jueves, 14 de agosto de 2014

ELESPÍRITU SANTO TERCERA PERSONA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD


EL ESPÍRITU SANTO, TERCERA PERSONA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

San Josemaría, decía del Espíritu Santo que era EL GRAN DECONOCIDO, desde luego que el uso de esta frase, entre otras de sus sabias enseñanzas, ha logrado que sea más amplio el conocimiento de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, de su maravillosa  e importantísima misión en la Economía de la Salvación, debido al interés que el uso de la frase ha despertado en el interés de conocer mejor a la tercera persona de la Trinidad Santa.

En el Génesis  se le menciona como el Espíritu de Dios que sobrevuela en el principio de la Creación y las Escrituras nos enseñan que es coeterno con las otras dos personas de la Trinidad, al proceder de la relación del Padre y el Hijo, mas adelante se hace una breve explicación sobre el uso de esta palabra y otras que, en el lenguaje filosófico, tienen significados diferentes al cotidiano nuestro.

 La Tradición Cristiana llama   “atribuciones”   a las grandes obras de Dios trino y uno, otorgándoles a manera de distinción a las tres personas de esa única naturaleza divina que es Dios. Al Padre (primera persona) se le atribuye la Creación, al Hijo (segunda persona) se le atribuye la Redención, y al Espíritu Santo (tercera persona) la Santificación. Todos los católicos basamos nuestras más íntimas convicciones en esta trinidad de personas en una sola naturaleza divina, utilizando el significado de las palabras “persona” y “naturaleza” en el sentido del  lenguaje de la Filosofía. 

(NOTA, en forma reiterada se ha consultado el CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA para hacer las afirmaciones contenidas en este artículo), En el primero de los Sacramentos, el Bautismo, tenemos nuestra primera profesión de Fe, el Bautismo es símbolo de la Fe  ante todo. El símbolo bautismal  en donde se articulan la tres personas de la Trinidad Santa,   posteriormente reafirmamos nuestra Fe trinitaria al recibir el Sacramento de la Confirmación, por lo que se puede afirmar que nuestra Fe se sustenta en el misterio trinitario.   Desde los más remotos tiempos de la cristiandad la mención de las Tres Personas se usa en la fórmula del Bautismo. 

En los primeros años de la cristiandad, además del Bautismo,  se otorgaba, para que  recibieran al Espíritu Santo, a aquellos que no lo habían recibido, un ritual en el que mediante la acción de poner las manos sobre la cabeza del que lo recibe, se recibía al Espíritu Santo.

La Resurección de Jesucristo se da por la acción del Espíritu Santo que vivifica la humanidad muerta de Jesucristo y que vuelve a la vida en ESTADO DE GLORIA. La maternidad divina de María “La Madre de Jesús”  se da por el deseo del Padre, por obra del Espíritu Santo, siendo Jesús verdadero Dios y verdadero hombre. A la formulación del DOGMA trinitario se recurre al lenguaje filosófico, en este caso a las palabras: hipóstasis, substancia, relación, y persona, además de otras. La que aplica es hipóstasis, (persona en griego) palabra que la Iglesia utiliza para designar   las personas de la Trinidad, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, en su distinción particular de cada persona del único Dios. Substancia hace referencia a naturaleza o esencia. En cuanto a Cristo en Él hay una sola persona de las tres de la Trinidad,  el Hijo,  y en Él se dan dos naturalezas, la divina y la humana lo que se conoce como la UNIÓN HIPOSTÁTICA, señalando la unión en una sola “Persona”. El término “relación” se toma en dos acepciones, propias de la Trinidad, las que son:  identidad y comunicación.

La expresión: “Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria”  hace referencia  a la misión del Espíritu Santo  que es enviado por el Padre en nombre del Hijo, lo que nos revela que Él es junto con ellos el mismo Dios único, ya que la Encarnación revela que Dios es el Padre Eterno y que el Hijo le es consubstancial. De allí que somos llamados a participar en la vida de la Bienaventurada Trinidad, por las tres personas divinas en esta vida y en la Vida Eterna. Las tres personas de la Trinidad son inseparables en su ser y en su obrar, siendo sus misiones específicas,

“”EN EL PRINCIPIO EXISTÍA EL VERBO….Y EL VERBO ERA DIOS…..TODO FUE HECHO POR ÉL Y SIN ÉL NADA HA SIDO HECHO”” Jn 1, 1-3.  En la Santísima Virgen, Madre de Jesús, y por tanto Madre de Dios, en el FIAT, el Espíritu Santo obra para su concepción y Jesucristo es el Verbo hecho carne. Dios ha creado el universo y lo mantiene en existencia por su Verbo.

En el Apocalipsis de San Juan, hay un bellísimo simbolismo que nos muestra al Espíritu Santo: “….un trono estaba erigido en el cielo y Uno sentado en el trono ( Ap 4, 2) el Señor Dios, luego revela al Cordero inmolado y de pie, por último revela: … rio de Vida que brota del trono de Dios y del Cordero”, lo que coincide con la voluntad del Padre que nos da a su Hijo y al Espíritu Santo para la salvación del mundo,  es misión de este el inspirar a su Iglesia, para que esta no caiga en error, para que su Magisterio conserve el Depósito de la Fe intacto y la interprete en relación a los signos de los tiempos, para inspirar a los Papas en sus enseñanzas doctrinales y sea lo que nos expresan ex catedra acorde a la más pura doctrina. Por lo que la gracia del Espíritu Santo tiene el poder de santificarnos, nos ayuda a ser justos y vivir los Sacramentos.                      

 A manera de anécdota por ser  muy interesante me permito incluir la mención que en la ceremonia  llevada a cabo en la bellísima catedral, obra maestra del estilo románico en Santiago de Compostela, España, ( que es uno de los tres más importantes lugares de  peregrinación cristiana después de Roma y Tierra Santa), pronunció en su homilía de la Santa Misa, de la ordenación episcopal de Don José Rodriguez Carballo, el Cardenal Tarcisio Bertone.

…..“”Al Espíritu le pedimos para el nuevo Arzobispo el don de sabiduría, para discernir lo que viene de Dios y lo que le es contrario; el don de entendimiento, para que sepa interpretar los signos de los tiempos y encuentre la respuesta evangélica adecuada para ellos; el don de consejo, para que hable siempre desde Dios, y desde Él pueda decir una palabra de esperanza a los hombres y mujeres de hoy; el don de fortaleza, para que sea testigo de Cristo y de su Evangelio con fidelidad y entrega total durante toda su vida; el don de ciencia, para que penetre en los secretos del Señor y sepa comunicarlos con sencillez y profundidad; el don de temor, para que se aleje siempre de cuanto vaya contra la voluntad del Señor; el don de piedad, para que mantenga siempre en su vida una relación filial y confiada con Dios, el Padre de las misericordias.””….

 

La VIDA MORAL DE LOS CRISTIANOS, está sostenida por los DONES DEL ESPÍRITU SANTO, tradicionalmente se describen de esta manera:           

DON DE SABIDURÍA :Nos hace comprender la maravilla insondable de Dios y nos impulsa a buscarle sobre todas las cosas, en medio de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones.

DON DE INTELIGENCIA:  Nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe.

DON DE CONSEJO:  Nos señala los caminos de la santidad, el querer de Dios en nuestra vida diaria, nos anima a seguir la solución que más concuerda con la gloria de Dios y el bien de los demás.

DON DE FORTALEZA:  Nos alienta continuamente y nos ayuda a superar las dificultades que sin duda encontramos en nuestro caminar hacia Dios.

DON DE CIENCIA:  Nos lleva a juzgar con rectitud las cosas creadas y a mantener nuestro corazón en Dios y en lo creado en la medida en que nos lleve a Él.

DON DE PIEDAD:  Nos mueve a tratar a Dios con la confianza con la que un hijo trata a su Padre.

DON DE TEMOR DE DIOS:  Nos induce a huir de las ocasiones de pecar, a no ceder a la tentación, a evitar todo mal que pueda contristar al Espíritu Santo, a temer radicalmente separarnos de Aquel a quien amamos y constituye nuestra razón de ser y de vivir.

