramentos, y por  sucesión es apostólica, cuenta con su Magisterio. Este  está constituido por los obispos que están en armonía doctrinal y a los que encabeza y es su autoridad máxima el Obispo de Roma, al que llamamos Papa, esta jerarquía consta de todos los obispos que están diseminados por el mundo. Además tenemos: el Colegio Cardenalicio, el presbiterio de los sacerdotes, diocesanos, y el diaconado, cuyas misiones son las de santificar, gobernar, administrar los Sacramentos, enseñar, y mantener la pureza doctrinal, las Órdenes Religiosas, los laicos o seglares, venimos a completar esta diversidad de condición que nos lleva a todos conjuntamente a realizar la misión salvadora de la Iglesia, que en verdadera unidad y diversidad de función, es  sacerdotal  y profética, en ella todos somos llamados a desempeñar las obligaciones que nos corresponden en las diversas tareas.

Todas las personas de la humanidad, tenemos un destino común, que consiste en nacer, vivir, morir y después de ello tendremos uno solo de los dos destinos:  el de la salvación o condenación, ambas para la eternidad, la primera es la bienaventuranza celestial con la Visión Beatífica y eterna felicidad, la segunda de sufrimiento como castigo de nuestras faltas y oposición a la divina voluntad.

La resurrección  será universal, cada alma volverá a tomar carne, unos para la gloria eterna, con sus cuerpos glorificados, otros para la condenación.
El mundo tendrá fin y estaremos, en su lugar, con la segunda venida de nuestro señor Jesucristo.
Jorge Casas y Sánchez.

lunes, 7 de octubre de 2019

CUESTIONE DE LAS LEYES ETERNA Y NATURAL.


ALGUNAS CUESTIONES IMPORTANTES Y LA LEY ETERNA Y LA LEY NATURAL.

LA LEY ETERNA, es el orden universal que procede de Dios Creador, no puede ser modificada, pues es diseño divino.

LA LEY NATURAL, procede absolutamente de la Ley Eterna, y se refiere al ser humano, por tanto de ella dependen  la naturaleza humana, como las leyes positivas hechas por los hombres. Su principal aspecto es que se dirige hacia el bien, y que evita el mal, por tanto toda moral humana le está sometida. La tendencia del hombre nunca es hacia el mal, lo que sucede a menudo es que el hombre confunde el mal, considerándolo como bien, equivocadamente. Su adjetivo de natural, procede precisamente de esa inclinación innata del hombre hacia el bien e inclinación a evitar el mal. Como prolongación de esta Ley Natural nacen las Leyes Positivas, que son emanación de la civilización de las personas, en su vida comunitaria, atendiendo al gregarismo que es característica natural del hombre. Los Estados a través de sus instancias legislativas deben alinearse a estas leyes, en primera instancia a la Ley Natural y en última instancia a la Ley Eterna.

Vemos que todas las cosas tienen una finalidad que han recibido de la razón, de la sabiduría divina, que es el principio directivo de todo acto. No puede haber otro, ni podemos dejarlo todo a la casualidad, sería locura afirmarlo. En el caso del hombre se encuentra a  lo largo de su vida con muchos fines, los cuales va cumpliendo en el mejor de los casos, con su esfuerzo y su actuar, y tiene lo que podemos llamar un fin supremo que es el fin final, su salvación eterna. De allí que la formación es tan importante, dado que es  la mejor guía para la obtención de ese fin supremo.
Hechas estas aclaraciones podemos introducirnos en algunas de las teorías que desvían a los hombres de esa inclinación al bien, que son causantes de  los errores que confunden bien con mal. En ocasiones estas teorías son en parte verdad y muy valiosas pero: o están incompletas, o equivocadas y en otras ocasiones, son errores garrafales de principio a fin.
No se puede cubrir en este breve papel el extensísimo campo de esta referencia, nos tendremos que atener a solo dos ejemplos que nos muestran algo de lo comentado antes y que dan una idea de como las influencias de los grandes pensadores de lo novedoso, pueden influir en el pensamiento popular, es un hecho que afectan primero a los círculos académicos y de allí se generalizan a la cultura ciudadana, produciendo con su influencia males, distorsiones y equivocaciones.

DARWIN; Un ejemplo que podemos examinar, (del siglo XIX) por la influencia global que ha tenido es el aspecto, a partir de teorías que nacen después del segundo viaje del Beagle, en el que participa Darwin, y que vienen a influir grandemente, en primer término, al mundo sajón, son contrarias a la demostración que más adelante haremos de la única teoría verdadera sobre nuestra procedencia, la Creación, las dos principales teorías  de Darwin son el evolucionismo y la selección natural, sin duda que ambas tienen bases científicas sólidas, pero también padecen de grandes lagunas que jamás se cubrirán porque  no es posible.  Aquí debemos de concluir con que las teorías científicas no siempre se pueden tomar como absolutas, pero en casos como el de Darwin, en especial por la época en que se da, se convierte en un distractor de gran dimensión e influencia. Estamos hablando de la persona humana, no olvidemos su dignidad, y procedencia, venimos de Dios y fuimos creados a su imagen y semejanza.
Sin duda que las teorías de Darwin suscitaron una importante revuelta científica mundial en su tiempo, pero con el pasar de los años se han venido desacreditando. Si hay verdades comprobables en la supervivencia de los mejor adaptados, pero definitivamente es un fracaso rotundo lo que trata de sostener sobre el origen de la especie humana. La razón que siempre sobresale ante cualquier argumento por razonado o sin razón, que sea, tropieza con  que: lo espiritual no puede proceder de lo material y que el hombre es espíritu y carne, ante este muro se han roto infinidad de cabezas que han acometido en contra de la Creación, y curiosamente, se siguen rompiendo. Aquí lo que se enfrenta,  es:  “la Providencia de la Divinidad”   vs.  “los caprichos de la naturaleza”.  Solo la testarudez científica con malos fundamentos, esa especie de “cientifismo barato” sigue inventando argumentos, cada vez mas risibles.   Conviene aclarar que no se está contra las ciencias o los científicos, lo que sería locura, pero si el desprecio a sus manzanas podridas que como en toda comunidad humana se dan y tienden a contaminar a las otras.
DESCARTES; Pero ya antes en el XVII René Descartes que se formó dentro de la teología y filosofía Escolástica, tiene afirmaciones como la de que: si sus padres le han dado la vida material, solo Dios le puede haber dado la espiritual. Pero en el balance de sus razonamientos en los que no le faltó la fe, si fué ésta, insuficiente ante el gran poder de sus especulaciones, al grado de pensar que no era el conocimiento del momento, ese turbulento en todos sus aspectos, Siglo XVII, suficiente para demostrar algunos de los fenómenos naturales, este siglo tuvo en todos los saberes: literatura, arquitectura, pintura artes en general, técnicas, etc. grandes cambios progresistas, y él, René, no se podía quedar atrás. Elabora en su mente la teoría de la duda metódica, (inspirándose en filósofos anteriores a él, que ya habían especulado sobre ese tema)* a la que considera sustento para llegar al conocimiento del que hay que partir para obtener certeza sobre las  verdades establecidas, dudar de toda base estudiada con anterioridad a él y empezar de nuevo el examen de todo conocimiento previo. Tuvo influencia mundial, también.
                  
Francisco Sánchez, el Escéptico lo dibuja así: “….poniendo todo en duda, como si nadie hubiera dicho nada jamás, comencé a examinar las cosas mismas…..

Hoy, continuando con material para nuestras especulaciones y como corresponde a un papel de filosofía cristiana vamos a abordar el tema de la esencia del cristianismo, no en busca de una definición de lo que el cristianismo es, lo que dejamos a los teólogos, sino para tener un concepto lo más real posible de nuestra religión. Y estar en la verdad. Independientemente de la cultura popular cuando esta ha caído en equivocaciones. Recordemos que la filosofía es sustancialmente: búsqueda de la verdad.