 

A lo que podemos añadir:  uno es Dios Padre de quien proceden todas las cosas, uno solo el SEÑOJESUCRISTO por el cual son todas las cosas y uno el ESPÍRITU SANTO en quien son todas las cosas. Son las misiones de las tres  personas las que manifiestan sus “propiedades” o sea la Providencia Divina al PADRE, la Encarnación y Redención al HIJO y la Salvación al ESPIRITU de Dios, estas misiones, dada la Creación, la traición de Lucifer y sus seguidores, con la historia de la primera pareja humana, de la que venimos todos los humanos, ambos el Diablo y el Primer Hombre cometiendo actos que, se llevaron a cabo en uso de la libertad que Dios nos otorga tanto en la naturaleza angelical como en la humana, ofendiendo a Dios, han dado lugar en la historia de los hombres a acciones cuya realización nos ha afectado tanto.

Las misiones de Jesucristo y del Espíritu Santo son fruto del amor perfecto del Padre por la humanidad;  Él  quiere,  dado su amor por las criaturas más excelsas de su creación,  que nos salvemos, que esa Vida Eterna que nos tiene preparada la gocemos para siempre después de que hayamos cumplido con la vida en este planeta, en la que estamos sin habérnoslo propuesto, pero Él nos ofrece otra Vida y el alcanzarla es algo que si nos podemos proponer. Es mas, nada hay más importante que nos lo propongamos y que trabajemos en ello para lograr el propósito. Su amor por nosotros ha llagado al grado que nos ha mandado a su hijo unigénito para que nos deja fundada su Iglesia, clara su Doctrina, preparados sus apóstoles, como primer MAGISTERIO DE LA IGLESIA, y nos lucre la redención con su dolorosa PASIÓN, MUERTE Y RESURECCIÓN, y está JESURISTO  después de su regreso en cuerpo y alma intercediendo por nosotros en el Cielo, y nos manda al Espíritu Santo en su múltiple y grandiosa misión .

Es por la Fe, virtud teologal que nos infunde el Espíritu Santo en el Bautismo, que nos es renovada en la Confirmación y que la tenemos, aunque a veces parezca estar dormida en nosotros por ello  es indispensable rezar porque esta se nos aumente,  por la Fe es que estamos en posibilidad de intuir a Dios, de creer en El y de creerle a Él, lo que nos ha dicho y revelado porque Él es la verdad misma. Vivimos por la Fe, la Fe actúa por la Caridad otra virtud teologal que el Espíritu Santo nos ha infundido y conserva en nosotros, como también la Esperanza que se nos ha infundido y que nos impulsa a conocer y cumplir la voluntad de Dios, lo que nos lucra la salvación. Aquí vemos la acción divina, en su amor por el hombre,  que a través de su Santa Iglesia  nos propone, y en ella como sus miembros, nos debemos esforzar en conocer y cumplir.

Para terminar esta meditación nos falta señalar los FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO los cuales son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la Vida Eterna, la Tradición nomina doce: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad. Agradezcamos  a la Santísima Trinidad todo esto y con la ayuda de la Santísima Virgen tratemos de responder como es debido.

Jorge Casas y Sánchez.

miércoles, 25 de junio de 2014

JUSTIFICACIÓN:
El pecado de Adán  atrajo sobre todos los hombres la condenación, y la obra de justicia de uno solo,  JESUCRISTO  procura a todos la JUSTIFICACIÓN con su muerte y resurrección, que nos da la oportunidad del perdón. Jesucristo vino a este mundo por todos los hombres, no vivió su vida para sí, sino para otorgarnos la riqueza de la salvación eterna.
La JUSTIFICACIÓN empieza con el perdón de los pecados que el Bautismo nos otorga, continúa a lo largo de nuestra vida con el cumplimiento de la voluntad divina por parte de nosotros, por el hecho de recibir, como ayuda imprescindible,  su Gracia   en especial a través de los Sacramentos y su término es en la Salvación, que es nada menos que nuestra santidad.
En las Sagradas Escrituras hay múltiples menciones de la JUSTIFICACIÓN, siendo su significación la forma de vida que busca la santidad, la que se orienta hacia la salvación. La palabra en el Nuevo  Testamento hace referencia  a ese acto de Dios  que nos comunica la justicia divina por creer y seguir a Cristo Nuestro Señor.  Nos justificamos al vivir cristianamente, cuando sabemos obtener el don gratuito de la  Gracia que Jesucristo nos otorga al cumplir con todos sus mandamientos, los de la ley antigua y los de la Iglesia, que los incluye, la que nos dejó  JESUS  instituida precisamente para ello.
El Concilio de Trento nos enseña: “”Por su sacratísima pasión en el madero de la Cruz nos mereció la Justificación”” (Catecismo de la Iglesia Católica Num. 617.  Y la Resurrección de Cristo viene a confirmar todas sus enseñanzas y sus actos con ello nos da la prueba definitiva de su divinidad y de la autoridad suprema y absoluta que le ha sido otorgada a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad,  por Dios Padre, por lo que es así como tenemos la base del Virtud de la Esperanza, para dar crédito a todas sus promesas. Su vida, enseñanzas, muerte y Resurrección Gloriosa es además cumplimiento de la promesa de redención que Dios da a Adán y Eva al expulsarlos del Paraíso Terrenal.
EL Magisterio de la Iglesia nos enseña que hay un doble aspecto en el misterio pascual, al ver en la muerte de Jesucristo la redención de los pecados, unida al Sacramento del Perdón, y por su Gloriosa Resurrección la apertura de las puertas del cielo, o sea nuestra posibilidad de salvación, si de acuerdo a su doctrina y con la ayuda de la Iglesia y el Espíritu Santo, ganamos la Gracia que nos salva. En Efesios 2, 4-5 nos dice San Pablo: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, aunque estábamos muertos por nuestros pecados, nos dio vida en Cristo por Gracia habéis sido salvados” y el propio Magisterio ve en la Resurrección de Jesucristo el  principio y la fuente de nuestra propia resurrección futura, gloriosa,  para los salvos. Se puede resumir que si por Adán morimos, por Cristo renacemos y podemos vivir con Él y en Él, saboreando en esta, los frutos de la vida eterna, no viviendo ya para nosotros mismos, sino viviendo  para aquel que murió y resucitó por nosotros.
Vivir esa vida nueva en Cristo es para los que hemos sido  bautizados  y creemos en Cristo, la realización de una Fe Operativa, pues el propio Salvador vinculó el perdón de los pecados al Bautismo y a la Fe, el Bautismo es el principal Sacramento del perdón porque nos une a Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación, para que vivamos esa vida nueva en la que se nos ofrece la Gracia Santificante, dado que la Santísima Trinidad nos la otorga, Gracia Santificante, Gracia de la Justificación, al hacernos  capaces de creer en Dios, de amarle y de  esperar de Él la salvación (  las tres virtudes teologales ) vemos por tanto, en el Bautismo,  toda la raíz y organización de la vida sobrenatural del cristiano a partir de este gran Sacramento de iniciación cristiana, que bajo la moción del Espíritu Santo, sus Dones, (sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad, y temor de Dios. ) nos permiten crecer en las virtudes morales. De allí que debemos de tener la actitud de apertura a las mociones del Espíritu Santo, y es deber primario de todo catequista el enseñar a tener la mente y el corazón abiertos hacia dichas mociones. El cerrarse a los  mensajes que recibimos endurece nuestra alma y nos aleja cada vez mas de Dios, mientras la apertura nos acerca,  nos permite conocer más a Dios, enriquece nuestra oración, abre y permite la comunicación con nuestro creador y nos enseña a escucharle. Siempre tiene cosas que decirnos, ante cualquier circunstancia de la vida, alegría, problema, decisión difícil, actitud a tomar, relación con otros seres humanos, familiares o no, enfermedades propias o de nuestros prójimos, en felicidad o preocupación, ante cualquier deber a cumplir, en nuestro trabajo y quehaceres, siempre debemos estar atentos a la voluntad divina que en nuestra conciencia se nos da. ( los empujoncitos de los que nos habla Benedicto XVI).
La situación opuesta viene a ser aquella en la que no hacemos el acto de introspección, en la que no examinamos nuestra conciencia para actuar sino que nos dejamos llevar por las pasiones, lo que llevado a un grado grave acaba por borrar la diferencia que existe entre la voluntad y la pasión, volviéndose estas como una misma cosa, cuando las pasiones deben de estar sometidas a nuestra voluntad y ésta a la de Dios.  Es el caso de los incrédulos, los indiferentes, que  resultan pésimos pensadores, por supuesto que es imposible la justificación en esa circunstancia, bástenos este breve examen para designar al indiferente como errado, pues la inmensa mayoría de la humanidad se ocupa de una u otra manera de alguna religión, los legisladores la tienen en cuenta (aunque temiéndola en ocasiones), para legislar, los sabios la llevan a sus más profundas meditaciones,  los códigos y otros escritos de ética, se basan en sus aspectos morales,  las vemos representadas en monumentos, (el Corcovado) en la arquitectura, el arte más sublime, (música, escultura, literatura, pintura), las bibliotecas están atestadas de libros sobre ellas, en la vida diaria de hoy sea en la prensa en la Internet, en la primera menos pero en la segunda en forma creciente, el cuestionamiento es: ¿podemos ser indiferentes ante esto? o adoptar la postura de no interesarme porque es cosa de mentecatos, del pasado, del género femenino, etc. Lo que es penoso es que olviden que pronto seremos todos cenizas, que estamos en esta vida de peregrinos hacia otra que no es cortita, como esta,  sino eterna. Esta vida de la que actualmente gozamos nos ha sido dada sin participación de nuestra parte, pero la otra a la que trascenderemos y pronto, SI LA PODEMOS ESCOGER, y para nuestro bien o para nuestro mal  eternos,  el que sea. Pero Dios en su Divina Misericordia, no solo nos ha dejado la institución, (Iglesia), los instrumentos  (Doctrina, Sacramentos, Magisterio) y  la ayuda del Espíritu Santo, sino también a su propia madre como madre nuestra, para ayudarnos a cumplir su suave ley, y así justificarnos hasta la salvación.

Jorge Casas.

miércoles, 4 de junio de 2014

FILIACION   DIVINA.
Nuestro Señor Jesucristo al venir a esta tierra con instrucciones del Padre --que nos entrega por amor a su hijo unigénito para que nos salve--, realiza la obra mas valiosa que la humanidad pueda recibir, esta consiste en la Revelación Divina Absoluta, que nos permite conocer las verdades mas importantes y necesarias, el entender la Revelación que a lo largo de los siglos nos ha venido dando a través de los patriarcas, los profetas,  los jueces y los reyes del Antiguo Testamento con una especialísima  perfección, nos deja a su madre La Virgen Santísima como madre nuestra e Intercesora Omnipotente, funda su Iglesia que es nuestra  maestra, en doctina, depositaria de la fe y encargada de distribuir los siete Sacramentos que instituye en su seno, da su maravillosa doctrina, a sus discípulos y probando su divinidad con milagros asombrosos y llenos de amor, preparando especialmente  a los apóstoles, quienes escriben los Santos Evangelios, como palabra escrita y nos transmiten la Tradición como palabra no escrita, después de su Pasión, Muerte y  Ascención a los Cielos recibimos de su parte al Espíritu Santo que queda a cargo del cuidado de su Iglesia, la cual ha sido diseñada jerárquicamente con Pedro como primer Papa, para salvaguardar el depósito de la Fe e inspirar a su inicial magisterio  -Pedro y los apóstoles-  como iniciadores de este y hasta el final de los tiempos a sus sucesores, con su Ejemplar Vida, Pasión, Muerte y Resurrección, nos lucra la FILIACIÓN DIVINA, o sea que Dios Padre nos adopte como hijos suyos y por tanto herederos de la salvación eterna.
La Filiación Divina no es una figura literaria, Vivimos nuestra Filiación Divina cuando unidos a Jesucristo, nuestro maestro y redentor, gozando del don de la Gracia cumplimos con la voluntad del Padre, siguiendo el ejemplo de Jesús, contando  con la ayuda del Espíritu Santo,  su ayuda, su consejo, Él siempre está actuando en nosotros, en especial cuando estamos en Gracia de Dios, y cuando no, insistiendo a través de nuestra conciencia para que volvamos al redil, para que con el Sacramento del Perdón ganemos nuevamente esa característica maravillosa de ser templos trinitarios, que en nosotros inhabite la Trinidad Santísima, que recuperemos la Gracia de Dios, ¿ no es esta una muestra convincente de la paternidad de Dios, que gozamos ?, ya que ese reconvertirnos, el poder continuar siendo congruentes con doctrina de Jesús nos vuelve a la comunicación franca , abierta con nuestro señor, debemos de tener siempre presente que solo cuando gozamos del Estado de Gracia estamos realmente en comunicación con Dios, nuestra oración que debe ser ante todo  COMUNICACiÓN  CON DIOS, solo se lleva a cabo cuando no hay interferencias, y el pecado grave es la mayor de ellas. El deseo de Dios es que nos mantengamos en “ Gracia de Dios ”,  esta es una muestra de su amor paternal, amor divino, muy superior a cualquier amor humano, es por ello que conocedor de nuestras debilidades y caídas nos ofrece  siempre la oportunidad de reconciliación a través del Sacramento del Perdón, esta es otra demostración del perfectísimo amor de Dios por las personas humanas, amor infinitamente superior a cualquier amor humano. A cada caída nuestra  Él está atento  con las mociones del Espíritu Paráclito, que nunca descansa y a través de nuestra conciencia insiste en aquello que nos es conveniente, que nos justifica.

“”SI ALGUNO ME AMA GUARDARÁ MI PALABRA, Y MI PADRE LE AMARÁ Y VENDREMOS A él Y HAREMOS MORADA EN él. Jn. 14,23  el hombre puede expulsar esta  inhabitación trinitaria, ese tener en casa a nuestro Padre, privilegio al que nada se puede comparar, alejándosesolamente cuando fallando, cayendo,  por motivo del pecado, lo que equivale a faltar a la  voluntad divina, que pena tan grande que seamos capaces de ello de deshacernos de ese tesoro invaluable que es el estar en gracia de Dios y en comunicación,  pero que alegría que las podamos recuperar mediando nuestro arrepentimiento, propósito de enmienda y recepción de la absolución sacramental. El valor del estado de gracia es infinito, y el estar en comunicación armónica con nuestro padre del cielo, no hay riqueza que se lo pueda comparar, tal es su valor antes de perderlas  que una vez recuperadas, dada la perfección del perdón de Dios, que goza de esa perfección que corresponde a todo acto divino, vuelven a la armonía anterior sin deterioro alguno, lo que no se puede comparar al perdón humano que por muy perfecto que humanamente lo sea, carece de la perfección divina.
Justo es el hombre que busca la santidad y que es la santidad sino el perfeccionamiento continuo de la búsqueda del cumplimiento de la voluntad divina, las ansias  de agradar a Dios en todo lo que realizamos, en el trabajo , en la vida familiar, el  trato social, y por supuesto en la vida piadosa con todos sus contornos y facetas, y que fácil es decirlo mas que difícil es cumplirlo por asequible que es,  pues es necesario vivir las virtudes teologales y las humanas en la forma  y de la manera mejor que nos sea posible. En el cumplimiento de lo anterior consiste la mayor felicidad del hombre aquí en la tierra, ya Aristóteles de alguna manera lo dijo, al señalar que la verdadera felicidad del hombre consistía en la persecución de la vida virtuosa. Y San Agustín nos lo confirma con su propia experiencia de vida, y que cambió radicalmente su cosmovisión ,  la que consideró inquieta hasta que descansó en el conocimiento verdadero de Dios.
Nuestro Señor en tanto padre nuestro no a la manera humana, sino divina, estará presente en nosotros en forma especial en los momentos mas difíciles o mas alegres de nuestra existencia, así como en los mas frecuentes y los de mayor duración como en la jornada de trabajo, o de estudio para los mas jóvenes, nuestra participación en la vida familiar, durante el descanso, la vida en sociedad, los  quehaceres,  y como le tenemos presente antes de entregarnos a sueño y como primer acto de nuestra vida cotidiana al despertar en la mañana, con esas dos normas de vida del  “examen de conciencia diario” y el  “ofrecimiento de obras” que son intima comunicación con Él. La filiación divina nos eleva al plano sobrenatural cuando la experimentamos concientemente.
Es así como observamos nuestra justificación, (santificación), viviendo íntimamente,  concientemente  ese ser buenos hijos de Dios, no es fácil, el mundo ofrece hoy día tantos elementos de distracción que nos alejan de la vida piadosa, que solo con esfuerzo continuado nos es posible volver y volver al redil, estamos en el mundo pero no seamos mundanos nos aconseja San Josemaría,

Jorge Casas y Sánchez.

miércoles, 14 de mayo de 2014


MARAVILLA DE LA GRACIA DIVINA . 