Siguiendo a Michael Schmaus,  podemos decir en primer lugar que el cristianismo es verdad, “la verdad”, es la luz que necesita el espíritu, luz que se irradia a todo,  todo lo del mundo, la existencia de  todos los entes, la vida y el hombre, permite al ser humano ver diáfanamente nuestra propia existencia y así su trascendencia. La verdad no se puede, no se debe de extinguir, al extinguirla se carece de la luz del espíritu. Es por tanto de necesidad absoluta que el cristianismo mantenga encendida esa luz de la verdad, lo que se logra y conserva desde la escritura del Antiguo Testamento y en forma muy, muy especial la venida de Jesucristo que revela las mas grandes verdades sobre la Divinidad, y el hombre, por lo que será a partir de entonces que la Iglesia, nuestra maestra conserva, cuida, mantiene las mas grandes verdades que el hombre puede poseer y siempre nos guía con la inspiración del Espíritu de Dios. Podemos y debemos, sin lugar a duda, considerarlas VERDADES ETERNAS DE LA REVELACIÓN DIVINA. 
Como dudar de esto si está basado en Revelaciones Divinas,  la preparatoria del antiguo testamento y la directa de nuestro señor Jesucristo. Aquí el papel de nuestra fe es preponderante, pues es con ella que captamos la verdad, siendo la falta de fe aquella, ceguera que lo impide.
Pero el cristianismo no solo es verdad. Tan solo la verdad no llena el espíritu del hombre, es desde luego imprescindible para su salvación, pero ella sola no basta para salvarnos.
La verdad de las cosas que Dios ha querido revelarnos, no tienen engaño alguno, a nadie se le ocurriría decir que Dios nos engaña, y Él en su sabiduría infinita no puede equivocarse, no cabe en lo posible, no puede engañarse.
La persona humana además necesita normas, le son necesarias los imperativos morales, el conocimiento del bien y del mal, rechazando el segundo y procurando el primero. Es así como vamos lucrando nuestra salvación. Nos es necesaria una guía, que como la brújula al marino le marca el rumbo al puerto abrigador. No podemos erigirnos en nuestros propios jueces en esta materia, el Creador es quien nos señala con sus divinas revelaciones el cómo y el porqué de nuestro comportamiento y cuando este falla, lo que es propio de nuestra naturaleza humana, nos otorga el sacramento del perdón.
Pero el cristianismo no se puede quedar en un corregir de lo moral, aunque éste es verdadero y valioso, de valor imprescindible, nuestra religión va mas allá. Imaginemos un mundo sin preceptos, sin leyes ni reglamentos, sería un caos insoportable, que no llevaría a nada bueno. El crear y aceptar las regulaciones y la normatividad no es para el ser humano de ninguna manera pérdida de libertad, mas bien es ejercicio de la libertad por propia voluntad. Es decisión libérrima en la que nos proponemos: el orden de nosotros hacia los demás y de ellos hacia nosotros. Toda libertad incluye responsabilidad, no podemos olvidarlo. Nacen pues las normas morales del creador que es quien nos enseña cual es nuestra naturaleza, y se realizan en su misericordia,  en su bondad. San Juan evangelista nos dice “Dios es amor”, por lo que, lo que procede de Dios, lo es también, y el Cristianismo procede de Dios por lo tanto es amor. Además de verdad y moral. Sabemos que el amor es lo contrario del odio, y el odio es muerte, es el asesino de la felicidad humana porque mata al  amor. Gran mal de nuestra época, que en tantos casos y relaciones entre los hombres, y entre las naciones,  carece de amor, y lo peor que en su lugar surge el odio, y en ocasiones este odio se da entre las razas y entre las religiones, olvidando que somos una sola raza; la raza humana, nos enseña san Josemaría
 Hay y con mucha razón una forma de examinar cuales son las maneras de dar solución a muchos de los grandes problemas del mundo, tales como pobreza indignante,  batalla que muy lentamente pero que se va ganando, pero resta aún la pobreza de la que se debe salir para que todos los hombres sobre la tierra no carezcan de lo indispensable, pues de esta pobreza hay mas hoy que entes; otro es el de la falta de  la paz, y en su lugar, guerra con destrucción, odios entre naciones, religiones, culturas, y esas soluciones se obtendrían, en el primer caso con una mejor distribución de los recursos, el trabajo productivo, y la paz, con solo seguir el mandamiento nuevo de Jesucristo, “amaos los unos a los otros”. 

Pero las ambiciones de dominio en los mercados, el enriquecimiento a ultranza, el poder bélico intercontinental con sus costes altísimos, lo impiden, lo alientan, lo dificultan e incluso lo evitan. A esto se pueden añadir las ideologías perversas que se tratan de imponer como el NOM (nuevo orden mundial) que se sustenta en la posesión de los capitales financieros, y que pretende destruir la gran influencia humanista de la Religión Católica y su Iglesia, que fomentan los valores de la familia, la armonía entre los diferentes estratos sociales. Las perversas ideas que persigue el NOM, pretenden controlar el número de habitantes que ellos consideran para sus fines el adecuado, también les estorban los valores morales de la buena educación, de la familia tradicional, porque esa formación humana hace que el criterio del hombre no sucumba ante sus ideologías y finalidades de control político e incluso religioso, pues tratan de diseñar una “religión” “ad hoc” a sus pretensiones, que incluye el control natal fomentando el homosexualismo masculino y el lesbianismo femenino, el abortismo, la eutanasia, el divorcismo, etc, en fin la destrucción de la civilización cristina basada en valores sublimes.
Por otro lado lo que se predica entre la cristiandad es ese amor procedente de Dios, al ser correspondido por nosotros, del que nace  la fe, que es la base, el cimiento de todas nuestras  creencias, nacen también la piedad, la devoción, y por supuesto el amor a Dios, y a sus criaturas en especial la hecha a su imagen y semejanza, que si por algo se distingue entre las demás criaturas es por su libertad, el libre albedrío, la práctica de los grandes valores humanos, la convivencia, la coexistencia, y las mejores relaciones humanas pacíficas.

Mas adelante trataremos más sobre el amor con mas generalidades, y concluiremos el tema de la esencia del cristianismo. Por ahora continuamos comentando sobre el amor en el catolicismo;  Frank Thíess, (Frank Thiess, escritor alemán, nacido en Rusia).
 en su obra “El Reino de los Demonios” afirma, con razón, que para un vivir auténticamente humano se precisan tres cosas: belleza,  orden y amor.
Él ve a la belleza como resplandor de la verdad que nos fue legada por la antigua Grecia.
 Que los creadores del orden, al manifestar la ley, fueron los romanos.
Y la tercera fuerza, el amor, la proporcionó el Cristianismo. Sin duda  la mas importante, e imponente del humanismo.
Esta filosofía ante la burda y deshonesta manera de actuar de los que sostienen las ideologías del NOM, que sencillamente nos resultan tan pueriles, vulgares y perversas que, si no fuera porque las sustentan los grandes capitales financieros del mundo, caerían en lo risible, pero son un peligro real, proactivo, que tenemos que evitar, defendiéndonos, con la razón, cultura, tradición, buenas costumbres, y altura de miras que nos asisten, encabezadas por el amor al prójimo.
Tenemos a la verdad, a la moral y al amor pero aún la esencia del cristianismo no está completa, pues si se dijera que el cristianismo es la religión del amor, esto se podría prestar a malas interpretaciones, algo como “encuentro de corazones” o “almas gemelas” incluso algo por el estilo, por lo que conviene aclarar, lo que en el Amor Divino, lo primero y principal es: además de muy importante, que procede de Dios, Él nos ama desde antes de nuestra existencia, hemos estado en su mente desde la eternidad, su amor por nosotros, como todo lo divino, es de una perfección impensable para la mente humana en cambio  el amor humano hacia Dios viene a ser como una chispa comparada con el sol, pues nace del amor en nosotros, aunque procedente del amor de Dios por nosotros,  basta intuir a Dios para amarle, para poderle adorar, en su grandeza, en su bondad, en su misericordia, o sea que vamos más allá del amor humano, al considerarlo como lo que es; lo más adorable que pueda existir. El amor  del hombre a Dios es además extensivo a todas sus criaturas. Al ser todas las criaturas objeto y producto de su amor, al amarle a Él, amamos por extensión a toda su Creación. Solo así se puede entender el Evangelio que nos dice que debemos de perdonar y amar incluso al enemigo.
 Y no digamos, el Mandamiento nuevo de Jesucristo de amarnos los unos a los otros, como Él nos  amó. Su amor es tan grande que dió su vida y la dio en forma muy dolorosa, sufriendo dos agonías, ambas anímicas, la de Getsemaní y la otra, además físicamente dolorosísima, clavado en la Cruz.    
Al no haber nada que no proceda de la Creación excepto el propio Creador. Y la única razón aceptable es, la de que Dios crea para manifestarse en su amor, por lo que todo lo creado  procede y manifiesta  su amor, y con toda certeza podemos decir que todo lo que constituye al universo, incluido nuestro mundo radica y permanece en la existencia por estar en la mente y en el amor del Creador. No hay otro factor, este amor a sus criaturas sostiene la existencia de todo, si faltara se daría la nada.
Jorge Casas y Sánchez.