La Gracia de Dios es un don gratuito, sobrenatural,  es un don en tanto que podemos prescindir de él y no aceptarlo, lo que sería verdadera locura, pues es la Gracia Divina la que nos salva, dicho escuetamente, SIN LA GRACIA DE JESUCRISTO NO HAY SALVACIÓN. Por lo que es importante meditar sobre esta maravilla de la Gracia de Dios. Y conviene recordar que Jesucristo vino a este mundo y se ofreció , todo Él, en la totalidad de su existencia humana, con su ejemplo, su doctrina, la Iglesia que nos  fundó  y  en  pasión  dolorosa  hasta la muerte,  derramando  por  TODOS los hombres, los que ya habían muerto, los que estaban vivos en su tiempo y los que no habíamos nacido,  hasta la última gota de su sangre divina y humana, y ofreciendo entre otras muchas cosas maravillosas la Gracia Santificante a aquellos que la acepten.

Para los  cristianos  católicos la Gracia,  en nuestra  vida  de  fe,  juega  un papel  de primera importancia junto con la Doctrina, y  la Caridad para cumplir con la voluntad de Dios pues es precisamente la Gracia  la que nos ayuda en un vivir recto con intención de realizar lo que Dios espera de nosotros. Es por la Gracia que obtenemos las Virtudes Teologales,  que las hacemos nuestras. La vida en unión con Dios se nos dio por la Gracia desde nuestros primeros padres a quienes revistió de Gracia que ellos rechazarían al pecar contra Él. A nosotros nos la ofrece y además debemos saber obtenerla en especial a través de los Sacramentos, que son como verdaderos canales que nos la lucran en forma superabundante.

Al aceptar la Gracia de Dios, aceptamos la filiación divina, nuestro Señor Jesucristo vino a este mundo para que nosotros nos podamos ir al Cielo, para ello nos dejó su vida ejemplar, fundó su Iglesia, con su Doctrina y Sacramentos, canales de gracia abundante,  nos lucró la adopción como hijos de la Trinidad Santa y nos dejó a su Madre como Madre Nuestra, “LA LLENA DE GRACIA”. Para que nosotros  fuéramos merecedores de la Gracia, sufrió su Pasión dolorosa hasta la muerte, para  que la podamos recibir nos  dejó  fundada  su  Iglesia,  instituyó  los  Sacramentos,  y así    que  podamos  recibirla renovadamente, y nos elevemos sobre el resto de la Creación, al ser templos trinitarios, por estar en Gracia de Dios, meditemos en la grandeza de ello, contemplemos la Misericordia de Dios que nos brinda semejante distinción, que nos señala: Camino Verdad y Vida, como Él mismo nos lo sentenció.

Para que la Gracia sea habitual en nosotros, es preciso que nos esforcemos, no es tarea fácil requiere de la virtud de la Caridad, para desearla, de la virtud de la Fe para obtenerla, de la Esperanza para saber que está a nuestro alcance de, de  la Piedad y varias virtudes humanas como la fortaleza, la constancia, que nos permite conservarla y  ser morada digna del tesoro que es la Gracia Santificante la Iglesia nuestra maestra, al  ser  la encargada  por Jesucristo  de administrarnos  los  Sacramentos  actualiza  esa  oferta maravillosa del Salvador.

Dios nos ha creado para dos vidas, una en este cosmos, para la cual no ponemos nada de nuestra parte, la llamamos nuestra vida terrenal, y otra que se denomina Vida Eterna a la que accedemos de acuerdo a nuestros actos humanos, los buenos y las malos de nuestra vida terrenal, llevados a cabo en uso de nuestro libre albedrío, y cuya valoración ante Dios depende de dos aspectos uno el del  cumplimiento  de  los  mandatos  de  la sana  conciencia,  y  el  otro el de la obediencia de la CONCIENCIA  FORMADA  del  cristiano.  El  hombre  siempre  necesita  de  regenerarse,   de reconvertirse en el caso de los cristianos, la venida a este cosmos de nuestro Señor Jesucristo fue para lograr una verdadera reconversión de los todos los seres humanos, a la humanidad pre-cristiana le hacía falta una regeneración, pues el politeísmo y las costumbres contrarias a la moral de la conciencia de todo hombre,  lo necesitaban de urgencia, la generalidad de las naciones estaban en decadencia  y la doctrina de la incipiente Iglesia Católica vino a penetrar poco a poco las conciencias de los pueblos y comunidades a donde iba llegando, logrando conversiones que en algunos casos convirtieron en verdaderos santos a algunas y algunos. Las principales religiones europeas pre-cristianas, la de los romanos y griegos no aportaban nada bueno al espíritu del hombre, y el cristianismo colmaba de Fe, Esperanza y Caridad a las almas de todos los que estaban dispuestos a abrir su corazón a la palabra divina.

Todo lo realizado por la Divina Voluntad al mandarnos a su hijo para instaurar aquí su Reino y alejarnos de la situación generalizada en que estábamos viviendo,  por el hecho de ser algo proveniente de la Misericordia Divina y para beneficio del hombre,  enseñándolo con diáfana claridad en el camino a seguir para obtener la salvación, cuanta Gracia no derramaría sobre los apóstoles, los conversos, los discípulos, los Padres de la Iglesia, que lograron la conversión del mas grande, culto  y poderoso imperio de la tierra. Los Sacramentos que Jesucristo instituyó son, desde que existen,  canales riquísimos de Gracia Santificante, a través de ellos como los sarmientos alimentan al fruto de la vid, la Gracia alimenta la Fe, la Caridad, la Fortaleza, y demás virtudes del hombre cristiano. Los Sacramentos al ser administrados por los sacerdotes a los fieles, lo hacen como instrumentos de Jesucristo, siendo Él el que los confiere, es Jesús el que perdona los pecados, es Jesús el que se da como alimento espiritual en la Comunión, es Jesús el que bautiza y perdona el pecado original e infunde las Virtudes Teologales. Es su Gracia otorgada gratuitamente por su Divina Misericordia, a las parejas de casados por el Sacramento del matrimonio, y en forma abundante a través de sus Sacramentos, de allí su gran importancia.

Es claro que antes de la venida de Jesucristo, Dios ya derramaba su Gracia sobre los hombres, basta mencionar las nobles actitudes de los justos, que siguiendo las indicaciones de los Patriarcas, Profetas, la Ley Mosaica, y sus propias conciencias, nos ofrecen ejemplares comportamientos, ahora bien,  con su venida Jesucristo quiso dejar patente la gran necesidad de la Gracia en la vida terrenal del hombre, para asegurar su otra Vida, la eterna.

Todo lo realizado por la Divina Voluntad, al mandarnos a su hijo para instaurar aquí su Reino y alejarnos de la situación generalizada que la humanidad estaba viviendo es acto misericordioso para el mayor beneficio del hombre, por encima de cualquier imaginativo, y con la diáfana claridad que  señala  al  camino  de  la  salvación,  que  nos  cambia  de  seres  terrenales  en  espirituales, sin menospreciar la tradición que procede de nuestro padre Abraham, es claro que antes de la venida de Jesucristo, la Gracia, en especial en el pueblo judío existía como Gracia Santificante y fuera de este como Gracia Actual, misma que otorga el Creador a los hombres que viven de acuerdo a los mandatos de su conciencia, aquellos con la congruencia de existencia a que hemos aludido en otras ocasiones, y que son los que le son fieles a los mandatos internos que a través de la conciencia Dios comunica a todo ser humano. Jesucristo es el gran medio por el que recibimos la Gracia , su entrega a la voluntad divina del Padre, al vivir ejemplarmente, al padecer nos ha convertido de seres terrenales en seres espirituales, si antes solo veíamos al suelo ahora vemos hacia el cielo.

Con la sola Gracia Actual, todos los hombres se pueden salvar, pero los cristianos a la Gracia Actual debemos añadir la Gracia Santifcante, siendo lo mas indicado la frecuencia en la recepción de los Sacramentos, la devota participación en la Santa Misa, las buenas  obras,  la  rectitud de intención, y la oración diaria.

El tema de la Gracia de Dios es mucho mas amplio que esta breve meditación y a manera de conclusión meditemos los siguientes puntos:

GANAMOS LA GRACIA DE DIOS, cumpliendo cabalmente su divina voluntad.

CONSERVAMOS LA GRACIA DE DIOS, evitando pecar después de ser absueltos en el Sacramento de la Confesión

SE NOS AUMENTA LA GRACIA DE DIOS, pidiéndola fervorosamente y cultivándola, se nos aumenta su infusión por parte de Dios, evitando el conformismo y luchando, en las cosas pequeñas de todo el tiempo de nuestra vida.

PERDEMOS LA GRACIA DE DIOS, parcialmente pecando venialmente,  y si el pecado es grave, la perdemos totalmente, caso en el que es de extrema urgencia recurrir al Sacramento del perdón.

NOS RESISTIMOS A LA GRACIA, si no nos esforzamos en aumentarla, siendo esta Don de Dios, Él espera que en uso de nuestra libertad y con la Caridad Cristiana la procuremos.

Jorge Casas y  Sánchez.

jueves, 10 de abril de 2014

BREVE CURSO DE FILOSOFÍA CRISTIANA -XXI-


Blog-XXI-tercera parte Santo Tomas BREVE CURSO DE FILOSOFIA –XXI-

Continuamos con Dios, y empezamos a ligarlo con el hombre.

 

Conviene aquí hacer precisiones que nos permitirán entender mejor la filosofía de Santo Tomás y además a distinguir mejor su teología de su filosofía que tienen multitud de puntos comunes pero que difieren por su objeto, y sus actos,  como difieren la razón y la fe, interpretándolo a él. Dada la Creación, y en ella el hombre como cúspide de la misma, y único ser con inteligencia, voluntad y libertad, en toda la creación (fuera de la celestial, donde están los ángeles que siendo libres e inteligentes y con voluntad en forma muy superior a la humana), en esta posición que nos implica la responsabilidad de la conservación adecuada de nuestro cosmos, hay quien la llama ética ecológica, término apropiado y que conviene no solo que entendamos a fondo sino que ejerzamos adecuadamente, cuidando la naturaleza, que el Creador nos ha obsequiado para que vivamos, nos nutramos, y conservemos para las generaciones futuras.

LA FE es un don gratuito de Dios que se nos da por Él de manera sobrenatural para captar su divina Revelación, y que voluntariamente  aceptamos, mediando su gracia divina. Por lo tanto se puede resumir como un “acto racional y voluntario que por gracia de Dios nos permite creer las verdades reveladas”.

LA RAZÓN es lo que llamamos  “acto del entendimiento que se explica por la acción eficiente que el objeto natural obra en nuestras facultades cognocitivas , aunque lo hace sin intervención de la divina gracia.

 A lo que concluimos;

a)      Que no se puede tener fe sin acto de razón, así no pueden ser contrarias. 

b)      Que se puede razonar sin fe. 

c)       Que sin fe ni gracia de Dios se razona en inferioridad.

d)      Podemos añadir que la razón es conformada con las manifestaciones de nuestros sentidos

que alimentan nuestro razonamiento y conocimiento.

e)      Y que siendo dos ámbitos diferentes son compatibles,  aunque la fe incluye lo sobrenatural que vienen a ser  la Gracia y la Revelación;  Y la razón solo la acción eficiente del razonamiento.

Estas dos distinciones son la base sobre la que el Cristianismo funda su filosofía, y por desgracia muchos estudios de notables pensadores se han construido sin entender o conocer esta  postura y han llegado a conclusiones erróneas,  que solo sirven para estorbar  la buena doctrina, insistiendo en separar lo inseparable, simplemente porque carecen de la fe y como se dijo antes  resulta que razonan en inferioridad.

 

Conviene a nuestro hilo conductor tratar algunos aspectos del alma que el Todopoderoso crea en forma individual para cada una de sus criaturas racionales, los criterios son varios: los hay desde los que no han comprendido las diferencias entre las almas vegetativas , las animales y las racionales, que fue el razonamiento aristotélico, y que equivocadamente las han considerado en ocasiones  a todas como materia pura,  Aristóteles si dió al hombre la categoría de racional, lo que implica su espiritualidad, aunque lo tendrá que aclarar Santo Tomás.  Han existido criterios que han considerado al alma como un “habitante” en el cuerpo, algo así como alma en prisión, atribuyéndole preexistencia,  e incluso reencarnación, (Platón y los  platónicos) con la consecuencia de que un alma podría pertenecer en diferentes épocas a diferentes cuerpos. Por supuesto que estas dos consideraciones psicofísicas del hombre son erróneas.

Será la concepción agustiniana la que aclare el asunto diciendo que el hombre es un alma racional que usa un cuerpo mortal y terrenal, concepción que habría de aclararse tiempo después, sin declararla falsa pero no del todo clara, pues la trata como una cierta substancia que participa de la razón y es adecuada para el gobierno de un cuerpo.  Este concepto  dualista aparecerá aún en Descartes después del Renacimiento, por lo menos habitualmente.

 Santo Tomás no es que encuentre una situación intermedia entre estas dos posturas, sino que examina y define al alma como una substancia  completa e independiente, sosteniendo que si bien no depende del cuerpo para existir, pues le sobrevive, no es completamente independiente de este pues son creadas el uno para la otra, y la toma como “principio primero”  de todas las cosas vivas, haciendo las distinciones de alma vegetativa, , alma sensitiva, la de los animales, que sin dejar las particularidades del alma vegetativa añaden otras por tener sentidos, , y continuando con esta jerarquía llega al alma racional, la cual sin ser dos o tres almas es sencillamente un alma superior a las otras dos por tener además de las características de la sensitiva, la capacidad de razonar  y desarrollar otras actividades,  como la creatividad humana, el ser seres civilizados, con cultura progresiva, y sobre todo la capacidad de amar y de tener vida sobrenatural.

 Santo Tomás enseña que la persona humana es una sola substancia  compuesta de dos substancias incompletas que se complementan, siendo que muerta la persona humana deja de serlo pues dicha palabra hace referencia a la sustancia completa de naturaleza racional. Por lo que un alma humana en términos estrictos no es una persona humana. Sostuvo que cada alma humana es creada por Dios aunque para reunir sus características naturales, y  depende del cuerpo para la que fue creada hasta la muerte de este.

Completa su razonamiento en el sentido de que la naturaleza del alma es la de aprender a través de los sentidos,  y que no tiene conocimientos innatos, a diferencia con  los ángeles,  que no tienen necesidad de aprender;  sino que en su unión substancial al cuerpo se va informando de todo lo que llega a conocer a través de sus sentidos,  además de la  información externa o con sus propias capacidades intelectivas, las que se desarrollan con el tiempo.  Aquí cabría, examinando la historia del hombre, aquello de que si el hombre tiene manos porque piensa,  o si piensa porque tiene manos.

 

 

Sin olvidar que la Ética aristotélica ha sido base importante en la especulación del  Santo, otro aspecto muy importante del Tomismo es su forma de razonar sobre la MORAL CRISTIANA, que es la relación mas estrecha que nos une en nuestra filiación divina, esta relación que se identifica como la relación del Creador y su criatura, en nuestro caso la única hecha a su imagen y semejanza. Y para comenzar este razonamiento surge la interesante distinción que el Aquinate hace entre los puntos de vista teológico-doctrinal y filosófico al decirnos:

 La Teología considera al pecado como ofensa a Dios en primerísimo término, y la filosofía moralista, lo considera un acto contrario a la razón natural de la persona humana. Lo anterior lo que nos dice es que:  desde ambos puntos de vista, estos actos son considerados malos intrínsecamente. Veamos algunas consideraciones puramente tomistas de gran interés para explicar este tema toral, y que es la base de la antropología tomista y por lo tanto cristiana.