viernes, 4 de octubre de 2019

HUMANISMO.











HUMANISMO.

Al ir leyendo, meditando incluso estudiando la filosofía cristiana, este papel, en todo caso, servirá para que tan solo se destaquen los grandes temas que habrá que estudiar en los tratados de la materia, la intencionalidad es la de ampliar la información, y cosa no curiosa sino real y verdadera es que la vocación cristiana se alimenta con el mejor conocimiento de la teología, o sea del conocimiento de Dios y de las cosas de Dios. Esto se sustenta  en que no se puede querer, lo que no se conoce, pero que lo amable y Dios en lo más amable que puede haber. A mas conocimiento del Señor, mas se le amará y en esto debemos entender que se trata de amar a la Trinidad Santísima, y consistirá en aumentar nuestra comprensión y los conocimientos sobre Dios Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo. A más amor,  mayor es la vocación cristiana que se suscita. Y recordemos que la esclava de la teología es la filosofía, de allí que el conocimiento de la filosofía de nuestra religión nos ayuda en la vocación salvífica.

Por lo que al tratar de cumplir con el mandato evangélico de difundir la palabra de Dios, en la medida de las posibilidades personales, debemos prepararnos para que nuestra participación en dicha difusión sea lo mas adecuada, recordando que somos, solo, instrumento que pone medios de información, que son formativos para los otros, y que el Espíritu Santo es quien realiza la verdadera tarea. Motivados por ello es que debemos de llevar a la oración toda actividad de carácter apostólico pidiendo al Espíritu Santo que actúe sobre ellos para que abran su corazón a las enseñanzas y a  los que proporcionamos la información, para que  lo llevemos a cabo, debidamente, adecuando el nivel informativo, y educativo, a los conocimientos y capacidad de quien nos admite como guías.

San Pablo en Rom. 10, 17 nos predica que la fe se enseña, que tiene que entrar por el sentido del oído, por lo que para cumplir el mandato evangélico tenemos que hablar, comunicarnos, y al estar mejor informados nuestras palabras serán más claras y más pedagógicas. Los conocimientos se adquieren por el estudio, por lo que aquí conviene hacer una polarización y veremos claramente en que sitio está cada persona, en un extremo pondremos al carbonero, que se salva por su fe, que no tiene sino conocimientos muy rudimentarios. y en el otro al intelectual que cuenta con estudios de posgrado, que por su acción racional, necesita subir el listón. Hay, si, puntos intermedios  y en alguno nos tenemos que apuntar. Dios nos ha dado la inteligencia y debemos de utilizarla y en forma muy especial en lo que a esto concierne. Es imprescindible que vivamos muy presente la Parábola de los Talentos, pues la Doctrina nos indica que del uso de estos, deberemos presentar cuentas al  principio de la otra Vida.

La filosofía cristiana debe obtener de cada uno consecuencias de nuestra fe, estas son las que la hacen operativa y ¿qué puede ser más importante que el crecer en ella a través del conocimiento y el trasmitirla a otros?

Tanto la filosofía como la teología son ciencias, humanas ambas, por tanto pertenecen al estudio de las humanidades. De allí partirán nuestros cuatro párrafos siguientes.

(i) Una primera aclaración consiste en que la filosofía por ser una ciencia muy, muy amplia, pues se ocupa de todas las cosas, en nuestro caso la utilizamos solo para las necesidades de la teología, o sea de las cosas que se refieren, a lo que Dios nos ha querido revelar. Por lo que no se puede considerar sino dentro de este marco, dejando fuera todas las demás áreas de las que se ocupa.

Hay quienes podrán opinaran  que no se debe de confundir a la catequesis común, con los aspectos teológicos y filosóficos, a lo que respondo;  que este escrito, perteneciendo a la  filosofía cristiana no deja de ser: “catequesis orgánica” y por lo tanto se dirige a personas que ya cuentan con cierta formación doctrinal, en realidad estamos hablando de “formación religiosa o teológica” a la luz de la fe cristiana, para personas con cierta iniciación formativa.

 La inteligencia humana comparada con los brutos, o sea los animales es grandiosa, simplemente porque puede intuir a Dios, aunada a la voluntad de la persona humana alcanza alturas insospechadas, y puede mejorar constantemente, pero con la inteligencia divina no cabe la más mínima comparación, si bien somos seres hechos a imagen y semejanza de Dios, porque Él así lo ha querido, su deseo es que le podamos conocer parcialmente en esta vida y con mucha mayor amplitud en la otra. En la que, si logramos la salvación le conoceremos directamente, aunque no en su infinita amplitud. Conviene recordar en referencia a lo anterior el consejo de Santo Tomas de Aquino en relación a que; “debemos de tener fe de niños y doctrina de teólogos”, por lo que no debemos de bajar la mira, por el contrario debemos subirla constantemente, tratando de conocer más de las cosas de Dios.

(ii) Como primera parte de este análisis, debemos de considerar la  Revelación Divina, de ella con la iluminación de nuestra fe, iremos relacionando todas nuestras actividades e intenciones en relación al fin final de nuestra existencia en esta tierra, que es la salvación eterna. Todos tenemos en esta vida una serie de responsabilidades, tareas, obligaciones que cumplir, y deberemos saber compaginar todo ello con nuestro saber teológico, así nuestra vida tendrá un rumbo muy claro por el que debemos transitar, y valoraremos apropiadamente nuestras acciones, siempre encaminadas a ese fin final mencionado. Cualquier éxito a lo largo de nuestra existencia y aquí podemos mencionar, la adquisición de fortuna, de poder, de fama, podría ser una fatal equivocación existencial si no se ha vinculado a la voluntad de Dios, a nuestro esfuerzo por obtener la gracia que nos otorga, en nuestro tránsito hacia  la salvación.