Esta Filosofía Moral se sustenta en dos principios “Los Actos Humanos” y “Los Actos del Hombre”  Santo Tomás considera los no todos los actos  de las personas humanas son libres, porque hay actos reflejos que no proceden de esta,  como por ejemplo el respirar,  la prueba es que no podemos dejar voluntariamente de respirar, y que existen otros que si dependen de nuestra libertad, como el tomar un paseo caminando, lo cual también depende de nuestra voluntad aparte de ser libre. Por lo tanto llama Actos Humanos a aquellos que son de nuestro libre arbitrio, y actos del hombre a los que no dependen de nuestra libre voluntad,  siendo  aquellos  por lo tanto suceptibles de elección. Queda claro así que son suceptibles de valoración moral solo aquellos que dependen, que provienen de nuestro libre albedrío.

Tomando como ejemplo el citado paseo caminando, puede ser un acto suceptible de valoración moral dependiendo de si lo tomo en mi tiempo libre en busca de sano ejercicio, lo que es moralmente bueno o si lo tomo cuando en su lugar debería de estar dando una clase que he suspendido, lo que es moralmente malo. Aquí vemos claramente como el mismo acto puede ser valorado de formas diferentes. Pero a los ojos ajenos que no conozcan detalles del que toma el paseo no hay forma de valorarlo porque solo ve la parte externa del acto y no su interioridad, y es esta es la que se valora moralmente.  ¡Cuantas veces no nos equivocamos  al juzgar al prójimo por nuestra incapacidad de conocer la interioridad de ciertos actos! Y de similar forma podemos observar Acto Humanos intrínsecamente malos, como el contaminar irresponsablemente tirando basura en plena calle.

Se comprende que en todo acto humano debe de haber intencionalidad, razonamiento, voluntad, y para concluir este capítulo asentaré lo que nos enseña el Santo Tomás en relación al valor de los actos humanos del buen cristiano, que busca  la beatitud a través de la realización de sus actos y que los lleva a cabo con la visión de Dios, en términos de la doctrina cristiana, que evita los actos contrarios a esta y con la ayuda de la Gracia Divina encuentra la felicidad y se va realizando en su camino a la salvación.

Jorge Casas y Sánchez.

martes, 18 de marzo de 2014

LA VIDA SIN DIOS Y EL ALIMENTO ESPIRITUAL.




LA VIDA SIN DIOS   Y  EL  ALIMENTARSE ESPIRITUALMENTE.

Deseo comenzar esta meditación con una frase del Papa Francisco:
“”LA VIDA SIN DIOS SE REDUCE A UNA SOLA COSA-TENER.
Ante esta expresión llena  de:   sabiduría, contundencia, importancia, significación, y que nos hace notar cuan vacíos podemos llegar a estar, con una vida sin el verdadero sentido humano que esta debe tener y con tan solo la búsqueda de satisfactores materiales que no proporcionan la verdadera felicidad aunque  estemos rodeados de cosas con alto precio, de valor artístico, poseamos, poder, influencia, “amigos”, sirvientes, tecnología a nuestro servicio, dinero abundante, etc. Nuestro vacío interno, espiritual, puede ser fatal, sin proporcionarnos lo mas necesario en materia del espíritu, que es el amor a Dios y a sus criaturas precisamente por amor a Él, pues si Dios ha creado por amor como es la realidad pues no hay otra explicación de la razón de crear, manifestándose en  eso, su amor, se deduce que un amor sano, bueno abundante de la criatura humana por ese Dios Creador de todo, si así le amamos por extensión debemos amar a sus criaturas pues Él las ama, otras actividades del espíritu son de gran importancia pero si su base de sustento no está en la relación de criatura con el creador pierden importancia, su entidad es terrenal solamente y por el contrario se subliman cuando nuestra actividad espiritual es acorde con la voluntad de Dios y su cumplimiento,  este es el tema sobre el que quiero expresar algunos puntos de meditación.
De nada nos sirve realmente lo externo (en relación a nuestro fin final, la Visión Beatífica) “el tener” si carecemos de el alimento de nuestra alma o nuestro espíritu que para este caso tienen el mismo significado pues se trata de nuestra alma espiritual, alimentar el alma es darle vida, tomar en cuenta a su creador y a su destino, el alma es la expresión mas alta de nuestra libertad, libertad de pensamiento, libertad del albedrío. Vale aquí como ejemplo la anécdota de Sancho Panza cuando siendo gobernador de la Ínsula Barataria juzga y condena a una persona siendo el castigo que pretende imponerle que duerma en la cárcel esa noche, siendo la contestación del libre espíritu del reo, “ me podrá condenar a pasar la noche en la cárcel pero en cuanto al dormir, dormiré si quiero y si no ,no ”, buen ejemplo de la libertad de espíritu  en un cuerpo privado de libertad.
Las personas humanas nunca debemos dejar de considerar que somos un “compuesto” de cuerpo y alma, equivalente a materia y espíritu, nuestra vida es bien consideradas las cosas el cuerpo vivo que somos, o que  tenemos, pues no somos nuestro cuerpo y punto, al ser el compuesto mencionado, y por ser espíritu creado específicamente por Dios y para la eternidad,  está en nosotros o mejor dicho es mi propio yo, lo mas válido es decir:  - yo soy mi espíritu y mi cuerpo -  esta es la naturaleza de la persona humana, naturaleza que se modifica con la separación del alma del cuerpo, esta para los gusanos y aquella para la Vida Eterna. Pues el cuerpo al ser materia sigue las leyes de esta y se convertirá en polvo, otra cosa de lo que fue, pero el alma en tanto espiritual sigue las leyes del espíritu, que son las de la existencia eterna. El cuerpo muere y  sigue las leyes de la materia, ya no es cuerpo humano es otras cosas, inertes, materiales, se destruye será alimento de otros seres vivos, o ceniza y humo producto de la cremación pero el espíritu permanece en la existencia, y para siempre, esa es la ley del espíritu, el destino de nuestra alma. Conviene aquí recordar el Dogma de la Resurección, pero de esto meditaremos extensamente en otra oportunidad.
Pero el hombre es insaciable por naturaleza, hasta que sus funciones se lo permiten, en la ancianidad es muy posible que se deje de pretender lo mismo o con la misma intensidad, al menos de la misma manera que durante la vida productiva y no me refiero solo a los placeres superficiales del comer, del beber, el disfrutar, (mientras se puede) de otros placeres como la sexualidad, la creatividad en sus múltiples facetas: la artística la financiera la política, la literaria, y conviene que veamos cuales constituyen  los alimentos del cuerpo solo, los del alma sola o los que pertenecen a ambos ámbitos y también cuales son ordenados, útiles y trascendentes y cuales no, los que son perjudiciales, o intrascendentes, con estos cuestionamientos estaremos buscando las verdades de nuestra existencia, independientemente de que podamos o no ser congruentes en el vivirlos cuando los identificamos como buenos y convenientes o en el evitarlos al identificarlos como malos y perjudiciales.
De los alimentos del cuerpo me vienen dos aspectos a la mente, primero el de tantos seres humanos, que se cuentan por millones y que sufren por falta de alimento,  que están infroalimentados, que su marginación de la sociedad les impide además de comer adecuadamente, recibir educación, ropa, techo, atención médica, adecuados, gozar de las ventajas de la tecnología y producción alimentaria, lo que sigue gravitando como hipoteca social sobre todos los demás, que podemos incluso sobrealimentarnos y que gozamos de alimentos  de sobra, que en muchos aspectos que nos son superfluos mientas que otros carecen de ellos y les son necesarios. (sabido es que sin alimento mínimo, cuando se carece de él ello va en detrimento de la espiritualidad de la persona humana).
Recordemos a Juan 6,63    “ ..el espítitu es el que da vida, la carne nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida..”
Lo anterior en relación al alimento del cuerpo, ahora consideremos aspectos de la alimentación del espíritu empezando por examinar cómo y con que estoy alimentando el  propio y examinando como puedo ayudarlo mas y mejor a alimentarse de la mejor manera posible y auxiliar a otros como acto de caridad. Se nos presentan opciones maravillosas al contemplar las ventajas de alimentar a nuestro espíritu, siendo la primera de ellas la pura y simple posibilidad de hacerlo, y es que lo hemos venido haciendo siempre, consiente o inconsientemente. La diferencia sobre la alimentación corporal es diametralmente opuesta,  pues la del espíritu al no ser materia no ocupa espacio ni está sometida a un aparato digestivo, y no la tenemos que considerar tres en tres o  mas  en tres horarios al día.
Es dudosa esa afirmación de “somos lo que comemos” en cambio es absolutamente verdadero que   “”somos lo que pensamos, si lo llevamos a cabo””, acción ésta, de difícil logro, en especial si se tiene bien formada la conciencia, pues del dominio público es, que: en el ser, así o asá, que lo bueno, lo recto, lo justo, en nuestro fuero interno, nunca es de fácil logro es resultado de lucha interior, de renuncia de aplicación, de acciones a veces a contrapelo que nos cuestan pero que al considerarlas buenas, las llevamos a cabo y ello necesita de un espíritu fuerte, capaz, informado, y llevarlo a cabo debe ser meta de toda persona de bien; pudiendo deducir que se necesitan una serie de virtudes para ello., empezando por la fortaleza, la constancia, la justicia, la bondad, la disciplina, la rectitud de intención, el deseo de colaborar con el Bien Común, el problema que se quiere plantear es el como lograr estas virtudes en nuestro espíritu, para lo cual tomaremos las aseveraciones  que se relacionan, una del Evangelio de San Juan, que ya hemos comentado antes, y que es palabra de Jesucristo, otra la famosísima de San Agustín: “ Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.  En esta vemos a un alma inquieta que a lo largo de muchos años  busca con gran intensidad la verdad que no encuentra hasta que, al conocer a Dios la obtiene y su espíritu hambriento se empieza a alimentar con su relación con Dios, y se convierte nada menos que en un gran teólogo y doctor de la Iglesia.

Si el gran alimento de nuestra alma lo encontramos en nuestra relación con Dios, la oración meditativa que es simplemente el hablar con Dios, el acercarnos a Jesucristo, el comunicarnos con Él es la manera de tener a nuestro espíritu alimentado de la mejor manera, pues en esa relación con Dios encontraremos no solo el sentido de nuestra vida, sino el como vivir coherentemente con la voluntad de Dios, trino y uno, justo en donde estamos, donde y con quien vivimos, haciendo lo que nos corresponde y de la manera que nuestro mas íntimo sentir, que es el que nos inspira el Espíritu Santo. En otras palabras se trata de identificar en nuestro trato frecuente e íntimo con el Señor, a través de nuestra conciencia, cual es su voluntad, como y que es lo que nos corresponde llevar a cabo, en las diferentes facetas de nuestra vida, la familiar, la religiosa, la profesional, la social, etc.
Es tal la riqueza que proporciona la vida espiritual en comunión con Jesucristo que veremos sublimadas en nuestra vida todas nuestras actividades, el trabajo, los quehaceres, el tiempo de descanso, de diversión de deporte además de estarles dando en cuanto llevadas a cabo por amor a Dios y de acuerdo a su voluntad, expresada en nuestra conciencia, un “plus” . un añadido valiosísimo el “VALOR SOBRENATURAL.”

Jorge Casas y Sánchez.

domingo, 10 de noviembre de 2013

 ADORACIÓN, CONTEMPLACIÓN,  MEDITACIÓN, ORACION.
Parafraseando a Mt.7,7 que nos dice: -“pedid y se os dará; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra;  y al que llama se le abrirá” - ; un Padre de la Iglesia, Guido el Cartujano nos dejó dicho:  “…buscad leyendo, y encontrareis meditando; llamad orando y se os abrirá por la contemplación…” Lo que nos muestra que meditar, orar y contemplar no son departamentos estancos sino que vienen a formar partes del hablar con Dios, como lo es la adoración también.
Me ha parecido conveniente que algunos de los términos que se usan constantemente en la doctrina  de Jesucristo nos queden mas claros en sus significados, por ello he tratado de clarificarlos con el objeto de que sean de mejor ayuda en nuestras meditaciones, y en general en nuestra relación con Dios, su iglesia, sus  rituales.

LA ADORACIÓN, el ser humano siempre ha adorado a la divinidad, desde nuestros mas remotos ancestros, pues la mas simple adoración consiste en saberse inferior a ese algo que está por encima de nosotros, que no vemos, no conocemos pero intuimos como divinidades  superiores,  como algo de tal manera poderoso  que dependemos de ello, que no entendemos  pero que reconocemos en su superioridad y les tributamos de algún modo, representándonoslo con alguna figura a la que se idolatra por considerarle poderoso y se le piden cosas. Por supuesto esto es lo que nos sucede cuando no conocemos la Revelación Divina, pues conociéndola las cosas son diametralmente diferentes.
Veamos  cual es la reflexión  filosófica, en primer término la persona humana en búsqueda de su felicidad se plantea ¿que es?,¿ quien es?,¿ de  donde le adviene lo que es?, y ¿ cual es el sentido de su existencia ,en la que busca la felicidad. Y lo atribuye a lo único que puede,  que es algo de índole desconocida pero superior a si, y que tiene poderes que uno no puede controlar sino padecer. Y a estas , llamémosles divinidades, recurre en su pequeñez, acusando la grandeza la superioridad de su divinidad desconocida, y sometiéndosele le reconoce como poderosa y así es como este reconocimiento es su rudimentaria forma de adoración la cual se va traduciendo en ofrendas, peticiones, sacrificios, e ídolos que la representan.
Lo anterior nos lleva a la conclusión de que adorar en su mas primitiva expresión es reconocer a algo superior a nosotros y de lo que depende nuestra felicidad, y dado que la búsqueda de esta es el fin del hombre,  tenemos a la divinidad correspondiente de acuerdo a nuestro entender, presente cuando necesitamos algo que no podemos conseguir fácilmente, como por ejemplo el que termine un período de sequía, o se recupere la salud de un ser querido o propia. Y humildemente se le invoca y a cambio o como demostración de sumisión se le invoca y se recibe ayuda del especialista, chamán, curandero etc. Y en demostración de dependencia de su poder se le ofrece algo.
Ahora bien para los cristianos que somos gracias a la Revelación Divina conocedores y dueños de la verdad ¿ que es adorar ?,  pues es el presentarnos humildemente ante Dios Todopoderoso como sus criaturas, débiles, dependientes, con nuestras debilidades y defectos, miserias y pequeñeces, su misericordia,  reconociendo en Él su grandeza inconmensurable, su perfectísimo amor por nosotros, al que nunca podremos corresponder como Él se merece;  sus innumerables perfecciones en todas las materias imaginables, de bondad, misericordia, belleza justicia, poder, sabiduría  y las que nuestra imaginación alcance a pensar, reconociendo la inmensa distancia que nos separa de Él, en cuanto criaturas frente a su creador, y sin embargo el que somos queridas por Él desde la eternidad y reconocer que  existe un vínculo de  dependencia, de amor, de agradecimiento. Esto es el acto natural de adoración. La adoración es la más alta forma de oración.