(iii) Nuestro motivo principal y guía a lo largo del breve papel, será la gran síntesis que nos aclara Santo Tomás en relación a la inteligencia y la fe. En ella nos demuestra después de muchos siglos de estudios teológicos y filosóficos que se han llevado dentro de la Iglesia, con una claridad magistral, como iremos viendo más adelante. Que la humanidad sufre en dolorosísimos y múltiples casos a  una crisis de falta de fe, que en muchos casos está llevando a cristianos al “ateísmo práctico”, y peor a doctrinas equivocadas, hoy nos resulta no solo necesario sino indispensable el introducirnos más en la doctrina de Jesucristo, cima de la Revelación Divina.



iiii) La inmensa, importante, necesaria y útil tecnología que estamos experimentando sin duda es un distractor de las cosas del espíritu, a pesar de que bien pensadas las cosas es lo espiritual en la persona humana sin comparación más importante que el aspecto material, de allí la importancia y necesidad de un buen humanismo.  Estamos pasando por el bache, pero consideremos que  es más importante el aspecto espiritual de la persona humana que el puramente tecnológico que pertenece a estrato inferior. Baste pensar que uno es para la eternidad y lo otro solo nos auxilia en esta corta vida. Bache del que saldremos, una vez que hayamos digerido estos rapidísimos cambios que estamos experimentando, y volvamos a la consideración de los valores estrictamente humanos, que serán siempre el sustrato que nos sostiene en tanto seres humanos. Lo anterior nos debe de llevar a examinar lo básico, “back to basics”, dicen los norteamericanos, y en ello llevan razón si no se hacen, en todo, pausas inteligentes, para re-examinar  las cuestiones de importancia podemos desviarnos de las intenciones originales, así que vamos a comenzar con re-examinar dos aspectos básicos: La Creación y la persona humana. Lo que nos dará la dirección de nuestros objetivos, la Creación por ser el entorno en el que existimos, y somos parte de ella, y muy significativa, y después, nosotros mismos, que dentro de dicha creación tenemos un rol, un papel que cumplir.
Jorge Casas y Sánchez.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

FE CRISTIANA


INTRODUCCIÓN, FE, CRISTIANA.
La fe cristiana consiste en creer en la  divinidad de Jesucristo, en su Iglesia, en su doctrina, se trata de un  don de Dios que nos es  otorgado por su misericordia y por su amor.
La fe es don que Dios  nos ofrece, se acepta o se rechaza, se promueve o se deja de lado.
A Pedro le contesta cuando la aseveración  de: ... ”tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” …bienaventurado eres Simón hijo de Joná, porque no te han revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Es por la fe que podemos abrir la inteligencia a la luz divina, a la luz de la Revelación, así tendremos a la razón,  a la sabiduría   iluminadas por la fe.
Pero la fe no solo está en las creencias, es operativa, y para ello nada nos la muestra tan bien como la Carta de Santiago, apóstol, de la que cito:
 “ Santiago 2,7-14 al 19. ¿De qué sirve, hermanos míos, que uno diga tener fe, si no tiene obras? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento cotidiano y alguno de vosotros les dice: -Id en paz calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de que sirve? Así también la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta.


Pero alguno podrá decir: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo por mis obras te mostraré la fe.
Es la fe operativa la que practica el cristiano. Cuando ora, hace un acto caritativo, participa de la Santa Misa o reza el Santo Rosario, considera su filiación divina, medita, ofrece a Dios sus quehaceres profesionales, familiares, sociales, etc.
Razón y fe, no se oponen, por el contrario es necesaria la fe pare ver la verdad razonablemente, sin la fe no es posible comprender la Revelación ni la Moral Cristiana, contenida en el Nuevo Testamento y en la Divina Tradición, cuidada por el Espíritu Santo en el Magisterio de la Iglesia.
 Más de 2000 años de intensos estudios  por mentes preclaras de hombres de la Iglesia que incluyen a científicos renombrados, nos han dejado comprobado que la razón no deja de serlo al recibir la luz de la fe, al contrario penetra mejor los misterios del ser persona humana, criatura de Dios.
Al tratar de entender los misterios de Dios, el hombre necesita de sus razonamientos o sea de su inteligencia,  y esta, es en la Filosofía, en la que encuentra las más altas abstracciones necesarias para entenderlos,  y dado que el conocimiento de lo que respecta a Dios es teología, la filosofía resulta el instrumento  más adecuado, por su lenguaje, y su capacidad de abstracción de servir como instrumento de la aquella.
Para que la fe no se desvíe y se quede en la esfera de los sentimientos el creyente debe estar instruido en los más altos niveles de su capacidad intelectiva, así su fe  formará íntima parte de sus actos vivenciales.
Pero no se aconseja que se introduzca uno, en el estudio solitario de la filosofía en general, pues se corre el peligro de caer en “filosofías” contrarias a nuestra fe, sino que se concentre el católico en la “Filosofía  Cristiana” segura, fundada en  los más grandes de todos los filósofos y teólogos que la Iglesia ha tenido hasta ahora, algunos de ellos entre los Padres de la Iglesia, siendo el último, san Agustín, en plena  edad media san Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino,  por mencionar solo algunos. Nos encontraremos  así mismo multitud de sus seguidores, y comentaristas.
Es el deseo de conocer y amar más a Dios el motor que nos debe de impulsar al conocimiento, aunque somero, de la “Filosofía Cristiana”, como lo son, claro, cualquier otra actividad humana, como la meditación, la santificación de las cosas pequeñas de nuestra existencia, del trabajo, de la vida familiar y todas nuestras actividades comunes y corrientes, como lo son: el ejercicio de la profesión, la investigación, el cultivo de arte, artesanía, trabajo personal o actividades lícitas, como el deporte, el ocio, el descanso,  ya que todo nos debe de llevar a Dios.
Ya desde 1879 el papa León XIII en su encíclica “Aeterni Patris”,  trata de la restauración de la filosofía cristiana en las escuelas católicas, más adelante en este breve curso nos dedicaremos al conocimiento de las enseñanzas de este magnífico documento, el cual el propio pontífice  consideró como su más importante encíclica, por haber influido en enseñanzas posteriores sobre la persona humana, el trabajo, la sociedad, la familia, el matrimonio, y el Estado.
Es por tanto  que 132 años después de la publicación de esta encíclica, debemos de rendirle homenaje por su santidad, su sabiduría, sus enseñanzas, las que nos durarán hasta el final de los tiempos.

Todos los católicos tenemos una dosis de vocación cristiana, puede ésta radicar en forma latente y no haberse manifestado, puede también tener una dimensión pequeña, o puede ser fuerte y sin embargo compartirse con la propia ignorancia. Lo que nos lleva a la situación ideal, es una fuerte vocación y una información amplia. Es la persona con formación, mayor o menor, acorde a los diferentes grados de su capacidad, actividades diversas de su existencia, y demás factores lo que nos orientará hacia el tiempo a dedicar a esta actividad  de ampliar nuestros conocimientos, pero de antemano consideremos que  un total dominio de la materia, no se podrá considerar completo, jamás, la formación cristiana no tiene límite, todos absolutamente todos, incluyendo al más sabio y santo cardenal u obispo, tiene que continuar su formación hasta el último instante de su vida consciente, el saber morir cristianamente, será el último eslabón de nuestra formación.
Jorge Casas y Sánchez.

sábado, 27 de julio de 2019

LA MORTIFICACIÓN EN LA RELIGIÓN CATÓLICA


MORTIFICACIÓN CRISTIANA.   



Lo primero que nos planteamos es que en la religión cristiana, no hay masoquismo, y por supuesto no encontramos en el dolor un placer especial.



En nuestra religión el ejemplo del sacrificio, lo vemos siempre en la vida de Jesús,  Él mismo nos enseña que debemos de tomar nuestra cruz de cada día, por lo que nos conviene meditar sobre lo que esto tiene como significado, y encontramos que continuamente nos enfrentamos a contrariedades en la vida diaria, como escuchar a personas que no nos comunican cuestiones agradables, combatir nuestro cansancio, terminar cosas arduas de trabajo o quehaceres, el concentrarnos, por ejemplo en el estudio, la investigación, el poner atención en la Santa Misa, aguantar a los hijos o al cónyuge, a hermanos, que a veces son impertinentes, o compañeros de trabajo, vecinos exigentes que se quejan de una ramita de nuestra casa que se les pasa a la suya,  el prescindir de algún dinero para donarlo a una causa buena, y de ayuda a los pobres o enfermos.



Estas y muchas otras más son las mortificaciones del cristiano, que tenemos que saber vivir con alegría, en especial porque se las ofrecemos al Señor por amor.

El Catecismo de la Iglesia Católica, nos enseña que: la moral  exige el respeto a la vida corporal, pero no hace de ello un valor absoluto. Se opone a una concepción neo-pagana que tiende a promover el culto del cuerpo, a sacrificar todo a él, a idolatrar la perfección física y el éxito deportivo. Debemos saber conformarnos con las condiciones que el Señor ha querido que sean características nuestras, y cuidar de la salud, alejándonos de los vicios que destruyen mente y cuerpo, el mejor regalo que hemos podido recibir del señor es nuestra alma espiritual, y el cuerpo que tenemos. Con estos conceptos debemos de tomar nota de que el tener un cuerpo sano, que fortalecido por las buenas costumbres alimentarias, el ejercicio metódico o la práctica de deportes, no solo es bueno, sino aconsejable. Lo tenemos que considerar como algo que realizamos en agradecimiento al Creador, que nos lo ha dado, y que mientras mejor cuidemos de él mejor cumplimos su voluntad.



Debemos de esforzarnos en la vida espiritual, amando al prójimo, obteniendo conocimientos, buenas costumbres, participando en la vida comunitaria, y en cuanto a la vida corporal, el hacer algunos sacrificios como el ayuno, sin que sea perjudicial a la salud.



 En las vidas de los santos encontramos que algunos han usado cilicios que ofrecían como mortificación, no se hacían mal al cuerpo, considerándose como oración no solo del cuerpo, sino de cuerpo y alma. Por lo que la Iglesia los permite, siempre que no dañen la salud, pero no los exige, ni impone. Ahora, bien, siempre estará presente en nosotros que Jesucristo sufrió grandes penas corporales por amor a nosotros, para lucrarnos la posibilidad de entrar en el Cielo por la eternidad.



La “santidad en la vida ordinaria” que predica el Opus Dei, hace que los sacrificios más importantes sean los propios de la vida ordinaria: sonreír cuando se está cansado, acompañar a una persona en un trayecto, no retrasar un trabajo aunque aparezca la desgana.



La Nueva Enciclopedia Católica,  define así el término ‘Mortificación’:  “Freno deliberado a los impulsos naturales con el fin de ayudar a la persona a alcanzar la santidad, obedeciendo a la razón iluminada por la fe”.

El Catecismo de la Iglesia señala: “El único sacrificio perfecto es el que ofreció Cristo en la cruz en ofrenda total al amor del Padre y por nuestra salvación . Uniéndonos a su sacrificio, podemos hacer de nuestra vida un sacrificio para Dios”. Lo que se puede traducir en “vida sacrificada, u ofrecida a Dios” y que significa esto, claramente lo vemos en la predicación de San Josemaría en relación a la santificación de la vida ordinaria.

El Papa San Juan XXIII, que dedicó una encíclica a la penitencia, decía: “Ningún cristiano puede crecer en santidad, ni el cristianismo en vigor, sino por la penitencia. Por eso en nuestra Constitución Apostólica que proclamó la convocatoria del Concilio Vaticano II, urgimos a los fieles a prepararse espiritualmente para este acontecimiento por medio de la oración y otras prácticas cristianas, y señalamos que no pasaran por alto para ello la práctica de la mortificación voluntaria”. Encíclica ‘Paenitentiam Agere’ (De la necesidad de la penitencia interior y exterior), 1 de Julio de 1962.



¿Por qué se hacen estas mortificaciones?  nos preguntamos:

La penitencia y la mortificación son una parte pequeña pero esencial de la vida cristiana. Jesucristo ayunó durante cuarenta días en preparación de su ministerio público. La mortificación nos ayuda a resistir nuestra tendencia natural a la comodidad personal, que tantas veces nos impide responder a la llamada cristiana a amar a Dios y a servir al prójimo por amor de Dios. Además, esas molestias voluntariamente aceptadas unen al cristiano con Jesucristo y con los sufrimientos que él voluntariamente aceptó para redimirnos del pecado.



 El monje masoquista de El Código Da Vinci, que quiere el dolor en sí mismo, no tiene nada que ver no con la mortificación cristiana.

A pesar de la morbosa atención que le presta el  El Código Da Vinci .



A la mortificación,  el papel que ésta juega en la vida de los miembros del Opus Dei es muy secundario. Lo primero, para cualquier católico,  es amar a Dios y al prójimo. En coherencia con su propósito de integrar la fe y la vida secular, el Opus Dei enfatiza los pequeños sacrificios, más que los grandes:  seguir trabajando cuando uno está cansado,  ser puntual, prescindir de algo que a uno le gusta en la comida o en la bebida,  no quejarse.



La conversión comienza en nuestro interior,  --la que se limita a apariencias externas no es verdadera conversión.-- Uno no se puede oponer al pecado  en cuanto ofensa a Dios,  sino con un acto verdaderamente bueno,  acto de virtud,  con el que se arrepiente de aquello con lo que ha contrariado la voluntad de Dios y busca activamente eliminar ese desarreglo con todas sus consecuencias. En eso consiste la virtud de la penitencia.

«La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia» (Catecismo, 1431).

La penitencia no es una obra exclusivamente humana, un reajuste interior fruto de un fuerte dominio de sí mismo, que pone en juego todos los resortes del conocimiento propio y una serie de decisiones enérgicas. «La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: “Conviértenos, Señor, y nos convertiremos” . Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo» ( Catecismo, 1432).

La conversión ( como acto de fe que es repetido de acuerdo a cada quien pocas o muchas veces) nace del corazón, pero no se queda encerrada en el interior del hombre, sino que fructifica en obras externas, poniendo en juego a la persona entera, cuerpo y alma. Entre ellas destacan, en primer lugar, las que están incluidas en la celebración de la Eucaristía y las del sacramento de la Penitencia, que Jesucristo instituyó para que saliéramos victoriosos en la lucha contra el pecado.

Además, el cristiano tiene otras muchas formas de poner en práctica su deseo de conversión. «La Escritura y los antiguos Padres de la  Iglesia insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás» (Catecismo, 1434). A esas tres formas se reconducen, de un modo u otro, todas las obras que nos permiten rectificar el desorden del pecado.

Con el ayuno se entiende no sólo la renuncia moderada al gusto en los alimentos, sino también todo lo que supone exigir al cuerpo y no darle gusto con el fin de dedicarnos a lo que Dios nos pide para el bien de los demás y el propio. Como oración podemos entender toda aplicación de nuestras facultades espirituales –inteligencia, voluntad, memoria– a unirnos a nuestro Padre  en conversación familiar e íntima. Con relación a los demás, la limosna no es sólo dar dinero u otros bienes materiales a los necesitados, sino también otros tipos de donación: compartir el propio tiempo, cuidar a los enfermos, perdonar a los que nos han ofendido, corregir al que lo necesita para rectificar, dar consuelo a quien sufre, y otras muchas manifestaciones de entrega a los demás.

La Iglesia nos impulsa a las obras de penitencia especialmente en algunos momentos, que nos sirven además para ser más solidarios con los hermanos en la fe. «Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de Cuaresma, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia» (Catecismo, 1438).



Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es “un dolor del alma” y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar.



«Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama “contrición perfecta” (contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental» (Catecismo, 1452).



«La contrición llamada “imperfecta” (o “atrición”) es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. Tal conmoción de la conciencia puede ser el comienzo de una evolución interior que culmina, bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental. Sin embargo, por sí misma la contrición imperfecta no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia» (Catecismo, 1453)

En el Antiguo  Testamento  vemos, ( como en otras religiones), las prácticas penitenciales estaban arraigadas en el pueblo de Israel. La oración, la limosna, el ayuno, la ceniza sobre la cabeza, el vestido de un tejido tosco y áspero, llamado vestido de saco, eran algunos de los muchos modos que tenían los israelitas de mostrar su deseo de reorientar la vida y convertirse a Dios.