LA CONTEMPLACIÓN,  Jesucristo es el fruto de la contemplación de Dios, meditando aprendemos a meditar, esta es  silenciosa, se puede progresar en ella (hasta grados místicos, los que se dan en casos en que personas que se han sometido a profundas disciplinas ascéticas  y mortificaciones, y en ocasiones han alcanzado el éxtasis), en la que  buscamos purificar nuestra alma, contemplando gracias a la acción del Espíritu Santo el entendimiento de las realidades divinas que nos permiten profundizar en el conocer las verdades reveladas
La Iglesia en su realidad divina y humana, visible y con elementos invisibles, con sus órganos jerárquicos y el Cuerpo Místico de Jesucristo se entrega a la acción y a la contemplación,  nos comunica la verdad y la gracia, en las que avizoramos las alegrías de la salvación,  a ello nos ayudan las imágenes santas estimulándonos a que combinadas con la Palabra demos gloria a Dios, y crezcamos en la fe. Materia sublime de contemplación son los misterios de la vida de Nuestro Señor  Jesucristo, nuestra oración setorna contemplativa cuando nos internamos en su vida para mejor conocerle, más amarle y mejor  seguirle. Santa Teresa , considerada maestra en oración entre muchas cosas mas hablando de contemplación nos dice:  “no es otra cosa sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama”

MEDITACIÓN,  es la búsqueda espiritual del como y el porqué de la vida cristiana para adherirnos al Señor. Nos ayudamos con imágenes, libros en especial  los Santos Evangelios, libros y obras literarias  de espiritualidad, de los que gracias a Dios contamos con muchos y muy apropiados, un ejemplo es el titulado HABLAR CON DIOS del Pro. Francisco Fernández de Carvajal que se puede leer todos los días en la página web que se titula como su obra como –“Hablar con Dios”-- y que contiene meditaciones para cada día del año, los Salmos del Antiguo Testamento, son también un gran libro de oraciones para meditar.  Cristo Jesús es el mejor camino de nuestra oración, procurando apropiárnoslo al meditar lo que se lee y comprendiendo su amor hacia nosotros,  por lo que su Palabra, contenida en Los Santos Evangelios es la cumbre de lo que nos induce a la meditación.
La meditación implica al pensamiento, a la imaginación, a la emoción, al deseo de Dios, esto moviliza para profundizar en las convicciones de la fe. La meditación es búsqueda orante que se confronta con la realidad de nuestra vida, no es escapismo, va unida a nuestra vida.
 Hay sentimientos que nos hacen percibir como fracasos en la oración, siendo estos de decepción por no ser escuchados de acuerdo a nuestros criterios humanos, debemos recordar que los criterios divinos se ordenan a nuestra salvación, mientras los nuestros muchas veces lo son hacia el bienestar y a los bienes materiales. Estos sentimientos no deben de desanimar nuestra oración, ni debemos de abandonar nuestros esfuerzos, luchando con humildad, perseverancia y confianza, venciendo los obstáculos que se nos presentan y en la tesitura de que Dios nos quiere salvos y lo que nos concede es porque ayuda a nuestra salvación y, lo que no,  es que no coopera a  ella.

 ORACIÓN, la tradición de la Iglesia nos muestra cuatro expresiones principales: la oración vocal, la meditación,  y la oración de contemplación y la adoración.  El mayor ejemplo de la oración vocal la tenemos en el Padrenuestro, que el propio Jesús nos enseña a través de sus apóstoles. Tienen un lugar privilegiado el Gloria, la  Ave María, el Credo, entre las oraciones vocales.  Hay además  de estas infinidad que la piedad cristiana ha ido formando a través de los siglos, y otras que se dicen en forma personal privada,  además de otras regionales que obedecen a circunstancias especiales,  Un lugar muy especial tienen en la liturgia las oraciones cantadas, mismas que se ejecutan de acuerdo con las diferentes circunstancias con la participación de los fieles, o bien con coros “ad hoc”, de cada oratorio, parroquia, templo, basílica o catedral, así como extraordinarias  composiciones que provienen de la piedad popular y de grandes maestros de la música que han compuesto  obras grandiosas para las Misas, cantos llamados Oratorios, Aves María de gran belleza musical, entre otros destaca el Canto Gregoriano que se trata de un canto llano que se adapta a la letra que se decida entonar, invita a la devoción. La costumbre de tener cantos en la liturgia proviene de antes de Cristo, pues en las sinagogas del Antiguo Testamento se cantaba, y cantaban en sus celebraciones los primeros cristianos, por lo que la oración cantada es antiquísima forma de comunicar a Dios y a la Santísima Virgen nuestras alabanzas.
Nuestra oración particular  NADE DE DIOS, es gracias al  Espíritu Santo  que en primera instancia nos ha inspirado el orar, por tanto nuestra oración siempre es RESPUESTA, aunque parezca iniciativa nuestra .  La oración siempre es grandiosa porque viene de Dios, que obra en nosotros ese privilegio que es el comunicarnos con Él, que es instantáneo e inmediato.  Con toda razón se afirma que orar es hablar con Dios, es poner nuestra alma al desnudo en su presencia, al saber que Él nos conoce perfectamente en nuestra más intima naturaleza, que sabe cuáles son nuestras intenciones, capacidades, fortalezas y debilidades, por lo tanto al hablar con Él debemos humildemente tratar nuestras intenciones,  pidiendo su ayuda para realizarlas, por supuesto tratándose de las intenciones rectas, las que van acordes con su voluntad, las que nos hacen mejores personas, las de servicio a los demás, las que nos santifican.
Hay oraciones mentales, o habladas, personales o comunitarias, de estas últimas el grandioso ejemplo lo es La Santa Misa, en estas hay varias formas litúrgicas. Entre las devociones marianas vocales destacan; el Santo Rosario, el Ángelus Dómine, el Acordaos y la Salve y varias más. La Hora Santa es otra de las devociones que combina la oración vocal con la meditación, en la que hay varias oraciones, particulares unas,  comunitarias otras y se da en ellas  la oportunidad de la adoración,  que es la más alta forma de oración.
Si bien toda oración está dirigida a la Trinidad Santa, se puede llevar a cabo a través de la intercesión, si va dirigida al Padre, con la intercesión de Jesucristo y a éste por la de la Santísima Virgen, además,  no solo buscamos intercesiones de los Santos, sino de los Beatos, de los, o las, que tienen sus causas de santificación introducidas en la Santa Sede, o incluso de personas que hemos conocido personalmente o no, y de las que estamos ciertamente convencidos que se han salvado y que pueden  interceder favorablemente por nosotros, aquí el fervor popular no tiene límites, hay quien pide la intercesión a través de su papá o mamá, hijo, o abuela.  Es muy utilizado  el camino para llegar al Padre  a través de su hijo Nuestro Señor Jesucristo y para llegar a este lo es su Madre y Madre Nuestra , la Santísima Virgen, rezamos a Dios Padre, al Espíritu Santo o a Jesús directamente o igualmente a la Trinidad Santa.
Entre otros aspectos en la oración se dan  formas como la petición, el agradecimiento, la  reparación, la alabanza, la entrega, la simple oralidad ya sea haciéndolo en forma directa o dirigiéndonos a Dios  con alguna intercesión. La oración, ese trato con el Señor Trino y Uno nos induce al amor de Dios, al incrementar su trato incrementamos nuestro amor a Él, y esto alegra a nuestra alma, la vivifica, da a nuestra humildad, base de toda oración en tanto virtud, un valor supremo en el trato con nuestro creador, providente, que nos quiere salvos, en este trato aprendemos a dominar nuestro orgullo falso, la soberbia, y otros defectos que nos son atávicos. La oración debe incluir el deseo de cumplir con la  voluntad divina, de desear ser como Dios quiere que seamos, que realicemos lo que nos corresponde con la mayor perfección,  que nos sea posible y por amor a Él, para honrarle, darle gloria, que si bien no necesita,  si merece y dándosela le rendimos nuestro agradecimiento, le demostramos que lo que nos indica en nuestra conciencia, lo llevamos a cabo hasta donde nos es posible humanamente, así correspondemos a su  misericordia.
En la oración nos encontraremos en ocasiones con dificultades  que la dificultan y que tenemos que tratar de vencer, son en especial : las distracciones, la sequedad, las interferencias de otros aspectos de nuestra vida ajenos a lo que nos está ocupando en esos momentos de oración, la pereza, la desidia, ante ellos debemos de reaccionar y rectificar encaminando nuestra oración debidamente, basándonos en nuestra fe y mostrando nuestra fidelidad al Señor, esforzándonos, pues el rezar no es a lo que fluya suavemente sin esfuerzo, es más válida cuando es fruto de nuestro esfuerzo de concentración, tiempo y dedicación sistemática.

Jorge Casas y Sánchez.