Jesús, que, como unánimemente señalan historiadores y estudiosos de la Escritura, centró el contenido de su predicación en el Reino de Dios, exige también la conversión como parte esencial del anuncio del Reino: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15). La conversión, la penitencia, a la que Jesús llama significa el cambio profundo de corazón. Pero también significa cambiar la vida en coherencia con ese cambio de corazón y dar un fruto digno de penitencia . Es decir, hacer penitencia es algo auténtico y eficaz sólo si se traduce en actos y gestos. De hecho, Jesús quiso mostrar con su vida penitente que Reino de Dios y penitencia no se pueden separar. Practicó el ayuno (Mt 4,2), renunció a la comodidad de un lugar estable donde reposar (Mt 8,20), pasó noches enteras en oración (Lc 6,12) y, sobre todo, entregó voluntariamente su vida en la cruz.

Los primeros discípulos de Jesús, al hilo de sus enseñanzas, entendieron que seguir a Cristo implicaba imitar sus actitudes. San Lucas es el evangelista que más subraya cómo el cristiano debe vivir como Cristo vivió y tomar su cruz cada día, como Jesús había pedido a sus discípulos: «Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día, y que me siga».

Mortificación en conformidad con la enseñanza de Jesús

De este modo, los primeros cristianos continuaron acudiendo al templo a rezar (Hch 3,1) y siguieron practicando las obras de penitencia, como por ejemplo el ayuno (Hch 13,2-3), si bien en conformidad con la enseñanza de Jesús: «Cuando ayunéis no os finjáis tristes como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, para que no adviertan los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará» (Mt 6,16-18).

Sin embargo, a la luz del valor de la muerte de Cristo en la cruz, por la que los hombres son redimidos de sus pecados, los cristianos entendieron que las prácticas penitenciales, sobre todo el ayuno, la oración y la limosna, y cualquier sufrimiento no sólo se ordenaban a la conversión sino que podían asociarse a la muerte de Jesús como medio de participar en el sacrificio de Cristo y corredimir con Él. Así se encuentra en los escritos de Pablo: «Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24) y así se sigue viviendo en la Iglesia.

Compiló Jorge Casas y Sánchez.

lunes, 8 de julio de 2019

segunda parte -ALGUNOS TEMS QUE RELACIONAN AL HOMBRE CON DIOS




SEGUNDA PARTE.
(principia segunda parte)
Las generaciones tradicionalmente se han formado con la transmisión de padres a hijos que es una o ha sido la gran influencia, hoy  día el mundo mediático está influyendo grandemente a las nuevas generaciones, en un grado que debemos de considerar como intromisión en el seno familiar ya que la juventud tiene un acceso absoluto a las redes sociales, a las fuentes de información, a la música, a artículos y fotos o videos de toda clase y temas, se trata de una verdadera infiltración cuyo variado contenido va de lo mas sublime y conveniente, como útil y necesario, a lo mas perjudicial, pervertido y maléfico para los menores y la juventud. Y esto sucede en múltiples ocasiones sin el conocimiento de los padres, tutores, profesores, familiares, por lo que podemos definir a grandes rasgos que se trata de un aspecto polar en el que se tiene: uno el maléfico que tiraniza, esclaviza, manipula  y otro que puede servir como fuente de información riquísima, educativa, formativa, esto nos lleva a pensar en la necesidad de que los responsables de la formación, verdaderamente se involucren en el control de lo que están recibiendo estas nuevas generaciones. Lo que es un verdadero problema en muchos casos, pues vemos a madres, y en menor cantidad, padres, pero también los hay,  que no son capaces por ignorancia cibernética de conocer lo que sus hijos están recibiendo en sus celulares, tabletas, y lap-tops, sencillamente porque desconocen su operación.
Hay un aspecto en la comunicación muchas veces encriptada para los educadores, (que eventualmente podrían consultarla), que se da  entre los jóvenes, en la que si bien parte de esta comunicación podría ser positiva, se ha comprobado que en ocasiones ha sido tan perjudicial, por el mal uso de fotos , videos  e informaciones verídicas o no, que han llevado al suicidio a jóvenes víctimas de lo que en esas redes entre “amigos” se ha llevado a cabo.
No se puede dejar de mencionar el lado positivo de esta nueva tecnología de la informática, que en su principio fue extraordinariamente positiva para los jóvenes, que comenzaron como primer paso aprendiendo en las escuelas el uso de la computación para consultas, para realizar tareas, escolares, para estudiar carreras a distancia, lo que resultó en un progreso en materia educativa que no se puede negar. Como el grandísimo adelanto que representó en múltiples aspectos de la administración de toda clase de empresas, pequeñas, medianas grandes,  la industria, el comercio, la diplomacia, la política, la comunicación humana, las ciencias, muy en especial la medicina, etc.
Pero el lado negativo, no tardó en mostrarse, que los agentes del mal empezaron a usar esta gran tecnología para servir sus perversos objetivos. Y así fue que se desarrollaron comunicaciones que favorecen vicios y debilidades humanas, donde se encuentra: pornografía, hedonismo, pansexualismo, argumentos pro-abortismo, así como del divorcismo, ateísmo que promueve el suicidio en la juventud, libertinaje disfrazado de libertad, fecundación “in vitro”, promoción de la eutanasia, parafilias, etc. a lo que tiene acceso la juventud, y con la popularidad de los video juegos mayormente de crimen, se incluye también a los menores. Y hay nuevos peligros del salvajismo científico que se ciernen, cuando son aplicados al ser humano, como la Genética, o la clonación, que son prácticas muy beneficiosas en el caso de los animales, pero cuando se intenta, el que sea aplicada a los seres humanos, se convierte en algo inaceptable por toda moral sana, es pecaminoso, absolutamente ilegítimo, salvajismo científico.
El caso es que se ha formado un entorno en el que la antireligiosidad se presenta como algo que suelta al individuo, proporcionándole una libertad, que es realmente libertinaje, y que hace a las juventudes, manipulables. Se les “vende” un relativismo de la ética, en el que solapadamente se ataca a la institución de la familia, y en la que se llega a extremos tan indignos, como peligrosos, con ofertas como la del cambio de sexo, donde un crimen (aborto) se presenta como un derecho humano. Se pretende que otra institución que debería ser respetada, el matrimonio, base de la familia y de la sociedad buena, sana, sea rebajada a obtener derechos tan legítimos como éste, en los casos de las uniones, lésbicas, homosexuales, y vaya Ud. a saber que otras combinaciones antinaturales.
Como es sabido, los bienes, tanto los espirituales como los materiales son arduos de obtener, esto lo saben muy bien y lo explotan los tiranos de siempre, pero muy especialmente los de hoy, que usando los medios masivos de comunicación, con sus lacayos que los manejan, influyen en el ser humano, que en su tendencia natural al gregarismo se siente abrigado, al pertenecer a malas ideologías, a las modas, a engaños como ejemplo se pueden mencionar: el marxismo, el liberalismo, el neo-liberalismo, el feminismo mal entendido, y diversos tipos de socialismos a ultranza, y cientos de ideologías en el mejor de los casos equivocadas. Pero no podemos de dejar de considerar que el comportamiento de muchas personas que no tienen capacidad de pensar y razonar “per se” se alinean a alguna de estas y viven acordes a lo que les inculcan, sin darse cuenta que los homogenizan, los esclavizan, les ofrecen soluciones facilonas, siguen ciegamente, lo pensado por otros. Hay ideologías que comunican ideas cuya realización a veces novedosa, logra que ciertas clases hagan sentirse a los que las conforman, el sentido de pertenencia a un conglomerado (adormecido, engañado), que les proporciona la sensación de que están en lo correcto, lo moderno, al que torpemente ven por este solo hecho como bueno y que debe de sustituir lo usual, aceptan  lo común, lo popular, lo de moda, por su carencia de personalidad propia, y de valores de buena formación. Es lastimoso ver que se trata de casos en que no han tenido la oportunidad de recibir educación adecuada, muchos proceden de familias rotas o tan incultas que no han tenido la oportunidad de incorporarse a la mínima, necesaria, preparación para formar familias. Esto producido por la ignorancia, pereza, desidia, o carencia de interés de los padres al no cumplir adecuadamente con sus responsabilidades como educadores.
Por otro lado hay ideologías excelentes que promueven un buen humanismo, de las que podemos mencionar, el ecumenismo, la ecología, el feminismo bien entendido, aunque la misma palabra ideología, generalmente conlleva un sentido peyorativo, lo que en este párrafo me interesa destacar es una gran diferencia por su procedencia entre las ideologías en general y la Religión Católica, mas conocida como Cristianismo  y que se encuentra en un plano infinitamente superior al de las ideologías, por ser algo que PROVIENE DE DIOS PARA LOS HOMBRES, y no como lo son aquellas que provienen de los hombres. Aunque debemos de admitir que las buenas ideologías se inspiran en el propio cristianismo. Como lo es la buena educación  humanista, fundamentada en dicha religión. Y que enseña valores, que enseña la verdad, que nos proporciona los conocimientos veraces de nuestra procedencia y de nuestro destino, nos enseña lo que es nuestra verdadera naturaleza, la grandeza de los valores familiares, y la formación cristiana adecuada, que enaltece al hombre. No son mecanismos de control, sino enseñanza y práctica de la libertad, que alimenta al espíritu, que fomenta el amor entre los humanos, ese NUEVO MANDAMIENTO QUE NOS ES DADO, AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS, COMO YO LOS HE AMADO.
Esto, contrariamente a la Ideología de Género que trata de pervertir al ser humano, destruir a la institución familiar, y ataca frontalmente a la Religión Católica.  Es  algo que trata de deshumanizar a la persona humana, que trata de enseñar barbaridades como el rebajar la edad de la emancipación sexual, el divorcio express, el cambio de sexo en el registro civil, el sostener que no existen los dos sexos, el masculino y el femenino, y con un grado de gravedad que hay quienes pretenden en su estulticia, legislar a favor de que la seguridad social de los países, absorba los gastos de las operaciones quirúrgicas de cambio de sexo, y los tratamientos psicológicos y hormonales que se les asocian a estas prácticas, antinaturales, perversas, enemigas de toda dignidad humana. A esto debemos de oponernos enérgicamente en las Cámaras políticas. Pues no es la medicina en sentido amplio, que se pretende dar como servicio social a los gobernados, a los mandantes, los que aportan con su trabajo, a los presupuestos nacionales. Proviene como se sabe del Sionismo Masón de los autonombrados “illuminati”  que dueños de la economía mundial, a base de dinero quieren imponer su NOM (nuevo orden mundial) que viene a ser un gobierno de nuestro cosmos, acorde a sus ideas, que incluye una religión que inventan, y cuyo objetivo es el controlarlo todo: la población incluida la natalidad, el mercado, la legislación, las costumbres, la economía, en pocas palabras, ejercer un control sobre toda la humanidad, y en su nefasto intento se encuentran con la institución que no se los permite, la Iglesia Católica, y por ello la atacan en sus estructuras, pretendiendo destruirla, por supuesto que su fracaso es absoluto, porque es una institución Divina.
(fin de la segunda parte).

viernes, 14 de junio de 2019

ALGUNOS TEMAS QUE RELACIONAN AL HOMBRE CON DIOS (primera parte)


ALGUNOS TEMAS QUE RELACIONAN AL HOMBRE CON DIOS. (primera parte)

Para empezar nos podemos plantear dos cuestiones:

 El cómo nos debemos de explicar que la fe, en tanto don de Dios, no nos es dada a todos por igual, ni entre los bautizados, pues hay bautizados que tienen muy poca o prácticamente carecen de ella.  Sobre la caridad que es también virtud infusa, es desigual y no solo entre los bautizados, pues hay, no bautizados que la ejercen muy bien.

Podemos plantearnos como inicio que hay personas egocéntricas y con tendencia al hedonismo. Hay personas teocéntricas, que se distinguen por su piedad, caridad, fe, rectitud de vida e/o intención. Si somos egocéntricos debemos empezar un proceso de cambio, y de ello se trata aquí, de ayudar a lograrlo. Si somos teocéntricos, ojalá nos ayude a pulir, a mejorar en ese sentido.

En mayor o menor capacidad, casi todos tenemos alguna tendencia hacia lo teocéntrico, como cosa natural, porque lo que buscamos es tener un hogar, con nuestro cónyuge, nuestros hijos, el educarlos, y lograr que sean autónomos, viviendo en paz familiar, trabajando con constancia en busca de la seguridad. Lo que no es obra de la casualidad, es búsqueda de las cosas buenas que nos proporcionan felicidad. Vivir la bonhomía. Y ello cumple con lo que Dios quiere de nosotros. Por desgracia esto no se da en todas las uniones humanas que bien pudieran en algún momento haberlo pretendido, pero las debilidades humanas no siempre se superan.

El sentido del honor, de la amistad, del agradecimiento, el trabajo honesto y productivo, en el hogar y fuera de él en la sociedad, son la materia de nuestra vida que colabora al Bien Común, que no solo se enfoca a cubrir nuestras necesidades familiares, sino que, visto desde un punto de vista antropológico lo que buscamos es ser todo lo contrario del paria en el que reina la delincuencia, el vicio, la penuria, la carencia de encaje en la sociedad. Son muchos otros los valores, aparte de los ya señalados,  que se pretende vivir y enseñar con el ejemplo, en el hogar sano, tan solo a modo de ejemplo podemos mencionar, el orden, la higiene, la lealtad, el respeto, la compasión, la rectitud de intención, la laboriosidad, el desprendimiento, la pulcritud, la puntualidad, la piedad, la veracidad, la responsabilidad, la disciplina, la gratitud, la prudencia, justicia fortaleza y templanza, y por encima de todas estas virtudes la del amor. En pocas palabras se trata de vivir y enseñar las virtudes morales, sociales, propias del buen cristiano, hacerse, luchar por ser persona virtuosa. Se que esto suena en el mundo de hoy como algo fuera de lugar, no es ese el caso, la realidad es que el hombre se degrada en tanto persona humana si no vive intensamente su virtuosismo.

Al satisfacer el hombre sus necesidades sociales vemos que por ejemplo no nos gusta comer solos, preferimos hacerlo en compañía, con familiares, amigos, no nos agrada exponernos al frio, pero queremos compartir el calor del hogar, buscamos la seguridad, pero no solo la personal sino la gregaria, queremos ser aceptados por los demás y aceptamos a otros, damos amor y buscamos ser amados, nos agrada el trato con los demás, su compañía., el compartir, el coexistir pero no de manera simple, sino conviviendo, ejerciendo esa convivencia de forma humana, humanamente. Eh aquí el amor a las criaturas, que procede de la virtud de la caridad, virtud del amor en dos dimensiones, amor a Dios y amor a sus criaturas.

Los que hemos tenido la oportunidad de conocer, aunque no lo transitemos adecuadamente, el camino de la salvación, y que hemos sido familiarizados con la Fe, la Esperanza y la Caridad, al poner en acto estas virtudes, es decir al razonar, al pensar solo en que creemos en Dios, y que le creemos a Dios, ya estamos amándole, con amor sobrenatural. Al actualizarse la Fe creemos, al creer empezamos a amar, así actualizamos la Caridad, lo que nos sitúa en el camino salvífico y allí es donde actualizamos la Esperanza. (Amor a Dios, y por ese amor, amar a sus criaturas, que Él ama).

Como nuestro Creador nos ofrece la vida eterna, y por supuesto la vida de aquí, en la que nos deja en total libertad, de modo que la decisión de la eternidad esté en nuestras manos, es una decisión particularísima en la que escogemos si buscar o no la parte salva de esa vida eterna, aquí lo decidimos, se trata de la decisión mas importante que se nos pueda presentar, con una gran diferencia.

La Creación la realiza Dios para el hombre. No se explica esta sin el ser humano. Esta está para el hombre y el hombre está en el centro de ella. Independientemente del tamaño del universo y de los muchísimos ángeles del Cielo. Somos libres de admitir esto o no, pero si lo queremos lograr debemos empezar por pedir la Gracia de Jesucristo, que es la que nos salva. Necesitamos en nuestros fines mas importantes primero poner a Dios, esto consiste en el cumplir su voluntad, lo que además nos proporciona la mayor felicidad posible en esta tierra, por lo que, si es fin del hombre, la búsqueda de la felicidad, como nos lo enseña también la filosofía, resulta que quien busca, encuentra y sirve a Dios, viviendo su vida acorde a su divina voluntad, cumple con los dos fines mas importantes de nuestra existencia: lograr la salvación y ser feliz en esta tierra.

 Dios nos ama, con el amor mas perfecto que puede haber, lo que nos muestra de la manera mas eminente y sublime que puede haber, mandando a su hijo unigénito, la Segunda Persona de la Trinidad Santísima, para que realice todo lo necesario para que podamos salvarnos: nos funda la Iglesia, Santa, Católica, Apostólica, Única y Jerárquica, nos deja con su vida personal el ejemplo mas perfecto para los hombres, la Doctrina mas maravillosa posible, en su Iglesia instituye los Sacramentos, que nos proporcionan abundante Gracia salvífica. ¿puede haber algo mas grandioso?. Desde luego que no. A este divino amor solo podemos responder con nuestro amor humano, veamos:

¿Qué es el amor?, podemos empezar diciendo que es parte de la esencia de las personas humanas. Y que es lo que queremos amar, sino lo que nos es mas amable, lo que nos ha amado antes incluso de nuestra existencia, pero lo evadimos en muchas ocasiones. Las veleidades del mundo, esa oferta enorme de cosas, posibilidades, y en estos tiempos en que la tecnología tiene tantísimas cosas que ofrecer, el amor por la posesión de cosas parece incontrolable y ocupa el primer lugar incluso por encima del amor a los demás. Hay por desgracia, y para ejemplo basta un botón: un padre de familia quiere mas el poseer un cierto automóvil por encima de la educación del hijo o hijos.

Persona humana y amor  son incluyentes, no se pueden excluir. Vivir es estar amando es algo integrante, el amor es el vivir. Hemos dicho que hay que conocer para  amar  aquí se trata de que conozcamos mas a Dios, para amarle mas, las relaciones que el hombre tiene, lo opuesto a la soledad, son basadas en el amor. La total soledad en el hombre no existe. Al menos no debe de existir. Si existiera sería la absoluta soledad y se daría la carencia de amor, situación de gran sufrimiento. Mientras el ser humano no caiga en esta situación  de sufrimiento algo hay de amor. Cuando el ser humano no tiene amores humanos, cae en el amor a las cosas materiales, puede tener ambos también, que es lo mas normal, lo mas usual, pero cuando carece de ambos solo le queda el mas grande de los amores el de Dios y Nuestra Madre del Cielo, por lo que no está solo nunca, ni puede estar mejor acompañado.

Ahora bien la relación de las personas con los objetos o con otras personas nunca es perfecta, lo que no es algo perfecto al amar, lo incompleto está en la falta de perfección en la relación, que causa imperfección en el amor. El amor de Dios hacia nosotros, si es perfecto, es un amor enorme porque lo es para cada uno de todos los hombres, no unos escogidos, es prolongación del amor del Padre Celestial al Hijo, que se entrega por amor a esos hombres. Es el amor de las personas humanas es el que sufre de imperfecciones. Cuando Jesucristo en la última cena con sus apóstoles nos participa el Nuevo Mandamiento, diciéndoles, que os améis como yo os he amado, nos enseña la perfección de su amor.

Las culturas socialistas de estos tiempos que son totalmente materialistas, toman lo anterior de la Religión Católica, (en el fondo a lo que recurren es a la capacidad de amar que es parte de la naturaleza del ser humano), lo que es de vital importancia, pero lo distorsionan quedándose solo con el sentido de pertenencia, que es también humana, que es sucedáneo del sentirse bien, tan solo por el hecho de pertenecer a un clan (camarada, se llaman entre ellos). Algo distinto es la verdadera comunidad, donde se decanta la naturaleza gregaria de la persona humana. Es parte de nuestra naturaleza y en la comunidad, se va mas allá de la conveniencia personal, se da el hombre, a los demás, por amor se sabe requerido y necesario, ayuda a los demás por amor y por amor es ayudado por los demás. Es el amor que nos predicó Jesucristo  y que la ideología materialista dice que ello es mito, que a través de los siglos se han tenido que inventar para cubrir la necesidad de pertenencia, religiones que han satisfecho dicha necesidad. Esto es una gran mentira, las religiones en general, aparte de los fundamentalismos que son perniciosos, le otorgan cierta mejora al hombre, y la religión católica llevada como es debido le confiere una grandeza humana notable, buena para el propio ser y para la sociedad.

La realidad es que ellos ofrecen una vinculación social, una especie de protectorado, que es generalmente aceptada, pero que es esclavitud disfrazada, es un caer en la manipulación, el colectivismo que mata la libertad personal. La historia nos ha mostrado que esa oferta  del Estado socialista no le ha convenido a las comunidades. Veamos su problema antropológico:  se propone al hombre una historia falseada, arreglada a cada cuerpo de ideologías, además, de aceptación obligatoria.

En nuestras reuniones, o escritos, no creo que alguien haya dicho, hasta ahora, que es “obligatorio” que se crea o que se sostenga algo. Nos hemos concretado a decir lo que enseña la Doctrina de Cristo acorde al Magisterio, lo que son nuestras mas íntimas convicciones, lo que creemos firmemente, y por lo tanto quisiéramos compartir, al considerarlo de vital importancia, pero en entera libertad. La Divina Revelación nos indica a nosotros y a ustedes: ID Y ENSAÑAD A TODOS LOS PUEBLOS, la vigencia de esta enseñanza evangélica es permanente, hasta el final de los tiempos, para todo católico.

 Antes de asentó, que la persona humana y el amor son incluyentes, por lo que creo que un ejemplo de esto que nos ilustra lo vemos en Santa Teresa de Calcuta, de la que esta anécdota ha quedado en sus biografías. “DALE MUCHO AMOR” le dice la madre Teresa a quien la viene a sustituir en la atención a un enfermo que estaba atendiendo personalmente, porque un asunto muy urgente le obliga a cambiar de lugar intempestivamente. Se trataba de un moribundo que sufría mucho. ¿De donde viene, en donde se inspira este amor?,  por personas desconocidas, que se encuentran en las peores condiciones que se puedan dar en un ser humano, es el amor que Jesucristo nos ha enseñado. No hay mas que un amor, y este es extensivo, es el amor a Dios y por extensión a sus criaturas, pues Él las ama, las ha creado por amor, este amor extensivo lo tenemos que identificar, y  familiarizarnos con él, su práctica debe ser constante, incluso en forma inconsiente, por inercia, pero si lo sublimamos, lo tenemos siempre presente, le damos el rango que merece, si lo anteponemos a todos nuestros actos, tomará una dimensión mayor, que no solo nos dará mayor peso en nuestro actuar con los demás y con la naturaleza, haciéndonos mejores personas, sino que nos eleva al plano sobrenatural. Cuando nuestro actuar se nutre en el hacer, por amor a Dios, la rectitud de intención se eleva a la máxima calidad humana, quizás sea invisible para los otros, pero en nuestro fuero interno, estaremos sobre naturalizándonos.

(fin de la primera parte).
Jorge Casas y Sánchez.